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03 febrero 2013

ACOSADOR





RATED: T (más de 14 años)

GENERO:  Humor / romance

PAREJA: Bella / Edward




SUMARY:

El engreído Edward Cullen es enviado a la hacienda de su familia, él odia el campo y la vida sencilla. Allí conocerá a Bella, la hija del capataz, una chica muy arisca quien se volverá su obsesión y también un dolor de cabeza constante. Pero ella está a punto de casarse.

*Desde el POV de Edward. Todos Humanos/OOC































02 febrero 2013

Epilogo Acosador





EPÍLOGO

(Un año después)

Respiré profundamente pero mi corazón seguía bombeando con fuerza. Llevaba varios minutos de pie en el altar y Bella no aparecía.
¿Se habrá arrepentido? ¿Tan malo fui en estos meses que vivimos juntos?

Habían sido días muy hermosos. Nosotros dos solos lejos de todo el mundo. Pensé que sería más difícil pero la verdad es que me había divertido cada día a su lado. Me hacía reír, pensar y hasta darme cuenta de algunas cosas que las daba por sentadas.
Bella miraba el mundo de una manera distinta a la mía. No era una mujer como las que conocía. Ella no hablaba de ropa, zapatos o maquillaje. En nuestras conversaciones siempre tratábamos temas cotidianos que analizábamos a fondo. Habíamos sido criados de manera muy diferente y me interesaba saber sus puntos de vista.
Pero no habíamos estado totalmente solos este tiempo, Alice y Jasper nos habían visitado y Bella no se pudo salvar del día de compras con mi hermana.
Emmett también había pasado a vernos. Él y Bella siempre estaban peleando. Mi enorme amigo le jugaba bromas que Bella contestaba sin demora. Se liaban en unos comentarios divertidísimos.
Me gustó saber que Emmett salía ahora con Rosalie. Vino hace dos semanas a pedirme consejo de cómo proponerle matrimonio.
¿Yo que podía decirle? No tenía experiencia es esto de la proposición, cuando Bella y yo nos casamos estábamos ebrios. Y en esta vez fue Bella la que me lo propuso.
—Charlie aún no se cree que estoy casada, debemos darle su foto de bodas— me sorprendió un día, después del desayuno.
— ¿Casarnos otra vez?— dije con poco entusiasmo. En verdad lo que me bajaba la moral era mi querido suegrito. Había venido a Jacksonville en dos oportunidades y ninguna quiso visitarnos en nuestra casa. Había buscado a Bella en su trabajo. Ni siquiera lo vi.
—Si no quieres casarte te puedes ir— me lanzó un dardo justo en el corazón. Sí, soy muy dramático a veces. No es cierto, sólo bromeo. Yo sabía perfectamente que era una de sus reacciones hoscas. Bella solía reaccionar a la defensiva generalmente.
— ¿Me puedo ir? ¿Hablas en serio?— pregunté haciéndome el resentido.
—Sí. Pero te mataré si lo haces— sonreí, eso en su lenguaje significaba "te amo", al menos en mi forma de interpretarlo.
Cómo adoraba sus amenazas y hasta sus insultos. Creo que soy masoquista. Ella tiene una muy particular forma de ofenderme, lejos de molestarme me causan gracia. "Cabeza de chorlito", "Tontin", "Caracol" "Inutilísimo", "nopal" eran calificativos que usaba conmigo cada vez que no hacía algo bien.
Debo reconocer que soy poco útil en casa. No sé cocinar, ni limpiar, ni lavar. Bueno, no sabía, ya aprendí. Y tampoco soy diestro reparando cosas.
— ¿Cullen no sabes cambiar una bombilla? De dónde eres para devolverte— me reprendió un día.
—Bella, esto no es una bombilla normal de rosca, es un dicroico, debe necesitar una especie de herramienta— me excusé.
— ¡Edward! ¿Por qué limpiaste el parquet con cloro?— me gritó otro día.
—Dijiste que estaba sucio— me crucé de brazos.
— ¡Dios dame paciencia, porque si me das fuerza, lo mato!— se fue vociferando.
Me encantaba su manera de bajarme la autoestima cuando me admiro en el espejo. Lo reconozco, a veces soy algo vanidoso.
—Ya deja ese espejo que se puede romper—me sorprendió en el baño.
— ¿Romper? Estás medio ciega, deberías admirar el hombre con quien te casaste— le contesté ofendido. Podía decirme inútil pero ni iba a negar que me veo muy bien.
—Soy realista. Eres tan poco agraciado que cuando naciste el médico dijo, si vuela es murciélago— rompió a reír y salió corriendo.
— ¿Me estás llamando feo? ¡Nadie le dice feo a Edward Cullen y vive para contarlo!— salí tras ella para hacerle cosquillas hasta que se retractara. Adoraba hacerla reír.
Lo que en verdad me resultó difícil es aprender a lavar. Cuando vivía sólo simplemente llevaba mi ropa a la lavandería por la mañana y la recogía en la tarde. Asunto resuelto. Aquí las lavanderías estaban a unos kilómetros y a Bella le parecía un desperdicio de tiempo y dinero. Me obligó a lavar a mano durante un par de semanas. Me salieron ampollas en los dedos.
— ¡No Edward! La ropa blanca es primero. La remojas media hora, primero disuelves el detergente— me enseñaba.
—Bella ¿Sabes que existen lavadoras no?— me quejaba.
—Claro. En la hacienda había una—sonrió.
— ¿Y la usabas?— pregunté escéptico.
—A veces. Pero jamás para mi ropa interior. Mis calzones los lavo a mano y tu también lo harás— me condenó.
He de confesar que hice trampa algunas veces, días después compramos una lavadora automática y mis bóxer los camuflaba con mis camisetas.
Cocinar fue más fácil. Quemé guisos al principio y se me pasaba la sal. Nada que un curso de cocina por youtube no solucionó. Es increíble que ahora sea un experto en limpiar pescado fresco y un as preparando pastas.
—No. No vamos a comprar un microondas, eso no es cocinar, es calentar— me discutía.
—Soy un experto del microondas, hasta hervía agua allí— sobreviví dos años sólo con un microondas, no entendía porque ella se oponía.
—Y por eso morirás más rápido. ¿No has leído que los microondas producen cáncer?— solté una carcajada, esa era una leyenda urbana que no tenía sustento científico. Pero eso no iba a convencer a Bella.
—Te ahorrará tiempo— sugerí.
—Tiempo es lo que me sobra, me levanto a las 5 de la mañana, el dormilón eres tú— ups, eso era cierto. Punto para Bella. Debía ser más astuto para convencerla.
—Lo podemos usar para calentar y no ensuciar platos— dije ya resignado a no tener mí preciado microondas.
—Ah bueno, eso sí me parece bien. Porque a ti hay que decirte que laves lo que ensucias y además lo haces mal— sí, punto para Edward.
Cuando quise matricularme en el gimnasio Bella se opuso. Le parecía desperdiciar el dinero. En realidad Bella siempre pensaba que desperdiciábamos muchas cosas.
—No vamos a gastar 300 dólares al mes para que te ejercites— se quejó.
—Bella ¿Cómo voy a conservar mi físico sin ejercicio?— defendí mi postura. — Estos brazos necesitan pesas, mis piernas, la bicicleta estacionaria y… hay ejercicios para mantener bien duras mis nalgas— trataba de convencerla mostrándole lo bueno que estaba.
—Pues te levantas más temprano y sacas tu trasero a correr como yo— fue su última palabra. Y me convertí en un deportista madrugador. Corríamos todos los días por la orilla de la playa. Hicimos muchos amigos, comprábamos pescado fresco y nos dábamos un delicioso baño matutino.
Fue buena idea, con el tiempo mi cuerpo se veía como el de los guardavidas. Musculoso y bronceado. Hace tiempo me hubiera pavoneado entre las chicas pero ahora estaba más concentrado en mirar feo a los idiotas que volteaban a mirar a mi esposa.
Una de las cosas en las que estuvimos en desacuerdo por varias semanas es la luna miel. Discutíamos sobre el precio y los lugares. A mí me gustaría llevarla a una isla desierta y tenerla sólo para mí. Pero vamos ¿Dónde encuentro una isla para nosotros solos? Y Bella no quería que gastáramos mucho. Le ofrecí pasar un par de semanas en Las Vegas.
—No, yo no vuelvo allí, nos gastaríamos todos nuestros ahorros— dijo muy convencida.
—Entonces podemos ir a Seattle, no gastaríamos mucho, todavía tengo mi departamento. Está en el octavo piso y tiene una muy buena vista del lago— la animé.
— ¿En el octavo piso? Disculpa Edward pero no soy un pajarito para vivir en el aire. Estoy acostumbrada a estar en tierra firme, me gusta que mis pies toquen el suelo— otra vez me salía con eso de que no le gustaban los departamentos.
— ¿Quieres ir a Europa?— Le ofrecí. Sería emocionante ir a París o a Londres.
— ¿Cuánto va costar eso?— ese era el problema, el precio. Yo trabajaba pero todavía no me llovía dinero. Tenía mis inversiones, estaba empezando a conocer como funcionaba la bolsa de Florida. No era nada parecida a la de Seattle en dónde sí sabía hacer mis buenos movimientos. Bella tenía todavía ese empleo de medio tiempo en la librería y también estudiaba. Quería entrar a la universidad en un par de meses, la colegiatura era costosa. Para eso estábamos ahorrando.
—Bella, sólo tendremos una luna de miel. Cuando le cuentes a nuestros hijos o nuestros nietos a dónde fuimos en nuestro viaje de bodas. ¿Qué les dirás? ¿No tuvimos luna de miel porque queríamos ahorrar?—Yo había ofrecido vender mi departamento o mi auto pero la berrinchuda se opuso. Y estaba renuente a una costosa lun a de miel.
—Está bien. Pero no a Europa— me sonrió. Sí, estaba a punto de aceptar un espléndido viaje. — ¿Qué te parece Africa?— dijo sonriendo.
—Muchos mosquitos— dije de forma automática. Recordaba unas vacaciones de niño, dónde me la pasé rascándome todo el viaje.
—Sí. ¡Un safari!— gritó. ¿Por qué a mí? Yo odiaba los insectos.
—Bella se supone que la luna de miel es para pasarse la mitad del día en el hotel haciendo niños—me quejé.
—Haremos turismo de aventura— seguía soñando. Como ella no era alérgica a las abejas.
—Amor, quiero encerrarme contigo en un lugar paradisíaco y sólo levantarme de la cama para comer o ir al baño— le ofrecí. Pero no me escuchaba.
—Podemos navegar por un río lleno de cocodrilos— ya no sé si sería una luna de miel o la búsqueda de las minas del rey Salomón.
—Quiero sexo, mucho sexo— seguí quejándome como un niño.
— ¡Veremos a los leones en su hábitat natural!— ahora ya estaba emocionada y nada le quitaría esa idea de la cabeza.
Para eso está la televisión de paga. En Discovery o National Geografic hay mejores tomas y sin arriesgarse. No dije nada, me senté en el sofá haciendo puchero.
Bella se acercó a mí y me alcanzó un folleto.
—Ya hice reservaciones— dijo con una sonrisa pícara.
"Islas Canarias" decía un folleto muy llamativo que mostraba lo que yo tanto quería. Arena blanca, mar azul y bungallows privados. Iba a tener una luna de miel con mucho ejercicio pero del que sí me gustaba.
La marcha nupcial sonó y me hizo volver al presente. Bella y su padre estaban de pie juntos. Lentamente caminaban hacia mí.
Parecía una ceremonia religiosa por el decorado que Alice utilizó pero sólo era por el civil. La iglesia todavía no daba su veredicto final acerca del matrimonio de Bella con Jacob. Mi berrinchuda ya había perdido la esperanza al respecto. Legalmente las ceremonias religiosas no valían. Menos aún cuando no tenían el documento que lo probaba. Nuestro abogado nos dijo que podíamos casarnos otra vez si queríamos. Y ya que mi suegro y toda la gente de la hacienda no estaban convencidos de nuestra unión le íbamos a demostrar lo mucho que nos queríamos.
Parecía que toda la hacienda estaba aquí. Es más, toda la gente de Forks. Hasta las Denali vinieron. No sé para qué. Yo no las invité, seguro Carlisle quiso quedar bien con sus vecinos.
Bella traía un vestido blanco hermoso, hacía resaltar su delgada y esbelta figura. Le quedaba perfecto. Alice la torturó todo un mes con las pruebas. Su cabello recogido le quedaba hermoso. No sé si podía amarla más de lo que ya la amaba. Cada día sentía que era más valiosa, más importante en mi vida.
Llegaron hasta mí. Charlie puso la mano de su hija sobre la mía.
—Cierra la boca Cullen— me sonrió mi berrinchuda. Tomé conciencia que la estaba mirando como un tonto. Le sonreí.
—Cuídala Edward. ¿Recuerdas que fui policía verdad?— me amenazó su padre. Volteé a mirarlo.
—Si señor— dije algo perturbado. Ese hombre daba miedo.
—Sé usar varios tipos de armas y soy luchador profesional. Tenlo presente cuando alguna idea estúpida pase por tu cabeza— sonrió y se hizo a un lado.
Eso no era una advertencia, era una amenaza. Podía comprenderlo, si tuviera una hija no la dejaría casarse con un tipo como yo. A menos que la quisiera tanto como yo a Bella.
Edward, deja de tontear y concéntrate, ya habrá tiempo para hacer las paces con el suegro. De todas formas no molestaba.
Casi no presté atención a lo que el juez decía. Cada pocos segundos giraba mi cabeza para ver a mi Bella. Ella juguetonamente me sacaba la lengua. Me hacía muecas graciosas y yo tenía que contener las carcajadas.
Firmamos un gran libro, seguido de nuestros testigos, nuestros padres, Esme, Carlisle, Charlie y la abuela de Bella, mi nana May. También firmaron Alice y Jasper que estaban comprometidos hace poco y lo anunciarían durante nuestra fiesta.
Después de las fotos de rigor, quisimos hacer una sesión nosotros dos solos. No queríamos tener en nuestra casa fotos rígidas de la boda. De esas comunes. Corrimos sin zapatos a la orilla de la playa y echamos a perder nuestros costosos trajes. Por una vez a Bella no le pareció desperdicio. Obtuvimos tomas realmente buenas. Algún día, dentro de muchos años volvería a ver estas mismas fotos, quizás cuando tengamos varios nietos. Y recordaría lo bien que la pasamos.
La fiesta fue realmente divertida. Todos los que vinieron debían dedicarnos algunas palabras. No podía quitarle los ojos de encima a Bella, adoraba ver sus reacciones cada vez que alguien hablaba.
—Bueno… este… yo soy el papá, quiero decir el padre de… de la novia, de mi hija Bella— se presentó Charlie.
— ¿Ya viste de quien heredé la elocuencia verdad?— escuché a decir a Bella en mi oído. Tuve que morderme la lengua para no soltar una carcajada y dejar en ridículo a mi nervioso suegro.
—Sólo quería desearles… desearles que sean felices. Sé que Edward va a ser un buen esposo. Lo sé porque fui policía y… este, sé cómo manejar un arma—escuché varias carcajadas.
— ¿Puedo usar el video de nuestra boda como evidencia por si algo me pasa?— le pregunté a mi esposa.
—Si haces alguna perrada este video va a desaparecer. Pero no es de Charlie de quien debes tener miedo— me dijo mostrándome su puño. Lo besé tiernamente. Bella no me asustaba.
Les tocó el turno a mis padres, ambos como siempre se presentaron juntos. Si hasta daba la impresión que eran gemelos. Uno terminaba las frases del otro, constantemente coincidían al decir algo.
—Edward fue siempre un buen chico… amable, caniñoso…— empezó mi madre.
—Y muy costoso—le corrigió papá. Bella soltó una risita traviesa.
—Son lindos tus padres— suspiró mi berrinchuda. Pero a quién miraba era a Esme. Sabía que a Bella siempre le hizo falta una madre, pos eso le pedí a mamá que viniera unos días antes y que fuera quien la vistiera para la boda.
Mis padres nos dieron muchos buenos consejos, entre risas, contaron algunas de sus más divertidas anécdotas de sus más de 25 años de matrimonio.
—Recuerdo que una vez nos olvidamos de Alice en un centro comercial— confesó papá.
—Tú la olvidaste— sonrió mamá.
—Bueno, de todas formas Alice nunca se enteró porque seguía probándose ropa. Apenas tenía 8 años— miré de reojo a mi hermana que estaba muerta de risa.
— ¿Algún día estaremos así?— me preguntó Bella.
— ¿Así cómo? ¿Viejos? ¿O contando cómo olvidamos a alguno de nuestros hijos?— le respondí. Bella sonrió.
—Así, juntos, después de 25 años— me miró seria.
—Imagino que sí. A menos claro que me eches antes—bromeé pero Bello no se rió.
—No te echaré… lo prometo— se recostó en mi pecho. Mi preciosa berrinchuda, yo sabía que también me amaba.
Uno a uno nuestos amigos fueron dedicándonos palabras, algunos de aliento, otros bromeaban, hasta que le tocó el turno a Jacob Black.
—Hola, soy Jacob… el... el ex de Bella como muchos saben— se presentó titubeando. Miré de reojo a Alice que echaba chispas.
—Esto se pone bueno—Bella se acomodó en su silla.
— ¿Eso crees?— le pregunté.
—Claro. No te preocupes, es un perro que sólo ladra, no muerde. Es buen chico— parecía despreocupada, así que confié en ella y también me relajé.
—Yo sólo quería decirle a Bella que le deseo lo mejor. Que sea muy feliz. No le guardo ningún resentimiento, al contrario, todo quedó muy bien entre nosotros. Ah… y a Edward… que la cuide mucho, Bella puede ser algo ruda pero es linda a su modo. Gracias— dejó rápidamente el micrófono.
—Tenías razón, no muerde— le susurré.
—Ay no, a esta tipa quien la invito— dijo mi hermosa esposa visiblemente ofuscada. Miré hacia el lugar dónde se encontraba el pequeño podium. Tanya Denali traía una amplia sonrisa y se disponía a hablar.
Repasé mentalmente. Yo nunca había estado con ella, a pesar de sus "muestras de interés" por mi. Esa mujer si que era una acosadora. Varias veces se había colado en mi habitación pero yo no quise estar con ella porque eso hubiera causado problemas con los Denali. Y mi madre me mataría.
—Hola. La verdad no podía creerlo cuando mi papá me contó que "Edward rompe corazones Cullen" se casaba. Y nada menos que con mi vecina y amiga de la infancia Bella Swan— inició su discurso Tanya. Ojalá terminara pronto.
—Tranquila—le susurré a Bella. Me estaba clavando las uñas en el dorso de mi mano.
—Así que pensé ¿Qué les puedo llevar de obsequio? Y claro, si conozco a ambos desde siempre, no se me ocurrió nada mejor que algunas fotos del recuerdo. ¿Pueden ponerlas por favor?— miró hacia dónde estaban los del equipo de sonido. ¿Fotos del recuerdo?
—Maldición, voy a matar a esa perra— escuché maldecir a mi esposa. Detrás de Tanya había un ecran gigante dónde estaba la foto de Bella de aproximadamente 8 años. Era una niña linda, llevaba gafas redondas pero la ropa muy sucia. Se veía triste y al parecer había llorado.
—Estas son fotos del colegio, yo estudié con Bella. Ella era muy aplicada— más fotos fueron pasando, en ninguna Bella sonreía, parecía tomadas en contra de su voluntad.
—Y ahora viene la recopilación de Edward— temblé al escuchar eso. Recuerdo que Tanya siempre llevaba una ridícula cámara a todas partes cuando era niña, creo que no se le quitó esa manía hasta adolescente.
Abri los ojos desmesuradamente cuando empezaron a pasar una a una, fotos mías durmiendo, desperezandome, lavandome los dientes.
—Por favor, dime que no te acostaste con ella— me reprendió Bella.
—No, de eso estoy seguro— le respondí. Pero antes de que pudiera terminar de hablar aparecieron tres fotografías mías en la cama medio desnudo. Esas no las había tomado Tanya. Y debían ser de un par de años atrás, en una de mis noches locas. Ay Dios, estaba en problemas.
—Que lindas fotos del recuerdo. Espero que Edward y Bella sean muy felices— se bajó del escenario como si nada. Todos los invitados quedaron con cara de poquer. Alice se levantó y tomó el micrófono.
—Gracias a todos por sus palabras para los recien casados. ¡Es hora del baile!— los invitados comenzaron a ponerse de pie. Bella seguía sentaba a mi lado con cara de pocos amigos.
—Amor. Te puedo jurar que jamás estuve…—pero Bella no me dejó terminar.
— ¿Cómo pudo? Esas eran fotos que me tomaba a la fuerza cuando recién llegué al colegio. Apenas hablaba en esa época, extrañana mucho a mi mamá— Bella tenía los ojos brillantes. —Debe seguir enfadada por la paliza que le di en secundaria— Bella seguía reflexionando.
— ¿Le pegaste a Tanya?— pregunté.
—Si. Una vez se burló de mi ropa. Pero va a ver— se levantó como si nada y se colgó a mi cuello. —Quiero bailar hasta que me duelan los pies— la besé.
—Claro amor, cuenta conmigo— una melodía suave empezó a sonar y caminamos hacia el centro de baile. Tomé a mi esposa y juntos iniciamos una danza lenta y romántica.
Después de bailar con casi todo el mundo, obviamente Tanya no se me había acercado, la mayoría de invitados se nos acercaba para saludarnos y desearnos lo mejor personalmente.
Cuando le tocó el turno a las Denali, Bella sonrió ampliamente.
—Kate, Irina, Tanya, cuanto gusto— las saludó.
—Gracias por invitarnos Bella— le respondió Kate algo abochornada.
—Los presentaría, pero ya todas conocen a mi Edward ¿Verdad?— se colgó de mi brazo como una gatita. Me causó gracia, Bella nunca había hecho eso.
—Tuyo hasta que me muera— le dije con mi mejor sonrisa sexy.
— ¿Y a dónde se irán de luna de miel?— preguntó Tanya.
—A una isla desierta. Y tendremos tanto sexo que romperemos la cama— Bella jaló mi brazo y me llevó lejos de allí, dejando a las Denali escandalizadas.
— ¿Qué fue eso?— le pregunté. Bella apenas podía contener la risa.
—Sólo un desquite. Vamos a bailar— la seguí sin oponer resistencia.
Fuimos otra vez a la pista de baile, estaba feliz al lado de la mujer más maravillosa que haya conocido.
Sé que la nuestra, no es una relación que destile ternura, no nos decimos "te amo" cada pocos minutos, no vivimos acariciándonos ni dándonos besitos melosos. Las frases empalagosas no son lo nuestro. Y no por eso somos menos felices.
Cada uno encuentra su lugar justo en la tierra, a veces, después de haber andado mucho. Por mi parte puedo decirles con toda certeza que mi lugar estaba al lado de Bella, para amarla, ayudarla, protegerla y soportarla. Cada uno tine sus días difíciles.
Debo terminar ahora esta narración porque me espera una luna de miel. Lo siento pero planeo que sea sólo para Bella y para mí. Ya saben que soy un acosador respetuoso de la intimidad, sobre todo la mía.
No desesperes, hay un acosador para cada niña linda como tu.

FIN


Gracias por leer amiguitas

PATITO

Cap 29 Acosador




CAPÍTULO 29

 ACOSADOR CAUTIVO


—Y bien, los escucho a ambos— papá estaba de mejor humor, podía notarlo pero al mirarme su mirada cambió. Conocía a mi padre, estaba haciéndose el duro, utilizaba esa estrategia cuando querían pedirle algo. Siempre supe manejar el carácter de mi padre a mi favor, cuando necesitaba dinero o alguna tontería de la que me había encaprichado. Ahora era diferente. Venía con la mujer de la que me había enamorado, a solicitar su aprobación.
Al igual que Bella, estaba decidido a marcharme con ella a vivir en aquella playa de Jacksonville con o sin la bendición de la familia. Cullen o Swan.
Bella apretó suavemente mi mano y me di cuenta que todos esperaban que yo hablara.
—Papá, mamá. Bella y yo estamos enamorados y hemos venido a exp0licarles como sucedieron las cosas— los miré, mamá sonreía abiertamente, mientras alternaba su mirada entre Bella y yo.
—Tienes toda mi atención Edward— iba a ser difícil convencer a Carlisle que nos miraba con incredulidad.
—Llegué a esta hacienda muy molesto porque me dejaron a cargo…—
—Lo sé, a ti no te gusta el campo— me interrumpió papá. Sonreí y continué.
—Aquí conocí a Bella, al principio no nos llevamos bien pero…—
—Es obvio, son de medios completamente distintos— volvió a interrumpir mi padre.
—Nos peleábamos mucho, ella es muy testaruda, ambos lo somos— tuve que corregirme antes que la fiera me saltara encima.
—Como si no te conociéramos Edward— mi padre parecía decidido a no dejarme continuar.
— ¡Carlisle!— mamá vino en mi ayuda.
—A pesar de todas "esas diferencias" nos dimos cuenta que surgió algo más entre nosotros, empezamos a gustarnos y nos enamoramos…
— ¿Eso fue antes o después de echarle a perder el matrimonio a Bella?— otra vez papá arremetía.
— ¡Edward no echó a perder mi matrimonio!— saltó Bella. — ¿Y si está tan interesado en saber lo que pasó, porqué no deja que su hijo le cuente?— le recriminó mi berrinchuda.
—No estamos contra ti Bella. No sabes cuánto me arrepiento de haber enviado a Edward a esta hacienda. Estoy seguro que si él no hubiera venido tú estarías felizmente casada y sin problemas— me entristecía que mi padre no hiciera el mínimo esfuerzo por comprender.
— ¡Eso no es cierto! Bastante fe le tiene a su hijo ¿No?— le recriminó mi Bella
—Lo conozco. Mucho más que tu. Ha sido un engreído siempre, creció demasiado mimado y se volvió un joven caprichoso…— en eso papá tenía razón. Cómo contradecir la verdad.
—Carlisle— se quejó mamá.
—Esme ¿Cuántas veces llegó borracho a casa?
—Carlisle, eso no viene al caso.
—Perdió una vez su licencia por manejar ebrio, cada semana cambiaba de novia, era un irresponsable, tuve que echarlo de casa para que consiga un trabajo— ay, papá estaba enumerando mis defectos. Lo reconozco, había sido algo alocado. Emmett y yo fuimos por un tiempo un par de descarriados. Yo planeaba enmendarme, por eso conseguí un departamento y un trabajo que me permitía tiempo libre. Pero al conocer a Bella sentí que había encontrado mi camino.
—Papá, yo amo a Bella. Es en serio, quiero vivir con ella, formar un hogar, tener una familia— mi padre se asombró con mis palabras.
—Lo siento Edward, es muy difícil para mí creerte. Bella es una jovencita que merece lo mejor, ella tenía una vida y tu llegaste a… desbaratarle todo— me dolió escuchar eso de mi padre. Sobre todo porque debía reconocer que en cierta forma tenía razón. Bella a su manera era feliz antes de conocerme. Yo había malogrado sus planes.
—Mire señor ¿Nos va a escuchar o no?— gritó ella muy enfadada.
—Isabella ¿Qué te hizo mi hijo?—
—Por favor Señor Cullen. Sólo quédese calladito que yo le cuento. Si, es verdad que yo me casé con Jacob pero lo encontré esa misma noche revolcándose con la "madame" Vicky, esa golfa del pueblo, aquí en las caballerizas. Por eso me fui. Edward sólo me ayudó a regresar a Jacksonville, mi antiguo hogar— mi padre pareció asombrado con lo que Bella contaba.
—Esa mujer ¿Aquí en la hacienda? Qué horror— mamá estaba espantada. – ¿Pero entonces sí llegaste a casarte?— le preguntó a Bella.
—Sí, pero esa misma noche fui a la iglesia y rompí el acta. Cómo el padre Jeremías no tiene el documento no lo puede registrar. Así que legalmente no estoy casada— dijo Bella con una tímida sonrisa.
Papa y mama permanecieron en silencio por un momento.
—Con razón lo vi tan molesto— a mamá no pareció agradarle mucho la noticia.
Mi padre se levantó y camino un poco.
—Bella, quiero aclarar algo. Antes de decirte lo que pienso de tu incursión en la iglesia. Yo vi cierto documento que dice que estas casada con mi hijo. ¿Eso cómo paso?
—Yo le pedí a Edward que me lleve a Las Vegas— confesó mi berrinchuda. Aunque realmente no me lo pidió, fue un arranque de locura de ambos. —Reconozco que en esa boda estábamos ebrios…—
—¿Lo ves? Edward es una mala influencia para ti. Él es un descarriado ¿Quieres estar con alguien que hace todo sin pensar?— bajé la cabeza al oír aquello. Bella merecía alguien mejor.
—Yo no sé cómo era Edward antes de conocerlo pero confío en él. No hemos venido a pedirles permiso sino a explicarles. Él no me obligó a nada, las cosas simplemente sucedieron. Si ustedes no están de acuerdo… bien. Si no confían en nosotros… bien. El tiempo se encargará de darnos la razón— les dijo muy segura.
Cómo amaba a esta mujer, estaba hecho un idiota por ella.
Mis padres otra vez callaron.
— ¡Vámonos Edward!— dijo Bella, me levanté para seguirla.
—Los siento Bella… yo sólo quiero lo mejor para ti— papá no me tenía confianza y nunca daría su brazo a torcer, me apenaba mucho que mis padres no pudieran siquiera tratar de comprender, sobretodo papá.
—Entonces no sea tan cabeza dura, señor, y entienda que Edward y yo podemos ser felices— mamá soltó una fuerte carcajada al escuchar hablar así a mi Bella.
Yo tampoco pude resistir y también me reí. Nadie había llamado nunca "cabeza dura" a mi padre. El gran hacendado Carlisle Cullen.
—Bien, bien. No seré un cabezadura— papá por fin sonreía. Mamá lo abrazó.
—No podrían haberlo definido mejor, llevo años luchando contra este hombre testarudo— ver las muestras de afecto de mis padres me llenó de esperanzas.
Bella y yo, estaríamos juntos como ellos, de ahora en adelante por mucho tiempo, tanto como pudiéramos. Tanto como nos permita la vida.
—Su hijo se parece mucho a su esposo señora— miré a Bella haciéndome el sorprendido. ¿Testarudo yo? Si siempre hago lo que ella quiere y me dejo mangonear.
—Nos nos trates de señor y señora, somos Carlisle y Esme. Bienvenida a la familia hija— mi padre abrió sus brazos para aceptar a Bella. Sabía que eso definitivamente era que había aceptado nuestra relación y yo me encargaría de no defraudar esa confianza.
Mi berrinchuda aceptó el abrazo, mamá se les unió.
— ¿Nadie me abraza a mí?— pregunté.
—No quiero que le hagas daño Edward, cuídala bien— dijo papá dándome un fuerte abrazo.
—Si el acosador me hace algo lo muelo a golpes, no se preocupe— amenazó Bella. Mi padre dejó escapar una sonora carcajada.
—Cada quien encuentra la horma de su zapato— miró a mamá sonriendo.
—Si cariño, cómo decía mi madre, siempre hay un roto para un descosido— todos nos echamos a reír.
Papá sacó su mejor vino y brindamos.
Alice que había estado escuchando tras la puerta se unió también al festejo. Ella y Bella se llevaban muy bien. Mi hermana le contaba entusiasmada todas las cosas que podrían hacer juntas, ir de compras, a los salones de belleza. Bella la escuchaba visiblemente asustada.
Ya todo solucionado con la familia, al menos la mía, nos pusimos de acuerdo y quedamos en que el abogado de la hacienda llevaría los asuntos legales con la iglesia. Mi propio padre ofreció esa ayuda.
—Señor… Carlisle, nunca dijiste que es lo que pensabas acerca del problemita con el padre Jeremías— quiso saber Bella. Ya sabía que ese detalle no se le iba a pasar. Papá le sonrió.
—La verdad Bella, no me importa la bilis del bendito sacerdote… yo soy protestante no católico— Alice rompió a reír junto con mamá. Mi padre lucía muy satisfecho. —Llevo años soportando a Jeremías. Entra y sale de esta hacienda como en su parroquia. Bautiza a todo niño que puede amenazando con el infierno a sus padres. Y la mayoría de trabajadores son nativos, no tendría que coaccionarlos, ellos tienen sus propias creencias— mi berrinchuda abrazó a papá, parecía que a ella tampoco le gustaba el sacerdote.
Conversamos con mis padres hasta entrada la noche, les contamos todo lo que pudimos hacer público sobre nuestro romance. Nos guardamos los detalles. A papá y mamá les pareció bien que nos fuéramos a vivir un tiempo a Jacksonville. Prometieron ir a visitarnos.
Prácticamente todo estaba resuelto, éramos libres de empezar una vida juntos. Sé que no sería fácil, mi berrinchuda tenía un carácter fuerte, sería yo el que debería ceder. Sólo esperaba que se ablandara conmigo y me quisiera mucho, a su particular modo, claro.

Cap 28 Acosador




CAPÍTULO 28

SENTIMIENTOS EN CLARO

— ¿Qué me pasó?— preguntó cuando nuestros labios se separaron.
—Te mordieron— le sonreí.
— ¿Vampiros u hombres lobos?— soltó una suave carcajada y se sonrojó. Mi berrinchuda linda, estaba tan hermosa.
—Un par de serpientes amor, temí tanto que no abrieras los ojos, casi me vuelvo loco— le sonreí, tomando la mano que no estaba conectada a esos tubos.
— ¿Cuántos días he estado dormida? ¿Has esperado a mi lado todo el tiempo?— preguntó tratando de incorporarse un poco. Me agaché a mover la palanca de su cama para que Bella estuviera más cómoda.
—Han sido 6 días y no he estado cerca de ti todo el tiempo, tu padre y ese tipo no me lo permitían— me quejé.
— ¿Por qué? No me digas que papá sabe lo de Las Vegas. Me prometiste…— empezó a elevar la voz.
—No. Yo aún no he dado explicaciones. Pero mi padre volvió a la hacienda y trajo un par de sobres de Las Vegas, que llegaron a su casa por error. Debí haber equivocado las direcciones— traté de justificarme.
— ¿Tu padre lo sabe? Oh por Dios— dijo muy asustada. —Pero… ¿llegó la resolución de la demanda? ¿Lo anularon? Lo que hicimos allá…— preguntó preocupada.
—No lo anularon Bella… te olvidaste de firmar la solicitud— le dije con algo de temor. No por su reacción sino porque lo que dijera tal vez podría dolerme.
— ¿En serio? Seguimos…—sonrió.
—Si seguimos… casados. Y mi padre lo sabe y también el tuyo— le sonreí. Los ojos de mi berrinchuda se agrandaron mucho.
—Ay no, quisiera seguir inconsciente— dijo asustada, cerró los ojos con fuerza.
— ¡No!—casi grité. —Yo te necesito— le confesé.
— ¿Para qué no te golpeen? ¿O ya te dio la paliza mi papá?— se burló de mí.
—Aún no. Pero me tiene ganas y no me importa la verdad. Yo… quiero quedarme contigo Bella— me miró con esa expresión que tanto me gustaba. La misma mirada del río, cuando me pidió que no me fuera. Aunque parecía que no era muy a menudo, a Bella le costaba expresar lo que sentía, románticamente hablando.
— ¿Quedarte… conmigo?— preguntó.
—Para siempre. Te ofrecería un anillo si no estuviéramos casados ya. Te amo, no creí que se podía sentir así el amor, con necesidad y desesperación. Pero te amo Bella Swan y ni aunque me tires piedras pienso alejarme de ti— allí estaba, totalmente expuesto a lo que ella decidiera. Esperaba con ansias sus palabras que definirían nuestro futuro.
—No pensaba arrojarte piedras…— se ruborizó un poco. —Yo también… siento por ti… eso que dijiste— sonrió un poco.
— ¿Puedo sentirme correspondido entonces?— pregunté con una sonrisa. Que aceptara que me amaba, estando sobria, era un gran avance.
—Sí. Absolutamente. ¿Podrías estar conmigo cuando se lo diga a papá?— preguntó. Eso no tenía ni que pedirlo.
—Claro que sí. Como tu estarás a mi lado cuando se lo diga a los míos— le sonreí
—Ah no Cullen, resuelve tus problemas sólo— bromeó mientras tiraba de mi camisa para que me acercara más a ella.
.
Charlie se dedicó a ignorarme, ya que no podía echarme de allí, Jacob "tropezaba" conmigo cada vez nos cruzábamos. Los golpes casuales eran más frecuentes e intensos. Me contenía para no estrellarlo contra la pared y preguntarle cual era su problema. En realidad sí sabía cuál era su problema.
Bella se limitaba apenas a hablarle. Su supuesta conversación privada fue de apenas cinco minutos y él salió cabizbajo de la habitación y no dijo ni pio.
Por la tarde y después de los análisis y revisiones médicas entré con May a la habitación, Bella había pedido que estuviésemos los cuatro. Su abuela, su padre y yo.
—Gracias por haberme cuidado— dijo apenas Bella al verlos tomar asiento. Me miró como esperando algo. No tuvo ni que pedirlo, me situé a su lado de la cabecera y tomé su mano. Su padre bramó por lo bajo y May sonrió apenas.
—Papá, sé que las cosas no salieron como estaban planeadas y que actué por desesperación e impulsividad. Pero…
—No debes tomar una decisión definitiva. Estás delicada aún y tomará un tiempo recuperarte. Si quieres podemos ir a Jacksonville a que te mejores, el aire de mar te sentará bien— dijo secamente Charlie.
—No es lo que había pensado. Edward y yo…— Charlie se levantó de su asiento.
—El señor Cullen debe haber perdido mucho de su valioso tiempo y debe querer retomar su vida normal— dijo fastidiado.
—Charlie, deja que Bella termine de hablar— May parecía esperanzada con nuestra declaración, así que decidí tomar la palabra.
—Señor Swan, sé que no fue el modo apropiado de hacer las cosas pero con respeto le pido nos dé su bendición. Bella y yo estamos casados y queremos permanecer juntos. Yo amo a su hija y cuidaré de ella— dije formalmente. May me miró con una sonrisa.
—Bella ya estaba casada y aunque Jake le falló el matrimonio fue bendecido. Primero debería arreglar eso. Un matrimonio en las Vegas no es válido— dijo mirándome sin mucha expresividad.
—Lo siento Charlie pero ya le dije al padre Jeremías todo lo que debía— Bella parecía enfadada.
—Bella… "viejo manipulador" no fue lo mejor que pudiste decirle al sacerdote— le llamó la atención. No pude evitar soltar una pequeña carcajada que camuflé con un acceso de tos.
—Pues lo que él dijo tampoco fue muy amable ¿quién se cree que es? ¿El portero del cielo? No voy a volver atrás en eso. Si él sigue sin querer escuchar mis razones no pongo un pie otra vez en una iglesia y si quiere excomulgarme que lo haga.
— ¡Bella!— a mi suegrito empezaron a latirle las venas de la frente.
—Voy a tratar el tema con un abogado papá, lo resolveré legalmente. Y… Edward tiene razón en lo que dice… queremos estar juntos— titubeó en la última parte. Yo apreté su mano con más fuerza.
Charlie se limitó a esbozar una sonrisa forzada.
—Te estás equivocando hija— dijo mirándome con desprecio.
—Eso es algo que pienso descubrirlo por mí misma papá— dijo mi berrinchuda firmemente. Eso me alegró mucho. Yo le demostraría a su padre que no era un error. La amaba y estaba dispuesto a dedicar mi vida a cuidarla y hacerla feliz.
—Tan testaruda como siempre— Charlie salió de la habitación visiblemente enojado. Me acerqué a darle un beso en la frente y demostrarle que contaba conmigo.
—Si no cuidas como es debido de mi nieta, yo misma te daré un par de nalgadas niño— dijo May tratando de parecer, atemorizante. Le sonreí.
—Descuida nana, me portaré bien, seré un buen chico— fui abrazarla. Si ella estaba de acuerdo era suficiente para mí.
—Bueno. Ahora hay que decirle a tus padres— Bella me lanzó una mirada pícara.
—Cuando te mejores. Me quedaré contigo hasta que te den de alta— tomé su mano decidido a cumplir mi promesa. La dejaría sola únicamente cuando necesitara los servicios higiénicos, nadie lograría arrancarme de su lado.

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Tres días después la llevé a la hacienda. Quería que mis padres supieran la verdad. Sobre todo mi padre, para que no me juzgue mal.

Sorprendentemente al llegar nos recibió Alice.
—Edward, Bella. Sabía que vendrían hoy— Nos saludó muy feliz, sonrió con más amplitud cuando se dio cuenta que íbamos de la mano.
— ¿Lista para esto?— le pregunté antes de entrar al despacho de papá, ellos nos esperaban.
—Ni un poco Cullen, vamos a ver que nos dicen aquí. Pero si dan lata nos largamos a Florida esta noche— dijo arrugando la frente.
Esa era mi chica, tan decidida como siempre.

Cap 27 Acosador




Capítulo 27

Despierta Bonita

Llegué al hospital sólo para quedarme fuera. No me dejaban entrar a verla, siempre había alguien en la puerta, Jacob o uno de los chicos de a hacienda. Y Charlie dentro de la habitación.
Me la había pasado el día mirando hacia su ventana, ella estaba en el quinto piso del hospital y yo en una mísera banca en los jardines.
Pero aún si despertara no la dejarían acercarse a su ventana. Y tal vez piense que la abandoné.
Debía llegar a ella, de algún modo, debía haber una forma.
No podía escalar la pared, era muy lisa. No podía entrar por su ventana desde otra habitación, estaba muy lejos y no había salientes.
El único modo era burlar a Charlie o tal vez podría verla cuando le hagan estudios.
Volví a entrar al hospital a preguntar por ella.
Su médico amablemente me dio informes, le dije que su padre y yo estábamos peleados por eso no me dejaba acercarme pero que estaría pendiente y si ella despertara que me llamara.
La vi durante unos segundos cuando la llevaron a hacerle una resonancia. Seguía pálida. Me estremeció un fuerte deseo de protegerla, de estar a su lado para siempre, por lo que me quedara de vida.
No iba a permitir que pasara más tiempo sin decírselo, debía repetirle cuanto la amaba.
Tres noches me quedé esperando que Charlie o Jacob abandonaran su habitación.
Esos dos eran unos perros guardianes difíciles de superar y vaya que lo intenté hasta disfrazándome de médico. Apenas pude llegar a su puerta.
May sólo vino dos veces, me la encontré saliendo del hospital, había cogido un catarro y le habían recetado guardar cama. Tampoco me podía ayudar esta vez mi nana.
Pero no me iba a dar por vencido. No sin luchar.
Así que tracé mi plan maestro para poder llegar a mi berrinchuda.
Vigilé los horarios de cambio de guardias. Las horas en que se turnaban Jacob y Charlie y otros chicos de la hacienda. Sam vino un par de veces, no era alguien con quien razonar, así que mejor no me acerqué mucho.
Mi oportunidad llegó una tarde cuando Seth entró al hospital. Jacob salió un rato después.
Sabía que mi buen amigo Seth no me montaría una escena. Llamé a la puerta de la habitación.
— ¿Edward? No deberías estar aquí…— dijo él confundido.
—Lo sé. Pero quiero verla, Jacob y Charlie no me dejan acercarme. Sólo un momento, por favor. Prometo que serán solo 5 minutos. Necesito estar a su lado— confesé.
—Wow. Nunca me lo imaginé… tú y Bella… ¿En serio pasó algo entre ustedes? Nadie me quiere contar— parecía dudoso.
—Te prometo que si me das unos minutos con ella te lo cuento todo— estaba a punto de echar abajo esa puerta, me urgía verla.
—Bien. Me quedaré aquí afuera, si alguien viene fingiré dormir y no seré responsable por lo que te pase— me sonrió. Me dejó la vía libre.
Con cuidado entré y cerré la puerta tras de mí. Me acerqué a ella.
—Bella— dije con miedo a no volver a ver sus preciosos ojos chocolate. –Amor, estoy aquí… ven conmigo— la llamé mientras tomé su mano. La sentí tibia.
—Despierta Bella, te necesito— deposité un beso en su frente. Aún a pesar de las medicinas y el lugar lleno de olor a desinfectante su aroma permanecía intacto.
—Si despiertas nos iremos a la playa, te mostraré el video de nuestra boda… sabes… me costó 1350 dólares y valió la pena. Sé que no tengo mucho tiempo contigo, quisiera tapiar esa puerta y quedarme aquí para siempre, aunque sólo sea para verte dormir. Te necesito Bella… no sabes cuánto te necesito. Te amo… esa es la única verdad que existe en mi vida.
No estoy muy seguro si su mano me apretó por un segundo o fue sólo un reflejo de su sistema nervioso, pero esperaba con todas mis ansias que me hubiese escuchado.
Me quedé unos minutos más, el tiempo no pasaba si estaba a su lado, al menos yo no lo sentía.
Pronto escuché el pomo de la puerta. Alguien trataba de entrar pero yo le había puesto seguro.
Habían llegado, Charlie o Jacob.
— ¿Quién está allí?— escuché a Charlie. – ¿Seth eres tú? ¡Abre!— parecía enfadado. Volvió a aporrear la puerta.
Me sacarían de aquí a patadas porque por mi cuenta no me iba. No tenían derecho a echarme, yo era el esposo de Bella, en los papeles y en la práctica. Sólo que eso no se lo podía decir a su padre o tal vez no vería el amanecer mañana.
—Bella, amor. Volveré tan pronto como pueda, no sé si me tarde mucho, no sé si encuentre otro momento como éste. Pero te prometo amor, te juro, que volveré. Y cuando despiertes no dejaré que nos separen. Te amo, te amo con toda el alma— Apreté su mano cuando oí una conversación afuera. Alguien estaba usando una llave para entrar. Sabía que me echarían pronto.
Volví a mirar el dulce rostro de mi Bella. Dentro de ese frágil cuerpo estaba la mujer más extraordinaria que había conocido, fuerte, decidida y muy terca. Nadie podía con ella, era una desquiciada berrinchuda, adorable.
Pronto abrirían, parecía que estaban probando algunas llaves. Me acerqué a mi Bella, su piel parecía de porcelana. La arruguita ente sus cejas estaba más pronunciada que hace unos instantes. O tal vez sólo sería mi imaginación.
Miré sus labios, tan dulces y tentadores. Cuando Bella hablaba los movía de muchas formas graciosas y si estaba molesta los juntaba hasta formar una O. Me sentí desesperado, no sabía si ella volvería a abrir los ojos o volvería a besarla.
No lo pensé dos veces, así me mate su padre a golpes tenía que besarla. Me acerqué decidido, si no me escuchaba al menos podría sentirme. Sentir mi amor y mi necesidad de tenerla conmigo otra vez, tal vez eso me la traiga de vuelta.
Me acerqué y suavemente junté mis labios con los suyos, mi corazón latía aprisa, quería demostrarle con ese beso cuanto la extrañaba, cuanta falta me hacía.
No terminé mi ferviente demostración de cariño pues uno fuerte tirón de apartó de ella.
— ¡Deja a mi hija maldito pervertido!— Charlie me sujetó los brazos detrás de la espalda.
—Llamaremos a seguridad— dijo un médico a su lado.
—No es necesario, de este tipo me encargo yo. Jake, vamos a llevarlo abajo y le vamos a mostrar porque no puede seguir insistiendo en ver a Bella— dijo Charlie furioso. No tenía más opción que ir. No me importaba ya lo que me pasara.
—Como digas, yo también tengo cuentas que ajustar con este imbécil— le contestó Jacob sujetándome. Me empujó contra la pared.
—Señores, no es lugar para escándalos, por favor salgan de aquí— se quejó el doctor de Bella.
Sentí una fuerte presión en mi brazo derecho, Jacob trataba de ser rudo. Con gusto le rompería la cara pero él la había salvado y sólo por eso estaba en deuda.
Estábamos por salir de la habitación cuando escuché jadear a Charlie.
—El pulso se ha incrementado— comentó el doctor a lo lejos, me giré a ver qué pasaba.
— ¿Papá?— escuché la voz suave y aturdida de Bella. Quería saltar de alegría. Sólo saber que estaba bien y que había vuelto me hacía el hombre más feliz de la tierra.
— ¡Vete Jacob!— gritó Charlie.
— ¿Qué pasa? ¿Y Edward?— cuando escuché mi nombre en sus labios me des hice del agarre de mi custodio, podría enfrentar una turba embravecida sólo por verla. Nadie me detendría.
—Aquí estoy— dije llegando a ella. Me miró y sonrió lo suficiente para devolverle la luz a mi vida. — ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿Necesitas alguna cosa?— pregunté desesperado por saber si estaba bien.
— ¿Me hablaste de un video o lo soñé?— su rostro confundido me enterneció más.
— ¿Me escuchabas?— me acerqué a su cama.
—Sal de aquí Cullen— bramó su padre. Ni aunque me ladre me marcharía. Bella lo miró dudando.
— ¿Por qué quieres que se vaya papá?— preguntó ella.
—Ya sé lo que hicieron en Las Vegas. Y exijo que este infeliz se mantenga alejado de ti— se notaban las venas en el cuello de mi querido suegrito. Si por él fuera me desaparecería.
—Edward se queda. No voy a discutir eso contigo. Ahora… por favor necesito hablar con él.
—Necesitas que te examinen y descansar— le contestó él.
—Es cierto señorita Swan, debo terminar de hacerle algunas pruebas y unos análisis más para comprobar si…— pero el buen médico no terminó de hablar.
—Quiero hablar con Edward ahora y si no salen de aquí lo haré yo misma por mi propio pie— Bella los miró ofuscada. Por fin volvía a ser ella.
—Regreso en unos minutos— se excusó el médico y salió como si llevara prisa.
—Necesitamos hablar seriamente Bella, tu comportamiento me ha decepcionado— Charlie me miró como si quisiera estrangularme. Pero sin más salió abatido.
—Hola Bella, imagino que también quieres que me vaya— Jacob habló por primera vez.
—Jake, hablaré contigo luego ¿sí?— le dijo algo avergonzada.
Escuché la puerta cerrarse y no pude evitar el impulso de correr a su lado y volver a besarla, para recuperar la alegría de vivir.

Cap 26 Acosador




Capítulo 26

Fui un idiota


Llegué al amanecer a la hacienda.
Esperé afuera sin animarme a tocar. Pensaba en que decir y hacer. ¿A quién me dirigiría primero?. Obviamente sería a Bella a quien debía hablar pero tal vez papá lo haga más difícil.
El trino de los pájaros era muy hermoso, estaban despertando, como el día, la noche había sido oscura y el amanecer claro, eso significaba que la luz desplaza a las sombras y que hay una esperanza también para mi.
¡Hay por favor! Aparte de loco, filósofo resulté. Basta de filotontear y a la carga.
Bajé y toqué la campana. Seth vino abrirme.
—Ey Edward, volviste— dijo sonriendo.
—Pues sí, soy terco— le comenté mientras entraba con mi auto.
Me sorprendí de encontrar a Jacob en la sala de la casa… y a Charlie, Billy, Sam… ¿Qué hacían aquí?
Charlie se levantó de inmediato apenas me vio. Jacob lo sujetó de un brazo.
—No Charlie. Espera— dijo mirándome. Ningún otro dijo nada. No entendía lo que pasaba, sus rostros adustos me preocuparon, no sentí temor, sólo una rara sensación de que algo andaba mal.
Los miré a cada uno, parecían furiosos. Seguí caminando hacia la cocina para entrar a la habitación que Bella compartía con May.
Alice estaba en la cocina. Muy raro.
—Edward. ¿Dónde estabas?— se lanzó a mis brazos sollozando.
—No importa, tengo que hacer algo primero— traté de soltarme pero no me lo permitió.
—Emmett, Jasper y Rosalie han ido la ciudad a buscarte. Te llame miles de veces, no sabíamos dónde encontrarte— parecía que me golpearía.
—Quiero ver a Bella— le dije. Entonces se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Sigue igual— dijo. Algo me decía que yo debía ignoraba los sucesos.
— ¿Igual? ¿No te entiendo?
— ¿No has hablado con ninguno de los chicos?— preguntó.
—He estado tres días embriagándome en Jacksonville, no sé nada desde que me fui. ¿Dónde eta Bella?
— ¿Jacksonville? Edward… lo siento…— se tapó la boca con las manos, ahora si me preocupé.
— ¿Dónde está?— mi corazón dio un vuelco.
—No despierta… a Bella la mordió una serpiente el día que te fuiste— el aliento se me abandonó. ¿Una serpiente? Me recosté a la pared que tenía cerca.
—Quiero verla— susurré.
—Vamos, está en su habitación, mamá y May están con ella. El médico viene tres veces al día, pero ella no mejora, ya debería haber despertado—Alice estaba afligida y yo… no quería creer lo que oía…
— ¿No la llevaron al hospital?— dije casi corriendo a la habitación.
—Sí, claro que la llevamos, el médico dice que está bien, sólo que no recobra la conciencia— me preocupaba esto. ¿Cómo podía mi Bella estar en ese estado?
Entramos a la habitación, mi madre se levantó a recibirme, May tenía sujeta la mano de Bella.
"Hijita, regresa bebé"alcancé a escucharla murmurar a mi nana.
— ¡Edward! Volviste cariño— me abrazó mamá pero apenas me fijé en ella, mi vista estaba clavada en Bella, que sobre sus sábanas blancas resaltaba en palidez. Sus cabellos desparramados en la almohada le daban un aspecto angelical.
— ¿Qué le pasa?— casi me echo a llorar como un niño.
—Fueron dos coralillos— escuché la voz de Jacob detrás de mí, quise voltear y golpearlo. –Estábamos regresando de la gruta y Bella corrió por el campo, fue a dar justo en un nido. Le succioné el veneno, le hice el corte necesario para hacerla sangrar pero parece que la mordieron profundamente… y me demoré en traerla porque estaba lejos del auto— su voz se quebró y yo sentí como si me cayera un balde de agua fría.
¿Eso es lo que hacía él sobre ella? ¿Acaso fui tan idiota de confundir los primero auxilios con una sesión de amor?
Traté de exprimirme el cerebro recordando… ella estaba echada en la hierba, nunca le vi hacer ningún movimiento… él sobre ella, bueno sobre una de sus piernas, su vestido estaba levantado… carajo…ella nunca se movió porque estaba inconsciente. Si tuviese un arma en este momento me pegaba un tiro.
— ¿Qué hacían allí?— le pregunté para confirmar.
—Bella fue a despedirse de su mamá… iba a marcharse al día siguiente. Por cierto, me habló de lo de ustedes— lo ultimo me lo dijo tan bajo como para que solamente yo lo pudiera oír.
Iba responderle pero papá entró seguido de Charlie.
— ¿A qué has vuelto?— me encaró papá.
—Vine por Bella y no me voy a ir.
—Pero ya te fuiste… pensé que serías más hombre pero saliste huyendo— me reclamó Carlisle con todo derecho.
—Fue una estupidez, yo creí…— no le iba a decir lo que acababa de descubrir.
— ¿Creíste qué? ¿Qué podías huir porque mi hija estaba enferma?— saltó Charlie.
—Por favor, no peleen— mamá se situó a mi lado.
—Este joven y yo tenemos que ajustar algunas cuentas— dijo el padre de Bella furioso.
—Charlie… te dije que…— Carlisle trató de calmarlo.
—Lo siento señor Cullen, no quiero una indemnización, me llevaré a mi hija apenas pueda pero antes este jovencito debe dar la cara— me planté delante de él, si quería golpearme estaba dispuesto a recibir lo que sea, pero no me apartarían del lado de Bella.
—No se va a llevar a Bella...— dije muy molesto. Ya no me importaba nada más que ella.
— ¡Ya basta!— gritó May. –Dejen de pelear, respeten a los enfermos. Charlie, salte de aquí que no ayudas en nada— se acercó a su hijo, quien obedeció y salió mirándome como si me esperara a la salida. –Edward, ahora siéntate allí y ocupa el lugar que te corresponde y has que mi niña regrese— me ordenó señalándome la silla en que estaba sentada segundos atrás.
—Debemos hablar Edward— dijo mi padre todavía incómodo.
—Después, por favor, sólo quiero que mi Bella vuelva— May estaba muy afligida.
Me senté apesadumbrado y completamente decaído, si la culpa matara ya estaría frío.
Tomé su mano suavemente, estaba tibia, su respiración era constante pero muy débil para mi gusto.
Besé su mano, acaricié lentamente su rostro, me acerqué despacio y besé su frente.
—Bella, Bella… despierta dormilona o voy a saltar en tu cama— le dije con la poca alegría que me quedaba. Verla así postrada y dormida me asustaba más que cualquier otra cosa en el mundo… ¿Y si no despertaba? ¿Y si no volvía a ver sus ojos chocolate?
No, ella va a abrirlos y me va a mirar, seguro que hasta se burlará de lo tonto que me veo.
—Bella… amor… vi el video de nuestra boda, ya sé cómo nos casamos— le susurré. –Estuve en la casita de la playa, nos iremos allá pero debes despertar. El mar está esperándote— "perdóname" "perdóname" pensaba muy en el fondo.
Quizás este si era mi castigo… me lo merecía por no confiar en ella, merecía sufrir por ser un idiota… pero ella no merecía estar así, ella merecía todo lo mejor de este mundo. Y yo se lo iba a dar, sólo tenía que despertar.
Pasé todo el día pegado a la cama, Bella apenas se movía cuando la inyectaban, el médico venía a cambiarle el suero.
—Es una reacción extraña, usualmente el shock desaparece en horas, de seguir así, deberán internarla en algún hospital de la ciudad— dijo sin muchas esperanzas.
—Edward debes comer un poco— mi madre me alcanzó un plato de comida al atardecer.
—No tengo hambre— dije sin despegarme de la silla.
—No querrás morir de flaco ¿verdad?— era la voz de May. —Mi niño, si no comes voy a tener que darte las cucharadas en la boca— me amenazó.
Acepté el plato a regañadientes, mi madre salió a hablar con papá en el pasillo, Alice venía de rato en rato a vernos y volvía a irse.
Estaba abstraído del mundo, en este preciso instante mi única preocupación en el mundo era la mujer que yacía en esa cama.
—Mi nieta me contó todo lo que ha pasado entre ustedes— me dijo May, podía oír la molestia en su voz.
— ¿Todo?— pregunté.
—Quise darte yo misma una zurra ese día, pero quien puede contra el amor— suspiró.
—Yo la amo May, en verdad la amo. No pienso apartarme de ella, fui un tonto pero ya estoy aquí y me encargaré de cuidarla hasta que despierte— le aseguré.
Un largo y tormentoso día más pasó, ya no sabía qué hacer, tal vez debería aceptar que trasladen a Bella a un hospital, estaría mejor cuidada y podrían hacerle mejores estudios. Y yo no dejaría de estar a su lado ni un momento.
No había vuelto a ver a Charlie, papá casi no me hablaba, sólo mi madre y May venían a sentarse conmigo.
Una ambulancia llegó al día siguiente por la tarde, me sorprendí al ver algunos paramédicos entrar. Antes que pudiera darme cuenta de lo que pasaba ya tenía al padre de Bella en la habitación.
—Me llevo a mi hija— me gritó furioso.
—Bien, voy a ir con ella— lo encaré, aunque me mate no iba a ceder ni un milímetro, yo no me separaría de Bella.
—No necesitamos a nadie más, iremos May, Jacob y yo— dijo mientras los paramédicos arreglaban la camilla en la que se llevarían a Bella.
—No puede dejarme fuera… soy… soy su esposo— confesé.
—Mi hija ya tiene un marido y está afuera con el padre que los casó— me increpó.
—Ese matrimonio no es válido, Bella rompió el documento— grité.
—Pues para mí es más válido que esa estupidez que hicieron en Las Vegas— me empujó contra la pared. —Aléjate de mi hija niño consentido, le prometí a tu padre no molerte a golpes porque me indemnizó y con eso pagaré el tratamiento de mi pequeña, pero si te interpones no voy a tener más opción que desaparecerte— me detuvo con un brazo mientras que alistaban a Bella.
No sabía qué hacer, no se la podían llevar.
— ¡Charlie que haces!— gritó May.
—Nos llevamos a Bella y éste tipo no va con nosotros— me apretó un poco más.
—Déjalo hijo, te guste o no cuando Bella despierte va a decidir— le advirtió.
—Pues lo veremos— me mantuvo lejos de mi Bella mientras terminaron de pasarla a la camilla. Traté averiguar a dónde la llevarían pero no me decían nada.
—Calma niño, tus padres lo saben, te estaré esperando— May me calmó.
Cuando se la llevaron sentí como si me hubiera quedado incompleto. Subí los escalones de dos en dos hacia el despacho de papá. Mamá estaba con él.
—Necesito saber donde se llevaron a Bella— pedí.
—Queremos que nos esclarezcas algunas cosas. Te largaste sin decirnos nada y Bella nunca pudo hablar. Edward si no nos dices que fue lo que pasó voy a desheredarte— Carlisle estaba más calmado.
—No puedo, se lo prometí a Bella. Sólo puedo decirte papá que la amo y que no me la llevé con engaños como crees—me defendí.
—Edward, sales con más chicas de las que puedes recordar, como vamos a creerte que amas a Bella— me dijo tomando mis palabras por mentiras.
—Carlisle, sólo considera lo que dice tu hijo— mamá parecía creerme.
—Esme, Edward ya ha hecho suficiente aquí. Quiero que regrese a la ciudad y se encargue de sus propios asuntos, ya es un hombre— dijo fastidiado.
—Si me dicen a donde se llevaron a Bella me marcharé en este instante— prometí.
—Charlie no te quiere cerca de su hija—
—No me importa, debo estar con Bella— miré a mamá.
—Se la llevaron al Hospital neurológico de Seattle— mamá me sonrió.
— ¡Esme!— le reclamó Carlisle.
— ¿Se casaron no? Edward tiene derecho a saber— dijo ella feliz.
—Gracias mamá— salí de allí lo más rápido que pude, me encontré a Alice en el pasillo y me despedí apenas con un "hasta luego", no podía dejar sola a mi berrinchuda, ella me necesitaba.