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06 mayo 2013

Secretos que matan - One shot




SECRETOS QUE MATAN


Mi novio murió hace un año. Él se suicidó.

Aquella noche tomó una soga y se colgó de la viga de su habitación.

Yo aún no me recupero de su muerte. Fue a mí a quien él le habló por última vez. Me dijo aquella tarde que nos veríamos al día siguiente, pero se fue antes de poder cumplir su palabra.

Edward me dejó sola, demasiado sola en este mundo.

Yo sé porque lo hizo, pero no puedo decirle a nadie. Es un secreto espantoso. Y entiendo las razones que tuvo para dejar este mundo.

Yo le pedí que no lo hiciera, se lo rogué con lágrimas, cuando me hablaba de querer morir. Le dije que juntos podríamos soportar esto y salir adelante. Y creí que lo lograríamos, pensé que se quedaría conmigo.

Ya no tengo fuerzas para seguir adelante, nada tiene sentido, me siento tan vacía sin él. Sola, perdida,  ya no tengo nada en este mundo.

No pude ni siquiera vengar su muerte, aunque mi novio no me querría en problemas, planeé matar al hombre que causó esto. Pero se largó, desapareció de Forks sin dejar rastro.

James. Fue ese maldito vagabundo quien le orilló al suicidio.  ¡Maldito bastardo! 

No debo hablar, ya no debo decir nada más. Ni siquiera tengo fuerzas para llorar.

¡Edward te amo!

Recuerdo nuestras tardes en el prado, las primaveras que compartimos, las promesas y los besos que allí nos dimos. El primer beso, cómo olvidarlo.

Las mañanas que me llevaba a la escuela, su sonrisa torcida, su voz aterciopelada. ¡Lo extraño!

Pero he terminado de escribir la carta, no importa que pase después, ya no será mi problema. He escrito todo lo que tenía que decirles a sus padres.

Su hermana me culpó de lo sucedido, sus padres  cambiaron conmigo. Pero yo había prometido que no diría nada.  Y lo mantengo. De mi boca no saldrá una sola palabra al respecto.

Era nuestro último año de preparatoria, yo participaba en los preparativos del baile de graduación. Nada podía ser más perfecto.

Edward venía a buscarme por las tardes a la escuela, para llevarme a su casa a hacer las tareas. Una tarde no llegó. Le pedí a Ángela que me dé un aventón y no me preocupé más. Cuando llegué a casa le llamé porque mi celular se quedó sin batería. No me contestó.

Tampoco esa noche pude comunicarme con él. Al día siguiente no fue a la escuela y apenas salí de allí, corrí a su casa. Me recibió tan frio. Tan distante…

Me costó mucho sacarle la dolorosa verdad… James, un cazador furtivo que vivía en el bosque… lo había violado.

No me cabía en la cabeza, no entendía bien.

“Iba por ti hacia la escuela pero mi auto falló en medio de la carretera” empezó a narrarme. “Me detuve a intentar arreglarlo, quizás era sólo un pequeño desperfecto. Pero de pronto algo me tapó la boca y sólo recuerdo cuando me desperté. Estaba amarrado, en una cabaña. Me dolían algunas partes del cuerpo… y ese hombre… tenía una botella en la mano. No puedo decir más” rompió en llanto.

No quise forzarlo a que me dé detalles pero sí le pedí que fuésemos a la delegación de policía y que avise a sus padres de lo ocurrido. Edward se negó. Rotundamente. Y logró hacerme prometer que no se lo diría a nadie más. Sería un secreto nuestro, no quería que sus padres sufrieran esa pena, que todo genere en un escándalo.

Aceptó ir a terapia por las tardes, a sus padres les dijo que sufría de estrés y que necesitaba consejería para escoger sus estudios. Ellos aceptaron sin saber nada.

Nunca supe si en verdad le contó al psicólogo lo que pasó. Creo que me mintió para mantenerme tranquila y segura de que no cometería una locura.

Edward cambió mucho. Quizás la gente no lo notaba pero yo sí. Ya no quería besarme, ni tocarme. Como novios que éramos, teníamos intimidad con protección. Pero después que eso pasó, no volvimos a estar juntos.

Lo que más me dolía era que ni siquiera quería darme un beso. Eso me mataba.

Hasta que un día vino a mi casa muy temprano y no me llevó a la escuela. Fuimos a nuestro prado, a nuestro lugar secreto.

“Tengo algo que decirte Bella” empezó. Yo temblaba como una hoja. “La razón por la que me he mantenido distante de ti… por la que ni siquiera te beso…”

Yo no decía nada, temía interrumpirlo con frases cursis o intentar darle ánimos cuando sabía que eso no era posible.

“Me hice algunos análisis. No podía arriesgarte… debía estar seguro. Mandé mi sangre a Seattle, a un laboratorio discreto, di otro nombre” suspiró mientras se pasaba las manos por su hermoso cabello cobrizo.

“Tengo VIH” lo abracé muy fuerte, mientras nos derrumbábamos a llorar en aquel lugar dónde fuimos tan felices

Eso pasó el día que se suicidó. Fue nuestra última tarde juntos y la primera vez que me habló de morir. Antes lo había insinuado pero aquella vez me lo dijo claramente. “Quisiera dejar este mundo, todo sería más fácil si muriera”

Yo creí en ese momento que lo había disuadido. Pero no fue así. Y aquí estoy… a punto de irme con él. Otra vez.

Hace dos meses, en el día de su cumpleaños, yo también colgué una cuerda de la viga de mi habitación y trepé en una silla. Pero Edward apareció. Se veía hermoso como siempre, triste y hermoso.

“No lo hagas” susurró. “Eso no resuelve nada, por favor” rogó.

“Yo quiero estar contigo” respondí.

“No cometas el mismo error. Te amo Bella. Vive por mi” dijo antes de desaparecer.

Aquella vez yo no pude hacerlo. Me arrepentí. Quería creer que tenía una segunda oportunidad para seguir viviendo.

Pero el dolor no desapareció. La felicidad no regresó a mí. Nada cambió, los recuerdos y los sueños siguen presentes.

Hace dos horas decidí escribir la verdad. Tomé un papel y comencé a anotar detalladamente cómo sucedieron las cosas. Era una carta dirigida a sus padres. Y una pequeña nota al mío.

Apenas terminé de escribir fui directo al baño y sin pensar me vacié el frasco entero de pastillas para dormir. Con agua del grifo fui introduciendo, una a una, cada pastilla. Y si con eso no tenía suficiente, tomé las pastillas para la presión arterial de Charlie, y también las ingerí.

Ahora estoy acostada, con la carta en mi mesa de noche, esperando la muerte que se tarda demasiado en llegar. He escrito con lapicero en mi brazo izquierdo “Edward & Bella”. Sonrío al ver lo bonito que se ven nuestros dos nombres juntos.

“No debiste” escucho un susurro. Ya llegó por mí. Lo sé.

“No puedo vivir sin ti” respondí.

“Lo sé. Te estaba esperando, amor” sonrió.

Me tendió su mano y la acepté gustosa. Ya no sentía dolor o angustia. Sólo me llenaba un sentimiento de profunda felicidad.

FIN


Amigos, no he publicado esta historia en ningún otro lugar, porque el suicidio es un tema triste y desagradable. Pero el silencio no es bueno para nadie, sobre todo para las personas que atormentadas, deciden quitarse la vida. El suicidio es una solución, que lamentablemente no resuelve los problemas.Gracias por leer.

PATITO

14 febrero 2013

Misión San Valentín







Misión San Valentín

By: Jimena

Todo comenzó un día normal, estaba sentada viendo televisión mientras, mama, cocinaba en eso llegó papa y me cargó.

— ¡Ay! ¡Papá!—dije fingiendo estar molesta.

—Vamos a comer cariño—dijo mi papi, Edward.

Solo le sonreí pues todos los días me hacía lo mismo, ya me acostumbré.

–Yupi, ¡pizza! –exclame al ver mi comida favorita.

—Tranquila, Nessie, no pongas cara de muerta de hambre.

—Es que tengo el estómago vacío. — Y puse mi mejor cara de gatito hambriento.

—Déjala comer Bella debe estar muy cansada—Me defendió mi padre.

—Bueno, sírvanse 3 porciones cada uno y no coman antes de agradecer—Dijo mamá.

 Trate de comer lo más despacio que pude, pero aunque hice todos mis esfuerzos termine en un dos por tres.

—Nessie, toma un pedazo más. —Me ofreció mi padre— Debes estar hambrienta.
—No, Edward, ella ya comió suficiente. Tú deberías comer más, ya que trabajas.

—Pero ella está en proceso de crecimiento, mi amor.

— ¿Crecimiento? Si el pediatra dijo que tenía sobrepeso.

—No está gorda, solo un poco llenita.

—Pues tiene 6 kilos de más no es un peso apropiado para una niña de tan solo 9 años.

—Ese pediatra está equivocado. Hay que llevarla con Carlisle.

¡Claro! Tu padre, ¡siempre tu padre! Tu padre es doctor, ¡no pediatra! ¡Si lo dijo el pediatra, hay que creerle porque está especializado en niños!

Otra vez peleando. Desde que mama se embarazó empezaron a pelear por cualquier cosa.

Siempre terminaban dándose un beso. De pronto el sonido de un plato rompiéndose al caer al suelo me hizo volver a la realidad.

—Isabella Swan ¡Tranquilízate! –Dijo papá

Vi la escena detenidamente: Mama estaba roja de rabia y con un plato en la mano, papá trataba de calmarla con palabras dulces y suaves, tras él había un plato roto que había esquivado, me sorprendí de ver que mamá casi le acierta, entonces me di cuenta de que esta si era una pelea de verdad.

— ¡Mama! ¡Papa! —grite cuando ella estaba apuntándole a papa otro plato.

— ¡Cállate Renesmee! –Grito mama.

—No le hables así a la niña –Le dijo papa.

Mama lo miro con cara fea y se fue a la cocina. Papa solo me miro y me dijo que lo arreglaría todo para mañana, puesto que había roto el plato le había dado a mi muñeca de porcelana.

Ya eran casi a las 10 de la noche ¿Tanto se demoran en pelear los adultos?

Fui a mi cama y admire el bello dibujo que había hecho de mi familia. Incluso había dibujado al nuevo “roba cariño” que estaba por llegar.

Escuche muchos gritos y a la vez un sonido familiar, como el que hacia mi walkie talkie… ¡MI WALKIE TOLKIE!

Rebusque por toda mi habitación en búsqueda de ese preciado regalo de mi mejor amigo y a la vez vecino, Jacob, me dio. Íbamos en el mismo curso y siempre estábamos juntos.

— ¿Si? ¿Jake?

—Nessie, ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Por qué?

—Escuche gritos y que algo se rompía en tu casa.

—Ah eso, no fue nada solo mi mama y mi papa peleándose. Uy, tengo que cortar mama y papa están subiendo.

—Ok, te hablo después.

Escondí mi walkie talkie rápidamente. Papá y mamá entraron.

 —Disculpa mi amorcito –Me dijo mama al entregarme un plato de pizza.

—No, mama, ya no tengo hambre. –Le dije.

—Bueno, si se te antoja, te la dejo aquí. –Dijo mientras depositaba el plato en la mesa de noche.

Ellos salieron y voltearon brevemente para enviarme un beso volado.

Pero mientras pasaban los días las discusiones se hacían más intensas. A diario había una o dos peleas entre ellos.

Ya no sabía qué hacer y además tan cerca de San Valentín no puede haber dos personas que se aman discutiendo tanto.

Así que Jake y yo iniciamos la “Misión San Valentín”.

Todo debía ser tierno y delicado, por tal razón iniciamos decorando mi casa.

No funcionó pues decore toda la casa con flores pero no sabía que mama era alérgica al polen y se molestó mucho con papa al pensar que él me había mandado a decorar.

Lo siguiente era regalar flores a mama de parte de papa pero como era alérgica no iba a funcionar.

Decidimos darle chocolates en un envase con forma de corazón y envueltos en un forro color rojo con pequeños corazones en todos lados. Y por supuesto una etiqueta que dijera que era de mi papa.

Tampoco funcionó porque el chocolate le provoco problemas estomacales a mama y casi le pega a papa pensando que lo había hecho a propósito.

Lo que en verdad paso fue que reunimos todos nuestros ahorros y compramos un chocolate de mala calidad y con fecha de vencimiento cercana, puesto que teníamos poco dinero.

Lo último que se nos ocurría era una cena muy romántica a la luz de las velas como en las películas.

—Jake, la harina se hecha en el pastel no en el estofado –Le exclame al ver que tenía unas muy absurdas intenciones.

—Disculpa, Nessie, nunca antes había cocinado –Me dijo con cara de perrito abandonado.

—Bueno, ve a ver el arroz –Dije— No se vaya a quemar.

—AYY —Grito mi amigo

— ¿Qué pasa?—dije al voltear y vi la peor escena en la cocina.

Jake estaba cubierto de harina, azúcar y huevo.

—Era lo único que teníamos para hacer el pastel –Dije apenada

—Lo lamento Nessie –Dijo, mientras una lágrima caía sobre su pecho.

—No te preocupes podemos conseguir más

—No a estas horas, todas las tiendas deben de estar cerradas.

—Entonces será sin pastel.

—­ ¿Qué les vamos a servir? El arroz ya se quemó.

—Aún tenemos guiso.

—No sirve lo dejaste de mover y esta negro.

—Hay un poco de helado.

—Nos lo acabamos ayer.

—Podemos ordenar pizza.

—Solo atienden hasta las 8 en punto y ya son 9 y media

Jake se aseo en un tiempo record, me dio ganas de llamar a esos señores de los records Guinness.

Así fuimos repasando todas las alternativas y optamos por servirles fresas con chocolate derretido puesto era lo único que había en la refrigeradora.

Busque en internet como hacerlo y decía que había que ponerlo en baño María y le pregunte a Jake si teníamos alguna vecina llamada María para que se bañe y podamos derretir el chocolate.

— ¿Seguro de que no hay ninguna María en el barrio?

—Más que seguro. Un momento recuerdo una María… ah, la ex novia de tu tío Jasper.

— ¿Tuvo alguna otra novia a parte de la tía Alice?

—Sí, se lo oí a mi mama.

—Pero sabes que tu mama es una chismosa.

—Hey, no te metas con mi mami.

—Está bien. ¿Entonces qué hacemos?

—Busca en tu laptop “Baño María”.

—Ahh, no es una chica que se llame María es una forma de calentar alimentos.

—Menos mal, no quería entrar en una casa y decirle a una señora que se bañe junto al chocolate.

—Jajajaja… no sería apropiado y menos a estas horas.

—Hay que apurarnos ya van a llegar tus papás.

Hicimos todo lo que nos dijo el internet y llegamos a derretir todo el chocolate y cortar las fresas, solo quedaba arreglar el lugar.

Después de 15 minutos todo estuvo perfecto, las velas prendidas y como música de fondo “A Thousand years” de Christina Perri.

Todo era tan romántico.

—Espero que les guste todo –dije

—Les encantará –dijo Jake viendo su reloj de pulsera.

 En eso entro la mama de Jake.

— ¡Mama! ¿Qué haces aquí? –dijo Jake

—Hijo, esta es nuestra casa.

— ¡QUE! –dijimos al mismo tiempo

Cogimos rápidamente un carrito muy grande y pusimos absolutamente todas las cosas que habíamos hecho. Abrimos la puerta y vimos a lo lejos a mi mama y a mi papa. Entramos a mi casa y empezamos a decorar todo colocamos las velas, una fuente de chocolate y todas las fresas.

—Apúrate, ya vienen.

—No lo puedo hacer más rápido

— ¿Vas a irte? –le dije justo cuando lo vi cogiendo el pestillo de la puerta.

—Ok, seré el mozo –Me dijo.

Oí abrirse la puerta.

— ¿Nessie, donde estás?

Volteé a ver a mi amigo que con una rapidez impresionante se había disfrazado de mozo.

—No te preocupes yo los guiare hacia el comedor –me susurro Jake

Salió de nuestro escondite y escuche carcajadas.

—Señores Cullen, pasen al comedor, por favor.

Escuche que se acercaban cada vez más a ese paraíso de enamorados, la felicidad y la nostalgia flotaban en el aire. Recordé nuestro quinto San Valentín lleno de emociones y alegría. Yo corría por todos lados con chocolates y tarjetas en forma de corazón fue el mejor San Valentín.

—Wow, fresas con chocolate –Exclamó papá.

—No te hagas, Edward, sé que enviaste a los niños a hacer esto.

—Cariño, yo no los he enviado a hacer nada.

Vi que las cosas se estaban poniendo feas así que me levante y les dije lo mucho que los quería y que por tal razón había hecho esto.

— ¿Cuánto les diste Edward? ¿$/. 15, $/. 20, $/. 50? No los puedes andar sobornando para que te perdone.

—Mamá, mi papá no me ha pagado nada.

— ¡Edward, dime la verdad!

— ¡No he hecho nada!

— ¡No te creo!

— ¡Preciosa, cálmate!

— ¿Por qué no se dan cuenta de que nuestra familia se está desmoronando? – grité. Y salí corriendo en medio de las lágrimas hacia mi habitación.

Mi familia no tenía remedio, solo era cuestión de tiempo para tener que elegir entre mi mamá y mi papá.
*toc, toc, toc*

—No voy a abrir, mama.

—Soy Jake

— ¡Quiero estar sola!

Estuvo tocando por unos minutos más y luego oí que se alejaba.

—Todo es por tu culpa –escuche a lo lejos.

—Yo no hice nada, Bella

—Eh, disculpen, yo… me voy

—Adiós, Jake –Dijo mi padre

Ahora estaba sola con dos adultos que se comportaban como dos adolescentes caprichosos.

En eso se me ocurrió una idea, ¿Por qué no vivía con Jake?

No, era algo muy desesperado.

Mejor me iba con mis abuelitos Esme y Carlisle…

Ellos me entenderían, me cuidarían, me llevarían a la Universidad, me ayudarían con mis hijos, yo los cuidaría de ancianos…

Ya me imaginaba toda una vida con ellos.

Escribí una nota diciendo que ya no estaba feliz aquí y me iba de casa.

Cogí lo más importante, como mi mochila llena de cuadernos, mucha ropa, libros, muchos libros, demasiados libros, pues adoro leer.

Con suerte mis abuelos no llamarían a mis padres.

Salí por la ventana y toque el suelo con mucha gracia.

Eran como a las 10 de la noche.

En eso vi a Nickey Newton Stanley, el hijo de Mike Newton y Jessica Stanley.

¿Quién le pone de nombre a su hijo una combinación entre Mickey Mouse y la marca de zapatillas Nike? Son bien tontos la verdad.

No me podía creer que el niño salió igual a sus padres, es tan torpe que no parece acordarse de cuál es su izquierda y cual su derecha cuando camina y es tan tonto que ni siquiera puede sumar una fracción homogénea.

Sacando la basura se veía como un mono con dos grandes cocos en cada mano a punto de caerse.

—Hey, Ness ¿A esta hora despierta?

—Sí, ¿Algún problema?

—No, nada solo que a estas horas yo ya estoy dormido.

— ¿Y?

Con él ni se podía hablar. Enredaba todo y no pronunciaba bien

— ¿Qué haces?

—Me voy de mi casa

— ¿Por?

—No quiero seguir aquí, en especial con un vecino tan tonto y sin cerebro.

—Deja de hablar así de mí, todos me quieren.

— ¡JA! Hice una encuesta entre rescatarte a ti y a un gatito. El gato gano

— ¿Por qué me tratas así?

—Ummm… no sé, ¿Será porque no eres buena persona y siempre me andas molestando?

—Yo no te molesto

—Y… ¿Por qué razón me jalas el pelo, me dices que soy una sonsa?, en especial, ¿Por qué me quieres quitar a mi mejor amigo?

—Él se merece un amigo, se la pasa todo el día contigo. Los hombres no deben andar con mujeres, ustedes siempre lo malogran todo.

Saque muy despacio una manzana de mi mochila y se la tire en la cabeza. Por suerte yo si tengo buena puntería, le di justo en la frente y se fue llorando a su casa.

La gente normal, como yo, ya está harta de los retrasados como él.

Bien, la casa de mis abues estaba un poco lejos.

Me llevaría un par de horas llegar, pero a las 10 calles ya estaba agotada.

Creo que aún faltan otras 10 más.

Llegué a un parque muy bonito y me senté en una de las bancas.

Había un señor a lo lejos y se me ocurrió preguntarle donde quedaba el Museo de madera de Forks, cerca quedaba la casa de mis abues.

—Disculpe señor, ¿Sabe dónde queda el Museo de Madera?

— ¿Qué haces a esta hora despierta? – dijo el señor mientras se levantaba y me cogía de la mano.

— ¿Abuelo?

— ¿Y tus padres?

—No vienen conmigo.

—Ven vamos con Esme.

—Ok –Dije mientras sonreía

¡Ya me encontré casa! Ahora viviría una vida muy feliz.

Llegue a mi segunda casa, tan grande y bonita como siempre.

—Jovencita, ¿Que hacías en la calle a estas hora?

—Mama y papa se pelean mucho y me fui de casa.

—No los puedes dejar así como así ¿Y tus estudios?

—Traje toditos mis útiles.

— ¿Te pensabas mudar?

—Claro, no van a llamar a mis padres ¿Verdad?

—No –dijeron al mismo tiempo— lo haremos mañana a primera hora.

— ¿QUE? Yo quería pasar un tiempo con ustedes.

—El único tiempo que pasaras será en el cuarto de huéspedes.

—Está bien.

Me llevaron al pintoresco cuarto de al fondo, era muy feo.

Me leí dos libros de tan solo 68 páginas cada uno, me quede pensando en mi papa y mi mama, lo mejor era que no se disgusten, por el bien de mama.

Qué bueno que dije a donde iba, porque si no mama se hubiera desmayado.

Esto me iba a dar un buen castigo, pero generalmente me porto bien, espero que no sea un castigo muy fuerte.

******************************

Desperté algo agitada había tenido una pesadilla de la cual ya no me acuerdo.

—Nessie, ven cariño.

¿Esa es la voz de mama?

Seguro vinieron a buscarme.

—No voy a ir si siguen peleando

—Deja de hacer drama y conoce a tu nuevo hermanito.

¿QUE? ¿NUEVO? ¿HERMANITO? ¡SI!

Baje las escaleras como un rayo y logre visualizar a un pequeño bebe.

— ¿Cómo se llama?

—Anthony, nació cuando te fuiste...  hablaremos de eso después

—Déjame cargarlo.

—Claro, es todo tuyo.

Papa lo miro con ternura.

Él bebe era pequeño y con cabello cobrizo, abrió sus ojos verdes y me dedico una desdentada sonrisa.

—Hola bebe…

Bueno que le dices a un bebe que apenas te entiende.
Me miro atentamente y pude ver en su mirada que sabía que lo amaba.
Vi mi celular, era 14 de Febrero.

— ¿A qué hora nació?

—A la una de la madrugada.

—Pues bienvenido al mundo Cupido baby.

Así este fue el mejor día de San Valentín de toda la historia

♥  F I N  ♥



 Gracias por leer, este oneshot lo escribió mi hija Jimena para mí pero lo comparto.

PATITO











13 enero 2013

ESPEJO MALDITO




HISTORIA DE TERROR ESCRITA PARA HALLOWEEN



ESPEJO MALDITO


Edward y Jacob eran los mejores amigos desde que nacieron. Pasaban largas horas juntos, en la escuela y fuera de ella.

Era su último año en la preparatoria cuando la hermosa hija del jefe de policía llegó a la escuela. Y con eso, su gran amistad se vio resquebrajada.

Cada uno, a su modo, trataba de ganársela.

Jacob trataba de impactar a Bella con demostraciones físicas. Era el jefe del equipo de baloncesto  y el atleta más destacado.

Edward, por su parte, era un joven muy inteligente y hábil con la tecnología. Impresionó a Bella bajándole aplicaciones a su iphone que ni siquiera se conseguía mediante pagos.

Así, los primeros dos meses de clases Edward y Jacob se liaron en una guerra fría por conseguir la atención de Bella.

Pero la única hija del jefe Swan se percató de las intensiones de ambos muchachos y planeó cómo poder pasar tiempo con los dos sin que traten de competir mutuamente.

Bella se convirtió en su amiga inseparable. Ella los mantenía unidos, los buscaba y los llamaba a ambos. Secretamente se sentía atraída por los dos jóvenes, pero mientras no se decidiera por uno de ellos, prefería la amistad antes que el amor.

Un día a la hora del almuerzo, los tres amigos estaban en la cafetería conversando entretenidamente.

— ¿Este año también irás con la pandilla de Sam a la casa esa?— preguntó Edward.

—Es tradición hermano. No hay Halloween si no traes pepinillos del diablo de la casa de los espantos— sonrió Jacob.

— ¿Casa de los espantos? ¿Pepinillos del diablo?— preguntó Bella intrigada mirando a sus amigos.

—Suelen sacar pepinillos venenosos del jardín de una casa abandonada. Es una vieja leyenda— respondió Edward.

—Por favor, cuéntenmela— pidió.

—Yo me la sé muy bien— Jake se acomodó en su silla para iniciar su relato. –Si te la cuenta Edward no te dará miedo. A ver… hace muchos años, creo que 20 o 30, una pareja vivía en las afueras de Forks, en una casita. Ella se llamaba Victoria y el James. El marido viajaba muy seguido, porque era vendedor. Se ausentaba semanas enteras. Pero de un momento a otro  llegó sin avisar un par de días antes de lo planeado. Era una noche de luna llena como hoy. Y bueno, encontró a su mujer, en la cama con su amante. Un moreno enorme llamado Laurent.

— ¿Y los mató?— saltó Bella asustada.

—Bueno sí, los mató— interrumpió Edward.

—Ay Eddie, te saltas la mejor parte— sonrió Jake.

—No me llames Eddie. ¿Acaso no los mató?— dijo Edward fastidiado.

—Sí. Pero acá viene lo interesante. James loco de celos dejó que los amantes siguieran en su cama pues ni siquiera se dieron cuenta que él había llegado. Fue al sótano y sacó gasolina que tenía almacenada para su auto. Roció la casa por completo y le prendió fuego. Luego entró en la habitación matrimonial y se encerró con ellos para esperar la muerte.

— ¿Murieron todos quemados?— Bella tenía los ojos desorbitados.

—Sacaron tres cadáveres de allí, eso decía el periódico. Lo busqué en le hemeroteca del pueblo— Edward parecía bastante escéptico.

—Ya, déjame terminar de contar la historia— se quejó Jake.  –Según cuentan, en la habitación había un espejo grande al pie de la cama, donde Victoria y James solían verse mientras tenían sexo.

—Eso nadie lo sabe. Esas cosas las inventa la gente de La Push— se volvió a quejar Edward.

—No son inventos. Bueno el caso es que el espíritu de James está en ese espejo quemado y retorcido. Y cumple un deseo a aquel valiente que pueda entrar y mirarse en él.

— ¿Un deseo? ¿Lo que sea?— Bella parecía bastante interesada en aquello.

— ¿Por qué no le cuentas lo que le pasó a los idiotas que creyeron ese cuento?— suspiró Edward.

—Demetri era un escritor que entró a esa casa a pedir al espejo que lo hiciera famoso— susurró Jake mirando a todos lados como tratando de mantener la conversación sólo para ellos.

— ¿Era? ¿Se hizo famoso?— preguntó Bella.

—Dos días después lo arrolló un camión en la autopista. Fue algo sangriento, medio kilómetro de vísceras y cuerpo despedazado. Claro que se hizo famoso, su libro se llamaba “Hecho pedazos” y se vendió como pan caliente— Bella ahogó un grito de terror.

—No la asustes Jake— la mirada penetrante de Edward se clavó en su amigo.

—No… no me asustan esas cosas. Estoy bien. ¿Alguien más se atrevió a entrar allí?— la curiosa Bella parecía no darse por vencida.

—Claro. Fue un tipo, un tal Garrett. Dicen que no tenía trabajo y el invierno se acercaba. Entró una noche de luna llena a pedir al espejo que su familia no pase hambre.

— ¿Y se lo concedió?— preguntó la jovencita cada vez mas absorta en la historia.

—Tres días después Garrett murió aplastado por una roca en el camino a la Push. Su auto quedó hecho puré.

—Pero entonces no se cumplió su deseo— gimió Bella.

—Sí que se cumplió. Su esposa se casó con el dueño de la aseguradora del auto. Ahora vive con sus hijos en Miami— sonrió el quileute.

—Pero todos tienen que morir…

—Son cuentos Bella. Nadie puede asegurar que Demetri y Garrett le pidieron deseos a ese espejo. Yo dudo siquiera que exista— dijo Edward muy seguro.

—Claro que existe, yo lo he visto— confesó Jacob.

— ¿Lo viste? ¿Te atreviste a entrar allí?— Bella estaba muerta de miedo pero su curiosidad era más grande que cualquier temor.

—No. Se subió al árbol junto a la ventana de la casa. Ambos nos subimos el año pasado— el joven de cabellos cobrizos echaba por tierra cada uno de los cuentos que el moreno usaba para impresionar a Bella.

—No es cierto. Tú apenas te asomaste. Yo me quedé viendo más tiempo y pude ver un trozo de vidrio— aseguró el quileute.

Durante todo aquel día Bella estuvo persiguiendo a Jacob para pedirle que le cuente más de aquel espejo misterioso. Después de la escuela quedó en ir a la reserva a hacer las tareas. Edward celoso del reciente interés de Bella por los cuentos de horror intentó en vano narrarle las leyendas de vampiros que había leído en la biblioteca.

— ¿Quieres ir esta noche a la casa del espejo?— ofreció Jacob a su amiga ante la mirada reprobatoria de Edward.

— ¿Crees que sea buena idea?— preguntó el ojiverde. Pero al parecer nadie lo escuchó.

—Sí. Me gustaría pero me muero de miedo entrar allí— la respiración de Bella se había hecho más rápida.

—Vamos los tres, sólo echaremos un ojo— Jacob estaba feliz. Por fin Bella lo prefería. Estaba atenta a cada cosa que decía, lo miraba a los ojos, lo seguía a todas partes. Por ella se atrevería a entrar a aquella casa.

—Está bien. Pero vamos antes que anochezca— ofreció Edward.

—No. Será más emocionante si vamos a media noche. Yo paso a buscarte  Bella, estaciono detrás de tu casa y te llevo— Jake no cabía en sí de alegría al ver la enorme sonrisa en el rostro de su amiga.

—Yo los alcanzo allá, llevaré linternas, un bate de béisbol y alguna otra protección que encuentre— Edward salió de la casa de Jacob echando humo. Se sentía demás allí. Ya no eran los tres amigos inseparables, pronto Bella elegiría y él estaría sobrando.

“Uno más uno es dos, no tres” se repetía mentalmente. “Yo no soy interesante, no se cuentos de horror ni me interesa el misterio”.

Muchos pensamientos negativos e incluso destructivos lo acechaban. Celos, envidia, rencor empezaban a surgir en él sutilmente.

Se fue a acostar temprano, a las once y treinta en punto se deslizó por su ventana y empujó su auto un trecho para que su familia no se diera cuenta de su ausencia.

“Hago mal tercio y no me importa, soy patético” iba pensando mientras se dirigía a la casa de los espantos.

Aparcó a un lado del auto de Jacob.

“Sería capaz de romper ese espejo a patadas con tal que Bella deje de mirar a Jake con tanto interés” pensaba.

Encontró cuchicheando muy juntos a ambos amigos. Se aclaró la garganta y prendió la linterna más potente.

—Apaga eso, no seas gallina— le espetó Jake.

—Yo si tengo miedo, la verdad— Bella se escondió un poco dentro de su abrigo.

—No tengas miedo, yo estoy aquí— el quileute pasó su brazo por el hombro de su amiga. Edward dejó caer el bate a sus pies.

— ¡Qué fue eso!— saltó Bella.

—Lo siento— se disculpó el celoso amigo.

—Bueno. Creo que podemos entrar— Jake fingiendo valor hizo ademan de adelantárseles a la puerta de ese lugar maldito.

El aire que se respiraba era denso. El olor a podrido y quemado les invadió los sentidos. El corazón de Bella latía con tanta fuerza que pronto se sintió mareada. Cada peldaño de la escalera le pareció una montaña.

Pero al llegar al pasillo no pudo continuar.

—No. No quiero, regresemos— jadeó.

—Tranquila pequeña, tranquila. Nos quedaremos un instante aquí, yo puedo protegerte, mis antepasados eran brujos, el mal no puede tocarme.

—No hay ningún mal, son solo cuentos para asustar niños quileutes que no quieren comer— se burló Edward.

—No te burles de los espíritus malditos— le corrigió su amigo.

—Ya. Tranquilos. Yo creo que mejor van por delante. Yo… no quiero entrar a esa habitación por favor— pidió ella.

—Nos esperas fuera y nosotros entramos a ver. Traje una cámara para tomarle fotos al espejo— sonrió el protector amigo.

—Está bien. Estaré a unos pasitos detrás de ustedes— aceptó Bella.

Edward se les adelantó, estaba cansándose de hacer mal tercio, la dramatización de Jacob le daba asco.

—Ey Cullen, yo voy por delante— anunció Jake.

“¿Cullen?” “¿Desde cuándo Jake lo llamaba así?” “Oh si, desde que es el héroe de las leyendas cutres”

Edward no le hizo caso, encendió su linterna y dio dos pasos sin ver por dónde iba, lamentablemente tropezó con un trozo de madera que no había visto en el piso y cayó hacia un lado soltando la linterna. El instrumento se apagó y desapareció fuera de su alcance.

—Fíjate por dónde vas tonto, asustas a Bella— Jake se inclinó a ayudarlo pero esto humilló más el orgullo de Edward.

Sin decir palabra avanzaron, lo único que los guiaba era el resplandor de la luna que se colaba por las ventanas. Un aire helado los envolvió al entrar en aquella habitación. Jacob que siempre traía prendas delgadas palideció de frío. Edward lo oyó temblar.

— ¿Miedo?— preguntó.

—Definitivamente no soy yo el que tiene miedo esta noche— dijo orgulloso el quileute. –Anda te cedo el honor de entrar primero— ofreció.

Sin decir más Edward avanzó con paso seguro, atravesó el tenebroso espacio hasta llegar a la ventana. A lo lejos vio una densa neblina que provenía del bosque. Se le erizó la piel.

Trató de buscar a Jacob pero su amigo apenas había atravesado el umbral de la puerta.  Y allí, a su derecha,  logró verse reflejado toscamente sobre una superficie retorcida.

Aquel espejo maldito le devolvía su reflejo.

No podía apartar la mirada de su imagen, que lentamente fue cambiando. Ya no era su rostro lo que veía reflejado, sino una suerte de imágenes inconexas, rostro retorcidos que lo miraban desde el otro lado aquella lámina de cristal.

La imagen de un hombre  de melena larga se hizo clara, lo miraba de lado, sonriéndole, invitándolo a huir, desafiándole.

“¿Cuál es tu deseo?” lo escuchó en su mente. “¿Qué es lo que buscas?”

Edward estaba petrificado ante aquella visión. No podía salir corriendo, las piernas simplemente dejaron de funcionarle, ni siquiera sus ojos fueron capaces de cerrarse a voluntad para dejar de mirar aquel espantoso cuadro.

“No, no deseo nada, no quiero nada” pensó Edward desesperado.

El hombre dentro del espejo sonrió y desapareció.

Pero en su lugar aparecieron imágenes de las dos personas que Edward más quería. Jacob y Bella.

Situaciones que jamás siquiera se atrevió a imaginar.

Bella y Jacob. Jacob y Bella. El uno junto al otro, tomados de la mano. Sus miradas fugaces, las manos juntas, besos tiernos, apasionados toques.  Ellos dos una y otra vez, en el bosque, sobre motocicletas, sobre una cama. En la intimidad de su habitación, en la amplitud de una playa.

Ambos amándose el uno al otro, sonrientes, felices, extasiados…  dando rienda suelta a su delirio, en un frenesí de amor…

Era más de lo que Edward podía soportar….

Y entonces… lo pensó, lo dijo en voz baja… lo susurró al viento… tan bajito que apenas se pudo oír a sí mismo.

“Deseo… deseo con toda el alma que eso no pase jamás” 

Las imágenes desaparecieron y en su lugar la sonrisa burlona del hombre de melena larga ocupó el cristal.

—Vámonos Jake— dijo Edward asustado.

Si el espejo mostraba el futuro, ya no importaba. Pero aquel ser del espejo era sin duda diabólico y no debían permanecer allí ni un segundo más.

Se giró para sacar a su amigo del lugar, pero estaba sólo.

— ¡Jake!— gritó.

Oyó a lo lejos un grito de mujer.

“Bella” pensó asustado.

Antes de salir corriendo  para socorrer a su amiga, a quien amaba en secreto se aventuró a ver por última vez el reflejo del espejo.

Ya no era el hombre de melena quien aparecía en la superficie del cristal.

¡Era Jacob! ¡Jacob estaba allí!

Edward volteó a mirar detrás de él, creyendo que era un reflejo. Pero su mejor amigo ya no estaba en esa habitación.

Desde dentro del espejo maldito, Jake lo miraba furibundo, con los puños apretados y el semblante retorcido.

Otro grito desde la planta baja alertó a Edward que ya no podía hacer más allí.

Corrió escaleras abajo para salvar de lo que sea que estuviera haciéndole daño a Bella.

— ¡Basta! ¡Basta!— gritaba Bella. Edward llegó a su lado y la abrazó.

— ¿Qué pasa Bella? ¿Qué tienes? ¿Bella?— preguntó.

— ¡Esa mujer! ¡Esa mujer! ¡Quiere matarme!— gritaba la muchacha fuera de sí.

—No hay nadie aquí— trató Edward de tranquilizarla.

Pero una carcajada siniestra le heló la sangre. La risa cantarina y espectral volvió a oírse.

El piso tembló con furia, las paredes retumbaron, todo alrededor empezó a caer y resquebrajarse. Los dos amigos tomados de la mano trataron de salir inútilmente de aquel lugar.

.

Edward abrió los ojos a la mañana siguiente. Estaba en la cama del hospital que dirigía su padre. Bella yacía en la cama de al lado. Al verla, todos los recuerdos de la noche anterior regresaron con la fuerza de un ciclón.

“¿Dónde estaba Jacob?” “¿Seguiría prisionero de aquel espejo? “

Debía regresar, volver y sacarlo cuanto antes de allí.

En vano trató de contarle a su padre lo que ocurrió. Carlisle era un hombre de ciencia y atribuyó las incoherencias que su hijo decía al shock post traumático.

Las cosas tenían una explicación lógica. Un temblor de regular intensidad azotó Forks  la noche de luna llena. Lamentablemente los tres amigos estaban en el lugar más inseguro de todos. En una casa abandonada en ruinas. Las paredes cayeron, las estructuras no soportaron y la casa se vino abajo, causando la muerte de Jacob Black.

Bella sufrió dos fracturas, una en su pierna derecha y otra en una de sus costillas. Edward por su parte parecía recibió un fortísimo golpe en la cabeza que le ocasionó una fisura craneal. Le diagnosticaron daño ocular. Su vista nunca volvió a ser la misma, fuertes dolores de cabeza y alucinaciones lo persiguieron durante toda su vida.

Pero no fue eso lo que más lo atormentó. Aquel espejo maldito jamás fue hallado entre las ruinas de la casa de los espantos. Ni siquiera un trozo de vidrio apareció.

* * *

Booo, que miedito. No deseen algo de lo que luego se pueden arrepentir.

PATITO




NO TE METAS CON LA OUIJA






HISTORIA DE TERROR ESCRITA PARA HALLOWEEN



NO TE METAS CON LA OUIJA

(Historia basada en hechos reales)

Era una tarde soleada, Edward y yo tomábamos sol desparramados en el jardín de la facultad. Las festividades de aniversario de la Escuela de Medicina estaban en apogeo, así que apenas teníamos tareas pendientes. Sólo debíamos presentar el informe de disección de cuello y cabeza de nuestro cadáver. El curso de anatomía era nuestro favorito. Afortunadamente a mi novio y a mí nos tocó el mismo grupo, buen motivo para estar juntos todo el tiempo.

Yo prefería ir a casa de los Cullen a hacer las tareas, Carlisle era de gran ayuda cuando teníamos un problema académico.

Pero hoy, no quería hacer ninguna tarea. Y parecía que la mitad de la facultad pensaba lo mismo. Podía ver gente de todos los niveles. Incluso los que estaban a punto de graduarse, recostados bajo un árbol.

—Edward, Bella ¿No quieren venir?— llamó Ángela, una amiga que cursaba el mismo año que nosotros y que incluimos en nuestro grupo de anatomía porque era bastante responsable.

— ¿A dónde Ang?— pregunté.

—Bueno, es una suerte que el aniversario de la facultad caiga más o menos los mismos días que el Halloween— sonrió. —Mi tía Lizzy que vive en Salem me envió esto. Es una auténtica ouija— me mostró una caja de madera.

Había oído antes algunas cosas relacionadas con ese “juguete” y ninguna de ellas era buena. Muchas las atribuí a la histeria colectiva, pues todo tiene una explicación científica. Incluso los hechos paranormales. Pero de algo estaba segura, las personas que habían jugado “eso” siempre salieron con algún problema emocional.

—No gracias— respondió Edward por mí.

—Anda Bella, sólo un rato. Mira que esta noche es Halloween— volvió a pedir Ang.

—No tengo ganas amiga. Quiero ir al cine— dije para no rechazarla.

—Bueno, estaremos en el jardín detrás del anfiteatro de Anatomía— ofreció.

—No es buen lugar para jugar eso allí— advirtió mi novio.

—No seas aguafiestas Edward ¿dónde mejor que al lado de tantos cadáveres?— agregó Erik que acababa de llegar.

—No es buen día, ni buen lugar para eso, es todo— volvió a ratificarse Edward.

—Tal vez después del cine nos demos una vuelta para verlos— les sonreí.

Nos dejaron sonrientes y fueron a ofrecer el juego a otros amigos que estaban tomando sol igual que nosotros

— ¿Te da miedo ese juego?— pregunté al hermoso hombre a mi lado.

—No. Pero no es un juego inofensivo. Papá trató una vez a un joven que solía ser fanático de los espíritus. Se volvió loco.

—No creo que Ang se vuelva loca por jugar a eso— le sonreí.  –Pero sí quiero ir al cine ¿Vamos?— pedí.

—Me parece una excelente idea, quien sabe cuando podamos tener una tarde libre otra vez— me dio un suave beso en los labios. El cine no parecía tan buena idea ahora.

Edward compró las palomitas y yo los refrescos, además de una bolsa de caramelos. Vimos una película romántica y divertida, sin líos amorosos ni crímenes pasionales. Suficiente teníamos de tareas en la facultad para distraernos en problemas emocionales o policiales. Además ya habíamos fantaseado muchos con la muerte de nuestros cadáveres de estudio.

Mi grupo tenía a un varón caucásico de unos 25 años. Cabello rubio largo. Tenía varios tatuajes extraños. Me sorprendí cuando vi sus uñas moradas. Edward decía que tal vez murió ahogado. Carmen, otra de mis compañeras creía que podía haber muerto envenenado. Pero el cuerpo nos llegó obviamente sin nombre ni datos de la necropsia. Así que deberíamos esperar a llegar al abdomen para ver su hígado y pulmones para definir si murió ahogado o envenenado.

La película fue muy graciosa, me pareció que duró menos de las reglamentarias dos horas. Al salir del cine que dejé mi libro de bioquímica con Mike. Él había prometido devolvérmelo ese mismo día pero como siempre no lo hizo.

Odiaba tener que llamarlo para que me devuelva mis cosas.

—Yo lo hago— me dijo Edward intuyendo las oscuras intensiones de Newton para conmigo.

“Hola Mike, necesito el libro de Bioquímica de Bella. No, ella está ocupada. Vamos para allá” termino su conversación de manera rápida y tajante.

— ¿Celoso amor?— pregunté.

—Me revienta que se haga el interesante. Dice que está todavía en la facultad, que nos esperará en la puerta. De todos modos debemos ir por mi auto.

— ¿A esta hora? Ya van a ser las nueve de la noche.

Caminamos tomados de la mano, nos cruzamos con mucha gente disfrazada. Afortunadamente tenía mis caramelos para ofrecer cuando algún pequeño especialmente gracioso se acercaba.

Llegamos a la universidad casi sin darnos cuenta. Efectivamente Mike estaba en la puerta con el libro en la mano, parecía nervioso.

—Gracias Newton— dijo Edward recibiendo el libro.

— ¿Te pasa algo Mike?— pregunté.

—Estuve jugando a la ouija con Ángela— dijo tratando de sonreír.

— ¿Siguen en eso? – preguntó Edward.

—Ella no… no puede dejarlo, iré a ver un rato mas y me voy a mi casa— entró muy apurado. No sabía qué hacer.

— ¿Edward crees que debamos ir a ver?— pregunté.

—No creo que sea buena idea. Ese juego me parece una completa estupidez. Vamos a casa, Esme iba a hornear  galletas— me tentó.

Entramos en el estacionamiento de la universidad, donde todavía estaba el volvo de mi novio. Quizás sea muy curiosa, pero al pasar cerca del anfiteatro de anatomía traté de ver a Ángela.

No tuve mucho éxito, pues los arbustos tapaban mi visión. Apenas pude distinguir un grupo de al menos 5 personas muy juntas.

Estuve en casa de Edward hasta la media noche, terminando de hacer el informe y conversando con su padre. Carlisle tenía muy buenos proyectos para nosotros. La hermana de Edward, Alice, estudiaba Psicología y su novio Jasper era un psiquiatra muy reconocido. Emmett el mayor de los Cullen era fisioterapista de deportes.

Por todo ello Carlisle tenía en mente poner una clínica con todos nosotros. A mí me parecía una grandiosa idea, mientras pueda estar cerca de Edward.

A la mañana siguiente, muy temprano escuché timbrar mi celular. Casi lo tiro al piso pero me detuve al ver que era mi novio.

¿Tanto me extrañaría?

—Hola amor— dije tratando de parecer ya levantada.

—Bella, papá me llamó. Dice que han ingresado a Ángela al hospital— eso me asuntó tanto que me caí de la cama sin querer.

— ¿Cómo? ¿Por qué?— pregunté asustada.

—Dice que la encontraron esta mañana en los jardines de la facultad. Está en shock— la noticia me tomó de sorpresa, pensé que mi amiga había tenido un accidente.

— ¿En la universidad? ¿Qué le pasó? ¿La atacaron?— pregunté buscando mi ropa para ponerme y salir inmediatamente rumbo al hospital.

—Está trastornada. Papá dice que habla incoherencias y grita todo el tiempo.

Edward no demoró mucho en venir por mí. Llegamos en menos de media hora al hospital. Encontramos a los señores Weber, a Mike, Ben, Jessica  junto a Carlisle y Jasper el novio de Alice.

—Está sedada. Debemos esperar a que despierte, si reacciona favorablemente o si sigue presentando este cuadro de histeria— el psiquiatra hablaba con la madre de Ángela.

— ¿Qué estaban haciendo exactamente?— nos preguntó Carlisle cuando llegamos junto a ellos. Me miró fijamente. Ángela era una de mis mejores amigas pero en esto yo nada tenía que ver.

—No lo sé. Ayer Áng nos invitó a jugar a la ouija, dijo que su tía le envió el juego— dije todo lo que sabía.

—Y lo jugamos— Mike tenía unas ojeras espantosas. –Al principio estaba divertido pero luego esa cosa empezó a moverse sola— titubeó pero al ver que todos lo mirábamos siguió. –Las reglas dicen que una vez que contactas con un alma no puedes dejarla, debes esperar a que se vaya sola. Pero esa cosa no quería irse.

—Fue horrible. Ese espíritu sabía cosas de nosotros— añadió Jessica.

— ¿A qué te refieres?— pregunté.

—Sabía que Mike y yo… pues que estuvimos… en el baño de la sala de anatomía— se sonrojó.

— ¿Cómo puede saber eso?— dijo Mike molesto.

—Chicos, creo que alguien quiso jugarles una mala pasada— Carlisle se veía escéptico.

—Todos creímos que era Ángela. Cuando le preguntamos quien era el espíritu dijo que era un tal James. El alma del cadáver que disecan el grupo de Bella, Edward y Ángela. Por eso creímos que ella nos estaba bromeando— dijo Jessica.

—Mi hermana… tiene la mala costumbre de hacer sesiones espiritistas y esas tonteras— habló por primera vez la madre de Ángela. –Voy a llamarla para que venga— se enjugó una lágrima y salió de la sala de espera.

— ¿Quién de ustedes se mantuvo al lado de Ángela hasta terminar el juego?— preguntó Jasper el psiquiatra.

—Jessica— dijo Mike.

— ¡No! Bueno estaba molesta porque  dijo que Mike y yo… así que le llamé a su novio Ben.

—Jessica, me llamaste a las cuatro de la mañana de tu automóvil— le reprochó Ben.

—Bueno, me asusté. Cuando Ángela hizo esa cosa, salí corriendo.

— ¿Qué cosa?— Preguntó Jasper.

—Primero el espíritu dijo que entraría en el cuerpo de Ángela y de la nada ella blanqueó los ojos. Fue horrible. ¿Vieron el exorcista? Creía que su cabeza daría una vuelta entera— Jess parecía realmente asustada.

— ¿Y la dejaste sola?— preguntó Jasper

—Me asusté. Le llamé a Ben y me fui a casa.

—Veremos cómo evoluciona— dijo Jasper y nos dejó.

El día pasó sin novedad. Ángela despertó al día siguiente. Seguía igual. Gritaba y se retorcía como si estuviese poseída. Se quedó dos semanas allí.

Yo apenas pude verla cuando la trasladaban del hospital a una clínica de reposo como aconsejó Jasper.

— ¡Bella!— gritó con una voz que no era la de mi amiga. — ¿Qué se siente tener mis ojos en tus manos?— me quedé petrificada.

Nadie sabía aquello. Hacía unos días cuando terminamos de disecar la cabeza de mi cadáver, tratando de sacar los globos oculares intactos, cometí una torpeza y ambos cayeron en mis manos. ¡Ni siquiera le había dicho a Edward!

La subieron en la ambulancia… pero lo que allí estaba no era mi querida amiga. Estaba segura que ya no era ella.

El tiempo pasó. Nunca pudieron curarla. Ni las terapias de choque pudieron devolver a la tímida Ang. 

Jessica me contó que la tía de Ángela trajo un exorcista, varios espiritistas y hasta de esos brujos que practican Vudú. Pero nada pudieron hacer para que mejorara. Aquel espíritu que entró en ella no se iba.

De eso hace ya varios años. Terminé la universidad, me gradué. Edward y yo pasamos nuestras crisis, nos separamos un tiempo y luego volvimos. Ahora estamos a punto de casarnos.

Creo que soy una mala amiga pero me aterra solo pensar en ir a visitar a Ángela. Jessica dice que la mayor parte del día está sedada, de lo contrario se hace daño.

Por favor, si lees esto. Nunca te metas con la ouija. Hay algo demoníaco en ese juego. Tal vez si no tienes suerte podrías acabar como Ángela, que nunca volverá con nosotros mientras ese tal James no quiera salir de su cuerpo.


***

Esta historia no es un simple cuento. Mi amiga Giovanni sigue trastornada y recluida en una institución mental por jugar con “espíritus”.
Ojalá algún día vuelva ser ella.

PATITO.