Mostrando entradas con la etiqueta Bellicienta 2. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bellicienta 2. Mostrar todas las entradas

13 febrero 2013

BELLICIENTA 2: DEL CUENTO DE HADAS AL MUNDO REAL






BELLICIENTA 2: DEL CUENTO DE HADAS AL MUNDO REAL

Secuela de Bellicienta


RATED: K (apto para todas las edades)

GENERO: Romance/drama

PAREJA: Bella / Edward





Sumary: 

Bella y Edward están enamorados, dejan atrás el pequeño pueblo donde vivían para ir a la gran ciudad. 


¿Podrá su amor resistir en este nuevo mundo lleno de maldad? 























Cap 8 Bellicienta 2


CAPÍTULO 8

NUEVAS IDEOLOGÍAS

El primer mes en la facultad de literatura fue peor que la escuela de etiqueta y protocolo. Y no porque tuviera compañeros estirados o vanidosos. Sino porque aquellas personas parecían no saber cómo hacer amigos. Cada uno parecía querer ganarle al otro. Se miraban con desconfianza, apenas me saludaban al ingresar y durante las clases sus comentarios eran muy duros. Cada cátedra parecía un debate. Todos defendían sus ideas a voz en cuello y de forma poco cortés. Pero lo que más me molestaba era las críticas a la literatura inglesa. Hasta los maestros ridiculizaban las hermosas frases de Jane Austen.

Y Leah no se quedaba atrás, para ella el romance era basura. Sumida en su lucha por igualar los derechos de la mujer a los del hombre parecía verdaderamente un vendedor callejero. No se lo decía abiertamente pero no podía comprender dentro de mí, porque ser feminista hacía que se perdiera la femineidad. Al menos Leah parecía un muchacho maleducado todo el tiempo.

Otra vez me desilusioné con el camino que había elegido. Solo escuchaba hablar de la razón, de las clases sociales, de la modernidad y los derechos laborales femeninos.

Ya no se daba importancia a la poesía que contenga belleza, sino que cada poema debía tener las frases y las palabras con perfecta rima no importando el contenido. La literatura popular era vana,  vacía y parecía producto de cálculos matemáticos.

Ni siquiera me atrevía a sacar mis escritos y menos presentarlos. Ningún maestro lo aprobaría.  Yo entraba en la categoría de “escritores cursis”.

No encontraba valor para contarle a Edward o a mi abuela lo que me sucedía. Yo había querido entrar a esta universidad a estudiar para convertirme en escritora y no podía soportar las clases.

Empecé a escribir ensayos que no me gustaban. Hablaba sobre la pobreza, la desigualdad y cosas que estaban de moda pero que no sentía.

Hubiera querido escribir sobre los pobres en otro contexto, narrar sus tristezas y miserias, no exigir una igualdad que sabía era utópico. No creo que se deba exigir a los demás lo que no podemos exigirnos a nosotros mismos, está en nosotros empezar a mejorar.

—Isabella, tu ensayo sobre la gente que vive debajo del puente ha sido el ganador esta semana. Lo publicaremos en el periódico universitario— me comunicó el profesor Baher una mañana. Apenas pude agradecerle.

Sabía que se me había pasado la mano al acusar a las autoridades de permitir la marginación de los pobres. En cierta forma tenía razón pero en ese escrito exigía cosas de forma drástica. Incitaba a los estudiantes a tomar la universidad para reclamar.

Sólo lo hice porque todos escribían de esa manera. En realidad estaba avergonzada de haber escrito eso.

Rogaba al cielo que ese periódico no llegase a manos de Edward o de mi abuela.

— ¿Bella te sucede algo?— preguntó Alice una tarde.

—No. Sólo estoy pensando, tengo mucha tarea y como es escribir, ando hilando ideas en mi mente— le sonreí. Tal vez debería contarle a ella mis dudas.

—Quisiera leer todo lo que escribes, debes dejarme leerlo cuando termines. Imagino que es algún romance, o mejor, una leyenda ¿Me equivoco?— dijo muy feliz. Desde que Jasper le escribió andaba en las nubes. La semana que viene su novio vendría a visitarla en su primer día libre desde que se asimiló al ejército.

—Algo por el estilo pero más realista. Tu sabes, un romance en esta época es algo complicado— traté de cambiar la conversación.

— ¿Complicado? Bueno sí. Para algunos supongo. Pero no para ti. ¿Edward va a venir?— preguntó.

—Hoy no. Tiene que ir a estudiar unos cadáveres— Alice hizo una mueca de asco. Desde que Edward había tomado su primera clase de anatomía, no venía a verme por las tardes. Su clase terminaba cuando oscurecía y él insistía que el olor al formol no se le quitaba. Tendría que esperar a mañana para verlo.

.

—Tienes que ir, todas las mujeres de ideas avanzadas estarán allí— insistía Leah una mañana. Su marcha en protesta por las leyes “machistas” era muy publicitada.

—Leah, mi abuela no me dará permiso— objeté. En realidad creo que mi abuelita no se opondría pero yo no deseaba ira a protestar, aunque sea un reclamo justo, no me parecía la manera adecuada.

— ¿Eres universitaria o una nena de pre escolar?— se quejó.

— ¿Haré lo posible si?— haría lo posible por enfermarme mañana para no venir a clases y dejar que ella me arrastre por las calles de Chicago a gritar a voz en cuello que el sistema está podrido.

—Recuerda que Esme te necesita— chantajeo. Apenas le sonreí. Justamente por eso no quería ir a esa marcha. Estaba seguro que a Esme le agradaría mantener en secreto su caso. Y al buen doctor Cullen también. Pero no tuve valor para decirle a Leah que conocía a Esme Platt.

El accidente que le ocurrió a Esme durante la navidad fue en realidad una paliza que su esposo le había dado. Edward me contó lo mucho que aquello le había afectado a Carlisle.

Esme Platt era una joven perteneciente a la clase alta de Chicago, a quien sus padres casaron con el mejor postor. Un millonario viejo que la maltrataba. Varias veces denunció sus golpizas pero la policía no intervenía por considerarlo un asunto doméstico. El día que la conocí, venía a pedir una prueba de embarazo que dio positivo. Durante semanas soportó el maltrato debido a su estado de gestación lamentablemente un día su esposo llegó ebrio y la golpeó. Su bebé murió dentro de ella.  Cuando Edward me contó aquello lloré varias noches.

Esme finalmente logró apoyo entre las feministas para demandar a su marido. Era algo justo por lo cual reclamar. Sin embargo yo no hallaba el valor de ir a gritar por las calles, tal vez pelearme con algunos agentes del orden e insultar al gobierno.

Soy cobarde… tan cobarde.

Alice y mi abuela irían a esa manifestación de saber toda la verdad. Yo no se los había contado porque Edward me lo confió en secreto.

Me sentía tan desanimada. Sin encajar en ningún lado. Sin sentirme parte de algo. Cómo añoraba el campo, mis animales, lo sencilla que era mi vida antes.

Era una extraña en esta ciudad, por más esfuerzos que hacía no lograba adaptarme.

.

Edward llegó a verme al día siguiente, muy temprano, se vería muy serio. Era extraño, generalmente venía a visitarme en las tardes, al salir del hospital. Traía un diario en las manos.

—Buen día señora Marie ¿Me permite unos minutos con Bella?— pidió.

— ¿Por qué tanta seriedad?— preguntó la abuela.

—Un malentendido que quisiera aclarar con Bella, es todo— me estremecí. ¿Malentendido? ¿Conmigo? ¿Por eso traía esa cara? Debe saber lo de la manifestación de hoy, estoy segura. La ciudad es un hervidero de chismes y propaganda barata.

—Discúlpame Edward pero yo quisiera saber— le respondió abuelita. No, por favor no. Tal vez le parezca bien, tal vez no. Pero no quisiera que me reprendiera.

—Me parece justo. El diario de hoy me pareció muy extraño y quisiera que Bella me aclare algo.

Me tendió el periódico y lo tomé entre mis manos temblando.

En la primera página estaba anunciada la manifestación de hoy.

“Las policía local, anuncia para hoy una marcha feminista en las principales calles de Chicago…”

— ¡Yo no voy a ir!— grité.

Edward seguía mirándome desaprobatoriamente.

—Continúa— dijo.

—Es una compañera, que me ha comprometido para asistir a esta marcha. Y es una buena causa. Te doy mi palabra Edward que nunca mencioné a Esme en las reuniones— parecía que él no tenía idea de lo que le decía.

— ¿Marcha?— mi abuela se apuró a tomar el diario. — ¿Vas a participar en la protesta feminista?— preguntó sonriendo.

—No. No pienso ir a la universidad hoy— dije nerviosa.

—Si yo tuviera tu edad iría. No sabía que te inclinabas por ideologías Bella, creí que tu carácter era más tranquilo. Pero te apoyaré si decides asistir. Podría acompañarte— parecía que a la abuela Marie le entusiasmaba estas cosas.

—Bella, no hablaba de la marcha feminista— Edward tomó el diario y lo abrió. Lo colocó en la mesa para que pudiera revisarlo.

“La corriente de Chicago, cómo se hacen llamar, son un grupo de jóvenes universitarios, que atacaron la sede del ministerio de trabajo. Con pintas comunistas y panfletos empiezan un levantamiento contra el gobierno…” Luego mostraban fotografías del vandalismo estudiantil pero lo que decía una de ella me heló la sangre.

La desigualdad, la pobreza y el abandono de las autoridades capitalistas, nos obligan a combatir. ¡No podemos ser espectadores! ¡La juventud tiene el poder del cambio!  B.Swan.

Eso era parte de lo que escribí en mi ensayo para la clase del profesor Baher. ¡Y llevaba mi firma!

Esto no puede estar pasando. No.

Miré a Edward asustada.

— ¿Lo escribiste tú?— me preguntó. La abuela tomó el diario y después de leerlo se sentó y me miró.

—Sí… pero… pero fue para un ensayo.

— ¿Piensas eso?— Edward parecía dolido. – ¿Crees que es la forma de reclamar?— sacó un papel de su bolsillo. Un trozo arrugado y sucio. Me lo dio.

Era un panfleto, donde venía el ensayo completo que escribí para mi clase y que seguramente fue publicado en el periódico estudiantil de la universidad pero que nunca adquirí.

Mi abuela parecía tan interesada que se lo alcancé.

—Fue sólo un ensayo— dije empezando a sentir cierta sensación de rebeldía. No soy una niña, estoy en la universidad. Pero siguen tratándome como si usara coletas y no pudiera atarme los zapatos.

—Quiero saber si eso es lo que piensas Bella— pidió Edward.

—Sí, lo que escribo es lo que pienso y lo que siento. Yo no he participado en eso, no he atacado a nadie. ¿Es tan malo que crea que el sistema es una porquería?— me di cuenta que acababa de levantar la voz. Y que jamás había usado esa palabra antes.

—Bien. Volveré por la tarde, estoy retrasado. Permiso señora— dijo y salió de la casa sin decir más.

—No entiendo porque se molesta, ni que hubiera matado a alguien— dije a punto de llorar.

—Bella… esto es muy violento— empezó la abuela. –Hija, las palabras incitan a la lucha, la lucha lleva al caos y el caos a la anarquía…

—Yo no quiero eso, sólo escribí lo que se me ocurrió.

—Tienes el don de mover a la gente con tus palabras…

— ¡Yo jamás les dije que atacaran ese lugar, ni que tomaran la universidad!— me defendí.

—Tus palabras escritas Bella. Edward tiene razón, es peligroso— suspiró.

— ¿Tiene razón? ¡Si no dijo nada!

—Tienes dentro de ti, una fuerza que desconoces. Y eso es peligroso, sin contar con que las autoridades deben estar buscando a B. Swan. La persona que “promovió” ese vandalismo.

—Abuela, yo no he promovido nada— me senté derrotada.

—Iré a hablar con Phil Dyer, necesitas inmunidad— me quedé sola mirando como todos se movían por protegerme.

Pero yo no merezco que me traten como una niña. Y tengo ideas propias, tal vez no las más acertadas, ni las más modernas. Pero son mis ideas, mi forma de ver el mundo. Y ya era tiempo que alguien me oiga.

Me cambié apresuradamente para ir a la universidad. Leah necesitaba mucha ayuda.

Cap 7 Bellicienta 2

CAPÍTULO 7

INICIANDO UN LARGO CAMINO


Alice sonrió y danzó todo el tiempo que Jasper se quedó con nosotras, fueron sólo tres días, hasta que logró que lo aceptaran en la cuarta división de infantería pero tuvo que marcharse con su tío a Texas. 

Partió orgulloso prometiendo regresar apenas tuviera un día libre.

— ¿Qué haremos ahora? Ya no volveremos a la apestosa academia de protocolo— Alice se veía sin muchos ánimos hoy.

—Mi abuela habló de conseguirme un tutor antes que pueda entrar a la universidad.

—Pues yo quiero estudiar diseño de ropa, crear nuevas tendencias. No creo que sea necesarios tantos accesorios para la vida diaria, y esos vestidos tan formales, llegará un día en que la mujer sea elegante y se sienta cómoda— pensaba en voz alta mi prima y mejor amiga.

—Bien por ti. Yo aún no me decido, quiero algo en lo que me sienta realizada y además sea útil— le dije con desconsuelo.

— ¿No me dijiste que te gustaría ser escritora?— preguntó.

—Sí, eso era lo que soñaba pero al llegar a esta gran ciudad. Pero después de ver tantas cosas me parece que el mundo es muy diferente a cómo me lo imaginaba. Este no es el mundo en el que vivió Jane Austen. El romance parece que ya no tiene lugar aquí. Y los cuentos de hadas solo les gustan a los niños. Hace días que reviso el periódico, los nuevos libros que salen hablan de dinero, poder y negocios. Hasta las fotonovelas son muy atrevidas, dicen que eso le atrae más a la gente— suspiré.

—No te desanimes Bella, siempre habrá gente que sueñe, que crea en las fantasías— me acarició la cabeza.

—Quizás para mí sea grandioso pero no le encuentro utilidad ahora— estaba muy desanimada.

—Si te hace feliz, es útil. Harás felices a tu padre, tu abuela, a Edward y a mí— seguía animándome.

—Pero tú serás más útil, tus diseños podrán ser usados por muchas mujeres, harás un cambio en la moda… eso es de verdad útil— creo que mis sueños eran tan sólo ilusiones de provinciana.

—Y tus libros también, aunque escribas solo para niños, te imaginas todas esas caritas felices— yo no me creía que a los niños les gustaban esas historias. Ayer había leído un artículo en el diario dónde decían que a los niños prefieren las revistas de súper héroes a los cuentos clásicos. Menudos niños había en la ciudad.

—Gracias pero creo que debo replantearme algunas cosas. Por cierto quien es Chanel— pregunté al ver una revista que ella traía siempre consigo.

—Ella es la máxima revolucionaria de la moda, la mujer más audaz, atrevida y decidida que conozco— dijo con mucho ímpetu.

— ¿La conoces?

—No personalmente pero he oído que pronto vendrá a América. Es francesa. Voy a entrar a la Escuela de Diseño y Moda de Illinois apenas pueda juntar el dinero— mi prima hablaba con tal vehemencia que me convenció.

.

Habían pasado más de 6 meses ya, desde que vine a esta ciudad.

Mi vida ahora se desarrollaba entre mis estudios y paseos esporádicos con Edward que estaba en el primer año de medicina y andaba muy ocupado.

Alice había entrado en la academia de modas hace un par de semanas y regresaba por las tardes.

Sin embargo yo todavía me sentía algo relegada. Mi tutora era una mujer rubia algo extraña, llamada Kate Denali. Me enseñaba muchas materias, sobre todo Literatura Inglesa y alemana, disfrutaba leyendo lo que me traía pero no podía apartar esta sensación de insatisfacción.

Ansiaba encontrar pronto mi camino.

—Bella, tu maestra me ha comentado ayer que estás lista para rendir la entrevista de admisión para la universidad ¿Sigues interesada en estudiar literatura?— Preguntó mi abuela.

—Si abuela, me agradaría ser escritora y si para eso debo estudiar las técnicas que se necesitan en una universidad me gustaría intentarlo— a pesar de no estar segura quería con todo mi corazón saber si ese era mi camino.

—Va a ser algo difícil, aún cuando tengamos el dinero para la colegiatura y haga un donativo extra a esa facultad. Hay una corriente muy fuerte, la llamada “escuela de Chicago” tiene mucho poder en todos los ámbitos y es muy influyente, lástima que crean que sólo los hombres piensan. Algún día se eliminarán esos complejos y seremos realmente libres— abuelita era una mujer con ideas muy avanzadas.

—Pues voy a lograrlo abuela, entraré en esa facultad, ya verás— volví a los libros a seguir repasando, nos sabía lo que me tomarían en la entrevista.

.

—Suerte princesa, perdóname por no venir a diario pero hay días en los que apenas llego a casa y me abandono al sueño— Edward vino un día antes de mi entrevista a desearme buena suerte.

—Gracias, sé que haces todo lo que puedes, a veces te veo cansado y entiendo. Además pronto yo también tendré tanto que hacer. Estoy muy contenta— me había alegrado la cercanía de la entrevista, según Alice, si me aceptaban sería la mujer más joven en la universidad. Pronto cumpliría 16 años pero según las pruebas a las que me sometieron para lograr mi permiso de entrar en la universidad, estaba apta.

—Sabes, creo que la ciudad nos ha cambiado un poco. Yo siempre estoy corriendo, sin tiempo para nada, ni siquiera para tener todo un día contigo. Extraño el pueblo, cabalgar juntos por el bosque, escondernos en el armario de limpieza y sobre todo pasar horas leyendo. A veces dudo si esto es lo que realmente quería— suspiró mi novio. ¿Acaso él también dudaba como yo?

— ¿Quieres decir que no eres feliz aquí?— pregunté.

—No he dicho eso, sólo que antes la vida era más simple y a la vez más gratificante— me sonrió.

—Éramos niños Edward.

—Aún lo somos y siempre lo seremos si podemos ser felices con las cosas sencillas— besó el dorso de mi mano.

—Te entiendo, por meses he sentido que no encajo en ningún lugar y por primera vez voy a ser parte de algo, voy a iniciar mis estudios. Tengo miedo pero sé que es lo correcto. Creo que estamos creciendo y madurando— me sonrió y alargó su mano para acariciar mi mejilla.

—Aunque tenga 100 años, siempre serás mi princesa, mi mejor amiga y… mi único amor— eso hizo que yo me ruborizara.

—Pero que romántico, ey tortolitos, mejor se van a la terraza de arriba, no tarda en llegar Harold— Alice siempre estaba al lado de uno de sus amigos diseñadores.

— ¿Y ese quién es?— preguntó Edward

—Es uno de sus amigos, creo que están en la misma clase y taller mejor nos vamos— tomé de un brazo a mi novio y me lo lleve, el tal Harold era extraño, se comportaba como una mujer aunque en realidad era un hombre.

Sí, de lo más extraño, jamás había visto algo así.

Al día siguiente me vestí con una falda y chaqueta muy elegantes. Descarté ir con un vestido para parecer una mujer más actual, tal como me había aconsejado Alice. Los zapatos eran un poco incómodos pero soportables.

Me abuela me acompañó todo el tiempo, llegamos temprano y dimos una paseo por la universidad. Había muchos alumnos caminando y sentados en los jardines. Vimos algunas señoritas también. Me alegró eso.

—La mayoría de las muchachas están en las facultades de educación y letras. Muy pocas son admitidas en ciencias— me comentaba la abuela.

—Me da miedo que la entrevista incluya temas de actualidad. He tratado de mantenerme al tanto de las noticias las últimas semanas pero ya sabes lo que me dijeron una vez en la escuela de etiqueta— comenté algo desanimada.

— ¿Específicamente cual de todas las sandeces que escuchaste en ese lugar?— preguntó ella.

—“Puedes sacar a una chica del campo pero no el campo de la chica”— dije usando un tono respingado que tanto me había fastidiado en esa escuela. Abuela Marie sonrió de buena gana.

—Las “señoritas” de sociedad son terriblemente envidiosas y soberbias. Pero tú eres auténtica, eres natural. Esa es una cualidad que te hace especial Bella. Ahora ten seguridad de tu capacidad de tomar tus propias decisiones.

—Gracias— dije más decidida.

Llegamos al despacho del Director de la escuela de Literatura. La secretaria me indicó minutos después que sería recibida por el subdirector ya que el director se encontraba en New York.

—Excelente, Phil Dywer fue nuestro vecino. No tendrás problemas en ser aceptada— abuela me lanzó una sonrisa que no supe interpretar y entré decidida.

Media hora después salí con un documento firmado aceptando mi solicitud de ingreso.

La entrevista fue extraña. El Doctor Dwyer casi no habló, se limitó a mirarme leer el libro que me pidió. Sólo me preguntó acerca de mi niñez y revisó el cuaderno de escritos que traje conmigo, con algunas de mis historias. No creí que se interesara en aquello.

Llegamos a casa, Alice había organizado una pequeña merienda en el jardín para celebrar mi ingreso a la Universidad de Chicago.

Por la tarde Edward llegó a visitarme. Antes de poder explicarle me tomó en sus brazos y me besó. Quedé algo turbada. Demasiadas emociones para un solo día.

—El día que publiques tú primer libro, espero que sea como Isabella Masen— susurró en mi oído para que nadie más nos escuche. Mis mejillas se volvieron de un escarlata furioso.

Muy cerca mi padre carraspeó. Demasiadas emociones para él también.

.

Dejar los vestidos de gasa y los guantes me costó un poco. Alice me había preparado varios trajes formales muy masculinos. Según ella, era el tipo de vestimenta adecuado para las clases universitarias, no podía verme como una muñeca de porcelana o no me tomarían en serio.

El chofer me llevó hasta la puerta de la universidad, rogué a mi abuela para que me deje ir sola. Ya era una mujer, no una niña para que me lleven de la mano el primer día de clases.

Llegué a mi aula de clases rápidamente, la semana anterior había memorizado todos los salones donde me dictarían los cursos de primer año. Estaba nerviosa. Me senté en la segunda fila, Edward me recomendó que no estuviera en la primera fila o sería el blanco de las preguntas de los maestros.

Todos los que iban entrando eran varones, esperaba con ansias a alguna compañera.

—Hola ¿Está ocupado?— me sorprendió una voz ronca. Tal vez habría pasado desapercibida si no me hubiese hablado. Se quitó el sombrero masculino dejando caer una cabellera negra corta. Era una joven de piel oscura, ojos grandes y sonrisa dura.

—No, claro que no. Soy Isabella Swan— me presente de inmediato.

—Leah Clearwater— dijo tomando mi mano y sacudiéndola de arriba abajo. Esperaba una compañera… que parezca mujer.

—Mucho gusto— dije apenas. Sus ropas eran completamente masculinas. ¡Llevaba pantalones!

—Toma, son algunos volantes que pienso repartir cuando termine la clase ¿Me ayudas?— sonrió. Recibí aquellos papeles.

Eran sorprendentes al igual que mi nueva compañera. Publicidad sobre feminismo. Los leí con atención. Había escuchado mencionar esa palabra a mi abuela y a Alice un par de veces.

“Somos mujeres ¿Y qué más?” decía el título de la publicación.

“Por siglos se nos ha considerado maquinas de hacer bebés. Seres de segunda categoría que limpian, cocinan y arreglan la casa. Una casa que ni siquiera es nuestra por completo. Tenemos la misma capacidad laboral que los hombres. Tenemos derecho a una educación y puestos de trabajo” Estaba absorta leyendo y no me di cuenta que el profesor ingresó.

—Buen día alumnos— prácticamente gritó. Guardé con velocidad lo que estaba leyendo y me concentré en la clase. No era lo que esperaba, el maestro se pasó dos horas enseñándonos etimología y vocablos griegos y latinos.

Nos dejó un trabajo enorme sobre prefijos y sufijos.

Cerca de mí Leah estaba repartiendo sus papeles entre todas las señoritas de la clase. Apenas éramos 4.

—Ey ¿Me ayuda en las otras aulas?— pidió Leah. Apenas acepté, salí detrás de ella.

—Hola, luchemos por nuestro derechos— decía ella cada vez que ponía un papel en las manos de alguna estudiante despistada.

Intenté hacerlo, le ofrecí uno de los escritos a una joven que parecía mayor. Era muy robusta.

—Idiota— me dijo mirándome como lo hacía mi madrastra.

—Perra— escuché detrás de mí a Leah. Me llevé una mano a la boca. Jamás en mi vida había oído un insulto parecido.

— ¿Qué me dijiste bruja feminista?— le gritó la mujer.

—Eres estrecha de mente, deberías estar fregando pisos en tu casa— se burló Leah. Me aparté un poco. No era esta la forma en que imaginé mi primer día en la universidad.

La mujer robusta nos miró ofendida y se marchó. Leah soltó una risotada.

—Vámonos Isabella, tenemos clases— me sacó de mi asombro.

— ¿Por qué haces eso?— le pregunté mientras caminábamos al siguiente salón de clases.

— ¿Eso? Sé más específica— sonrió.

—Ofender a la gente— sentí que mi rostro estaba caliente.

— ¿Ofender? Sólo digo la verdad. ¿De dónde saliste Isabella?— me preguntó.

—Sólo dime Bella. Pues soy de un pueblo… al sur— confesé.

—Bueno Bella. Lo siento, creí que eras de la ciudad. Yo soy del movimiento feminista de Illinois. Soy feminista de segunda generación. Mi madre luchó por el voto femenino en este país. Yo era niña cuando se cambió la constitución, así que planeo hacer más cambios. Luchar porque se nos permita acceso a la educación, a los trabajos bien remunerados, al mismo sueldo que un hombre— dijo muy segura de sí misma.

Entramos al aula y nos sentamos juntas. Al igual que en la clase anterior ella repartió sus papelitos entre las estudiantes.

— ¿No es ilegal que hagas eso?— pregunté.

—Sólo si me descubren— soltó otra carcajada.

— ¿Por qué quieres ser escritora?— pregunté.

—Claro que no quiero ser escritora— sonrió. –Sólo me estoy colando en clases de literatura porque no soy muy buena en redacción. Yo estudio leyes— ¿Leyes? ¿Iba a ser una abogada? Eso sonaba muy importante. Una mujer abogada. ¡Qué admirable!

Leah no entró en la siguiente clase pero me dejó pensando su forma de actuar. Quedé impresionada por lo valiente que era. Incluso intimidante. Con un propósito como el suyo, valía la pena todos los sacrificios del mundo.

Cap 6 Bellicienta 2


CAPÍTULO 6


NAVIDAD


Alice y yo habíamos recibido algunas invitaciones para tomar el té. En casa de Edward, de los Hale y de algunas otras compañeras de la academia.

Era una costumbre muy extraña para mí. Alice y mi abuela tuvieron que explicarme muchas veces la razón de aquella vieja tradición inglesa.

No pudimos evadir la invitación de Tanya, era una reunión pre navideña con algunas compañeras de la academia de etiqueta.

Llegamos puntuales, su casa era muy suntuosa, más que la de los Masen. Nos recibió con una gran sonrisa, según Alice tramaba algo. Yo todavía no podía saber la intensión de la gente que no conozco. Me era fácil con Edward, Alice, mi padre, y la abuela. Pero las personas que desconocía y que eran de la ciudad eran un misterio para mí.

—Que bueno verlas— María se nos acercó y con ellas algunas más de nuestras compañeras.

—Esta reunión va a ser memorable chicas, pasen— dijo Tanya detrás de mí.

Me estremecí. Sí, creo que algo tramaba.

Tomamos el té en una salita muy bien decorada, éramos 8 señoritas. Los pastelillos estaban deliciosos, esponjosos y rellenos de una crema dulce. Hablábamos de modas, cine y sobre una exposición científica que se realizaría en dos años. Casi todo el tiempo me limité a escucharlas porque no tenía mucho que aportar. Alice me traía las revistas a mi habitación y yo las dejaba de lado por leer los libros de la biblioteca de mi abuela. No había comparación con los libros de Jane Austen o Louisa May Alcott y una revista de vestidos o de chismes.

Nos dejaron a Alice y a mí la tarea de recoger los cubiertos al finalizar la reunión, Rose se nos unió.

—Típico de estas inútiles, no saben más que ensuciar y mandar— decía mi prima.

—Jasper cariño, tu hermana está en la cocina— escuché decir a María que apareció con su "novio". Él agachó la cabeza al vernos, a Alice se le cayó un plato y se rompió.

—Alice, ten cuidado, esa vajilla es muy cara. ¡Qué lástima que no hayas aprendido nada sirviendo a los Masen!— María soltó una carcajada me enfurecí tanto. ¿Cómo sabría ella que Alice trabajó con los Masen?

—Mas lástima me da, que tú que tengas un novio que no te quiere y que sólo te soporta por miedo a su padre— le grité, ya me había cansado de los buenos modales. Si ellas iban a atacarnos entonces nos defenderíamos.

—Cállate provinciana idiota. Hace poco recibí una carta de Jessica, tu hermanastra, la que casi se liga con Tyler, ¿recuerdas? La prima de Sir Mike Newton con quien me enganchaste— Tanya estaba parada en la puerta. –Me dijo que ustedes eran un par de cenicientas, Alice servía a los Masen y tú les servías a ella y a su madre. Ahora recoge lo que has tirado y no vuelvas a levantar la voz a ninguna de nosotras que sí tenemos clase— me gritó esa rubia tonta.

Jasper se soltó de María y se puso delante de nosotras.

—No les hablen así, Bella y Alice son las mejores chicas que conozco— por fin Jasper había reaccionado y nos defendía.

—Jassy ¿A no ves que nos mintieron?— pronto aparecieron las demás compañeras de la academia al escuchar los gritos. –Sí, nos mintieron a todas, ellas no son como nosotras, no son de nuestra clase, se criaron en un pueblo, eran chachas que cocinaban, limpiaban y servían. No deben estar cerca de nosotras, la clase no se gana con dinero, es hereditaria. Vámonos Jass. Y ojalá que no volvamos a ver a esas dos en nuestra prestigiosa academia— María tomó del brazo a Jasper y lo jaló pero él se resistió, parecía estar a punto de reventar.

— ¡No!— gritó. –Prefiero ser mendigo a casarme con alguien tan engreída y vanidosa como tu— nos tomó de la mano a Alice y a mí y salimos casi a rastras.

Todas nos miraban asustadas. Antes de salir entró Victoria, estaba ebria y jalaba a un muchacho vestido de blanco.

—Vamos James, no hay nadie en casa— la pelirroja casi soltó un grito cuando nos vio. Reconocí al instante a su acompañante, era James… aquel chico que conocí en la calle, el que mi abuela me había señalado como el ahijado del jefe de la mafia. Me sonrió.

—Buen día Isabella— me miró con tal intensidad que me asusté, luego reparó en Alice y su mirada cambió por completo, parecía sorprendido.

— ¡Hazte a un lado!— gritó Jasper y salimos de esa casa.

Caminamos unas calles hasta que Alice fue la que habló.

—Ya me cansé de caminar. Si no dices nada mejor nos vamos a casa— le increpó a Jasper.

—Perdóname. Te dije el otro día en aquella reunión que iba a ser más fuerte, que tuvieras paciencia, he tratado de hablar con mi padre. Alice, ya no me importa lo que me pase. Vuelve conmigo por favor— puso una rodilla en el suelo. Casi me caigo de la impresión. Alice tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Jass, no hay nada que perdonar, levántate— mi prima lo abrazó y por una extraña razón me sentí una intrusa.

Caminé un poco para darles algo de privacidad, escuche sus murmullos y luego vi que se fundían en un abrazo. Como extrañé a Edward en ese momento.
Rose venía hacia nosotros con mala cara.

—Ey, espérenme ¿Cómo se les ocurre dejarme sola con esas…? Oh ¡Se arreglaron!— dijo llegando a mí y mirando a la feliz pareja.

—Pensé que venías tras nosotras— le dije.

—Sí… pero me detuve a… si lo repites me enfadaré contigo— me amenazó sonriendo. –Pues empujé a María y a Tanya, creo que les eché a perder sus hermosos vestidos. Espero no volver a verlas aunque esta noche vamos a estar en problemas— parecía triste.

— ¿Por qué? – me entristecía que por el dinero y la posición haya tanta gente infeliz.

—Papá va a retar a Jazz y por lo que vi hoy, mi hermano llegó a su límite. ¿Quieres que las dejemos en su casa?— me señaló su auto.

Subimos los cuatro al auto Alice y Jasper iban tomados de las manos. Al girar en una calle me di cuenta que estábamos cerca del hospital en el que trabajaba Edward, tenía tantas ganas de verlo que les pedí que me dejaran allí. Alice prometió enviar el coche de casa. Así que entré a buscar a mi novio.

—Buenas tardes, busco a... el Doctor Carlisle Cullen— pedí, ya que sería más fácil de ubicarlo y dónde estuviera ese doctor estaría Edward.

— ¿Tiene cita?— preguntó una joven rubia que hablaba por teléfono.

—No, es personal— pedí.

—Este es un hospital, el médico atiende solo a pacientes— me dijo y continuó hablando como si yo no existiera.

Ya estaba harta de los modales. Caminé decidida y entré, escuché sus gritos pero no me detuve, al cruzarme con una enfermera me indicó el área donde estaba el consultorio del doctor Cullen. Llegué después de varios minutos perdida.

Toqué la puerta y para mi suerte fue Edward el que me abrió.

—Princesa— me abrazó muy contento.

—Sir Edward, pasaba por aquí y quise verte. Este hospital es un laberinto— me quejé.

—Pasa amor. Ven— dijo tomando mi mano. Era un consultorio grande. Edward ocupaba un escritorio, detrás de él había varios estantes, una balanza y varias cosas e jamás había visto. –Este es mi lugar de trabajo. Cuando los pacientes llegan les tomo la temperatura con esto, es un termómetro de mercurio, luego los peso en esta la balanza. En esta área podemos hacer las curaciones menores, ayer hice mi primera curación aunque todavía no me animo a coser heridas…— parecía tan feliz mostrándome su lugar de trabajo. –A partir de la otra semana podré ayudar a Carlisle en las urgencias— me dio un beso haciendo que saliera de mi trance.

— ¿Estás muy ocupado?— pregunté.

—No. Estoy haciendo apósitos ¿Quieres ayudarme?— me senté a su lado mientras sacada algunos frascos de algodón y vendajes. Me lavé bien las manos y él me las roció con un líquido amarillento.

—Si hubiese sabido que venías habría pedido el resto de la tarde libre. Me falta sólo una hora para salir, ¿Por qué no me dijiste que vendrías?— preguntó.

—No sabía, fue imprevisto. A decir verdad mi abuela no sabe que vine. Fui con Alice a casa de Tanya— dije fastidiada.

— ¿Hubo algún problema?— preguntó intuyendo mi malestar.

— Si. Parece que Jessica le escribió a Tanya y pues… ellas nos trataron mal a Alice y a mí, así que…— no me dejó terminar, estaba molesto.

— ¿Qué? ¿Cómo se les ocurre a esas…? Debiste darles su merecido, no debes permitir… te dije que no era buena idea eso de la academia francesa— sí se había molestado.

—Tranquilo, Jasper y Rose se encargaron de eso. Por lo que a mí respecta no volveré a ese lugar ni a frecuentar a chicas tan estiradas.

— ¿Jasper? ¿Jasper Hale?— preguntó asombrado.

—Sí, nos defendió y nos sacó de aquella casa, le dijo a María que prefería ser mendigo a casarse con ella. Y se reconcilió con Alice— terminé de contarle.

— ¿En serio? Pobre— dijo encogiéndose de hombros.

— ¿Por qué le dices pobre?— me ofendí. –Acaso te parece mal…

—No princesa, no lo digo por tu prima. Cálmate. Es que conozco al padre de Jasper y es un señor muy rígido. Jasper no mentía al decir que sería mendigo. Su padre es capaz de desheredarlo y echarlo de su casa. En cuyo caso va a pasar momentos muy difíciles. Hablaré con mi padre para ayudarlo pero no podemos inmiscuirnos mucho eso podría ocasionar la ruptura de su sociedad— recién comprendía todo. Al rebelarse de ese modo Jaspe quedaba en la calle. No me imaginaba un padre como el suyo

La puerta del privado se abrió, una joven muy guapa salía de del consultorio, parecía algo triste.

—Hasta luego doctor Cullen, espero verlo pronto— dijo, dándole la mano.

—Fue un placer señorita Platt, cuídese— ese debía ser el doctor que le había tomado tanto aprecio a Edward.

Era muy apuesto, rubio, de ojos celestes y profundos. Miraba con adoración a aquella joven. Creo que tanto andar con Alice me había hecho ser más inquisitiva en esos temas.

—Carlisle te presento a mi Bella— dijo Edward después que la paciente se marchó.

—Así que por fin conozco a la famosa Bella— se acercó a mí y me dio un beso en la mano como todo un caballero inglés.

—Yo también tenía muchas ganas de conocerlo doctor Cullen— dije con todo el protocolo que había aprendido. ¿Parecería muy falsa?

—Soy Carlisle, nada de doctor Cullen. Además tengo una conversación pendiente con tu abuela para esclarecer el árbol genealógico, ya que al parecer provenimos de la misma rama— parecía un hombre muy sencillo.

Conversamos bastante, me sorprendía lo mucho que sabía de mí, Edward debió contarle nuestra vida en el pueblo. Hice una nota mental para decirle a mi abuela que lo invitara a la cena de navidad ya que Edward me había dicho que Carlisle no tenía más familia en Chicago.

.


Dos días después papá regresó, mi abuela le había mandado a preparar una habitación cerca de la puerta de ingreso a la casa. Llegó lleno de regalos que me no me permitió abrir hasta la navidad pero faltaba muy poco.

No me dijo mucho sobre Jessica y su madre pero se molestó cuando la abuela le contó cómo nos habían ofendido en casa de Tanya.

Recibimos una invitación muy formal para cenar en casa de los Masen durante la noche buena, no sé qué carita habré puesto que mi abuela y papá estuvieron de acuerdo. Edward me aseguró que Carlisle estaría presente esa noche, así todo quedó listo para pasar mi primera navidad en Chicago, al lado de todos los que amaba.

Llegamos media hora antes de la cena, la casa de Edward lucía especialmente hermosa, sus padres me recibieron con un fuerte abrazo. Pero nada se comparó con ver bajar a mi novio luciendo un traje de etiqueta azul noche, traía el saco desabotonado y resaltaba el chaleco con un cinto de terciopelo.

—Princesa— me dio un dulce beso que apuré a cortar ya que mi padre venía detrás de mí. Sentí su carraspeo y me sonroje.

Carlisle ya estaba allí, nos reunimos todos en la mesa, agradecimos por los alimentos y cenamos muy a gusto.

—Hoy me ha llamado Lilian Hale, parece que su esposo no se ha sentido bien últimamente— dijo Elizabeth, a mi lado Alice se tensó.

—Ha estado muy preocupado estos días. Necesitamos una recomendación en los tribunales y parece que Henry Houston no nos va a apoyar— añadió el señor Masen.

— ¿Ese no es el papá de María?— le pregunté a Alice apenas moviendo los labios para que no nos oyeran.

—El mismo— me respondió. Frente a mí Edward escuchaba con atención.

Después de cenar pasamos al comedor, dónde Edward tocó algunos villancicos en su piano, Alice y yo cantamos para alegrar la velada. Mi abuela se entretuvo hablando del árbol genealógico de los Cullen con Carlisle, mi padre y los de Edward que estaban también muy entretenidos en asuntos legales sobre nuestra casa del pueblo.

Eran casi las diez de la noche cuando llamaron a la puerta.

—Señora Elizabeth, el joven Hale está aquí y pregunta por el joven Edward— nos anunció el ama de llaves. Alice se levantó de un salto pues estábamos sentadas en una alfombra.

—Gracias Anna, Edward has pasar a tu amigo para que tome chocolate con nosotros— le indicó su madre.

Mi novio nos hizo una señal para que nos quedemos en nuestro lugar. Alice se retorcía las manos. Minutos después Edward volvió con un semblante bastante preocupado. Habló con su padre y éste parecía en un dilema.

— ¿Alice, ese joven no es novio tuyo?— preguntó mi abuela.

—Si— dijo apenas mi prima.

— ¿Son novios?— preguntó el señor Masen. –Ahora entiendo. Su padre le ha echado de casa— todos nos quedamos de una pieza. Alice parecía a punto de llorar.

— ¿Lo ha echado? ¿En navidad? Ese hombre no tiene corazón— Elizabeth salió hacia la sala de espera y regresó con Jasper que tenía los ojos hinchados.

—Buenas noches y disculpen la intromisión— saludó el recién llegado.

—No es intromisión, los amigos siempre son bienvenidos— dijo Edward.

—Claro que sí, únete a la juventud, Alice y Bella nos cantaban villancicos— dijo mi abuela. Jasper se acercó a nosotros y abrazó a Alice.

— ¿Tienes a dónde ir?— le pregunté.

—No quería que se enteraran. Sé que le causaré un problema al padre de Edward al venir aquí pero el único familiar materno que tengo vive en la base militar y no creo que sea buen momento visitarlo. No tenía dónde pasar la noche— Jasper se veía avergonzado.

—Quédate en nuestra casa cuanto quieras, yo le tengo ojeriza a los abogados, sin ofender Masen— dijo mi abuela excusándose con el padre de mi novio.

—Gracias Señora Cullen— dijo nuestro rubio amigo más tranquilo.

—Lo siento Jazz, todo esto es por mi culpa— Alice empezó a llorar. Él la abrazó.

—No. Es culpa mía, no llores chiquita. Debí ser más fuerte desde un principio, hablarle de ti. Dejé que papá fuera demasiado lejos con esto. Y hoy explotó todo. María y sus padres vinieron a cenar y les contó lo que pasó el otro día. Papá me dio un ultimátum cuando se enteró.

— ¿Y ahora que harás? Jasper he arruinado tu futuro— mi prima estaba desconsolada.

—Tú eres mi futuro. A pesar de todo me siento aliviado. Después de fiestas iba a empezar en la escuela de leyes. Odio esa carrera.

— ¿Pero qué harás ahora?— le pregunté.

—Mañana buscaré a mi tío. Voy a unirme al ejército, siempre quise ser soldado— se encogió de hombros. Alice pareció recuperar su sonrisa.

—Te verás guapísimo de uniforme— Jasper le tomó una mano y se perdieron en sus miradas. Edward se acercó a mí y me llevó junto al piano.

— ¿Dónde está Emmett?— pregunté porque no lo había visto.

—Aprovechó para viajar a su pueblo, necesitaba su certificado de nacimiento para la universidad, iba a pasar la navidad con su abuela, es su única familia que le queda— empezó a tocar una melodía suave que no era un villancico. —Esto lo compuse para ti— me dijo sonriente.

Ya casi era hora de marcharnos cuando de nuevo el ama de llaves entró.

—Disculpen, hay una llamada de emergencia para el doctor Cullen— Carlisle se levantó y salió a responder. Era raro que lo llamara alguien y en navidad.

—Lo siento, debo marcharme… es una emergencia— se veía abatido.

— ¿Ha pasado algo?— preguntó Edward.

—Es la señorita Platt, ha sufrido un accidente— la voz se le quebró.

—Voy contigo— dijo mi novio y subió a cambiarse.

—Creo que debería ir sólo— se excusó Carlisle porque el señor Masen no parecía complacido con que Edward salga tan tarde.

—Querido es bueno que nuestro hijo se acostumbre. La vida de un médico es así de sacrificada, deja que gane experiencia— lo suavizó Elizabeth.

Edward bajó en menos de cinco minutos, cogió el maletín de Carlisle y vino a despedirse.

—Lo siento princesa, nos vemos luego— me dio un corto beso y salió con Carlisle.

Me sentí tan orgullosa de él. Cada día lo quería y lo admiraba más.

Cap 5 Bellicienta 2


CAPÍTULO 5

EL REGRESO DE PAPÁ


—Ni se te ocurra bajar del automóvil— me advirtió Alice poniendo cara de asesina.

—Pero yo también quiero ver esos adornos de navidad— me quejé pataleando el suelo del auto.

— ¡No! Le prometí a tu abuela que te mantendría en el auto, te amarraré si es preciso— me amenazó. –Además tengo que comprarte tu regalo, no sería sorpresa si miras— me hizo un ademan con la mano y bajó.

Me hundí en el asiento molesta, cómo cada vez que salíamos de compras o a pasear era igual. Apenas podía ver la ciudad, creo que mi abuela exageraba al mantenerme escondida, no creía tener tan mala suerte para a cruzarme con alguien de la mafia en cada esquina de la ciudad.

Tal vez si sólo daba una miradita… Puse mi mano en la manija tratando de no hacer ruido.

—Por favor señorita Bella, tengo hijos y quiero pasar una navidad con pavo en mi mesa— se quejó Jimmy el chofer.

Me sentí peor, así que otra vez me recosté a esperar. No quería ser la causante de ningún despido.

Pero era la veinteava tienda en la que nos deteníamos y yo solo podía mirar desde el auto, imaginando todos esos adornos brillantes.

Estaba tan distraída revisando por tercera vez el interior de mis guantes que casi salto hasta el techo del auto cuando oí que la puerta se abría y alguien entraba veloz.

—Lo siento princesa, discúlpame por no anunciarme— era un Edward jadeante. ¿Por qué parecía temeroso?

— ¿Edward? ¿Qué te ocurre?— pregunté alarmada.

—Nada Bella. Es sólo que vi tu auto y quise pasar a saludarte. Corrí un poco— parecía sincero pero yo lo conocía bien. Algo se estaba guardando.

—Claro… ¿Y el hospital está en frente verdad?— dije en forma inquisitiva, me miró y desvió mi mirada. Ajá, algo pasaba.

—No. Simplemente estaba cerca de aquí acompañando a mi madre en sus compras— otra vez mentía, pestañeaba mucho cuando no decía la verdad. Él no se daba cuenta pero yo lo descubrí desde que éramos niños.

—Entonces déjame saludar a Elizabeth— le dije mirando por la ventana.

—Bueno está cerca de aquí, creo que en una de esas tiendas, son enormes. ¿Y Alice?— dijo mirando hacia afuera.

—Está en esa tienda de juguetes— le señalé.

—Excelente, tengo un encargo para ella— y sin decir más bajó y fue a grandes zancadas hacia el establecimiento. ¿Qué se estaría guardando? ¿Una sorpresa? ¿Un regalo? ¿Alguna mala noticia? Al menos terminó con mi aburrimiento.


Unos momentos después Alice subió con él auto.

—Bella, creo que tengo que comprar muchas cosas más, que tal si tu y Edward van de paseo y me vienen a recoger en unas horas… es más creo que podré tomar un taxi a casa yo sola— me sonrió. Ahora también la enana me ocultaba algo.

Seré ingenua en esta ciudad pero se reconocer una mentira de la gente que quiero.

—Está bien— dije sin mirarlos. De todas formas lo sabría tarde o temprano.

—Jimmy ¿Puedes llevarnos al parque Jackson por favor?— pidió Edward una vez que Alice se fue.

— ¿Por qué tan lejos?— protesté. Eso estaba lejos del centro de la ciudad. Edward no me quería en estas calles peligrosas. ¿Habrá visto a algún mafioso rondando? Sin querer me asomé a la ventana.

—Quiero dar un largo paseo con mi novia— se excusó dándome una de sus sonrisas hipnotizantes. Dejé de prestar atención al mundo exterior.

Conversamos un poco pero lo notaba intranquilo, sus risas forzadas no hacían más que disparar mi imaginación. Si fuese alguna mala noticia se vería apenado o triste. Si planeara darme una sorpresa como regalo de navidad se mostraría más cariñoso. La duda me desesperaba.

— ¿Me puedes decir de una vez qué te pasa?— lo corté cuando trataba de explicarme el uso de las vacunas.

—No me pasa nada princesa ¿Por qué preguntas?— quiso sonreírme y allí estaba nuevamente el pestañeo delatador.

—Si no confías en mi— me encogí de hombros y no quise hablar más.

Bordeamos el lago Michigan, había mucha gente patinando sobre el hielo. Después de una hora de camino bajamos. Todo estaba cubierto de nieve.

—Esta parte del lago es la más hermosa— dijo tomando mi mano.

Caminamos, hicimos muñecos de nieve y nos pasamos el día muy contentos. Traté de olvidar que me ocultaba algo y me limité a disfrutar de su compañía. Desde que Edward trabajaba en el hospital teníamos poco tiempo para compartirlo juntos.

Almorzamos en un bonito restaurante y más tarde comimos golosinas y frituras en los puestos de ventas del borde del lago.

Me di cuenta que el día ya estaba por terminar, hacía más frío, así que iniciamos el camino de regreso. Llegamos cuando casi oscurecía, para mi total desconcierto el auto se detuvo en casa de Edward y no en la mía, como debía ser.

Lo miré otra vez con desconfianza. ¿Por qué no debía ir a mi casa? ¿Algo le habrá pasado a mi abuela?

—Le dije a Jimmy que nos detuviéramos un momento para que saludaras a mamá— me dio la mano para descender, me regaló una sonrisa tan tierna que no pude negarme.

Confiaba en que me contaría al llegar a casa, después de todo, éramos los mejores amigos además se novios. No creo que sea nada malo después de todo.

De pronto escuché pasos fuertes a mis espaldas, vi de reojo que Edward se giró y todo pasó muy rápido. Cuando pude darme cuenta, mi perfecto novio estaba en el piso helado, alguien con un abrigo grueso lo había empujado.

Edward se levantaba del piso pero aquel hombre de abrigo lo tomó de las solapas y le estampó un golpe en el rostro, no pude soportarlo más y empecé a gritar.

— ¡Suéltelo! ¡Maldito cobarde! ¡Animal!— me lancé a su espalda, con una mano lo jalaba del cabello y con la otra trataba de estrangularlo.

Al bote la escuela de modales, no había etiqueta para estos casos. Debí aprender defensa personal en lugar de tomar té en tacitas de porcelana.

—Bells— oí decir.

Era una voz rasposa y familiar, se escuchaba muy cerca. La puerta de la casa de los Masen se abrió y ambos padres de Edward salieron corriendo, Elizabeth ayudaba a Edward a levantarse mientras que el papá de mi novio se interpuso en el camino de aquel hombre que quería seguir lastimando a mi Edward.

—Bella, suéltalo— escuché la voz del señor Masen. Obedecí, me bajé de la espalda de ese sujeto y corrí a los brazos del padre de mi novio.

—Como te atreviste Masen— la voz del atacante me dejó helada, creía que había sido una alucinación cuando escuche mi nombre segundos atrás pero no. Era la voz más conocida en el mundo. Sólo que ahora parecía amenazante. Me giré lentamente.

Allí de pie, con una barba bastante crecida, sucio y con un abrigo grueso y desarrapado estaba mi padre.

— ¿Papá?— murmuré.

—Bells— su mirada fiera se suavizó pero mantuvo su distancia. — ¿Bells por qué?— me dijo dolido. No entendía lo que pasaba.

—Charlie…— dijo Edward avanzando un poco, su blanca camisa estaba manchada de sangre. Tuve deseos de buscar algo para aliviar el dolor que debía estar sintiendo en el labio reventado.

—No te me acerques o voy a matarte— lo amenazó mi padre.

—No le hables así a Edward— le dije llorando.

—Si no lo viera con mis propios ojos no lo creería Bella. Me has defraudado hija— me miraba con tristeza.

—Creo que deberías oír a tu hija Charlie, antes de sacar conclusiones apresuradas o creer una sola parte de la historia— dijo el señor Masen.

—Pasen por favor y hablemos civilizadamente dentro de casa— dijo Elizabeth.

—Quiero a mi hija de vuelta. ¡Ahora!— gritó mi padre enfurecido.

—No se la puede llevar así— dijo Edward, su padre lo detuvo con un brazo y me protegió a mí con el otro.

— ¿Qué te pasa papa?— dije sollozando. No comprendí nada. ¿Dónde había estado tanto tiempo? ¿Y por qué me hablaba de ese modo?

—Charlie cree que te trajimos con engaños y que yo… me he aprovechado de ti— dijo Edward algo avergonzado.

— ¿Qué?— grité limpiándome las lágrimas.

—Tu vienes conmigo ahora jovencita, yo soy tu padre, tienes solo 15 años, eres una niña— alargó una mano para alcanzarme y lo evité.

Un fuerte sonido me asustó, era el auto de mi abuela que se detuvo enfrente de nosotros. Ella bajó ayudada por el chofer que nunca supe en qué momento había salido a buscarla.

— ¿Charlie Swan, porque haces escándalo sin preguntar?— chilló ella.

—Marie Cullen, te robaste a mi nieta ¿Qué quieres que pregunte?— dijo él mirándola.

—Tú te robaste a mi hija, ella al menos era feliz con nosotros, no una esclava. Y no me robé a mi nieta, tengo derecho sobre ella, más cuando la dejaste con esa arpía que la maltrataba. Ahora pasa antes que te grite en la calle todo lo que pienso de tu nueva esposa— para ser pequeña mi abuela era atemorizante.

—Por favor, pasen, estos asuntos no deben resolverse en la calle— dijo Elizabeth quien me tomó de una mano y me hizo entrar.

—No entiendo nada— dije abrazándome a ella.

—Recibimos un telegrama esta mañana de Hannah, al parecer tu padre llegó hace unos días al pueblo y tu madrastra le dio su versión de los hechos. Según Hannah tu padre fue ayer a nuestra casa del pueblo a preguntar por nosotros y amenazó con matar a Edward. Por eso apenas supimos que Charlie estaba de camino a Chicago envié a Edward a buscarte para que no presenciaras esto. Queríamos hablar primero con él— se excusó ella.

—Lo siento princesa— dijo Edward a mi lado.

Tomé aire para enfrentar lo que venía, las malvadas de Jessica y su madre de seguro soltaron todo su veneno en mi pobre padre y lo pusieron en contra de los Masen y de paso también de mi abuela.

—Ahora te voy a contar como encontré a mi nieta a la que por cierto me escondiste todos estos años— dijo mi abuela mirando a papá.

Él me miraba de reojo, yo estaba entre Edward y Elizabeth. El señor Masen de pie a un lado. Protegiéndonos. Yo quería echarme a los brazos de papá y llenarlo de besos pero me asustaba verlo así.

—Recibí una carta del pueblo donde vivían— continuó mi abuela. –Que por cierto me envió este jovencito— señaló a mi novio. —Envié a un asesor antes y averigüé algunas cosas. Que tenías una hija y que tu casa estaba hipotecada. Y una noche de camino a ese pueblito perdimos el camino y pasé por una pequeña cabaña donde Bella estaba encerrada, llorando y llena de cenizas. Era una sirvienta. Sus ropas viejas, sus manos estropeadas. Así es como la encontré ¿Creías que la iba a dejar para que esas dos la siguieran haciendo sufrir?— le increpó.

Papá no dijo nada pero se veía confundido. Su semblante me decía que lo que le dijeron fue todo lo contrario.

—Charlie, tal vez te cueste creernos pero es cierto. Tu esposa no era buena con Bella. La maltrataba, por eso quisimos traerla con nosotros. En el pueblo pudimos llevarla algunos días a nuestra casa pero Amanda nos demandó y la encerró. Hasta que su abuela llegó no pudimos verla— dijo Elizabeth.

—La habríamos secuestrado de haber sido necesario—afirmó el señor Masen.

— ¿Es cierto eso?— Charlie me miraba como si no creyera lo que había oído.

—Es cierto, desde que te fuiste sufrí mucho. No sabía dónde estabas, entonces…— me detuve, no quería acusar a nadie.

—Cuéntale a tu padre lo que tenías que hacer— me animó Edward. —Yo veía cada día como les servías, cocinabas, limpiabas tú sola. Ni siquiera ibas a ir a la escuela…— escuché decir a Edward.

—Bella siempre ha sido muy laboriosa… ¿Qué hay con la escuela?— preguntó mi padre que aún parecía no creerle a nadie.

—Mi madrastra no quería enviarme a la escuela, yo hacía todas las cosas en casa porque no podíamos pagar a alguien que las haga…

—Pero si tenía una cuenta en el banco…suficiente para más de un año…

— ¿Papá dónde has estado?— le solté de pronto. Era lo que más quería saber. Imaginaba que cuando él volviera correría a sus brazos y me diría lo mucho que me extrañó no que llegaría a golpear a Edward.

—Es muy largo de contar Bella. Te lo diré todo cuando lleguemos a casa— me dijo más calmado.

—Yo no regresaré al pueblo— le dije con tristeza.

— ¿Qué?

—No vuelvo allá. Desde que te fuiste solo sufrí, no pienso volver con ellas, no me vas a obligar. ¡No quiero volver con esa mujer!— grité.

—Nadie te obligará pequeña— mi abuela me miraba con seguridad.

—Bella, si no volví antes fue porque me asaltaron en el camino. Me llevaron a California a trabajar en unas minas de oro. Cada día pensaba en ti pequeña. Logré escapar pero no tenía dinero y regresé como pude. Cuando llegué no te encontré, casi me vuelvo loco— dijo furioso.

—Y entonces creíste lo primero que te contaron esas dos víboras ¿verdad?— dijo mi abuela.

—Me dijeron que Edward se había propasado con Jessica y que te llevaba al bosque para… que huiste de casa y te fuiste a vivir con él en casa de sus padres— dijo muy fastidiado mi padre.

— ¿Y tu les creíste? ¿Acaso no sabes cómo soy? Me conoces desde que nací ¿Cómo pudiste creerles?— rompí a llorar, no me dolía tanto las calumnias que me levantaban pero mí el que papá les hubiese creído.

—Yo… sólo quería verte, recuperarte. No me importaba lo que haya pasado. No estaba molesto contigo sino con él— miró con furia a Edward. — ¿Es cierto que pasaron la noche en una cueva en el bosque?— mi padre tenía el seño fruncido.

—Es cierto— dijo Edward. –La encontré desmayada y llovía, no podíamos regresar a casa. Lo más sensato fue que pasáramos la noche allí— mi padre lo miraba con mucha rabia como queriendo golpearlo nuevamente.

— ¡Fue ella!— grite, no dejaría que nadie pensara mal de nosotros y menos por intrigas. –Tu esposa me dejó sola en el bosque. Me dijo que iríamos por leña y nunca regresó por mí. Me perdí, creí oír lobos y me asusté, me golpeé la cabeza y tropecé. Caí en un charco. Edward me rescató. Eso es lo que pasó. Cuando regresé a casa esa señora me golpeó, dijo que era… una sin... vergüenza, arribista…y…— callé no pude seguir hablando, Elizabeth me abrazó y me acurrucó en su pecho.

— ¿Te dijo todo eso?— preguntó mi padre asqueado.

—Y la mandó a dormir al establo— concluyó Edward.

— ¿Dormías con los animales?— papá estaba tan avergonzado.

—Debiste hablar primero Charlie, siempre has sido así de impulsivo, haces lo primero que te viene a la cabeza. Bueno ya la encontraste, todo lo que te dijeron es mentira. La verdad es que Bella está muy bien viviendo conmigo, tiene una gran casa, está cerca de los Masen, está estudiando y pronto la enviaré a la universidad— concluyó mi abuela.

—Pero… es mi hija. No puedo irme sin ella— suspiró mi padre.

—Creo que Bella y Charlie deben hablar un momento a solas— Elizabeth me acarició la cabeza y tomó de un brazo a Edward quien tenía un labio hinchado. Me miró con cariño y salió seguido de su padre. Mi abuela se puso de pie.

—Creo que necesito un té— caminó detrás de los Masen.

Sin pensarlo dos veces me puse de pie y corrí a abrazar a mi padre que me recibió con un fuerte abrazo. No me importó lo sucio que estaba, tenerlo otra vez conmigo era lo que pedía cada noche.

—Pequeña— dijo tomándome entre sus brazos –Te eché tanto de menos. Dime que vendrás conmigo— eso me hizo tensarme.

—Papá. No quiero irme, soy feliz aquí. Por favor, no me pidas que regrese, por favor— lo abracé más aún, rogándole que no me llevara. La ciudad empezaba a agradarme, Edward vivía aquí y mi abuela me adoraba.

—Bella. Perdóname por dudar de ti, por dejarte. Si hubiese sabido que te maltrataban. Pero esto no se quedará así, voy a pedirle cuentas a esa…

— ¿Te hicieron daño? ¿Te lastimaron? Allá en California— sólo pensar que estuvo meses sufriendo más que yo me apenaba.

—No mucho. Había días que no comía pero me las ingeniaba. Voy a presentar cargos contra esa gente, secuestran a las personas y las tratan como esclavos. Lo importante es que ahora te tengo. Si deseas vivir aquí comprendo, es una gran ciudad y hay escuelas. Es lo mejor para ti. Iré al pueblo unos días a arreglar algunos asuntos y volveré. Estaré donde tú estés mi pequeña— me daba besos en la cabeza.

—Pues en mi casa eres bien recibido, hay mucho lugar— mi abuela entró sonriendo.

—No quiero vivir arrimado— mi padre todavía estaba esquivo con ella.

—Dije que hay espacio no que te voy a mantener. Si lo que quieres es pagar por el lugar, no me opongo. Podrías hacerlo con tu trabajo, siempre necesito ayuda, somos solo tres chicas en esa gran casa, nos vendría bien un poco de protección— papá se relajó un poco.

—Gracias— dijo secamente.

—Ahora que todo está claro, pasemos a la mesa, la cena está servida, debes tener hambre Charlie— Elizabeth tenía el don de suavizar a la gente, sus modales sencillos y amables me hacían admirarla mucho.

La cena fue rápida, hablamos poco. Sólo el señor Masen aconsejaba a Charlie cómo presentar su demanda contra las mineras clandestinas de California. Luego nos marchamos a casa.

—Me alegra que hayas aparecido, Bella siempre te recordaba, ahora será completamente feliz— mi abuela Marie y papá eran más amistosos.

—Mañana iré al pueblo, volveré en unos días—le dijo papá

—Está bien, procura llegar antes de noche buena. Alice, y yo cuidaremos bien de Bella. Además su novio viene a verla a diario— sentí a mi lado que papá se crispaba.

— ¿Novio?— no sabía dónde mirar, mis mejillas se encendieron. ¿Por qué abuelita tenía que arruinar el momento? No es tu tuviera vergüenza de Edward pero sabía que a papá no le caería bien la noticia.

—Edward y yo somos novios papá— apenas pude sostener su dura mirada.

—Entonces…

—Es un joven muy educado, me agrada. Me ayudó a encontrar a mi nieta, sé que casi le cuesta la vida escribirme porque lo atropelló un coche. Rescató a Bella del bosque cuando tu mujer la dejó allí para que se perdiera. Trabaja ahora de voluntario en el hospital y pronto lo admitirán en la escuela de medicina. Y lo más importante, hace sonreír mi niña. Sí, me agrada mucho ese joven— con semejante alabanza a Edward mi padre no tuvo nada más que decir.

Papá se marchó a la mañana siguiente, todavía no digería bien eso del noviazgo. La abuela le había dado los papeles de nuestra casita del pueblo que mi madrastra había dejado empeñada en un banco.

Yo estaba más que feliz, había recuperado a mi padre, la navidad estaba muy cerca. Todo parecía ser perfecto.

Terminamos de arreglar la casa, sólo faltaban un par de días para la noche buena, papá escribió un telegrama diciendo que llegaría pasado mañana.