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21 enero 2013

VALKIRIA





VALKIRIA 
 
 RATED: T (mayores de 14 años)
GENERO: Fantasia / romance/drama
PAREJAS: Bella / Edward, Alice/Jasper, Rose/Emmett
 
Universos alterno - humanos, dioses.
 
Sumary:

"Amarás sólo a aquel que logre vencerte" fueron las últimas palabras que la Valkiria oyó antes de caer a la tierra. 

Condenada a vivir una vida mortal, Bella se convertira en la reina de Islandia, esperando acabar con aquel hombre que la profecia le señalaba. 
(Inspirado en una vieja leyenda) 
























Cap 22 Valkiria



CAPITULO 22

FINAL


ALICE
Jasper se encerró a redactar contratos y edictos, él era muy bueno en esas artes de la escritura. Elizabeth y yo salimos a buscar un bonito lugar para las ceremonias. Algo retirado y romántico.
Bella me dio que pensar al decidir que Emmett debía ser coronado lo más rápido posible, supongo yo que para que tome el valor de pedirle a Rosalie que se case con él… ¿O tal vez para cumplir el sueño de Rose de casarse con un rey? ¿O para que la rubia tenga menos poder en el gobierno de Islandia? Por lo que fuere, estaba bien, mientras ella y Emmett sean felices.
— ¿Te parece este un buen lugar? El clima ha mejorado mucho, no lloverá en varios días— me sonrió Elizabeth. Era una alegría verla nuevamente tan vital. Sus heridas fueron sanadas hace tiempo pero el no tener a su hijo cerca, no la había dejado mejorar, ahora que Edward había vuelto ella irradiaba vitalidad.
Me pregunto si Thor volverá a buscarla alguna vez. Ella ya no tenía la belleza de la juventud pero a cambio de eso los años le habían dado sabiduría. Creo que nunca sabré la respuesta.
—Si, es el lugar perfecto. Nosotros aquí, el ejército allá al oeste y toda la gente del pueblo detrás. Hay que hacer muchos arreglos, llamaré a Emmett para que me preste guerreros, necesitamos remover estas rocas, fabricar asientos para la gente, un gran altar, un lugar allá para los niños que nos cantarán. ¡Estoy tan feliz!— la abracé.
—Y yo. Soy feliz por mi hijo. Él ha crecido mucho, lo puedo ver pero es un buen hombre, gracias a Carlisle. Y tal vez con suerte pronto tenga nietos que criar y consentir, esa sería mi mayor alegría— dijo tomando algunas flores.
— ¿Qué te parece si llenamos todo el altar de flores? Y el suelo de pétalos, como su hubiesen caído del cielo— me imaginaba caminar hacia el altar sin zapatos por una senda de pétalos de flores blancas.
— ¡Divino! Quizás podríamos colocar los estandartes de cada uno de los reinos detrás del altar…— nos entretuvimos todo el día planeando la decoración. Y no pensé en nada más que en mi boda.
Pero había algo que me entristecía un poco. Apenas me case seré la reina de Burgundia y Bella la reina de Xantia. Ya no habrá más Bella y Alice. Sé que nuestra amistad nunca terminará pero viviremos separadas.
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EMMETT
El rey Jasper ordenó que el sastre real me confeccionara un traje de gala para la coronación. Voy a verme como un bufón vestido de seda. Eso no era para mí, yo quería luchas, combate, no gobernar.
Tal vez era la única forma de estar a la altura de Rosalie y poder pedir su mano. Siendo general yo no me atrevería, un rey, era otra cosa. Estaba seguro que Bella lo hizo para darme valor. Ella era la criatura más extraña que yo conocía, más que Alice. La enana es una loca pero Bella pensaba de forma muy compleja.
Rosalie… cuánto la amaba y no me podía creer que fuera correspondido. Ella me lo dijo, lo confesó. No veo la hora de poder hacerla mi esposa, mi reina.
—General, ya están listos los edictos, ¿Podría publicarlos en toda Islandia?— pidió el rey Jasper. Recibí los escritos muy orgulloso, en Islandia todo mundo sabía leer, hasta las mujeres y los niños. Eso no cambiaría cuando yo sea el nuevo rey, ya estaba haciendo planes para crear lugares de enseñanza especializada, como construir barcos, molinos, enormes graneros para el invierno. Debía preocuparme también por las mujeres, ellas no podía quedar relegadas a la crianza de los niños, si algo me había enseñado este tiempo con ella y Alice es que la mujer es tan o más inteligente que el hombre. Y algunas como mi reina, son fuertes. Los centros de enseñanza debían ser para todos. Me gustaría ver mujeres de Islandia navegando por el mundo. Serían las nuevas Valkirias.
—Hola Emmett— la reina, o casi ex reina, Rosalie paseaba por los jardines. No sabía que decirle. ¿Tomará a mal que le hable de nosotros? ¿Debo esperar a que su contrato matrimonial sea absuelto?
—Buen día mi reina— la saludé respetuosamente.
—Me alegra saber que pronto serás rey— sonrió. — ¿Qué estás haciendo?— preguntó mirando las gruesas hojas que tenía en mis manos.
—Gracias. Son edictos reales, todo el pueblo sabrá ahora las buenas nuevas— le mostré.
—Pero ¿Los habitantes aquí saben leer?— preguntó triste.
—Por supuesto. Aprenden desde niños, no somos un país bárbaro, en mi reino hay maestros que enseñan a leer, a escribir y algunas lenguas de tierra firme también.
— ¿Incluso las mujeres?
—Desde luego mi reina, si ellas no aprenden quien les enseñará en casa a los niños— sonreí al ver su expresión satisfecha.
—Sabes Emmett, creo que me gustaría quedarme a vivir aquí— por Odín, me estaba coqueteando. ¿Qué hago? ¿Qué le digo?
No soy hombre de romances, no sé cortejar, ni recitar poesía como los juglares. Lo mío es la guerra. Soy un guerrero que protege la paz. Pero el momento era propicio para el amor, lo sentía en mi corazón, lo sentía en los ojos azules que me miraban. Ella esperaba algo de mí, quizás eran altas sus expectativas, un ángel como ella debió haber inspirado cientos de poemas y canciones en todo el mundo. Y yo no tenía ni una sola joya que ofrecerle.
Saqué mi espada, me arrodillé y se la ofrecí con ambas manos.
—Mi amada Rosalie, mi ángel. Me arrodillo ante ti, acepta la espada que me acompañó en tantas batallas, como símbolo de mi rendición eterna. Te ofrezco mi armadura y mi coraza porque tú descubriste el verdadero hombre que hay en mí. Rendido ante ti te ofrezco lo que soy, mi amor y mi pasión, mi vida entera. ¿Aceptas ser mi esposa?— temblaba esperando su respuesta. Ni siquiera los vikingos me hicieron temblar así jamás.
—Acepto Emmett— respondió con una sonrisa, tomando mí arma. —Acepto al hombre, acepto al guerrero. No pido más que eso— me extendió una mano invitándome a tomarla y ponerme de pie.
Me aventuré a darle un beso para sellar el juramento que tácitamente acababa de hacerle. Por ella pelearía ahora, por ella quería un reino mejor.
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JASPER
Desde la ventana del despacho vi a mi hermana y a Emmett. Él la quería, estaba seguro que viviría para hacerla feliz. Un gran sentimiento de paz me llegó. Rosalie era mi única familia. Siempre viviría con el remordimiento de haber acabado con la vida de mi verdadero padre, James. Victoria también había muerto y con ellos se terminaron los malos tiempos.
Era hora de firmar las absoluciones de los contratos matrimoniales, de la coronación de Emmett como rey de Islandia y luego nuestros respectivos matrimonios. Y Alice estaría para siempre conmigo.
Edward y Bella despertaron unas horas después, tuve que hablar con los dos juntos ya que parecía que no podrían vivir separados ni un minuto del día. Los documentos quedaron listos, ya nada me unía a Bella y Edward ya no era más el esposo de mi hermana.
Dos días después asistimos a la coronación del general. El país entero festejaba, de todas partes vinieron trayendo alimentos, bebidas y música. Las mujeres, sobretodo, se veían radiantes.
Bella hizo los honores y le cedió la corona. En algo tuvo razón Victoria, después de todo, mi hermana sí se casaría con un rey.
Traté de hablar con Alice pero apenas le podía seguirle el paso, parecía un pequeño remolino de vitalidad. Corría de un lado a otro organizando las bodas. Creo que era mejor organizadora que yo. Y debía recordar darle un puesto importante en el gobierno de Burgundia, ella no era una mujer como las que yo conocía. No era sumisa, ni obedecía sin replicar.
—Tengo unos minutos ahora mismo Rosalie se está probando su vestido, debo ir a verla. ¿Dime mi amor?— me miró con sus pequeños y almendrados ojos.
—Te amo— le deje de corazón. Hasta ahora no lo había pronunciado tan formalmente. En su rostro se formó la más hermosa de las sonrisas.
—Como yo a ti— saltó ágilmente y se prendió de mí hasta lograr besarme. La tomé entre mis brazos, no veía la hora de estar juntos, tranquilos en mi palacio de Burgundia.
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ROSALIE
Caminaba tan feliz entre los jardines dónde conocí a Emmett no hace mucho. Hoy no hacía frío, la suave capa de hielo había desaparecido, pronto brotarían nuevas flores y plantas.
Mi sonrisa no se borraba, ni cuando dormía. Ya no tenía sobre mí ese terrible peso que antes llevaba. Había confesado mis culpas, Edward y Bella me habían perdonado. Emmett me confesó que me amaba y me pidió matrimonio de una forma que ni siquiera en libros jamás leí.
Y en unas horas sería su esposa y la reina de este lugar tan hermoso. Era frío y casi todo el tiempo estaba nublado pero me gustaba, por mi Emmett viviría hasta en una cueva.
—Flores para usted reina Rosalie— se acercaron unas niñas del pueblo.
—Gracias— las acepté y las pequeñas con cabelleras doradas corrieron jugando entre ellas. Sí, este era mi hogar, aquí vería crecer a mis hijos.
— ¡Rose!— era Emmett, había dejado su yelmo y su armadura, traía un traje hermoso de piel. Se veía tan bien.
— ¿Pasa algo?— pregunté cuando llegó hasta mí.
—Sí, sólo quería que sepas lo feliz que me haces, dentro de unas horas serás mi esposa y yo el hombre más afortunado del mundo— hablaba tan rápido que me eché a reír.
— ¡Emmett! ¡Aléjate de ella! ¡Ni un beso! ¡Nada!— gritó Alice que apareció caminando tan rápido como podía.
Sonreí al verla molesta, Emmett aprovechó para robarme un beso y salió corriendo.
—Ya sabía yo que esa corona no iba a hacerlo un hombre, aún es un niño. Aquí en Islandia es costumbre que los novios no se besen antes de la ceremonia, el mismo día de su boda. Pero el tontorrón ese me retó a que podía hacerlo, ahora no habrá quien lo detenga voy a decirle a Bella que le dé un escarmiento— me eché a reír otra vez. Ver a Emmett haciendo travesuras y a Alice molesta era algo insólito.
—Pero él es el rey— le dije todavía riéndome.
— ¡Un cuerno! Será el rey de las tonterías porque siempre está haciendo locuras. Voy a decirle a Bella porque amenazó con esconderle la ropa interior a Edward— no pude soportarlo más y otra vez reí. Ellos eran tan amigos, habían compartido muchas cosas en estos años. Ahora que se separarían seguro que Emmett las echaría de menos.
Espero que el tiempo nos vuelva a reunir alguna vez, como somos ahora. Amigos.
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EDWARD
Ver a Bella vestida en pieles blancas me trajo tantos recuerdos. Su sonrisa, su andar misterioso, toda ella hacía que el mundo se detuviera para mí. Caminaba junto a Alice y Rosalie pero mis ojos estaban en los suyos.
El suelo estaba cubierto con finos pétalos blancos, en los árboles a la entrada del bosque colgaban ramos de flores, cintas y algunos frutos.
Mi madre estaba en primera fila, todo el día anduvo tras de mí, vigilando que mi atuendo esté bien puesto, que mi corona esté pulida, incluso trató de peinarme. Yo sabía que quería recuperar los años perdidos. Habíamos pasado largas horas caminando mientras le contaba muchas de las cosas que me sucedieron con Carlisle. Se alegró mucho cuando supo que conocí a tía Esme en Avalon. Y me dio la idea de viajar con ella y Bella a esa isla misteriosa. Allí debía estar Carlisle, lo extrañaba mucho. Él es mi padre, quien me educó y me enseñó todo lo que sé.
Bella llegó a mi lado y todos los demás pensamientos que pudiera tener simplemente se esfumaron. Le ofrecí mi mano, con ella mi vida entera. Bella aceptó, sellamos formalmente nuestra unión en una ceremonia donde ninguno de los dos apartó los ojos del otro.
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BELLA
Pasamos una deliciosa noche de bodas pero no podíamos quedarnos más.
Mi tiempo aquí se había terminado yo debía irme con Edward, decidí seguirlo por el mundo.
 Dónde él me llevase sería feliz.
Alice y yo nos dimos un largo abrazo, ella y Jasper partirían en unos días a su reino.
—Burgundia no está tan lejos de Xantia, podré ir a visitarte— me aseguró.
—Mantén en armonía tu relación, tal vez a tu marido no le agrade que te alejes de tu reino— le sonreí.
— ¡No puedo creer que digas eso! ¿Ahora vas a ser una mujer sumisa?— me lanzó su mirada más burlona.
—Ahora tengo un Señor— contuve mis emociones.
— ¡Bella! Si, cuando vaya a visitarte te encuentro cocinando para tu marido, voy a armarte un escándalo— amenazó. –Somos fuertes, somos divinas, yo iré a verte cuando tenga ganas, ya quisiera ver si Jasper es capaz de detenerme— bufó.
—"Mi marido" es un dios Alice— le presumí.
—Semi dios. No sea que se le suba a la cabeza a Edward— estaba molesta.
—Amiga, tú sabes que no hay hombre ni dios sobre la tierra capaz de doblegarnos— sonreí. –Iré a verte y espero que vengas a visitarme tan seguido como puedas.
Despedirme de Alice fue de veras duro. Tendría que acostumbrarme a su ausencia pero me consolaba que ella sería mucho más feliz ahora que cuando vivíamos juntas.
Dejamos las costas de Islandia en una embarcación enorme. No pude evitar que una lágrima se me escapara. Y no era de tristeza, solo de añoranza. Por todo el tiempo que viví allí, por darme la oportunidad de vivir tantas cosas maravillosas.
Ser una mujer humana es lo mejor que pudieron darme los dioses. Una mujer con la capacidad de sentir tantas emociones y sentimientos. Porque el corazón de mujer que latía en mi pecho, ese corazón de guerrera, de amiga y amante era poderoso. Capaz de sostener un imperio y de amar sin medida.
Marchamos dos días con el ejército de Xantia, cada uno de sus integrantes me juraron lealtad después de mi boda con su rey. Y caminaban entonando canticos a para mí.

Larga vida nuestra hermosas reina,
Que los dioses le concedan
Vida eterna.
Con el corazón, nuestra devoción
Viva la reina de Xantia.
Señora y soberana
De nuestras almas y voluntades
Por ella combatimos
Por ella conquistamos

Las voces se perdían en el viento. Me halagaba que me hubieren aceptado cómo su reina, incluso al estar la madre de Edward presente, Elizabeth, quien antes fue su reina.

El ejercito continuó su camino a Xantia, dirigidos por el su general, nosotros nos dirigimos hacia Avalon, a visitar a aquel mago del que tanto me hablaba mi esposo. Elizabeth pasaría una buena temporada allí, al lado de su hermana.

En tres lunas regresaríamos Edward y yo al reino, no sin antes echar un vistazo al mundo, no con afán de conquista, ni expansión de territorio. No como un rey y una reina. Sólo Edward y Bella, el herrero y la guerrera.

El inicio del camino era fascinante, altos árboles a los lados, recodos pequeños que se bifurcaban. Cómo una nueva aventura que inicia, atrayente, incitante.

Una vez leí en un libro muy antiguo "Si no cuidas tus pasos no sabes hacia donde te arrastrarán", esperaba que podamos volver habiendo vivido suficientes hazañas, momentos sólo nuestros.

No volverían a llamarme Valkiria, no más ser la sombra de la muerte, amaba la vida, amaba el mundo y sus colores. El suave aroma del viento, la delicada forma de los copos de nieve, el verdor de los bosques y el calor de los amantes brazos de mi amado.

La vida en la tierra es hermosa, llena de esperanzas, de ilusiones y promesas. Ahora podía soñar con un futuro que no está escrito.
FIN


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Gracias por leer amigas.

PATITO 

Cap 21 Valkiria



CAPITULO 21

REGRESO

JASPER
Las cosas cada día se ponían peor. Hace casi una luna que ellos desaparecieron y no podía aún ordenar nada. Quiero creer que volverán, pero la vida sigue con sus problemas y sus guerras. Para eso necesito realizar el funeral de Edward y Bella pero Alice no me deja. Y tengo a todos los ejércitos acampando en las afueras del castillo.
El de Xantia llegó hace unos días y se niegan a marcharse sin su rey, el de Burgundia espera por mí y el de Islandia aguarda a su reina.
—No puedo dilatar más esto— convoqué a Emmett, Alice y Rosalie para deliberar. –Esperaré que sea luna llena y partiré con mi ejército, mis tierras están desprotegidas. Hay que decidir— quería que me ayudaran.
—Pues márchate si quieres— me retó Alice. Creí que me perdonaría pero ella cada día estaba más triste por Bella.
—Mi ejército y yo seguiremos en pie esperando por la reina, no permitiré que la des por muerta— exigió Emmett.
—Rosalie, tú eres la reina de Xantia— le dije buscando ayuda en mi hermana.
—He pedido la anulación de esa boda, y aunque no me sea concedida dudo mucho que el ejército me obedezca. Jasper, ellos no me han jurado fidelidad, me casé aquí y no en Xantia, ni siquiera me ven como su reina— suspiró.
—Al igual que ustedes quisiera creer que ellos volverán pero el tiempo corre, no podemos sentarnos a esperar por algo que no sabemos…
—Ellos volverán pronto, lo he visto— sonrió Alice de pronto que hacía rato estaba concentrada.
— ¿Cuándo es pronto?— pregunté.
—Pronto— dijo simplemente haciendo un lindo puchero.
—No puedo dirigir tres reinos con eso— empezaba a exasperarme
—Tú no dirigías este reino, ni el de Xantia. A duras penas te sentabas en tu trono de Burgundia— me retó nuevamente esa pequeña criatura. Me giré a verla, enfurecido pero no podía mantener esa postura por mucho, su rostro me desarmaba.
—Si para la luna llena no regresan, mi ejército y yo partiremos, eres libre de ir conmigo o quedarte Rosalie— mi hermana esbozó una leve sonrisa.
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ROSALIE
Alice y yo ahora nos llevábamos mejor. Ella me apoyó mucho cuando Victoria se suicidó, a pesar de todo Victoria fue mi nana por muchos años y siempre me cuidó. Ese anillo la volvió loca, dos días después que la encerraron amaneció colgada en su celda.
Lo que me entristecía era la lejanía de Emmett. Parecía siempre tan formal, ya no me hablaba como antes, ni sonreía cerca de mí. Algunas veces había creído ver cierta mirada de dolor pero se recomponía y se mostraba serio.
Me sentía fuera de lugar, en un reino que apenas conocía. Sola. No era nada fácil para mí. Necesitaba que Edward y Bella regresen para poner todo en claro. Y pedirles perdón a ambos por lo que hice.
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ALICE
El día de la luna llena, muy temprano me desperté al oír chapoteos en el lago. Debía estar casi congelado ¿Quién podría nadar allí?
Me asomé a la ventana para ver a mi amiga y a Edward saliendo de las aguas. Tomé dos mantas y bajé las escaleras mientras les avisaba a todos a voz en cuello.
— ¡Han vuelto! ¡Han vuelto!— estaba en los últimos escalones cuando me encontré a Jasper, se veía ojeroso y parecía haber pasado la noche en vela. Me tiré a sus brazos y sentí un ligero olor a alcohol.
—Alice— me miró con ternura. Estaba tan eufórica que le planté un beso en los labios, ya no me podía resistir más.
—Date prisa, han regresado no quiero que mi amiga muera de frio, le tiré una de mas mantas y lo apuré para a que me siguiera.
Los encontramos caminando abrazados y tiritando de frío.
— ¡Bella!— llegó corriendo Emmett con algunas pieles. –Parecen un par de aves remojadas, encenderé la chimenea principal— salió corriendo en dirección al salón.
—Bienvenidos— dijo Jasper muy formal al verlos de la mano, a pesar de haberlos casi envuelto en mantas y pieles ambos no se soltaban.
— ¿Esto es humor divino o simple distracción?— Edward miraba absorto a Bella, creo que ni se percató que estábamos a su lado.
—Creo que tu padre te ha jugado una buena broma— le contestó ella. — ¡Alice! Estoy tan feliz— me revolvió el cabello.
—Creímos que no volverían— Jasper seguía serio mirándolos sonreír.
—Sólo tu dudaste, yo te dije que regresarían— le sonreí y por fin logré que gesticulara un gesto agradable.
— ¿De qué hablan si nos fuimos hace apenas unas horas?— se quejó Edward terminando de envolver a Bella y abrazándola.
—Fue una luna que han estado ausentes— le corrigió Jasper.
— ¿Tanto? ¿Y mi madre?— preguntó Edward de vuelta.
—Le he dado hierbas para que descanse, estos últimos días ha estado algo intranquila— les sonreí.
Avanzamos en silencio, me apegué tanto como pude a Jasper para que quitara esa cara de solemnidad.
—Te vendría bien sonreír un poco— me miró por un momento y sonrió más ampliamente. –Eso es, deja de lado tus tontos prejuicios, sólo… disfruta— me ofreció su brazo el cual acepté gustosa.
Rosalie les servía unas bebidas calientes a los recién llegados, hasta Elizabeth se había levantado y bajaba las escaleras.
— ¿Edward?— lo miraba expectante.
—Mamá— miré hacia otro lado porque no quería llorar, siempre me emocionan los encuentros y las despedidas.
—Alice… yo, te pido que me perdones…— mi rey se veía hermoso cuando hablaba de corazón.
—No hay nada que perdonar, entiendo, estuvo mal lo que hiciste pero he tratado de comprender tu actitud.
—Alice, cásate conmigo, quiero que seas mi reina— sino me hubiera tomado de la mano me desmayaba, sólo necesitaba una última prueba para saber si su amor por mí era más grande que el amor por sí mismo.
—Sólo si dejas tu reino. Abdica y seré tu esposa— se quedó mudo por un momento, bajó la mirada pero no vi que dudara. Pronto me miró.
—No voy a perderte otra vez. Si quieres vivir en un bosque o en una montaña te seguiré— lo abracé con todas mis fuerzas. Sí me amaba.
—No es necesario, acepto casarme contigo…— creo que lo dije demasiado alto porque escuché a Emmett reír.
— ¿He oído bien? ¿Te vas a casar con mi esposo?— Bella se acercó muy seria pero a unos pasos de nosotros sonrió, me solté de Jasper y corrí hacia ella.
—Lo siento amiga, así son las cosas ¿Me da permiso?— le hice caritas.
—Claro que si, tenía algo que decirte pero… ya no lo recuerdo— dijo tratando de hacer memoria.
— ¿Ahora si nos van a explicar a donde fueron?— preguntó Emmett.
—No… no lo sé— Edward estaba algo aturdido.
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EMMETT
Había evitado a Rosalie todo este tiempo. No podía dejar que mis sentimientos se hicieran evidentes. Ella era una mujer casada. Y Edward era mi amigo.
Jasper estaba decidido a irse. No sabía qué hacer, yo le era fiel a mi reina, no permitiría que el ejército de Islandia siguiera a Jasper. Cómo tampoco le permitiría que toque una sola de las joyas del reino. Así me cueste la vida.
Alice decía que Edward y Bella volverían pero yo tenía mis dudas. Vi a Edward muerto, sé que los dioses lo pueden todo pero el tiempo pasaba y ellos no volvían, le creo a la enana pero soy un hombre práctico. Esperaría a la luna nueva para decidir.
Una noche en que no podía dormir escuché que algo era arrojado al lago, me levanté de la cama para observar. Cuál sería mi sorpresa al ver a mi reina y a Edward tomados de la mano, empapados. De inmediato tomé todas las pieles que pude y salí a recibirlos. Alice también corría como yo a ayudarlos.
Después de hacerlos entrar en el salón encendí la chimenea, mientras escuchaba los cuchicheos de Alice y Jasper. Era evidente que ese par se amaba. Me habría escandalizado que el rey estuviera enamorado de la enana sino tuviera la certeza que mi reina estaba enamorada de Edward. Pero Edward estaba casado con Rosalie, la mujer que yo amaba. Todo era un enredo. Apenas entendía lo que pasaba, no quería razonarlo porque mi cabeza iba a explotar.
— ¿Ahora si nos van a explicar a donde fueron?— les pregunté a los recién llegados.
A mí esto de la magia no me convence. Sé que mis señoras de Islandia son seres divinos, nunca les pregunté de dónde venían, esa no era mi labor. Yo era una máquina de guerra, no un sabio. Seguía órdenes, pocas veces me vi en este dilema no saber qué hacer.
Lo que me faltaba, ni Edward ni Bella recordaban dónde estuvieron. O no lo querían decir.
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EDWARD
Después de llegar a Islandia, mi mente se nubló. Los recuerdos en la morada de los dioses se fueron volviendo cada vez más tenues. Mientras más trataba de recordar menos podía.
Tenía a Bella a mi lado y eso era suficiente. Debíamos poner todo en orden para poder vivir nuestras vidas. Ahora que había recuperado mis recuerdos con Bella, nada me alejaría de su lado.
—Los dioses han velado nuestros recuerdos— respondió Bella a las múltiples preguntas.
—Lo más importante ahora es aclarar lo que sucede aquí— los mire uno a uno. Mi madre se sentó e hizo señas para que todos la siguiéramos.
—Sé que sois jóvenes, incluso ustedes— miró a Alice y a Bella. —Jóvenes en cuanto a sus sentimientos. Si algo me ha enseñado la vida es que si ocultas algo te arriesgas a una larga cadena de mentiras— Rosalie sollozó. Todos volteamos a mirarla.
—Yo debo hablar primero— se adelantó. Me miró con algo de miedo. –Jasper y Edward ya lo saben, yo se los confesé— ahora era a Bella a quien miraba. –Yo… yo le di a Edward una poción para que me amara. Victoria, mi nana, la preparó— Bella la miraba tranquila.
—Malditas brujas— gritó Alice. Jasper la miró. –Tú no sabes cómo Bella esperaba a Edward. Y cuando llegó ni siquiera la reconocía, siempre pensamos que ustedes dos se habían confabulado— nos acusó.
—Alice, deja que Rosalie termine de hablar— pidió Bella.
—Gracias. Debía darle la poción cada noche pero dejé de hacerlo y Edward empezó a recordar. Yo no quería que estuviese conmigo por un bebedizo, no era mi intención hacerlo olvidar, sólo quería ser reina— Rosalie se echo a llorar.
—Creo que todos hemos callado, ocultado, mentido o fingido. Es cierto, yo creí que Edward me había usado. Lo reconocí cuando me venció suplantando a Jasper y por despecho acepté casarme— reconoció Bella.
—Reconozco mi parte de culpa. Vine a este reino un día, fingiendo ser otra persona. Y luego regresé con una artimaña para hacerme de la corona. Yo actué por ambición— confesó Jasper.
—No será fácil empezar otra vez, después de todo lo que hemos hecho. Pero estamos juntos y tenemos una nueva oportunidad— Alice nos sonrió. –Vamos, debemos ser sinceros, no debe haber más secretos entre nosotros. ¿Emmett tú tienes algo que confesar o estás aquí nada más de relleno?— retó al general.
— ¿Qué? Bueno, yo amo a la reina Rosalie. Y soy un tonto por hacerlo. Perdóneme mi reina Bella, sé que es la hermana del rey Jasper y está casada con el rey de Xantia que está enamorado de usted— Alice y Bella rieron al ver a Emmett tan confundido. Rosalie bajó la mirada.
—Emmett, gracias por confesar algo tan importante— le sonrió Bella. –Tienes razón, yo amo a Edward y él me ama a mí. Alice ama a Jasper y creo que él también la ama. Pero no sabemos los sentimientos de Rosalie. Por eso debemos ser cautos— Bella habló con dulzura.
Todos miramos a Rosalie, quien sin decir nada se acercó a Emmett y tomó su mano.
—Tus sentimientos son correspondidos Emmett— Todos nos miramos felices.
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ALICE
Saltaría de felicidad por todo el palacio si Jasper no me tuviera de la mano. Nuestros sentimientos estaban claros para todos. Tenía razón Elizabeth si se oculta algo luego no podemos parar las mentiras. Ya no me iba a callar nada.
—Entonces ¿Qué haremos?— pregunté. — ¿Cada oveja con su pareja?—les sonreí.
—No es tan fácil pequeña— Jasper volvía a ser el mismo aburrido. Esa cara de solemnidad se la iba a quitar pronto. —Las decisiones que tomemos afectan a varios reinos. Debemos ser cautos y actuar prudentemente— ¿Pero qué le pasaba? Un minuto me dice que dejará su reino por mí y al siguiente que hay que ser prudentes. Después de todo lo que pasó, al diablo con la prudencia.
—Sí es fácil. Edward ama a Bella y ella a él. ¿No te diste cuenta que casi mueren por negar eso?
—Amor, no me refiero eso. Los sentimientos son innegables, yo estaba hablando de…
— ¡Poder!— lo interrumpió Bella. —Poder, riquezas, ejército, alianzas… no debes juzgarlo Alice. Jasper no sólo piensa en lo que siente, sino en lo que le ocurrirá todo su reino. Eso es lo que diferencia a un buen rey. Lo sé porque también me preocupa cada uno de los habitantes de Islandia— que tal lección me dieron ambos. No debía ser tan egoísta. Tenían razón.
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BELLA
Nos tocaba ahora decidir lo que sería mejor para todos y eso incluía los habitantes de los tres reinos en juego. No podíamos ser infantiles y actuar como si fuésemos a repartirnos un pastel.
—Edward y yo nos iremos por un tiempo— lo miré esperando que confirmara lo que dije. Necesitaba un largo tiempo con él. Viajando por el mundo, conociendo todo aquello que me había perdido en estos años. Mi general sabría reemplazarme.
—Sí que lo necesitamos, el mundo es un lugar enorme y queremos conocerlo— dijo mirándome. Le sonreí, parecía que leía mi mente. Estar con él libre de la responsabilidad de un reino era todo lo que quería en este momento.
—Xantia e Islandia no pueden quedar sin reyes— nos hizo ver Jasper.
—Yo no pienso volver a gobernar Islandia, mi parte aquí ha terminado. El general será un excelente rey, estoy segura— la cara de Emmett no tenía precio.
— ¿Qué? No, no…— mi gran amigo, quien sin preguntar jamás me siguió en cuanta batalla inicié, era el indicado para ser el nuevo rey. Era mi mano derecha en el gobierno del reino, quién mejor que él para ocupar mi lugar.
—Jasper ¿Podrías hacerte cargo de Xantia unos meses?— preguntó Edward.
—Se los debo a ambos. Bella, perdóname por todo lo que te hice pasar, por las mentiras y las discusiones, espero que me aceptes, como un hermano— sonrió. Sólo ver la enorme sonrisa de Alice también me hizo sonreír. Si Jasper la hacía feliz, aprendería a quererlo como un hermano y a respetarlo.
—Podemos ser hermanos, pero si vuelves a lastimar a Alice te colgaré de la torre más alta de tu castillo— le sonreí pero él no pareció disfrutar la broma, Alice en cambio soltó una fuerte carcajada y Edward ahogó la suya.
— ¿Yo rey? ¿Yo? Pero, pero…— Emmett seguía sin podérselo creer.
— ¡General! Asumirá el reinado de Islandia, es una orden— le dije con firmeza, creo que a mi gran amigo no debía darle mucho a pensar.
— ¡Sí señora!— se levantó haciéndome una reverencia.
—Tranquilo grandote, serás un gran rey— lo alentó Alice.
—Estoy seguro de ello— Edward fue a felicitarlo.
—Pero… y la reina y Alice. No quiero quedarme sólo— Emmett parecía triste.
—Yo no te dejaré solo— Rosalie se acercó un poco a él. Parecía tan tímida.
Emmett sonrió. Qué bueno que por fin entendía. Edward y yo necesitábamos viajar un poco ya luego regresaríamos a hacernos cargo de Xantia, Jasper y Alice serían los reyes de Burgundia y mi general tendría un reino que gobernar. Y estaba segura que lo haría muy bien.
—Edward y Bella necesitan dormir un poco, creo que empezaré los arreglos para las nuevas uniones. Hay papeles que firmar, contratos que anular y muchos decretos que hacer públicos— por primera vez vi una sonrisa genuina en el rostro de Jasper. Alice quería saltar de alegría.
— ¿Nuevas uniones?— Emmett parecía sorprendido nuevamente. Sí que algunos hombres eran lentos, mi general podía derrotar a cinco hombres juntos en lucha cuerpo a cuerpo pero no podía procesar una idea. Y dudo mucho que tuviera el valor de pedirle matrimonio a Rosalie.
—La coronación de Emmett va primero, luego lo demás— ordené. Tomé a Edward de una mano y lo arrastré escaleras arriba. Estaba muy cansada, ir y volver de la morada de los dioses no era un viajecillo simple.

Cap 20 Valkiria



CAPITULO 20

ASGARD

La luz de la tierra se extinguió para ellos y fueron llevados a Asgard, la morada de los dioses, Thor no podía dejar un hijo suyo morir como un mortal.
La mano de Edward no soltaba la de Bella, sus cuerpos humanos ahora resplandecían. Todas sus heridas fueron sanadas.
Bella reconoció aquel lugar y se estremeció, había añorado su hogar muchas veces pero no quería alejarse jamás de su amado.
—Los he traído aquí porque estaban a punto de morir, voy contra todas las reglas de los Aesir, pero quiero saber la verdad— el dios del trueno y la guerra se veía resplandeciente con su armadura de oro, sus cabellos largos y dorados brillaban más que su piel.
—Edward es su hijo oh gran dios— Bella se inclinó ante él, todavía recordaba cómo dirigirse a los inmortales con más rango que ella.
— ¿Eso es cierto?— preguntó Edward.
—Sí. Tu madre me lo dijo en el mar del norte.
— ¿Fuiste a buscar a mi madre?— Edward no dejaba de mirar a Bella, lo que causó exasperación en el gran dios.
— ¿Cómo es que no sabía nada de ella? Había desaparecido del mundo, la busque muchas veces— Thor caminaba de un lado al otro.
—Los vikingos la mantuvieron encerrada todos estos años en el castillo Maldoror.
— ¿Las ruinas malditas? ¿Por qué?
—El rey de ese lugar, Aro, dijo que fue por encargo de Odín— confesó Bella
— ¿Mi padre? ¿Mi padre sabía que una mortal tuvo un hijo mío?
—No lo sé gran dios. Sólo sé que… Odín trató de acabar con la vida de Elizabeth hace muchos años—Bella sentía la necesidad de decir todo lo que sabía pero debía ser cauta, los dioses nórdicos son extremadamente temperamentales
—No es posible. ¡No!— gritó el dios.
—De eso puedo dar fe. Yo estuve allí— dijo Bella.
— ¿Y quién eres tú?— dijo el dios.
—Soy Brunild— Bella se sorprendió de recordar su verdadero nombre. Thor la miró detenidamente y recordó aquel rostro, él mismo había presidido su juicio.
— ¿Brunild? Te condené por desobedecer a mi padre…
—Odín me ordenó matar a Elizabeth—Bella seguía con la mirada baja.
Thor lanzó un grito terrible, Bella se estremeció pero se mantuvo quieta. Edward la abrazó, no sabía lo que pasaba ni qué hacía allí. Él solo esperaba la muerte no ir a un lugar tan extraño.
El gran dios salió a grandes zancadas de la estancia.
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BELLA
Cuando mis ojos se abrieron a la luz, sentí un brillo conocido. Había regresado. Estaba en Asgard.
Y recordé quien era, cada pedazo de mi vida inmortal nuevamente me fue restaurado.
Thor no me creía, y Edward estaba confundido, No quería que esto inicie una pelea de dimensiones colosales, debíamos ser cautelosos para mantener la paz en el mundo. Lo que ocurre aquí afecta a los hombres de alguna manera. Y Thor era el hijo favorito de Odín, no podía volverse contra su padre.
—Bella— dijo Edward mirándome. — ¿No eres Bella aquí cierto?— sonrió.
—No. Aquí solían llamarme por otro nombre.
— ¿Brunild?— dijo el suavemente. Su piel brillaba como la mía, tenía el aura de la inmortalidad con él. –No importa cómo te llamen, para mí siempre serás mi amor— besó mi frente y me abracé a él.
—Tú también— le confesé.
—Estoy perdido, no entiendo que pasa. ¿Ese era el dios Thor? ¿Y… es mi padre?— preguntó escéptico.
—Sí. Fui a buscar a tu madre, Alice dijo que la muerte se aproximaba a ti y solo Elizabeth podía detenerla.
—Pero, era un viaje peligroso.
—No para mí. No fue difícil dar con ella, lo que resultó casi imposible fue llegar a Islandia. Algo parecía detener nuestro viaje.
— ¿Mamá está bien?— preguntó.
—Sí. Te extraña y te ama— lo mire sonreír.
—Quisiera verla. ¿Qué pasará ahora con nosotros?— preguntó.
—No lo sé. Creo que pasaremos un rato aquí, puede que demore un poco, el tiempo no es como en la tierra, y será decisión de los dioses. Thor es temperamental, Odín es… a veces se enfurece. Tendrán que deliberar. No debemos exasperarlos. Debemos mantener un perfil bajo y obedecer— le aconsejé.
—Yo no voy a permitir que me separen de ti— dijo.
—Debemos esperar— le aconsejé, sonreí, Edward tenía el mismo temperamento de sus antecesoras.
Caminamos por los jardines de Valaskjálf, y llegamos a mi antigua morada en Vingólf, todo estaba como lo dejé.
— ¿Pasaremos la noche aquí?— preguntó Edward y sonreí.
—Aquí no hay día ni noche, nadie duerme, no necesitan descansar.
— ¿Y cómo pasan el tiempo?
—Cada uno tiene su misión. Yo solía encárgame de las valkirias, íbamos al Valhala y esperábamos. El hada de la muerte nos avisaba de los guerreros caídos, bajábamos a la tierra por ellos, eran los que brillaban en los campos de batalla. Recogíamos sus almas y las traíamos al castillo de las 540 puertas. Allí eran curados y cuidados por otras valkirias. Así en un interminable ciclo.
— ¿Y Alice?— pregunto.
—Ella vivía en las raíces de Yggdrasil, junto a las demás nornas videntes.
—Recuerdo que me hablaste de ese árbol, me gustaría verlo— sonrió. – ¿Podemos ir?
—Mientras no nos lo prohíban, podemos.
— ¿Por qué crees que mi padre no buscó a mamá?— me preguntó.
— ¿Cómo buscas una aguja en un pajar?— respondí. Él soltó una carcajada.
—Por favor… no más acertijos.
—Es difícil para mí explicarte eso de manera sencilla. Hay nueve mundos interconectados por Yggdrasil, el mundo de los hombres es uno de ellos. Los dioses se mueven entre esos mundos con libertad. Y así cómo en la tierra hay mucho trabajo en cada uno de ellos. Cada uno tiene sus guerras, sus muertos y sus problemas. El tiempo aquí no se mide igual que en Islandia. Además el castillo de Maldoror es un lugar siniestro, hace mucho tiempo algunos seres del mundo de los muertos lograron llegar al de los humanos y se mantenían entre ellos bebiendo su sangre. Por eso fueron encerrados en ese castillo y quemados. No es un lugar dónde se buscaría a una dama.
—Pareces saber mucho, ¿tus recuerdos han vuelo?— me preguntó.
—Al igual que los tuyos.
Escuché retumbar el cielo e instintivamente me arrodillé. Edward hizo lo mismo que yo.
— ¿Qué pasa?
—Ha llegado Odín, debemos mantenernos cerca y esperar a que seamos llamados— nos levantamos y permanecimos cerca de las puertas del castillo.
Muchas valkirias pasaban a nuestro lado, pronto los dioses empezaron a llegar. Edward se sentía perdido.
—Las mujeres que has visto entrar son valkirias como yo— le dije.
—Pero ninguna te habla, ni te mira.
—Mientras no me muestre ni pronuncie mi nombre no me reconocerán. Pero a ti si te han mirado— le sonreí.
¿Esos que viene por allá?— preguntó.
—Esos son Baldr y Tyr, hijos de Odín.
— ¿Tyr el dios del combate?—preguntó entusiasmado Edward.
—Sí, y a su lado está Baldr, el dios de la belleza, él es muy gentil— Edward ahogó un gruñido.
—Detrás de ellos vienen Bragi el dios de la sabiduría, Heimdall el guardián de los dioses, Höðr el dios ciego, Vidar el que resuelve los conflictos, Váli es el dios de los arqueros, Ull el dios del combate cuerpo a cuerpo, Forseti el dios de la amistad y el último que sonríe a todo mundo y tiene cara de hipócrita es Loki el más intrigante, caprichoso pero es el dios de la suerte—Edward sonreía.
—Esto es mejor que una clase con Carlisle, cuando le cuente me va a envidiar— sonrió.
—Edward. No sabemos si vamos a volver.
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EDWARD
—No sabemos si vamos a volver— miré a Bella y por primera vez sentí preocupación. Todo era nuevo en este mundo. Pero no tener la certeza de nada me hizo sentir extraño. Perdido y fuera de lugar.
Algunas diosas pasaron a nuestro lado pero ya no prestaba atención, ¿Qué nos sucedería? ¿A dónde nos enviarían? ¿Y si nos obligaban a quedarnos? Este era el lugar de Bella, su hogar. Era yo el intruso, por mucha sangre de Thor que lleve en mis venas, yo pertenezco al mundo de los hombres.
Bella me llevó suavemente hacia adelante, a otro magnífico salón muy alto y con techos de plata. Allí en el centro estaba el señor de todos los dioses.
Odín era enorme, con una frondosa barba y vestido con una capa azul. Me atreví a elevar un poco la vista. No tenía un ojo, las leyendas eran ciertas. Dos cuervos uno a cada lado de sus hombros nos miraban fijamente
—Algo muy importante debe ser para que soliciten mi presencia con tanto apuro, me encontraba en la tierra de los elfos. ¿Thor?— preguntó mirando a su hijo.
—Eventos inesperados han ocurrido. Fui llamado al mundo de los hombres para enterarme que tengo un hijo… mitad humano.
— ¿Un hijo? No es posible, los dioses no nos mezclamos con mortales.
—Lo he traído a aquí para comprobar si es cierto— Thor nos señaló y Odín después de mirarnos se dirigió a los demás.
—Valkirias, regresad a sus labores, sólo los Aesir pueden permanecer en esta sala— su voz era firme pero no autoritaria, emanaba una seguridad paternal. –Te escucho hijo— miraba a Thor quien no se veía furioso ahora.
—En uno de mis viajes a la tierra, entoné una melodía y una mortal la escuchó.
—Los mortales no oyen nuestra voz— lo corrigió Odín.
—Ella lo hizo y cantó para mí. La visité dos veces. Luego la busqué en repetidas ocasiones pero no la pude hallar. Asumí que había ido al mundo de los muertos y no la volví a ver. Hace poco, oí su llamado. Me anunció que tenía un hijo mío a punto de morir. Estaba en una barca fúnebre pero no había pasado el umbral aún. Lo he traído para comprobar si es cierto— Thor parecía calmado.
—La comprobación es fácil. Pero ningún mortal puede pisar las tierras de los dioses, eso lo sabes bien hijo mío.
—Lo sé padre. Pero él no es del todo mortal.
—No lo trajiste sólo por lo que veo. La dama a su lado debe desaparecer, llevadla al mundo de los muertos— ordenó. Yo tomé a Bella de un brazo y la aferré a mí.
—Lo curioso Padre es, que la dama que vino con él fue antes la que gobernaba tu hueste de valkirias— Thor se mostraba ahora escéptico. Odín avanzó hacia nosotros Bella me soltó la mano y se arrodilló.
— ¿Brunild?— su voz era algo más cargada de emociones.
—Mi señor—saludó Bella.
—Ella es una desterrada— soltó Odín.
—Lo sé padre, yo mismo presidí ese juicio. Desterrada por desobedecerte ¿cierto?
—Le di una orden directa y se negó a obedecer.
— ¿Es cierto que le ordenaste matar a una mujer?— preguntó Thor.
—Era una bruja, una descendiente de la luna, del reino de las hadas, no era humana— gruñó Odín.
—Era humana, se llama Elizabeth y fue la mujer a quien amé—
Odín se quedó pensando sacó una daga de sus vestiduras y se acercó a nosotros. Instintivamente puse a Bella detrás de mí.
—Vamos a probar en primer lugar si eres lo que dicen— me ofreció su mano. Elevé la mía sin tocarlo, más arriba de mi muñeca, en mi antebrazo hizo un corte perfectamente recto. La sangre apareció, viscosa y extraña como siempre. Cuando era niño y Carlisle me llevó a una de las Galias mientras jugaba con unos niños caímos. Todos tenían una sangre roja brillante mientras que la mía era más oscura y parecía negruzca. Muchos se rieron y me decían que tenía sangre de jabalí.
—Tiene el color adecuado. Pero esta piel es extraña, ¿sangre de Dragón?—me preguntó.
—Fafnir— dije con seguridad. Él sonrió.
—No es del todo humano. Puede permanecer aquí si eso es lo que deseas hijo— miró a Thor.
—Yo no me separaré de Bella— dije con firmeza. Odín se giró a verme.
— ¿Bella? Ah, Brunild. Pues ella va a tener que volver, tú sin embargo eres de mi casta, te quiero peleando conmigo— su voz era suave.
—Sólo pelearé por ella—dije tratando de no mostrar emociones en mi hablar.
—Padre, te he respetado y obedecido siempre. Jamás me he enfrentado a ti ni he desafiado tu poder. Si él es mi hijo ¿Por qué trataste de matarlo?— Thor avanzó unos pasos.
—Yo jamás he tratado de matar a tu hijo, ni siquiera sabía que habías amado a una humana. Esa mujer había incitado a los hombres a servir a las hadas, era la esposa de un rey pagano, organizaba orgías— Odín empezaba a enfurecerse.
—Elizabeth era pura cuando la tomé— Thor habló con nostalgia.
—Actué por un llamado, encontré un castillo en llamas producto de una orgía, eso debía ser arrasado. Loky me ayudó…— Odín se giró de pronto a mirar a uno de los dioses que nos miraba de forma divertida. – ¿Tú sabías esto?— el suelo retumbó ante esa pregunta. Loky también tembló pero no perdió el buen humor.
—Quizás solo un poco— dijo con voz ligera.
— ¿Sabías que tenía un hijo en la tierra?— lo encaró Thor.
—Eres muy predecible amigo. Oíste un canto y caíste como un hombre. Quise ayudar a que esto no se vuelva contra ti. Pero ella no obedeció— señaló a Bella.
—Tú sabías todo. Fuiste quien decidió el castigo de Brunild—Thor no salía de su asombro. —Elizabeth estuvo todo este tiempo encerrada en Maldoror ¿fuiste tú quien la mantuvo allí?
— ¿Cómo podría?, yo he estado aquí por mucho tiempo— dijo con despreocupación.
—Aro, el rey y vidente de los vikingos de esa zona me dijo que Odín le pidió mantener a Elizabeth en el castillo— habló Bella con una voz suave y serena.
—Yo no le ordené aquello ¿Loky?— el aludido pegó un salto.
— ¿No era bueno que Thor vuelva a visitar a esa dama verdad?— dijo el dios irreverente.
—Has actuado en un tema delicado sin consultar a nadie, has ocultado información y has puesto la vida de uno de mis descendientes en peligro. Te ordeno que permanezcas en Niflheim el reino del frio y la nieve por una temporada, muy larga. No quiero verte por aquí— gritó Odín.
—Lo que usted diga mi señor— Loky hizo una reverencia pero no se movió.
—Gran dios— dijo Bella titubeante.
—Serás restaurada a tu antiguo cargo, desobedeciste pero salvaste con ello la vida del hijo de mi hijo—Empecé a desesperarme, si Bella era otra vez una Valkiria no podría estar conmigo. Aunque tal vez eso a ella le gustaría.
—Gracias. Pero tengo algo más que informarle mi señor. A mi destierro me acompañó la más joven de las nornas, por voluntad propia. Ella recordó hace poco su ultima profecía a cerca del Ragnarok "El fin está cerca. Un híbrido será el único que pueda derrotar al gran dios, una mezcla de sangres reales una criatura invencible, al que nada traspase. Sin corazón y sin alma. Llegará el día en el que la Tierra y el Mundo de los Dioses sean uno solo. Y todo arderá, todo arderá— Bella recitó los versos con una dulzura que jamás le oí, parecía que quería quitarle importancia a su revelación.
—Lo he escuchado antes— dijo Odín sin demora. –Estoy al tanto de cada una de las profecías, hasta de la más pequeña de mis nornas— él sonrió un poco.
—Si gran dios. Pero ella, me reveló también que Angrboda dejó Asgard llevando el hijo de un dios en sus entrañas— Odín la miró ofuscado.
—Eso es… una verdadera revelación— entonces vi a Loky abandonar la sala, nadie más se percató de eso. —Heimdall, te encomiendo a ti que localices a esa giganta, parte inmediatamente en su búsqueda— ordenó Odín, el dios hizo una reverencia y se marchó presuroso.
—Padre, en vista que se ha probado mi familiaridad con este joven, quisiera decidir sobre sus destino y el de su compañera— Thor se adelantó mientras que Odín permanecía pensando.
—Está bien. Que tu juicio sea respetado. Hay mucho que restaurar aquí— dio unos pasos hacia adelante y posó su pesada mano en uno de mis hombros.
—Me hubiera gustado combatir a tu lado, pero estoy seguro que no hay nada en el cielo o en la tierra que te obligue a hacer aquello que no deseas— me sonrió y salió presuroso seguido por una gran legión de dioses.
En aquella sala de descomunales proporciones solo quedamos Thor, Bella y yo.
—Podría devolverte tú anterior puesto así como a tu amiga— empezó Thor mirando a Bella. –Pero creo que lo rechazaras— esperaba una respuesta.
—Gracias señor de los rayos, pero mi lealtad ya no está con los Aesir ahora— dijo ella sonriendo.
—Puedo notarlo. Entonces es a ti a quien debo preguntar, hijo mío. ¿Deseas quedarte aquí, en la morada de los dioses o regresar al mundo de los hombres? No decidas por las ataduras, tu madre está bien ya me encargué de ello. Asgard te ofrece múltiples oportunidades y un lugar especial para ser recordado por los hombres. Yo te enseñaría a usar los elementos y a dirigir el curso de los diversos mundos. En la tierra sin embargo serías libre de elegir tu camino, cada hombre tiene esa facultad, pero es una vida corta— Sentí la mano de Bella sujetar con más fuerza la mía.
—No tengo que pensarlo— dije decididamente.
—Es tu parte humana la que habla con premura pero a veces nuestros primeros impulsos son los correctos— miré a Bella que me sonreía.
—Decidimos vivir esa corta e intensa vida humana, no más, no menos— Thor sonrió.
—Lamentablemente deberé quitar sus memorias antes de volverlos a la tierra — me sobresalté. –Calma, hay fuerzas contra las que no se puede luchar ni con magia, sólo perderán el recuerdo de lo que presenciaron aquí— asentí, era lo justo. –Los dejaré, exactamente en el lugar que los encontré— me giré hacia Bella y le tomé ambas manos, su sonrisa me decía que había hecho lo correcto.
Fuimos otra vez envueltos por una blanca nube, en ningún momento cerré los ojos y no los aparté de la mujer que amaba con toda el alma.
Pronto sentí un frío penetrante
¿Había dicho en el lugar que los encontré?

Cap 19 Valkiria



CAPITULO 19

DESENLACE

ROSALIE
Victoria había regresado esta mañana, me asusté y permanecí en mi habitación. Por la noche llamó a mi puerta.
—Mi niña por favor, háblame, te necesito— dijo lastimeramente. Le abrí aún con miedo.
— ¿Si?— dije abriendo sólo un poco mi puerta. Se veía demacrada y llorosa.
—Rossi, es mi James— la dejé pasar porque estaba realmente mal.
— ¿Qué le pasa?— dije preocupada, James siempre había sido muy bueno conmigo.
—Ha muerto— dijo ella.
— ¿Qué le ha pasado? ¿Dónde está?— salí a la puerta.
—Allá en las tierras bajas.
— ¿Cómo lo sabes? ¿Ha llegado un mensajero?— pregunté.
—Lo sé. Lo he visto. Fue tu hermano, Jazzi lo mató— gimió.
— ¿Cómo que lo viste? Jasper no haría tal cosa, James es nuestro general y nuestro protector, mi hermano jamás lo mataría. Cómo puedes decir tal cosa— grité.
—Yo lo veo todo Rossi. Y tú deberías aprender a hacer lo mismo. Tu hermano ha mostrado que es fuerte a pesar de todo. Pero tú eres la que me preocupa. Encerrada en este castillo, tan hermosa. Puedes tener al mundo a tus pies si sólo lo intentaras— me alejé de ella.
—Yo sólo quiero regresar a Burgundia, a mi casa. No quiero nada más. Volveré con Jasper a nuestro castillo y expiaré mis culpas, ya he hecho demasiado mal— dije firmemente.
— ¿Expiar culpas? Te has vuelto loca. El imbécil que te despreció pronto morirá si es que no lo ha hecho ya. Eres libre y Jasper tiene ahora todo el tesoro de los nibelungos— dijo mirando mi mano. Miré la sortija que Edward me dio como ofrenda cuando mató al dragón y de inmediato me lo quité.
— ¿Edward ha muerto también?— grité llorosa. Victoria tomó el anillo que dejé y lo miraba con vehemencia.
—Pronto morirá, era el único obstáculo entre el tesoro y ustedes, ahora son los amos— parecía demente, realmente Victoria había perdido la razón.
—Yo no quiero el tesoro, ni una corona. ¡Edward no está muerto!— le grité.
—Pronto dejará de existir y serás libre para casarte con otro rey, con más tesoros, yo misma buscaré uno de entre todos, el más rico, el más poderoso…—
—Cállate, no puedes saber cuándo morirá alguien y no permitiré nunca más que gobiernes mi vida. Yo ya amo a alguien y no es un rey, no quiero más de tus brujerías ni abominaciones…— sentí un fuerte golpe en la mejilla y caí al suelo.
—Tú harás lo que yo diga, me debes respeto y obediencia— me gritó.
—Tú no eres mi madre— le grité, entonces escuché trompetas que anunciaban el regreso real, Bella o Jasper. Me asomé al balcón y vi a mi hermano en un caballo, a Emmett en otro y en una carreta estaba Edward, parecía herido.
Salí veloz hacia las escaleras dejando a Victoria sola. La culpa me carcomía, me sentía culpable de todo esto. Jamás debí escuchar a mi nana.
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EMMETT
Llevamos a Edward al castillo, nos tomó varias horas pero yo no tenía esperanzas que llegue vivo al amanecer. ¿Dónde estaba Bella o Alice?
No sabía qué hacer.
Rosalie salió a recibirnos, traía los cabellos revueltos.
— ¿Está muerto?— preguntó llorando mientras miraba a su esposo, sentí un retorcijón de celos.
—No, pero está débil debemos atenderlo de inmediato— ordenó Jasper.
Entonces de entre las sombras la pelirroja se asomó, Rose se abalanzó sobre ella.
—Bruja, maldita bruja— le gritó.
—Tú eres como yo Rossi, eres como yo…
—No. Yo no quise nunca herir a nadie…
—Pero lo hiciste, tú decidiste, iniciaste todo… ahora mi parte ya está hecha— la vieja rió.
—Vas a arder en una pira, yo misma te voy a quemar— le gritó Rosalie.
—Cálmate Rose, ven conmigo— le dijo Jasper.
—No te atreverás, no puedes mi Rossi querida, no puedes. Anda Jazzi, dile porque no puede quemarme, dile que ella no tiene el valor que tu si tuviste…
—Cállate maldita mujer, tú no eres nada nuestro— le gritó él. La pelirroja solo reía.
— ¿Recuerdas Rossi? "Vuela entre sueños, hasta las nubes, vuela entre sueños, hijo querido" — la bruja pelirroja empezó a cantar.
—Cállate bruja— le gritó Jasper.
—Jazzi, Rossi, mis pequeños— dijo la mujer.
—Átenla y llévense a esta bruja, pónganla las mazmorras—ordenó el rey.
—Jass, ¿Es cierto?
—No lo sé, no lo sé. ¿Podemos hablar de esto luego?— entraron al castillo y yo me limité a seguir al lado de Edward. Pronto uno de los curanderos Burgundios llegó y batallaron hasta la madrugada tratando de sacarle la punta de la lanza. Edward había perdido mucha sangre, me sorprendí al ver el líquido rojo oscuro, casi azulado. Era raro ver una sangre así.
Pero nuestro amigo no parecía mejorar. Horas después, Edward dejó de respirar. Solté unas lágrimas al ver su cuerpo frío y sin vida.
Jasper me envió a construir una barca funeraria.
—Debemos esperar a que vuelva Bella— pedí.
—Es mejor hacerlo pronto, sé que ella no soportará verlo así. ¿Quieres que tu reina se quite la vida?— preguntó, no entendí aunque algo suponía. Bella parecía enloquecer cuando Edward estaba cerca. Conociendo su temple, estaba seguro que cometería una locura, no soportaría verla así. Jasper tenía razón, sería mejor que cuando ella vuelva no encuentre el cuerpo de Edward.
Mandé a preparar una barca fúnebre con los mejores adornos, dignos de un Rey. Edward había salvado mi vida una vez, no podría intentar nunca nada con Rosalie por mi deuda. Ella se marcharía de aquí pronto y yo seguiría siendo el general de Islandia.
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EDWARD
Concentrado en la lucha, uno tras otro hacía caer con mucha tristeza a los soldados de Burgundia, mis amigos. Sus generales tenían las órdenes de acabar con nosotros, no sabía quién los comandaba.
De pronto sentí el metal atravesar mi carne, el frio penetró mis huesos. Mi espalda, mi punto débil. Sólo Rosalie sabía, sólo a ella le dije alguna vez.
Caí en un torbellino. Los recuerdos volvieron con más fuerza, volví a revivir cada segundo de mi vida con rapidez.
Yo no quería morir aún, no sin verla antes. Sus ojos, su voz. Bella, Bella, ven a mí.
La muerte era fría, no hay calor cruzando el umbral. Escuché el canto de la muerte cerca pero no llegó por mí, hasta la muerte me había abandonado.
Podía escuchar a mí alrededor el llanto de mucha gente. Jasper, Emmett, Rosalie. ¿Dónde estaba Bella?
Muchas manos me tocaron, mis ojos no se abrían. Fui depositado en algo blando. A través de mis parpados podía sentir la luz y el aroma de flores, debía estar amaneciendo. Pero yo no estaba respirando, mis sentidos estaban desconectados ¿Cómo podía percibir el aroma de flores entonces?
Pronto un calor me llegó, quise que fuera más intenso para poder moverme y salir de este trance. El piso se movía, un suave vaivén me mecía. Las voces y los llantos eran cada vez más lejanos.
Me decían adiós.
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BELLA
No sentía mis manos. Cuando el bote tocó tierra, apenas amanecía. Subí la colina y divisé el castillo.
"Edward… no puedes irte, no sin mí".
Seguí corriendo casi sin aliento, no había gente en el castillo, apenas me asomé al gran salón. Vi dos mujeres caminando con flores en las manos y las alcancé.
— ¿Dónde está Edward?— pregunte.
— ¿Majestad? ¿Es usted?— preguntaron.
— ¿Donde está Edward?— tire de una de ellas.
—El rey de Xantia ha muerto y vamos hacia su funeral— respondió, el aire escapó de mis pulmones.
Corrí hacia el lago, apenas veía, las lágrimas empañaban mi vista.
En el embarcadero había una barca fúnebre, cubierta de hermosas flores, joyas y demás adornos. En el centro estaba él. Pálido como la muerte, hermoso como un dios. Avancé lentamente.
Un lacayo empujó la barca y ésta empezó a alejarse, no podía irse sin mí.
Escuché el silbido de una flecha que limpiamente aterrizó en un montículo de paja dentro de la barca.
"Edward, no me abandones"
Sentí unos brazos fuertes cerrarse en torno a mí. Me liberé al instante.
—Bella, Bella escucha, el ha muerto…— era Emmett quien me hablaba pero yo no quería oírlo. Volvió a intentar detenerme pero yo no podía quedarme aquí. No podía verlo partir.
—Escúchame, no hay nada que puedas hacer…— me liberé de sus brazos y mi general salió despedido por los aíres.
Si podía hacer algo… irme con él.
Caminé por el embarcadero y empecé a correr, me impulsé en el último madero y caí en la barca… al lado de mi amado. El fuego empezaba a incendiarlo todo, no me importaba.
Me acerqué a él. Era perfecto, siempre lo sería.
No pude evitarlo, llevé mis labios a los suyos, quería sentirlo por última vez.
Sus ojos se movieron y volvieron a mirarme, lloré de alegría.
—Bella— murmuró. –Ahora te recuerdo, recuerdo la promesa que rompí ¿podrás perdonarme?
— Quítame con un beso la vida mortal que no ansío nada más que yacer a tu lado por toda la eternidad— le respondí.
— ¿Me has perdonado?
—Nada hay que perdonar, nada amor mío. Ya estamos juntos para siempre.
—Sálvate Bella, no me sigas, yo ya no puedo volver, vive por mi— su voz se apagaba.
—No podría vivir en un mundo donde no existas…— me eché a su lado y tomé su mano.
— ¿A dónde iremos entonces?—preguntó casi no tenía aliento, sus fuerzas lo abandonaban.
—No importa, mientras estemos juntos— le susurré, vi una sonrisa que adornó su rostro.
Entonces la vi. El hada de la muerte llegó sobre nosotros, tomé con más fuerza la mano de mi amado preparándome para que nos llevara a los dos, ya sentía el ardor del fuego en mi piel.
Una nube nos cubrió por completo y me dejé llevar, con Edward a mi lado no había nada que temer.
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ALICE
Bella se perdió en el horizonte, tenía mucho miedo de no volver a verla, sabía que ella no dejaría partir a Edward sólo. Mi amiga, mi hermana. ¿Qué sería de mí sin ella?
Entonces un brillo me distrajo, Elizabeth tenía un cuchillo en sus manos y se lo incrustó a un lado del estómago. Corrí hacia ella para detener su caída.
—Está bien, no la detendremos pero podemos distraerla— me dijo sonriendo
Toda la noche la asistí mientras ella cantaba…

Dulce agonía, sangre mía,
castillo de dolor.
Ven por mí.
Busca mi alma,
extingue mi vida,
enmudece mis labios,
tapa mis oídos,
ángel negro te espero
a ti hada de la muerte...

El mar se calmó, empezamos a navegar más rápido.
Llegamos cuando ya aclaraba, bajé de un salto. Elizabeth estaba herida y no podía caminar. La bajamos en unas mantas.
—Pequeña, no tengo mucho tiempo. Necesito pedirte algo.
—Lo que quiera.
—Algo que te va a doler pero debes confiar— me dijo, algo me decía que en verdad no me iba a gustar lo que pediría.
—Lo que quiera.
—Necesito tres cuervos.
—De inmediato—mire al cielo para llamar a mis amiguitos.
—Pero no te los devolveré— volví mirarla.
¡Ella los quería sacrificar!
Mis aves, mis amigos... eran mis ojos en el mundo, si los entregaba, no volverían a confiar en mí.
— ¿Es necesario?— dije lloriqueando.
—Si— dijo ella muy segura.
Los llamé y acudieron, mientras caminábamos hacia el castillo, las aves volaban sobre nosotras. Elizabeth iba en una camilla improvisada.
Divisé mucha gente a lo lejos, en el embarcadero del lago. Y a unos metros en una barca que se consumía en fuego, Edward y Bella. Ya era demasiado tarde. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Bella no aceptaría abandonar la tumba de Edward. Caí de rodillas mirando lo que sucedía, ella era mi hermana, mi amiga, no podía irse.
—Pídeles que bajen aquí— pidió Elizabeth mirando hacia arriba. Ordené a mis aves que descendieran al regazo de Elizabeth. Ella tomó a las aves por el pescuezo y las estranguló, mientras miraba al cielo.

"Thor, Vingthor, Vingner, Hlorride, Dueño de los rayos, señor de la tormenta. Mira mis lágrimas oh guerrero amado. Imploro tu ayuda, tu protección y tu amor… una vez más"

Escuché retumbar un rayo a lo lejos a pesar del cielo despejado.

"¿Dónde estás cuando te necesito? ¿Dónde está el amor que me un día me brindaste? Te pido, te imploro tu protección en esta hora de muerte"

Una nube brillante se formó en lo alto, Elizabeth sonreía y yo no me podía creer lo que veía. Thor acudía a su llamado, el hijo de Odín en verdad la amaba.

"Mi señor, muchos años han pasado, muchas penas he tenido que guardar. Tu hijo, nuestro hijo yace en aquella barca a punto de morir. Apiádate el él, no permitas que se pierda en la noche negra"

La nube que cubría a Elizabeth se movió con rapidez hasta posarse sobre la barca, la cubrió en su nebulosa forma y desapareció.

Todos nos quedamos absortos mirando la nada.

Cap 18 Valkiria



CAPÍTULO 18

VERDADES

EDWARD
Llegamos al campo de batalla, la lucha ya había comenzado, Jasper y yo nos separamos buscando diezmar al ejército invasor.
El sol estaba en lo alto cuando Jasper cayó de su caballo. Lo saqué del campo y lo llevé hacia una cueva.
Al entrar en ella todos mis recuerdos volvieron. Me golpearon como el más duro de los martillos. Aquí, Bella y yo hicimos el amor muchas veces, estas paredes habían sido testigos de nuestra pasión.
—Maldición creo que me rompí una costilla— se quejó mi amigo.
— ¿Puedes mantenerte aquí mientas terminamos la lucha?— le pregunté.
—Si claro, el herido estorba— trató de reírse de sí mismo.
—No eres sólo un herido más, eres un rey. Te debes a tu pueblo y por él debes salir vivo de esta batalla— le sonreí.
—Si muero…
—No pienses eso.
—Pero si muero… podrías… ¿me harías el favor de transmitir un mensaje?— preguntó. Me pareció ridículo.
—Jasper, nadie muere de una costilla rota— me reí.
—Soy previsor, me ayudará a estar más tranquilo— se quejó.
—Está bien, soy todo oídos— le dije y me acomodé a escuchar su confesión.
—Dile a Rosalie que sólo quiero que sea feliz, sin importar con quien, rey o plebeyo. Y a ella… dile que la amo con todo mi ser… que demoré mucho en darme cuenta que es única mujer que he amado— miró a otro lado avergonzado.
— ¿Ella?— pregunté temiendo lo peor.
—Alice. Mi dulce Alice— suspiró mi amigo.
—Vaya, creí que…— en realidad casi estaba seguro que se refería a Bella.
— ¿Bella? No, ella es hermosa pero no es a ella a quien amo— confesó
—Más te vale— le dije como amenaza, él sonrió.
—Pero tú sí ¿Verdad Edward? Lo veo en tus ojos cuando la miras, has tratado de atrofiar tus sentidos con el licor para no aceptarlo. ¿Desde cuándo la amas? Apenas la conociste hace unos días— se quejó.
—No es cierto. Yo la conocí antes. No lo recordaba. Yo le juré volver, y la olvidé— le confesé.
— ¿La poción?— preguntó.
—Si— dije.
—Encerraré a Victoria en un foso por el resto de sus días. Si tú no hubieras olvidado… nada de esto estaría pasando.
—Los caminos se tuercen a veces amigo, debo volver a la batalla. Quédate aquí— lo amenacé.
.
.
ALICE
Las vi desaparecer a ambas en el agua, no sabía qué hacer más que sujetar la cuerda a la que Bella iba atada y gritar para que me ayudaran, desgraciadamente yo no tengo mucha fuerza y esta tormenta no era normal.
Lo sentía en el viento, una poderosa fuerza más grande que cualquier otra se cernía sobre nuestras cabezas, impidiéndonos avanzar.
Hay cosas contra las que es imposible luchar, y menos desde nuestra posición de exiliadas. Habíamos trasgredido las reglas, éramos dos proscritas en esta tierra. ¿Por qué la seguí? ¿Por qué vine a este mundo?
No recuerdo bien cuando la conocí, mis memorias casi se borran, sólo sé que ella siempre fue mi única amiga. No era como las demás valkirias, ella no se ufanaba de su posición, ni menospreciaba mi trabajo. Y yo sólo era la menor de las nornas, a quien casi nunca preguntaban, a quien no tomaban en cuenta para las grandes predicciones.
Pero yo sabía que ella caería aún antes de desobedecer, el día que Odín la llamó para bajar a la tierra, yo la vi decidir entre matar mortales y desobedecer. Y entonces supe que ella sería castigada. Jamás nadie le había pedido a una Valkiria matar, ellas sólo recogen a los que ya están moribundos. Y Bella tenía un corazón a pesar de ser inmortal, tal vez no latía como el que hoy tiene, pero ella no sería capaz de semejante acto cobarde.
Esta tierra me divertía mucho, había más cosas que observar que en Asgard, los hombres y las mujeres me agradaban, siempre con sueños, ilusiones.
Una vida corta e intensa, es mejor que una larga y vacía.
Pero cuando conocí a Pet… no a Jasper, pude sentir los latidos de mi corazón por primera vez. Alguien que no sabía que existía pero que ya estaba esperando… y me hizo esperar mucho tiempo. Y él se mostró tal cual, sin las ropas de rey y sin esa corona, él es el hombre más maravilloso que existe. Tal vez el peso de su reinado sea lo que le hace actuar así.
Las vi aparecer, Bella y Elizabeth estaban bien. No me di cuenta cuando solté la cuerda, los marinos jalaban con fuerza. No tenía frío a pesar de estar completamente empapada, era extraño.
De pronto las imágenes surgieron muy rápido, busqué con mi ojo visor a Jasper, él cabalgaba con el rostro contorsionado y la espada en mano hacia un hombre que blandía una lanza. Pero la lanza inició su camino antes que mi caballero pudiera llegar, rasgó el viento y con un ruido sordo cayó en su blanco. El hombre herido cayó de bruces, su cabello cobrizo, sus quejidos… Edward estaba herido de muerte.
— ¡Alice, Alice!— las manos mojadas de Bella estaban en mis mejillas, sus ojos trastornados me miraban.
—Lo van a herir, una lanza lo atravesará.
— ¿Edward?— gimió mi amiga. — ¿Cómo se detiene a la muerte?— preguntó
—No se le detiene y tú lo sabes bien Bella— era una locura que pensara en eso.
—No puedo dejar que Edward vaya al Valhala— sollozó mi amiga.
—No debe ir allí. ¡No mi hijo! Eso es lo que quiere Odín— Elizabeth lloró, ambas la miramos, había algo que no nos había dicho. Ella enjugó sus lágrimas y nos miró profundamente.
—Edward… no es hijo de mi esposo muerto. Yo nunca dejé que me tocara un mortal. Edward… es hijo de mi amante… es hijo de Thor— ambas nos miramos con la boca abierta. Por Yggdrasil* eso era algo terrible.
—Odín quiere a Edward en el Valhala… ¿Porque es un semidiós?— casi grité.
—Tiene miedo que se ponga en su contra ¿Cuáles fueron las ultimas profecías Alice? ¿Las del ragnarok?— preguntó Bella.
Recordé los versos que salieron de mi boca hace tiempo, aquellos que mis compañeras no consideraron en el gran libro

El fin está cerca.
Un híbrido será el único que pueda derrotar al gran dios,
Una mezcla de sangres reales
Una criatura invencible, al que nada traspase. Sin corazón y sin alma.
Llegará el día en el que la Tierra y el Mundo de los Dioses sean uno solo.
Y todo arderá, todo arderá...

—Pero Edward sí tiene corazón, yo lo sé— chillo Bella.
—Odín piensa que el hibrido es Edward… pero hay otro más…—dije recordando
— ¿Quién?
— ¿Recuerdas a Angrboda?
— ¿La vieja norna?
—Sí, ella fue echada de Asgard hace mucho, nadie más lo sabe pero ella estaba embarazada cuando se fue…
— ¿Qué hay con eso? Es una divinidad, si el padre es un Dios…
—Ella no era una norna… era una Jutun, la última de su especie maldita… de esa unión sólo saldrá un ser sin corazón y sin alma…
— ¿Cuánto tiempo tenemos? ¿Cuánto falta para que hieran a Edward?— preguntó Elizabeth.
—Hoy, antes que el sol se oculte— dije con decisión.
.
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JASPER
Caí en un sueño profundo, al despertar todavía podía oír los chasquidos de las luchas, pero esos sonidos eran conocidos, los cascos de los caballos… sonaban a mi ejército, sólo en Burgundia se hacen herraduras al estilo griego.
Me levanté como pude, mi ejército estaba aquí.
Salí de la cueva para encontrarme con un panorama deplorable. Mi ejército de Burgundia luchaba ahora contra el de Islandia. Mis generales, mis capitanes arremetían contra mis amigos.
Caminé con dificultad hasta llegar cerca, un capitán de Burgundia pasaba veloz.
— ¡Gundemar!— lo llamé, al instante él se giró hacia mí, llegó a mi lado y descendió.
—Mi señor— se arrodilló.
— ¿Porqué Burgundia ataca a mi ejercito de Islandia?— pregunté furioso.
—Señor, sólo obedecemos órdenes. El general James nos dijo que la reina de Islandia lo tenía prisionero. Llegamos aquí a liberarlo.
—Dame tu caballo y avisa a los demás hombres. Islandia no es el enemigo, James es un traidor— subí al caballo aunque me dolía el costado. Mi ejército no se detendría hasta que me vieran.
Divisé a James a lo lejos, estaba peleando con Emmett. Hacia allí me dirigí a todo galope.
— ¡James!— le grité furioso, pude ver que muchos de mis hombres Burgundios dejaban de luchar al verme pasar. El traidor logró arrojar a Emmett de su caballo y huyó.
—Paren esta lucha, Islandia no es el enemigo. ¡Alto!— les grité a los hombres a mí alrededor.
Salí a perseguir a James. A lo lejos lo divisé, traía una lanza pero no era a mí a quien se dirigía.
Apuré el caballo, casi estaba sobre él, saqué mi espada y salté a su caballo pero el lanzó su arma antes que yo pudiera detenerlo. Caímos al suelo rodando, sentí un fuerte dolor, busqué mi espada y lo atrapé contra una roca.
—Maldito ¿Para quién trabajas?— le pregunté.
—Para ti mi señor— sonrió.
—Eres un traidor, confiesa— puse la hoja de mi espada en su cuello.
—No sirvo a nadie más que a ti Jasper, todos estos años han sido únicamente para servirte— sonrió.
— ¡Edward! ¡Edward! ¡No!— Escuché gritar a Emmett, miré un momento sobre mi hombro. Edward estaba tirado con la lanza atravesándole la espalda.
— ¿Por qué? Habla o te mataré aquí mismo— amenacé a mi subordinado.
—Ahora eres el hombre más poderoso de la tierra, tienes tres ejércitos muchacho. El tesoro de los nibelungos el todo tuyo, yo no busco otra cosa que verte coronado como el amo de la tierra— el tipo estaba demente.
— ¿Qué ganas tú en esto?— poco a poco se iba reponiendo y levantándose.
—Orgullo, eso es lo que gano. Ya deja de hacer drama y libérame, celebra tu poder. Lo tienes todo en bandeja de plata, te lo dimos todos estos años, vivimos para ti, para ustedes— lo golpeé y cayó al suelo otra vez.
—No sobre mis amigos, eres un traidor, tratas de engañarme, eres tú el que quiere coronarse amo del mundo.
—No mi muchacho, no.
—No soy tu muchacho, te degollaré aquí mismo— amenacé.
—No serías capaz de matar a tu padre…— retrocedí un poco por la impresión.
—Mi padre está muerto— dije furioso.
—No hijo, no es cierto. Victoria y yo somos tus verdaderos padres. Ella se acostaba con el rey y el muy estúpido creyó que eran sus hijos. Luego envenenamos a la reina y ustedes quedaron a cargo de Vicky como su nana. Fue fácil acabar con el rey en una batalla. Desde entonces no he hecho más que luchar por ti. Tú eres quien debe gobernar el mundo, mírate, eres hermoso, joven, valiente…
—Estás loco— tomé mi espada para darle un golpe.
— ¿No serás capaz de matar a tu propio padre verdad?
—Tú no eres mi padre, eres sólo un demente asesino y traidor. No seguiré nunca más ninguno de tus consejos, yo no soy como tu— cerré los ojos y asesté el golpe. La cabeza de James se desprendió de su cuerpo limpiamente. Ya tendría tiempo más tarde para procesar lo que me dijo, pero no podía permitir que siga viviendo e infectando el mundo con su presencia.
Corrí hacia donde estaba Edward.
—No responde, debemos romper la lanza para llevarlo al castillo—dijo Emmett.
No entendía cómo era posible que hubieran herido a Edward, yo mismo había visto antes una espada caer en su carne y era como piedra. Pero todos de alguna manera tenemos un punto débil.
Ordene a ambos ejército después que me hubieron vendado el pecho, e iniciamos el camino de regreso al palacio de Islandia.
.
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BELLA
Como si tuviera los segundos contados empecé a hacer que el barco avanzara, bajaba y subía las velas cuando el viento cambiaba. No sabía qué hacer, me sentía tan impotente.
El sol empezó a declinar y un fuerte viento llegó del sur, nos impedía avanzar.
—Prepárenme un bote— grité a los marinos.
— ¿Te vas?— dijo Alice.
—No soporto esto, asegúrate que Elizabeth llegue pronto, pasaré la noche remando, el viento no deja avanzar la barca pero un pequeño bote puede llegar más rápido.
—Pero la corriente…
—Nadaré si es preciso, no lo dejaré morir sólo— el dolor se iba apoderando de mí.
Casi tenían el bote en el agua cuando escuché el chillido de Alice, eso sólo significaba que Edward estaba herido.
—Demasiado tarde, no pude llevarla a tiempo— me acerqué a Elizabeth. –Voy a llegar a él, me necesita— le dije casi llorando.
—Te daré el tiempo justo. No se puede detener a la muerte pero sí distraerla— sonrió, no en tendí sus palabras.
Salté hacia el bote y tomé los remos. Ni siquiera la hueste de la muerte podría detenerme hoy.

*Yggdrasil: Árbol de la vida en la mitología nórdica.

Cap 17 Valkiria



CAPITULO 17 

CONFESIONES

JASPER
Habían pasado dos días, aún no comprendía cómo es que acabé en una de las mazmorras del castillo y tampoco por qué me habían arrojado aquí con la espada de Edward. James estaba loco o tramaba algo.
Me inquietaba la invasión del ejército de Rochester y me gustaría estar allí al lado de mis amigos.
Escuché pasos en la puerta, ya no me molesté en hablarles a los sirvientes, se limitaban a pasar comida por debajo de la puerta. No era mala, en realidad era la misma que solía comer a diario. Y tenía un mullido colchón para dormir con muchas mantas.
Un golpe llamó mi atención, parecía que fuera había una gresca. Me acerqué a escuchar, pude distinguir la voz de Edward.
— ¿Hay alguien allí? ¿Edward?— llamé, de inmediato oí que algo cayó al piso, segundos después Edward rompió la puerta, me hice para atrás.
— ¿Qué haces tú aquí?— preguntó mirándome. – ¿Y por qué tienes mi espada?— Dijo mirando hacia una esquina de la celda.
—No lo sé. Me durmieron, no sé lo que ocurre— grité.
— ¿Dónde está James?— me preguntó.
—Eso es lo que iba a preguntar yo, él y Victoria, mi nana, me durmieron, dijeron algo de una invasión pero no sé nada mas, llevo dos días aquí— salimos presurosos, Edward se ciñó su espada.
—Pues en el castillo no están, ya he buscado de arriba abajo.
— ¿Y Rosalie?— temía por mi hermana.
—Está en el gran salón, creo… que te necesita, está alterada— me dijo.
—Pues para eso estás tú, para calmarla— le increpé
—Es tu hermana— protestó.
—Es tu esposa— le recriminé.
—Sólo de nombre— me miró molesto, entonces era cierto lo que Victoria dijo, Edward y mi hermanita no habían consumado su matrimonio y no entendía porque, él se veía tan enamorado hace sólo un mes.
Caminamos hacia el salón, al verme Rosalie corrió hacia mí y me abrazó.
—Jazz, ellos son malvado, ellos dos se entienden— decía entre lágrimas.
— ¿James y Victoria? Son pareja, creí que lo sabías— mi hermanita temblaba.
—Yo no lo sabía— dijo ella aún llorando.
— ¿Te hicieron algo?— pregunté buscando algún signo de violencia.
—Victoria, me lastimó, está como loca, me encerró hace dos días y…
— ¿Se han ido?— pregunté.
—Sí, fueron por tu ejercito, eso oí— Entonces se giró a ver a Edward parecía avergonzada. —Edward— dijo apenas y empezó a llorar con más fuerza.
—Estoy bien, saldremos al campo de batalla, Emmett está solo allá— dijo mi cuñado.
—Lo siento tanto… perdóname— mi hermana parecía trastornada.
—No, soy yo el que lo siente Rosalie, disculpa mi comportamiento de estos días— se excusó él.
—No es tu culpa, es toda mía…yo…
—No es cierto, creo que me estoy volviendo loco— Edward torció el gesto.
—Tengo algo que confesar…— Rose se puse detrás de mí como buscando amparo, no entendí nada.
— ¿Confesar?— dijo Edward sorprendido.
—Tú me amas… porque yo te di algo. Pero no fue mi idea, yo siempre me sentí mal por ello, pero es que ella me decía que yo...— me giré a verla y darle mi confianza.
—Tranquila Rose… tranquila, sólo di lo que pasó, yo estoy aquí, nadie te hará daño, ni siquiera Edward— limpié sus lágrimas.
—Victoria preparó una poción para que se la diera de beber a Edward, allá en Burgundia, antes de matar al dragón. Decía que con eso me amaría solo a mí y se olvidaría de cualquier amor anterior. Y funcionaba pero cuando llegamos aquí dejé de dársela y ahora… seguro que él me odia...— no podía creer lo que escuchaba.
—Fuiste tú y esa bruja. Entonces esos sueños, no son sueños, son… recuerdos. Todo fue cierto, todo— Edward se sentó en el piso, su rostro desesperado era digno de lástima.
—Rosalie ¿Cómo pudiste?— le pregunté. Ella retrocedió unos pasos.
—Tú también me odias, yo sólo quería casarme con un rey. Victoria dijo que él era un rey perdido, ella siempre me prometió desde pequeña que yo me casaría con un rey, era todo lo que yo quería, todo lo que soñaba… lo siento tanto, en verdad lo siento— salió corriendo hacia las escaleras. Edward todavía no se recuperaba de la impresión, parecía distante.
—Creo que lo que sea que estés pensando puede esperar, necesitamos ayudar a Emmett— le urgí.
—Sí, lo sé. Dame unos minutos— salí a buscar mi caballo, Edward me alcanzó poco tiempo después e iniciamos el camino hacia las tierras más bajas.
.
.
EDWARD
Cabalgaba en silencio, sentía el viento en mi rostro pero no prestaba atención a nada más.
Una poción.
Fue así como la olvidé.
Poco a poco los recuerdos tomaban forma en mi mente, se conectaban como un laberinto en el que descubres le camino.
Yo llegué de Renania a buscar el metal de estrella y allí conocí a Bella… nosotros… eso siempre estaba en mis sueños, nosotros nos entregamos.
Y yo le prometí regresar… 6 lunas le dije… pero no volví.
Me esperó en vano.
Me reconoció durante el combate en el que suplanté a Jasper, estaba a mi lado en la boda y nunca dijo o hizo nada en mi contra.
Todo este tiempo ha pensado que yo le mentí.
Debo haberla lastimado demasiado ¿Por eso decidió irse? ¿Qué había en el norte?
Para mí el norte era un lugar maldito lleno de sucios vikingos adoradores de Odín, un lugar al que tenía que ir en busca de… mi madre.
¿Acaso Bella? No, no pude ser, ella debía odiarme.
—Creo que debemos pasar aquí la noche, las nubes tapan la luna es muy peligroso seguir— Jasper me sacó de mis pensamientos.
—Bien— dije apenas.
—No me opondré a que termines el matrimonio— me dijo muy serio.
— ¿Qué?
—Con mi hermana, yo mismo firmaré la disolución de tu boda con ella, ya que se valió de artes oscuras para que tú la amaras. Solo te ruego que no la repudies y mantengas esto en secreto, por ella. Es mi única familia y no quiero que los demás la humillen— pidió.
—No claro que no. Has como quieras— le dije.
—Gracias. Vamos a arreglar esto cuando el país esté en paz y yo… no sé tal vez también haga lo mismo que tu— confesó.
— ¿Y eso?— casi se me escapa una sonrisa.
—Yo también hice trampa. Y tampoco he consumado mi matrimonio. Al parecer los hijos de Burgundia somos dados a las artimañas, no le puedo reprochar nada a mi hermana, soy un mal ejemplo.
— ¿Entonces, anularás tu matrimonio?— pregunte
—Es lo justo... además ella me detesta— ahora sí sonreí.
Ella jamás lo amaría, ella y yo fuimos uno, tal vez todavía me ame. Tal vez.
Y si vuelve… no la dejaré ir jamás.
.
.
BELLA
— ¿Donde está él? ¿Se encuentra bien?— preguntó frenética Elizabeth apenas abordamos.
—Está felizmente casado en Islandia— le sonreí.
—Eso no es cierto, él no es feliz— nos interrumpió Alice. –Hola, soy Alice y ella es mi amiga Bella, no es muy diplomática y seguro que ni se ha presentado— la enana sonrió y logró que la madre de Edward esbozara una tenue sonrisa.
— ¿Está casado? Pero es muy joven…— Elizabeth miraba el horizonte como queriendo apurar la marcha.
—No es cierto. Tiene edad suficiente, ahora es el rey de Xantia— le dije sin mirarla.
— ¿Recuperó el reino? ¿Pero cómo?
—Un mago, el mismo que lo ayudó a matar al dragón.
—¡Carlisle! Gracias a dios que él lo encontró ¿Un dragón? Gracias por… un momento dijiste, dijiste que su vida corría peligro— tocó mi brazo y la miré.
—Creemos que Edward está bajo un hechizo, no… estamos seguras. Y que la muerte se aproxima a él. Lo he visto— le dijo Alice.
— ¿Eres adivina?
—Sí. Puedo ver trozos del futuro, en mi visión, él estaba herido y sólo usted podía salvarlo— dijo mi amiga.
— ¿Yo? Tal vez. Pero el futuro es cambiante ¿verdad? Ni los dioses tienen la capacidad de saber todo cuanto pasa en el mundo, eso lo sé muy bien.
—Sí, el futuro puede ser cambiante, como cambió Edward por aquel hechizo— insistió Alice.
— ¿Cuál hechizo? ¿Él está bien, está enfermo?— preguntó su madre preocupada.
—Estaba muy bien la última vez que lo vi— dije ácidamente, recordé la noche anterior a mi partida, cuando me quitó el cinturón.
—Ahora muestras desdén y eres sarcástica, no lo entiendo, en tierra parecías desesperada, pensé que me traerías a rastras, pensé que te importaba Edward— me miró de forma penetrante. Odiaba esos ojos, me hacían recordarlo.
—Y le importa, más de lo que aparenta, pero Bella no quiere demostrarlo, déjeme servirle una taza de té caliente y le explico—Alice se llevó a Elizabeth dentro de la barca. Yo me quedé mirando al frente pronto fui a alcanzarlas, no quería que mi amiga le dijera a nuestra invitada más de lo que debía saber.
—… entonces él llegó, con este rey, el que me mintió. Pero su hijo se hizo pasar por su amigo y ganó el torneo. Entonces Jasper se casó con Bella y Edward con Rosalie, pero todo está mal, yo sé que es así, esa mujer, la pelirroja…
— ¡Victoria!— dijo Elizabeth poniéndose de pie.
—Sí, creo que así se llama, es la nana de Rosalie y Jasper.
— ¡Esa mujer es el demonio! Ella era la amante de mi esposo, yo los encontré un día y mandé a que la echaran del reino. Yo apenas tenía 15 años y sentí su hedor, es una bruja.
—Yo también lo he visto, es mala, sí, es bruja. ¿Cómo explica que Edward se haya olvidado de Bella y se case con otra? A menos que su hijo sea un sinvergüenza— Alice estaba muy decidida, así que preferí no abrir la boca.
—Siento tanto que mi hijo no cumpliera su palabra— Elizabeth me miró con ternura, yo sólo bajé la mirada. Jamás nadie se había compadecido de mí, era un sentimiento extraño. Me sentía débil.
—Pero apenas tuve mi visión, preparamos todo para venir por usted, Edward le había contado a Bella que se la llevaron los vikingos y le pedimos al bardo que nos diera la ubicación donde la tenían presa… por cierto ¿Dónde está ese hombrecillo?— Alice reparó a los lados. Hacía horas que no lo veía y ni lo eché en falta. Salí a buscarlo y lo encontré herido en una tarima. Tenía una flecha incrustada en una pierna.
—Mi señora, no quiero molestar. Sólo necesito algo en que escribir, tal vez sea mi último viaje— revisé su herida, era profunda.
—Hay que limpiarlo, necesito agua, carbón y algunas hierbas— Elizabeth se movió a mi lado.
—No tenemos hierbas y no vamos a acercarnos a las costas, es peligroso— dije en voz alta.
—Este hombre puede morir— me increpó ella.
—Edward es más importante que todo, debo llevarla cuanto antes con él— le dije con vehemencia.
—Veo cuanto te importa. Y confío en que nada malo suceda pero no puedo ver morir a alguien sin ayudar, por favor, debo conseguir esas hierbas— pidió, asentí y ordené a mis hombres un acercamiento corto a la playa.
Dos días después ya estábamos en mar abierto pero Alice había pronosticado tormenta, una que nos retrasaría. Yo misma bajé a tomar los remos con los marinos, las velas no se podían usar debido al viento en contra.
El tiempo era terrible y me desesperaba más a medida que la tormenta tomaba fuerza. Incontables veces bajé a remar pero nadie podía seguir mi ritmo. Ayudé a izar las velas una y otra vez el viento cambiaba pero parecía que no avanzábamos. Elizabeth se mantenía dentro de la barca asustada.
— ¿Tiene miedo de las tormentas?— pregunté mirándola temblar.
—No es la tormenta, yo, tengo miedo de no llegar a tiempo.
—No lo hará, si es preciso la llevaré nadando— sonreí, mi ropa estaba hecha un asco, mi vestido destrozado y no traía zapatos. Ella me miró con perspicacia.
—No pareces una reina— me dijo.
—Lo soy… aunque no me siento como tal.
— ¿Eres hija de alguna deidad?— preguntó.
—No. No tengo padres, no heredé un trono si eso el lo que piensa.
—Todos tienen padres—insistió.
—Yo no—dije muy segura.
—Odín es tu padre— afirmó con desprecio.
—Soy Asgardiana, serví a alguien más antiguo que Odín, ¡no sé de dónde vengo pero no tengo padres!— me sorprendí a mí misma hablando del dios protector al cual ya casi no recordaba, aquel que estuvo antes que Odín, el que me dio el mando de la hueste de valkirias.
—Lo sabía. ¡A pesar de verte como mujer eres una de ellos!— me gritó Elizabeth. Su grito me recordó una noche negra, una noche dónde tuve que decidir mi lealtad, el día en que caí de la gracia del gran dios, cuando le desobedecí. Era ella la que corría con un bebé en brazos, era por Edward que caí en esta tierra. Porque no pude matarlos…
¿Acaso Odín jugaba con nosotros? Miré a mí alrededor y Elizabeth no estaba. Caminé lentamente hacia la proa, todo cuanto había vivido, el castigo, la vida mortal fue obra de Odín. Nos estaba usando como sus marionetas. ¿Qué es lo que quería? ¿Qué buscaba?
Sentí un fuerte golpe que sacudió la barca y casi caigo, oí un grito y lo último que vi fue a Elizabeth perderse por la borda.
Corrí hacia el mástil, tomé una cuerda, la até a mi cintura y me lancé al agua, No sé cuál era el plan de los dioses, ni me importaba, yo sólo tenía algo fijo en mi mente: salvar a Edward.