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13 febrero 2013

EL CONSERJE



RATED: M (+18 años)

GENERO: Romance/drama

PAREJAS: Edward / Bella

Universo Alterno - Todos humanos



SUMARY:

Bela es una señora joven y frustrada sexualmente, casada con Mike Newton, un vendedor de seguros, muy bueno pero muy impotente.

¿Qué pasará cuando se mude a un condominio y conozca al guapo conserje?






































Epílogo El Conserje


EPÍLOGO… 


“Quisiera cubrir tu desnudez con mis besos, hacerte un vestido de caricias para que el mar travieso no se atreva a envolverte. 
Sé mía en el crepúsculo, ese momento mágico, cuando la luz no muere y el sol ya partió.

Ven mi Bella. Ven a mí.

Mis dedos tocarán una balada en tu cuerpo, las notas más altas serán los jadeos que salgan de tus labios.

¿Me entregas tu pasión?

¿Me das tu deseo?

Te premiaré con mi desenfreno.

Me palpita el corazón, la sangre fluye con fuerza en mis venas, mi autocontrol va menguando, siento la potencia del deseo que se hace un nudo en mi garganta y, poco a poco, va bajando hasta sentir explotar mi hombría con mi amor endurecido.

Quiero, en este momento eterno, sembrar nuestros sueños. Esparcir mi anhelo en tu ser.

Deseo, saborear tu piel salada, adentrarme en tus rescoldos, llegar a lo profundo de tus depresiones, a lo alto de tus montes.

Necesito, urgentemente atrapar tus suspiros, hacer míos todos tus gestos.

Tu cuerpo reclama mis caricias, se abre para mí y me sumerjo suave, lento para amarte eternamente.

Con una fuerza, inagotable, inmortal, así es mi amor y mi deseo por ti”






BELLA

Mis músculos relajados se dejaban acariciar por las suaves aguas tropicales. El olor a mar, la brisa, el viento cálido, todo a mí alrededor me incitaba a cerrar los ojos y descansar.

Todo, menos alguien que, cual tritón sensual, nadaba a unos metros en las verdosas aguas del mar caribeño. Todo un espécimen apetecible. Siempre oí que decían “consume lo que el mar produce”, hoy iba a hacer caso a ese dicho de pescadores.

Levanté mi cabeza para mirar… derecha, nada. Izquierda, sin novedad. Estábamos solos, en menos de una hora el sol se ocultaría.

Un crepúsculo de amor.

¡Pasión al aire libre!

Creo que mojé mi bikini de sólo imaginarlo. Sí, necesitaba que Edward me hiciera el amor aquí mismo, a orillas del mar.

Escuché el chapoteo de sus pasos caminado hacia mí…

¡Ahora o nunca Bella!

Quité el sujetador de mi bikini y me levanté para ir a nadar. Y ¡ups! Al cruzarme con él, la parte superior del bañador, cayó a los pies de mi esposo.

Sus ojos parecían dos platos soperos. Le sonreí pícaramente y sin recoger mi prenda me metí al agua.

No tardó más que unos segundos en alcanzarme, sus manos traviesas fueron directo a lo que quedaba del bikini. Con apenas unos movimientos me tenía frente a él como dios me trajo al mundo.

“Conserje travieso” pensé, aunque técnicamente él ya no era mi conserje. Ni siquiera era dueño del edificio. Apenas cobré la herencia de Mike, invertí en hacer las reparaciones de aquel lugar y lo vendimos con buenas ganancias.

Ahora estábamos a punto de adquirir la televisora donde Emmett trabajaba, para convertirla en un estudio de cine. Edward estaba entusiasmado en hacer la música para las películas.

Pero hoy no vinimos en plan de trabajar… económicamente hablando… esta semana era para dar rienda suelta a nuestra pasión en una luna de miel ardiente. Y no me podía quejar, apenas salíamos de la habitación para comer y ver el mar. Pero... ¿Por qué hacerlo en una cama si teníamos tanta intimidad en esta playa desierta?

— ¿Se le perdió esto señorita?— susurró a mi oído mostrándome el bikini en una de sus manos.

—No me di cuenta. ¿Cómo podría agradecerle su atención?— me restregué un poco en su cuerpo.

¡Ay! una dura erección me recibió. A pesar del agua su entrepierna se sentía tibia.

Él buscó mis labios y nos fundimos en un apasionado beso, largo y profundo, nos hundimos en el agua para poder acariciarnos. Recorrí sus brazos, su pecho, sus caderas. Edward masajeaba suavemente mi entrepierna, sus “dedos maravillas” me hicieron ver estrella de colores.

Me tomó en brazos y me llevó a la orilla, donde siguió azotándome de placer. Sin dejar de besarme se quitó el bañador, abrió mis piernas con suavidad, hurgando para comprobar el efecto que causaba cada toque que me regalaba.

—Amo cuando te mojas así— me susurró. Su voz aterciopelada acariciaba tanto como sus manos.

—Edward, ¿Nunca te han dicho que es de mala educación hacerse esperar demasiado?— me quejé.

—Perdón amor… siénteme— entró fácilmente.
¡Qué sensación de calidez, de completura! Quería gritar. Edward me hacía vibrar con sus suaves movimientos.

Rodamos en la orilla, el agua nos daba en la espalda. Quedé sobre él. Estaba tan caliente que me moví rápido, la fricción enviaba espasmos a todo mi cuerpo. Lo miré, para comprobar si estaba tan cerca como yo de llegar a la cima del mundo. Su rostro contorsionado me dio el empujón que necesitaba, di un par de veloces saltos más para alcanzar mi liberación.

Chillé al sentir toda esa energía recorrerme, pero Edward no me soltaba, seguía sin dejar que baje de mi éxtasis. Una y otra vez entraba en mí, yo derrumbada sobre él, que seguía penetrándome sin detenerse, sin parar el ritmo enloquecedor.

Su liberación vino precedida de un gruñido feroz, sus fuertes mandíbulas estaban tensas, su rostro demostraba su intenso clímax.

Nos amamos hasta que la luna brilló sobre nosotros. Exhaustos y felices caminamos de vuelta a la cabaña dónde nos dimos un delicioso baño de tina.

—Nunca olvidaré este viaje— me atrajo hacia su cuerpo desnudo.

—Ni yo, créeme que no lo olvidaré.

— ¿Recuerdas cuando nos conocimos?— preguntó.

—Cómo olvidarlo. Estabas para comerte con todo y caja de herramientas— recordé aquella vez en que me achicharraba de calor y pedí que me arreglen el aire acondicionado. No sabía que el calor que sentía era de otro tipo. Y que sólo el conserje podía apagar mi incendio.

—Nunca creí que realizar pequeños arreglos en el edificio me haría conocer a la persona que más amo en la vida.

Sólo Edward podía decir las frases más románticas y lograr que me humedezca. Su voz era demasiado sensual.

—Pasamos muchos problemas— tomé su mano y la apreté.

Habíamos tenido suficientes obstáculos, desde un marido mentiroso hasta magia negra, pasando por una prima psicópata.

—Nada que no podamos superar— mordió suavemente el lóbulo de mi oreja.

—Lo dices porque a ti no te hicieron vudú — sonreí. Aunque recordar aquello me daba escalofríos.

—No me recuerdes eso— suavemente empezó a masajear uno de mis pechos.

—Me gustó mucho nuestra boda— jadeé.

— ¿Qué parte? ¿Cuándo tu amigo tropezó llevándose un trozo de pastel, o cuando le tiré tu liguero a la cara? – allí iba otra vez. Según Edward no sentía celos de Jacob. Pero cada que podía decía o hacía algo en su contra. O por, se burlaba.

—No. Mi parte favorita fue cuando Emmett bailó el baile del caballo subido en la mesa de los canapés— solté una carcajada.

Un suave gruñido de mi marido me hizo reír. Pero no detuvo los movimientos de su mano traviesa. Ahora le daba masajes a mi otro pecho. Con suerte seguiría bajando para hacerme delirar con esos largos, suaves y complacientes dedos de pianista.

.
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Tres meses después…

—Positivo señora Cullen. Usted está embarazada— no podía creer lo que escuchaba. En secreto vine a otra clínica para corroborar mis sospechas, no quería ilusionar a toda la familia con una falsa noticia.

Una nueva vida crecía dentro de mí, eso me llenaba de felicidad y a la vez de miedo. ¿Sería una buena madre? ¿Estaba preparada para esto?

—Gracias doctor— recibí los análisis y salí rumbo a casa.

Esto cambiaba muchas cosas. Necesitábamos una casa más grande, jardines, un auto familiar.

¿Se acabaría la eterna luna de miel? ¿Adiós a mis noches de pasión? ¿Qué sería ahora de esas maratónicas sesiones de sexo desenfrenado?

Todo sea por mi hijo. O tal vez sea una niña. Me hacía tanta ilusión una pequeñita con los ojos verdes de Edward. Y sus cabellos cobrizos.

Debo alimentarme mejor, tomar vitaminas. Salir a correr con más precaución. No puedo exponerme a caídas ni tropezones.

Es una vida lo que llevo dentro, el fruto de nuestro amor.

¿Cuál sería la reacción de Edward? ¿Se quedaría mudo? ¿Sonreiría? ¿Se emocionaría?

Tantas dudas en mi cabeza, tanta emoción en mi corazón.

Esta era la mejor noticia del mundo.

Caminé hasta mi casa, entré haciendo el mínimo ruido posible, Edward trabajaba en su piano. Una dulce melodía estaba tomando forma. Muy dulce y fresca. Incluso más tierna que la nana que compuso para mí.

—Es preciosa ¿Para la nueva película?— pregunté abrazándolo por detrás.

—No. Simplemente salió. Es casi una canción de cuna, he tratado de componer algo más emocional para le película pero no me sale.

— ¿Canción de cuna eh? Tal vez le demos utilidad— besé su cuello.

—Sería maravilloso— sus dedos volvieron a deslizarse en las teclas y la tierna melodía llenó el salón. Me imaginaba a una criatura dando sus primeros pasos en la alfombra, llegando junto a nosotros en el piano.

Ese futuro estaba tan cerca.

—Edward tengo algo que decirte— tomé un gran bocanada de aire.

Él se giró alarmado. Creo que el tono que empleé no fue el correcto.

— ¿Pasó algo? – por su cara podía darme cuenta de su preocupación.

—Sí. Fui al médico…

— ¿Te sientes mal?— se alarmó. Hay Bella que poco tacto tienes para estas cosas.

—No amor. Siéntate— le pedí.

Edward dejó su piano, sus manuscritos y su melodía. Vino a sentarse conmigo.

—Dime. Por favor, me tienes preocupado— tomó una de mis manos.

—Edward… es que… vamos a ser padres. Estoy embarazada— sonreí.

Debí sacar mi cámara y hacerle una fotografía. Su expresión o expresiones cambiaron de repente. Parecía a punto de sonreír y preocupado. No sabía si en algún momento reiría o empezaría a llorar. Sus gestos eran indescifrables y a la vez cómicos.

—No sé qué decir— dijo finalmente.

—Pues di lo que sientes ¿Estás feliz o no?

—Decir feliz… sería quedarse corto. Estoy… ¡Bella es maravilloso! ¡Es la mejor noticia del mundo!— tomó mi rostro entre sus manos y depositó un beso suave y dulce. Todo lo que mi corazón ansioso necesitaba.

La noticia del bebé hizo que Emmett se apresure a pedirle matrimonio a Rose y Alice y Jasper se comprometieran.

—Gracias Bella— comentó Esme mientras le ayudaba a recoger los servicios, luego de la cena. Teníamos la costumbre de cenar en familia una vez por semana, generalmente los viernes.

— ¿Por qué?— pregunté.

—Desde que llegaste, todo cobró vida. Mi Edward ha madurado, Emmett por fin tiene pareja estable y Alice aceptó a su eterno novio para dar el siguiente paso.

—No creo que yo tenga nada que ver en que Emmett y Alice hayan cambiado— le sonreí.

—Tú nos trajiste suerte— me miró con una sonrisa muy hermosa. Siempre tenía deseos de abrazarla, ella es como la madre que se me fue a tan temprana edad. Siempre me aconseja, me dice palabras cariñosas y está pendiente ahora más que nunca de mí.

El embarazo pasó como un sueño. Edward cuidaba de mí como si fuera mi sombra. Los últimos meses no se apartó ni cuando iba al baño.

Y una mañana de verano, pocos días después de mi cumpleaños número 25, nació nuestra pequeña… El parto fue tan fácil, dicen que es raro pero así fue. 


Sólo  5 horas de contracciones y mi pequeña salió rápido. No me dio tiempo ni de gritar… y afortunadamente Emmett no llegó con su cámara para filmarlo. Había amenazado con eso desde que se enteró que iba a ser tío.

—Es hermosa mi amor— Edward tenía en brazos a nuestra pequeña. –Nuestra pequeña…

—Renesmee— susurré.

— ¿Reneesme? Creí que querías llamarla Elizabeth o Jane— sonrió. Sí, yo había contemplado nombres de escritoras famosas. Pero la sonrisa de mi hija me recordó a la de mamá. Y esos ojitos verdes, tan hermosos eran de Edward y Esme.

—Renée por mi mamá y Esme por la tuya. ¿No te parece bien?

—El nombre que elijas me parece perfecto. Mamá llorará de felicidad.

Horas después, la familia en pleno entró a visitarme. Emmett traía flores, Rose ropa para cambiar a la bebé. Alice me obsequió un moisés precioso. Esme y Carlisle nos compraron un cochecito rosa.

Nunca pensé ser parte de una familia tan unida, tan cariñosa. Siempre quise tener hermanos y hermanas en quieres confiar. Unos padres amorosos que estén siempre pendientes de lo que me pase. Y los Cullen me habían acogido como una hija más. Me sentía tan importante ahora que había traído al mundo a la primera nieta.

Tanta felicidad me hace olvidar los recuerdos tristes, las lágrimas y sinsabores pasados. No hay día en que no agradezca a Dios por haberme dado una vida tan hermosa. Un esposo perfecto, una familia con la que soñé y ahora una hija… fruto de mi gran amor.

Perdono a todas las personas que me hicieron daño alguna vez, a Mike, quien murió arrepentido por lo que hizo, a Jessica que encontró una muerte horrenda, incluso a Tanya que pasará largos años en prisión por su obsesión mezquina.

Soy tan feliz… tanto…

— ¿Estás bien mi amor?— Edward besó mi coronilla. Me acurruqué a su pecho para descansar. Nuestra pequeña dormía en una cunita al lado derecho de mi cama. Mañana nos darían de alta y podríamos irnos a casa.

—Más que bien— pasé mis dedos entre su sedoso cabello. –Tengo sueño amor— suspiré. Edward empezó a tararear una melodía dulce, que hace tiempo había compuesto para mí. Me fui relajando.

Antes de abandonarme al sueño, mi mente hizo un repaso por todos los momentos al lado de mi esposo, un hombre maravilloso que conocí cuando se malogró el aire acondicionado del departamento.

¿Quién iba a pensar que encontraría el amor en el guapo conserje de un edificio?


 F I N


Gracias por leer amigas.


PATITO

Cap 33 El Conserje



CAPÍTULO 33: JUSTO CASTIGO


Los días pasaron Emmett y Rosalie ganaron su reality, vinieron a verme varias veces, al igual que Jake, Alice, Jasper y Esme. Todo iba perfecto hasta que tres semanas después inició el juicio a Tanya. La acusaban de homicidio en primer grado, el fiscal pedía cadena perpetua

—No tienes que ir amor, deberíamos quedarnos en casa— Edward se había opuesto a que presenciara el juicio pero yo no quería quedarme. Necesitaba estar allí, saber cada detalle y estar segura que Tanya iría a prisión por el resto de su vida y no volvería más.

Lo miré fijamente para que no piense en reclamar otra vez. 

Llegamos con tiempo, pude ver a lo lejos a una pareja al lado de Esme y Carlisle. La mujer era rubia y el hombre castaño.

—Son mis tios Sasha y Vladimir— dijo Edward llevándome lejos de ellos. Nos sentamos en la tercera fila del lado derecho de la sala de audiencias. Toda la familia Cullen y Denaly estaban en primera fila del lado derecho. 

— ¿Porqué no estamos con tu familia?— pregunté. Edward parecía abrumado.

—Amor, no es conveniente— susurró. 

Su contestación no me dejó satisfecha. Mis temores tal vez eran infundados. Pero sospechaba que mi novio no quería presentarme a sus tios. Bueno, tampoco deseaba que lo hiciera. Si eran padres de Tanya mejor que estén alejados. Aunque sus hermanas Irina y Kate me parecieron muy amables el otro día que las conocí en el desayuno que organizó Esme.

Me quedé estupefacta al escuchar la argumentación del abogado defensor de Tanya. Según él, Jessica y Tanya había peleado y la última sólo se defendió. Mostró fotografías donde se podía apreciar las heridas que Jessica le infringió a Tanya. Dos cortes en la cabeza y el labio roto. Todas venían respaldadas por infórmes médicos.

Me revolví en mi asiento fastidiada con tamaña mentira. El fiscal por el contrario, dio un detallado informe con pruebas forenses sobre la muerte de Jessica. Para él, un estrangulamiento no estaba dentro de los límites de la “autodefensa”.

Me sorprendí mucho más cuando llamaron a Tanya al estrado. Ella sin ningún remordimiento o culpa narró cómo fue víctima de hostigamiento por parte de la fallecida. La acusó de matar a Mike y hasta de envenenar con sustancias extrañas a sus enemigos. 

—Señorita Denali— preguntó el fiscal a su turno. –Hay algo que no termina de encajar en su historia. Si usted estaba segura que no tenía culpa de nada y que fue víctima de violencia por parte de la occisa… ¿Por qué esconder el cadáver  ¿Por qué no llamar a emergencias o a la policía? Usted escondió el cuerpo y limpió el lugar de los hechos. Si no se hubiera encontrado el cadaver o nunca sabríamos que la Señorita Stanley falleció— dijo acusadoramente.

—Me asusté. Tenía miedo que me acusaran de matarla a propósito— se defendió la rubia.

Una a una fue contestando todas las preguntas del fiscal, no se veía arrepentida ni afectada. Parecía muy segura de sí misma. Me daba tanta rabia.

Presentaron tres testigos, una de ellas fue Irina, su hermana y otra una mujer que yo no conocía.

Irina narró cómo Jessica se presentó en dos oportunidades a la casa de los Cullen. En una de ellas oyó a Jessica gritarle a su hermana. 

Su declaración fue aceptada, podía ver que los testimonios eran tomados en cuenta por el jurado y el juez. Poco a poco Tanya se estaba librando convenientemente de la acusación que pesaba en su contra.

El juez hizo un receso de dos horas. Salí de la sala muy enfadada, Edward notó mi humor.

—Tiene un buen abogado— sentenció.

—Es una maldita asesina, fría y calculadora y es posible que la dejen suelta ¿Cómo puede pasar esto después de lo que le hizo a Jessica y a mí?— casi grité.

—Bella, la brujería, magia negra o como se llame no es buen argumento para una demanda— quería gritarle que no me importaba con tal que Tanya se refunda en la cárcel. Si ella quedaba libre yo jamás volvería a tener paz en mi vida.

— ¿Y si queda libre? ¿Y si la liberan de toda culpa? ¿Qué va a pasar conmigo Edward?— le increpé.

—Bella, según mi padre, lo que tuviste fue una severa infección tropical que se trató a base de antibióticos— me giré a verlo. Pero, si él mismo encontró esa muñeca, él estuvo allí.

— ¿Cómo puedes decir eso? Tú viste la magia negra, fuiste tú quien encontró esa muñeca, la sacaste de ese foso, la viste envuelta en esa tela negra, estaba hecha de uno de mis vestidos— le grité

—Pero... yo no te he contado eso. Ni Jacob ¿Él te lo dijo?— me miró molesto. Ahora que recordaba Jake siempre evadía esa parte, nunca me lo había contado. Y Edward tampoco, pero yo lo sabía porque Victoria, la sacerdotiza vudú muerta me lo mostró.

—No. Yo lo ví, estuve allí, no sé si fue una visión o alucinación pero yo ví todo eso— le respondí.

—Pues científicamente la magia negra no existe— dijo triste.

— ¿Entonces que? Me enfermé de la nada y sané mágicamente?— le increpé.

—Bella, yo te creo. Te vi enfermar, perder fuerzas poco a poco, leí lo que Tanya escribió y ví aquella muñeca. Pero con eso no podemos acusar a Tanya legalmente. Y mi padre no cree lo que le conté— confesó. 

Era por eso que no estábamos cerca de los Cullen. Ahora lo comprendía. Carlisle nunca creyó en lo que me pasó, él y Esme debían estar aquí apoyando a su sobrina. Pero Esme sí sabía que Tanya era malvada. Había sido su víctima también. No me lo podía creer.

—Tus padres no creen que Tanya me hiciera brujería ¿Verdad?— no era una pregunta realmente, no me tenía que confirmar nada, yo sabía que era así.

—Mi padre tiene sus reservas. Mamá está aquí apoyando a su mejor amiga— suspiró mirando su reloj. 

Salimos de allí hacia un restaurante cercano, ya podía comer dieta blanda así que no había problemas en alimentarme en la calle.

No dije nada en todo el almuerzo, estaba muy molesta y no quería decir algo que pudiera herir más a Edward. Imaginaba que todo esto era bastante difícil para él.

—Creo que sería mejor volver a casa— sugirió mi novio.

—No, soporté tres horas de mentiras y ahora quiero ver en qué termina todo esto o no tendré paz— me levanté de la mesa dispuesta a ir a la corte otra vez.

—Amor, debes cuidarte, no te hace bien tantas tensiones—pidió. Pero ante mi terquedad no le quedó de otra que seguirme. 

En la puerta del juzgado nos encontramos con los Cullen y los Denali, no parecían de mejor semblante que nosotros. Esme se adelantó a saludarme.

—Bella, cuanto gusto hija, no deberías estar aquí— me miró muy triste.

— ¿No nos presentas Esme?— se adelantó la madre de Tanya. Mi suegra suspiró y trató de sonerír.

—Si claro. Ella es Isabella, la novia de Edward. Bella ellos son Sasha y Vladimir, nuestros parientes— la mujer era muy pálida, tenía la misma nariz respingada que su hija. Me miró de arriba abajo. 

—Un gusto Isabella— dijo de forma poco amigable. El hombre en cambio parecía desganado. Apenas notó mi presencia.

No sabía que decir. No podía tratarlos con familiaridad ni decirles que “El gusto era mío” porque sería mentir. Me limité a tratar de dibujar una sonrisa en mi rostro.

—Pasemos por favor— Carlisle notó la tensión y los apuró.

—Aún no he terminado— la mujer se adelantó hacia mí. Instintivamente Edward me protegió con su cuerpo. — ¿Qué te pasa Edward? ¿No dejarás que le diga algunas cositas a tu mujer?— me miró como si me odiara.

—Es que no tienes nada que decirle tía— Esme miraba la escena asustada, Carlisle tenso y el padre de Tanya pareció interesarse un poco.

—Por supuesto que tengo que decir algo, ya que por culpa de esta niña mi hija está encerrada— no entendía lo que esa mujer insinuaba ¿Culpa mía? ¿Yo no tenía nada que ver con que su hija furea una loca, desquiciada y asesina.

— ¿Culpa mía?— levanté la voz. Esme parecía a punto de llorar.

—Desde luego. Esa mocosa trastornada que intentó matar a mi hija era amiga tuya— me acusó la señora Denali.

—No era mi amiga. Era amiga de su hija, su cómplice— le respondí airada.

— ¿Me vas a contar el cuento de la magia negra? Porque eso, pequeña, no existe, es de ignorantes nativos o de países tercermundistas que se mueren de hambre— me dijo con una sonrisa muy ladina.

—No me importa si usted me cree o no. Es a su hija a la que debería preguntarle— le respondí, Esme se acercó a mí.

—Bella, por favor— rogó mi suegra. No esperaba eso de ella. Ponerse en contra mía para defender a su amiga.

—Si tuvieras decencia no estarías aquí muchachita— volvió a arremeter la mujer. Yo no iba a callarme nada. Aunque esto le doliera a Esme no iba a dejar que me humillen así.

—Si usted hubiera sido una buena madre tampoco estaría aquí— le contesté. De reojo vi que Esme sollozaba.

— ¡Bella!— me llamó la atención Carlisle.

— ¿Lo dice una huérfana? ¿Una mujer infiel? Engatusaste a mi sobrino para volver loca a mi hija. Mi pobre Tanya que sólo quería un poquito de la atención de su primo, que siempre albergaba las esperanza de conquistarlo. Pero llegaste tú, una zorra experimentada y además casada— quería irme encima de aquella tipa, ya entendía de donde sacó Tanya lo necia.

—Su hija es una asesina, no la inocente niña que usted cree. Se ve que no la conocía— dije llena de rabia pero tratando de no hablar demás. No quería hacer sufrir a Esme.

—Mi hija va a salir libre, sólo se defendió. Y apostaría mi vida a que fuiste tú la que envió a esa maldita mujer para dañarla. Tú con tu carita de mosca muerta, mi Tanya ya me había advertido de ti. Las de tu tipo son las peores— se acercó un poco más, parecía que quería golpearme  Carlisle e Edward intentaron detenerla pero fue Esme la que se les adelantó y se colocó delante de mí impidiendo que me dañara.

—No Sasha. Bella es mi hija ahora y no vas a lastimarla— la mujer rubia se frenó al ver a su amiga defendiéndome.

— ¿Esme? Pero… pero tu no puedes estar de su lado. Tanya es tu consentida— Sasha retrocedió anonadada. Yo también lo estaba, mis ojos se llenaron de lágrimas al oír aquello.

—Bella no es la culpable Sasha. Fue Tanya— la rubia retrocedió cómo si la palabras de Esme la hubieran herido. No dijo más y corrió hacia dentro del tribunal seguida por su esposo. 

—Lo siento hija, no debí dejar que te dijera nada. Pero es difícil porque Sasha siempre fue mi mejor amiga— Esme me abrazó. Le correspondí con lágrimas en los ojos. Carlise y Edward nos dieron nuestro espacio.

—Esme, no tenías que hacer eso— le dije llorando pero feliz.

—Eres parte de mi familia ahora y no puedo permitir que te traten así, no te lo mereces hija— me abrazó. Le correspondí con todas mis ansias de una madre. 

—Gracias— no pude decirle nada más aunque moría porque supiera lo importante que era para mí.

—El juicio ya va a empezar Esme, ¿Entramos o no?— preguntó Carlisle.

—Debemos entrar— dijo ella. 

Los cuatro llegamos a la sala, Esme no me dejó sola, nos sentamos juntos.

El juicio continuó, una a una las pruebas del fiscal iban poniendo a la balanza del lado de la justicia. Se presentaron registros de llamadas telefónicas, fotografías donde podía apreciarse que Tanya y Jessica eran amigas, habían salido a comer, de copas incluso al cine. 

El día que Tanya estranguló a Jessica habían salido al banco, una fotografía de las oficinas bancarias lo comprobaron.

—Lo que aquí quiero probar es que la fallecida señorita Stanley nunca fue una amenaza para la señorita Denali. Compartían una amistad regular. Lo que provocó alguna desavenencia ocurrió aquel día y tengo pruebas que fue una cuestión económica— concluyó. 

Inmediatamente mostró un video del cajero en el cual Tanya y Jessica hiceron un retiro de dinero. –No tengo el audio porque ningún cajero graba las voces, es contra las políticas de privacidad. Pero he descubierto que aquí se inició el problema— el video siguió su curso. Tanya retiro el dinero y se lo entregó a Jessica quien tan sólo al verlo le reclamó algo. Cómo me gustaría saber lo que le decía, seguramantente debió reclamarle que no era suficiente. –Aquel día la señorita Denali hizo un retiro de mil quinientos dólares, casi todo el contenido de su cuenta bancaria— el fiscal mostró un documento del banco del record financiero de Tanya. 

Nuevamente me concentré en el video Tanya y Jessica, discutían acaloradamente. Debían saber que ese dinero era insuficiente para James. ¿Cuánto habría acordado pagarle Tanya para que me matara?

Jessica empujó a Tanya contra la puerta de vidrio del cajero y ésta le contestó con un golpe en la cara, ambas se jalaron de los cabellos. Dos personas intervinieron y lograron separarlas. Luego Tanya corrió hacia su automóvil que estaba muy cerca y se marchó.

—Cómo todos han podido ver la riña empezó por dinero, alguna desavenencia financiera. No es como la acusada intenta hacerles creer, la fallecida señorita Stanley no la acosaba, no la perseguía, no constituía una amenaza para su vida— todos los miembros del jurado se miraron entre si. –En este informe telefónico verán que en la tarde del mismo día, se realizó una llamada de 5 minutos del celular de la señorita Denali hacia el celular de la occisa. Una hora después la camioneta de la señorita Stanley aparcó en la casa de la familia Cullen, domicilio de la señorita Denali. Tengo el testimonio de los vecinos. Uno de ellos podaba su jardín—el fiscal era brillante, había seguido paso a paso cada detalle que desencadenó ese asesinato. 

—Y para probar que la señorita Denali no tiene ningún remordimiento por la muerte de la que es responsable, tengo aquí su diario personal— elevó aquella libreta que Jake le robó. Edward me había dicho que la había devuelto a la habitación de su prima. Era extraño.

— ¡Objeción! Ya declaramos en un unicio que ese diario había sido sustraído de mi defendida, y eso lo convierte en una prueba inadmisible— el abogado que la defendía habló muy seguro de sí mismo. Esme a mi lado tomó mi mano. Temblaba y no sabía porqué.

—Eso se dijo en un inicio pero hoy puedo probar que ese diario no fue sustraído sino proporcionado por alguien muy cercano a la señorita Denali— el fiscal retó al abogado defensor.

—Alguien que robó ese diario— volvió a afirmar el defensor.

—No es robo si la casa le pertenece— todo mundo murmuró. Miré a Esme de reojo, respiraba con dificultad. Edward a mi lado se giró a verla. –Llamo a declarar a la señora Esme Cullen— dijo el fiscal. Muchas personas giraron sus cabezas buscando a Esme.

—Vamos cariño, estoy contigo— escuché decirle a Carlisle. Esme se levantó y caminó hacia el estrado. Le tomaron juramento. Se veía pálida y llorosa, sabía que esto le dolía mucho.

—Su nombre completo por favor— preguntó el fiscal.

—Esme Anne Cullen Platt— dijo ella tímidamente.

—Señora Cullen ¿Usted robó este diario?— le preguntó el agente del gobierno.

—No. Lo tomé luego que mi sobrina fuera detenida. Estaba buscando sus documentos personales— dijo ella.

— ¿Leyó lo que contenía el diario?— le preguntaron.

—No sabía que era un diario, creí que era un libro o una libreta de notas. Sí lo leí. Me llamó la atención lo ultimo que escribió, hablaba de desaparecer a alguien. Muchas de las cosas que dice ese diario son terribles— ahogó un sollozo.

—Gracias señora Cullen, le cedo la palabra al abogado defensor— el fiscal regresó a su lugar. 

Se me erizó la piel, el abogado de Tanya era un tipo abominable, sabía bien como hacer su trabajo y seguramente lastimaría a Esme. Edward tomó mi mano al ver mi actitud.

—Señora Cullen, ¿Usted no sabe que hurgar en las pertenencias de la personas no está bien? La señorita Denali era su huésped y usted forzó su habitación, rebuscó sus objetos y robó ese diario— la acusó. Me daba tanta rabia, no podía tratar así a Esme. Y el fiscal no decía nada. Mi suegra se enjugó el llanto y lo miró muy seria.

—No forcé la habitación de mi sobrina, tengo llave, es mi casa. Tanya siempre deja sus documentos y sus carteras en todos lados, su cédula de identidad no aparecía, yo entré a buscarla— dijo ella muy segura.

—Entonces usted entró con su llave, rebuscó las cosas de mi defendida y encontró lo que cree, es un diario. Lo leyó y pensó que todo lo que está escrito es real ¿No se le ocurrió pensar que podría ser una libreta de apuntes donde la señorita Tanya escribía?

— ¿Cómo el borrador de un libro?— preguntó Esme. Esto era el colmo. ¿Acaso el abogado estaba insinuando que eso no era el diario de Tanya sino un libro que escribía?


En qué cabeza tonta cabía que Tanya era una escritora. Si cada nombre, dato y hecho pertenecían a la vida real. Estaban allí los nombres de Edward, Jessica, James, hasta sus amantes Demetri y Félix.


—Si, eso es exactametne esa libreta. La señorita Denali tiene por hobbie escribir— el abogado afirmó eso sonriendo. Edward bufó a mi lado. De reojo vi que la madre de Tanya sonreía y se volteaba ver a su marido.

—Tanya nunca tuvo ese pasatiempo. Ella coleccionaba zapatos, la conozco desde que era un bebé, vive con nosotros cada verano— Esme hablaba triste.

—Entonces no la conoce bien. La senorita Denali usaba esa libreta para escribir ficción, de esas cosas que todos solemos hacer a veces. Escribir lo que quisiéramos hacer y no nos atrevemos. Señora Cullen ¿Usted creyó acaso lo que decía esa libreta?— preguntó el abogado.

—Sí. Porque no son deseos insatisfechos o ficción lo que mi sobrina escribía. Leyendo aquella libreta comprobé muchas cosas que sospechaba— suspiró Esme. El abogado incrédulo sonrió. 

— ¿Cómo por ejemplo señora Cullen?— la retó.

—Muchas cosas desagradables— Esme bajó la cabeza y se limpió sus lágrimas.

—Pero no las puede compartir ¿Verdad? Porque son increíbles, tontas y ridículas. En suma porque no son ciertas— rió el abogado. Cómo me gustaría darle un puntapié por burlarse así de Esme.

—Leyendo esa libreta me enteré porqué se me perdía dinero. Los padres de Tanya le enviaban cada mes una cantidad, pero ella gastaba mucho más que eso y nunca supe como lo conseguía— sollozó pero se recuperó. –Me enteré porqué aparecían prendas íntimas de Tanya debajo de la cama de mi hijo, ella escribió en esa libreta que lo hacía apropósito para que yo piense que ellos se acostaban. En esa libreta confesaba que me tiró de las escaleras apropósito, cuando yo creía que fue un accidente—Esme no pudo evitar llorar sin control. El abogado al verse acorralado utilizó su último recurso.

— ¿Entonces usted condenaría a su sobrina a pasar toda su vida en prisión sólo por leer esa libreta?

—Protesto. La pregunta es insidiosa— el fiscal se levantó.

—Me retracto— el abogado se adelantó al juez. –Señora Cullen ¿Es cierto que usted cree que la señorita Denañi hizo uso de la magia negra sólo porque lo dice aquella libreta?— mi corazón se aceleró. 

Esme sí me creía pero si lo decía frente a toda esa gente, la harían pedazos. Edward tenía razón, la hechicería no está probada por la ciencia. Me retorcí en mi asiento, Edward no soltaba mi mano. Carlisle estaba muy nervioso.

— ¿Magia negra? Mi sobrina no era una bruja señor abogado— se defendió Esme. Sonreí al escucharla.

— ¿Y una asesina?— preguntó ese malvado defensor.

—No lo sé. Vine aquí precisamente porque dudo de esa libreta, quiero ver más pruebas. Quiero la verdad. La libreta es… solo una prueba más— Esme lo miró decidida y fuerte. No se dejó vencer por aquel hombrecillo malintencionado.

—Es todo— respondió él bastante fastidiado.

—El jurado evaluará la admisión de esta nueva evidencia, se posterga el juicio para mañan temprano— el juez dio por terminado el proceso por hoy. 

Carlisle a mi lado me miró. –Bella, yo sí te creo. Mis estudios científicos me han llevado a desentrañar muchas supercherías medievales pero en tu caso llegué al límite. Hice todos los estudios y análisis posibles. Tu enfermedad no existía realmente. Acepté las pruebas de ese investigador cuando ya no sabía que hacer para ayudarte. Lamentablemente comprobé que muchos otros médicos también se sientierón igual de frustrados que yo. No quería perderte, eres mi hija, si te perdía a ti también perdería a Edward— sus palabras sentidas me arrancaron unas lágrimas.

—Carlisle, gracias— dije tomando su mano. 

—He visto tu enfermedad y tu recuperación y no tengo ninguna duda que fue algo paranormal lo que te pasó. Me alegra tenerte de vuelta— me ofreció una hermosa sonrisa. Eso era suficiente para mí, saber que me creían, que me amaban y me apoyaban en todo. 

Salimos del juzgado, no quise regresar al día siguiente, había tenido suficiente. 

Vi en el noticiero el resumen y al sentencia. A Tanya no le dieron la pena máxima, pero estaría 30 años tras las rejas. No me alegraba sin embargo me daba tranquilidad saber que no tendría a esa loca rondando.

Edward me contó que la familia de Tanya se marchó muy triste, sabía que la amistad de Esme y la señora Denali estaba muy deteriorada. Era una pena.

.

Nuestras vidas regresaron a su cauce, me recuperé totalmente, Carlisle me dio de alta y ya no tendría que regresar al hospital para chequeos ni análisis. 

Era tiempo de reorganizar mi vida, decidir si volvía a trabajar con Esme, si nos quedábamos a vivir en este apartamento. Además de los trámites que había postergado, sobre la herencia que recibí de Mike. Alice tenía buen olfato para los negocios, creo que lo invertiría gran parte de lo que me tocó para asegurar mi futuro y no depender económicamente de Edward. Tal vez invierta incluso en este edificio.

Edward me invitó a cenar en un restaurante muy romántico, yo sabía para qué. 


Las mujeres siempre intuimos esas cosas. Estaba segura que hoy terminaría con un anillo en mi dedo y una promesa para cambiar mi apellido y eso me causaba cosquillas en el estómago.




Cap 32 El Conserje


CAPÍTULO 32: EXHIBICIONISTAS


La semana siguiente me dieron de alta, estaba feliz. Esme y Alice vinieron por mí.

—Bella, debemos ir al centro. Son los últimos días de Rose y Emmett en ese lugar, han televisado toda su estadía, los pillaron hace tres días haciendo…— pero su madre la interrumpió.

— ¡Alice! No importunes a Bella, ella debe descansar— le di una sonrisa cómplice a mi querida cuñada. Claro que tenía curiosidad de ver a Emmett en ese concurso pero no debía presionar.

—Gracias por venir hoy a llevarme a casa— abracé a Esme. 

—Felicidades Bella, estás oficialmente sana— entró Carlisle trayendo los papeles del alta.

— ¡Qué bueno!— Alice saltó de alegría.

—Hay un pequeño detalle Bella— el rostro de Carlisle cambió. Me asusté.

— ¿Pasa algo?— pregunté asustada. Alice llegó de un salto a ver los papeles que traía su padre. Me miró también asombrada.

—Pues que no quise importunarte con temas legales, evité que te entregaran las citaciones y demás papelería judicial. Bella, tu divorcio salió después que tu ex marido murió— me tranquilizó saber que era sólo algo legal. 

Pero… ¿eso qué quería decir? ¿Que todo este tiempo fui Bella Newton? ¿Les molestaría eso a los Cullen?

—No entiendo Carlisle— los miré con recelo.

—Acá tengo los papeles del juzgado que trajeron hoy. Según sé, ahora eres dueña de todo lo que Mike Newton poseía. Me pregunto ¿Con cual de todas estas tarjetas vas a cancelar la cuenta del hospital?— sonrió antes de alcanzarme varios sobres. Algunos eran del juzgado, otros de bancos, incluso de la bolsa de valores.

Alice rompió a reír, su risa era tan contagiosa que incluso Esme rió. Carlisle se veía muy alegre. Le sonreí a todos. 

—Es broma Bella, mi esposo tiene un sentido del humor inglés— Esme le sacó la lengua a mi suegro. 

— ¿Me puedo unir al festejo?— mi corazón se aceleró al oír aquella voz tan hermosa. Si no hubiese tanta gente correría a recibirlo.

—Claro, acabamos de decirle a tu novia que es una viuda millonaria— bromeó Alice. Pero a Edward no pareció causarle gracias. Mi eterno celoso.

—Vine a llevarte a casa amor— cambió de tema. Sonreí, él me amaba, era todo lo que necesitaba saber.

— ¡Vinimos! Yo también quiero ver a Bella instalada en su departamento— Esme me ayudó a ponerme la chaqueta.

—Haremos caravana entonces— Alice tomó mi maletín y se lo colgó al hombro, no dejó que Edward se lo quitara. Estaba feliz porque ellos me querían, mi nueva familia me estimaba.

Al salir me llevé una gran alegría, mi abuelo Charlie estaba en la entrada. Me acerqué a él.

—Ey chica. Quería verte así, de pie y sana— lo abracé.

— ¡Charlie! ¿Por qué no habías venido a verme?— pregunté a punto de llorar.

—He venido, he venido… pero los hospitales me dan miedo. Además no quería ver a mi chica tendida en una cama— sonrió. Yo sabía cuánto le costaba demostrar sus emociones. 

—Gracias por estar aquí— le sonreí.

Estaba tan agradecida con la gente que tenía a mí alrededor, esperaba que Jake viniera a verme a casa, para seguir hablando, todos los días que estuve hospitalizada conversamos sobre lo que pasó. 

Pero no quiso explicar muy bien lo que hicieron los ancianos de su tribu con aquella muñeca diabólica, creo que tampoco lo sabía o se hacia el interesante para que le siguiera preguntando.

Mi abuelo Charlie se quedó un día conmigo en el departamento pero se fue al siguiente, según él, los muertos y las visitas apestan pronto. Tenía sus ideas muy bien arraigadas imposibles de cambiar. Edward y yo prometimos irlo a ver pronto. 

Pasaron dos días y me aburrió el encierro, decidí ir a ver a Rosalie y a Emmett. Alice me ayudó a convencer a Edward de llevarnos. 

Era impresionante el modo en que la televisora había conseguido mantener el rating con ese reality. En todas las calles habían carteles haciéndo propaganda, sobre cual pareja era la mejor. 

— ¿Cómo saben qué pareja es la más popular?— pregunté. 

—Todas las noches pasan una hora de resumen sobre lo que pasa en esa casa. Los televidentes votan por su pareja favorita dependiendo de lo que vean que hacen. Yo he votado cientos de veces en la página web del canal y he llamado al número telefónico, además he enviado mensajes de texto con el número de ellos que es el 5. ¡Van ganando!— mi cuñada saltaba de emoción, yo aún no me hacía la idea, había estado alejada del mundo por varias semanas.

—Sólo es un espectáculo, bastante denigrante por cierto— Edward no parecía apoyar a Alice.

—Eres un amargado, a mí me gusta ver lo que hacen— ella respingó la naríz ofendida. Me reí, era tan bueno volver a la vida normal.

Llegamos a la avenida principal, era de noche pero había bastante iluminación. La casa de cristal era impresionante, como ver una casa de verdad pero con paredes transparentes, salvo en los servicios higiénicos. 

Muchas personas miraban al interior de la tan famosa casa. Mis ojos sólo buscaban una cabellera rubia, hasta que la encontré. Sentada en un enorme sofá, con una minifalda que penas le cubría lo necesario, estaba Rose leyendo una revista. Y a su lado en la alfombra se hallaba Emmett, quier masajeaba sus pies. La escena sería muy linda si mi enorme cuñado no estuviera medio desnudo. 

Algunas adolescentes a mi alrededor coreaban su nombre “Emmett míranos” “Emmett te amamos” gritaban a voz en cuello. Un extraño sentimiento de vanidad se apoderó de mí. Saqué mi celular y le marqué a Rose.

La vi contestar a través del vidrio. 

— ¿Bella?— soltó su revista. Pude ver la sonrisa de Emmett.

—Si, soy yo— casi grité.

— ¿Ya saliste del hospital? Cómo me gustaría estar allí, cuéntame, apenas hemos hablado y yo encerrada en este horrible lugar…— empezó a quejarse, yo no veía que la pasara tan mal. 

—Estoy bien… pásame a Emmett por favor— pedí con una ladina sonrisa. Miré a mi alrededor sólo Alice estab allí. “Edward debió ir a ver cosas mejores” pensé.

— ¿A Emmett?

—Si... ¿me lo prestas? Es solo un momento— pedí.

—Buneo... es tuyo— vi que le alcanzó el celular

— ¡Ey hechizada!— gritó.

—Hola… acabo de salir del hospital y… estoy fuera de tu casa de cristal… ¡¡puedo verte!!— le grité.

— ¿En serio? ¿Viniste a vernos?— miró hacia el grupo dónde estábamos.

—Pero Claro, no me lo perdería por nada. Me preguntaba si podrías hacernos un show— solté una risita tonta. Creo que no era buena idea pero ya estaba de cabeza en esto. Ni modo.

— ¿Qué tipo de Show Bella? Recuerda que tienes un ex monje contigo— sabía que a Emmett le fascinaría hacer lo que tenía en mente sobre todo si era para mí.

— ¿Podrías mostrarnos tus músculos? Estoy rodeada de muchas de tus fans y Edward no está— mi corazón latía como el de una adolescente escapándose de casa para ir a bailar.

— ¡Hermanita! Ese embrujo te ha hecho más osada. Estoy a la orden, será mi manera de disculparme por no estar allí el día que enfermeste en el centro comercial— recordar aquello me borró la sonrisa por un momento

—Entonces…

—Entonces, espera un par de minutos que voy a ponerme mi traje de etiqueta— le devolvió el celular a Rose.

— ¿Bella estas aquí?— dijo mi amiga mirando a través de las paredes transparentes.

—Si, estamos Alice y yo, le pedimos a Emmett un show— esperaba que eso no le molestara.

—Oh no, ya le diste cuerda. Hace horas que está aburridísimo. Ahora nadie lo podrá parar— soltó una carcajada.

Emmett estaba en la salita de la casa acomodando los muebles contra las paredes, haciendo espacio. Los otros participantes lo miraban curiosos. Él habló con los demás y luego todos los varones desaparecieron. 

Las luces que iluminaban desde adentro se apagaron. Los espectadores cerca de mí murmuraron. Nadie sabía que pasaba. Alice y yo sólo nos mirábamos. 

—Me voy a traumar Bella, he visto a Emmett desnudo mas veces de las que debería. Temo que mi salud mental se vea seriamente afectada— sonrió.

—No creo que se desnude Alice— dije no muy segura de esto. 

Si Edward o Esme se enteraban que yo provoqué que el chico más musculoso de los Cullen quedara en cueros frente a todo Jacksonville seguramente me mirarían desaprobatoriamente. 

La música empezó a sonar, las luces iluminaban solamente un punto en fondo del saloncito.

Unos gritos fuertes me asustaron pero no era otra cosa que las fans histéricas. Unas adolescentes con las hormonas revueltas que debían tener las bragas húmedas, sino estuviera la zona acordonada violarían a los participantes del reality. Ojalá Edward esté bien lejos de aquí.

Uno a uno y con movimientos sugerentes los jovenes iniciaron su show. Los gritos se hacían ensordecedores, Alice saltaba y gritaba con las demás. Yo me limitaba a mirar, no debía hacer tanto esfuerzo todavía. 

— ¡Bella!— Edward no se oía nada feliz. Me giré a verlo con una sonrisa y mis mejillas enrojecidas. –Hay demasiado escándalo, deberíamos irnos a casa, debes descansar— pidió. 

— ¡Edward! nos estamos diviertiendo— protestó Alice.

—Bella está aun convaleciente, no debe agitarse, esto no le hace bien— mi amor tenía razón. Todavía me dolía un poco la garganta y me fatigaba con facilidad pero ver aquello también me ayudaba… a divertir mis ojos.

—Sólo un momento más, mira es el turno de Emmett— le señalé cuando las luces se prendieron nuevamente y la multitud nos ensordeció. Edward suspiró resignado.

“Hola nenas, las amo” saludó Em con un micrófono en la mano. Cientos de gritos le respondieron. “Gracias a todas, están en mi corazón” otra vez los gritos hicieron que me tapara los oídos. “Este baile se lo dedico a mi pequeña hermana Bella que acaba de salir del hospital. Para ti hechizada” sonreí al escuchar aquello. Miré de reojo a Edward, una leve sonrisa adornaba su semblante. 

La música sonó y Emmett empezó su baile, parecía un profesional en el arte de quitarse la ropa. Mis mejillas ardían la garganta me dolía porque no podía evitar gritar como las demás adolescentes que estaban a mi lado. Hasta Alice saltaba y gritaba, por momentos con los ojos cerrados. Una a una las prendas que cubrían a mi cuñado cayeron o fueron arrojadas por él mismo. Era todo un espectáculo que estaba segura la televisora emitía en directo.

Cuando sólo una prenda le quedaba en el cuerpo y los gritos ahogados eran ensordecedores, la música terminó. Emmett agradeció y salió del escenario improvisado. Las niñas seguían gritando a más no poder y pedían repetición.

—Debemos irnos mi amor— susurró Edward. Acepté y tomando de un brazo a Alice salimos de aquel tumulto

—Mamá va a querer demandar al reality y papá va a ser bombardeado toda la semana por sus pacientes— reía Alice en el asiento trasero del auto. Edward manejaba, no había dicho nada hasta ahora.

—No es saludable para nadie ese tipo de espectáculos— se quejó mi novio.

— ¿Por qué?— Pregunté. A mí me había gustado el show.

—Porque es algo denigrante. Apela al morbo de la gente, a la curiosidad voyeurista— dijo él calmadamente.

—Suenas como un psicólogo viejo— rió Alice.

—Imagino que si. Pero no le encuentro nada bueno a esos eventos. Los participantes son sólo jóvenes a quienes les fascina la popularidad sin importarle nada más. Si es bueno o malo, a ellos no les importa en tanto puedan salir en una pantalla de televisión. No son héroes como anuncian sus comerciales, nada más son personas que no soportan que no les presten atención— sonrió. Por fin una linda sonrisa en su rostro.

—Tú tienes la culpa de eso Edward— Alice seguía riendo a más no poder.

— ¿Yo?— Edward estaba sorprendido.

—Sí. Emmett siempre se ha quejado que era el niño consentido, mamá lo tenía muy mimado, hasta que tú llegaste y le quitaste toda la atención de la familia. Además la abuela decía que eras más bonito— sonreí al escuchar eso. Me imaginaba el hermoso bebé que debió ser Edward. 

—Eso no es cierto, Emmett siempre fue un exhibicionista— la corrigió ofendido. 

Yo también reía, era tan agradable vivir con Edward, tener una cuñada así de divertida como Alice, unos suegros tan buenos como Esme y Carlisle y un cuñado exhibicionista como Emmett.

Llegamos a casa, estaba tan cansada que me quedé dormida en el sofá, entre sueños Edward me hizo tomar una pastilla y me llevó a la cama

Cap 31 El Conserje



CAPÍTULO 31: ¿PODRÉ VOLVER?


Miré a Edward que parecía al límite de su paciencia. Jake en cambio se veía interesado.

Tomé el sobre y saqué muchas fotografías. Había una foto muy vieja de una mujer pelirroja, era la primera de todas. No sabía quien era. Se la mostré a Jenks.

—Se llamaba Victoria, la esposa del señor James, era una mambo, sacerdotisa Vudú— dijo el investigador.

Más fotografías de una casa en muy vieja con totems y figuras horribles. No entendía qué quería decir con eso.

—Es la casa de esa mujer en Haití. Viajé hasta allá porque el señor James salió del país con otro nombre. Lo seguí. Pero cuando llegué él la había matado. Según dicen en el pueblo, ella no usaba la magia para matar a nadie sino para curar pero su esposo no era como ella. Él era un mago negro que hacía trabajos por encargo— Jenks hablaba atropelladamente.

Ví una fotografía de un hombre muerto, desfigurado y sucio. Era aterradora.

—Es James, los pobladores lo apedrearon, llegué junto con la policía, no pudimos hacer nada por él— miré al hombrecillo ratón asustada. Qué terrible ver morir a alguien de esa forma. –Pero pude hablarle antes que muriera, le pregunté y me lo confirmó, me dijo que usted moriría— miré a Edward alarmada.

—Bella eso es… es superchería, somos seres civilizados, no creas en esas cosas— caminaba por la habitación como una fiera.

—No es superchería— dijo Jacob. –Yo vengo de una tribu muy antigua, nos hemos “civilizado” pero las leyendas quedan. Sí se puede matar a alguien con magia negra— sus palabras me dieron escalosfrios, Edward bufó.

Seguí mirando lo que Jenks me había alcanzado, había algunos documentos médicos que no entendía. Le mostré a Jenks.

—Investigué sobre algunas de las muertes que por encargo le hicieron al señor James. Todos murireon igual, con infección en la garganta o en el estómago. Un medico la denominó “infección tropical” porque no sabían que era. Tengo acá mucha evidencia para corroborarla con la muerte del señor Newton, también murió de la famosa infección tropical. Cuando me enteré que usted estaba enferma traté de venir lo más rápido posible pero sufrí un accidente— lo miré intrigada.

Me mostró una de las últimas fotografías.

—Él es Demetri Volturi. Es alguien que me seguía a mí. No sé cómo supo que investigaba pero trató de matarme y no con magia negra sino con un arma— el pobre hombrecillo sacó un pañuelo para limiarse el sudor.

— ¿Qué Tanya no conocía a un tal Demetri?—  me preguntó Jake. Asentí con la cabeza, yo misma había leído en el diario de Tanya sobre un Demetri y un tal Felix.

— ¿Qué insinúas?— gritó Edward.

—Es cierto— Afirmó Jenks, todos lo miramos. –En estos días investigué. Es un ex novio de la señorita Denali— confirmó el investigador.

—Esto es insólito, sólo falta que digan que Tanya le pagó a James para hacerle magia negra a Bella— dijo escéptico.

— ¿No se te perdieron cinco mil dólares últimamente — preguntó Jacob. Edward volteó a verlo muy molesto.

— ¡Tú sabes algo!— le gritó.

—Con ese dinero tu prima le pagó a James— se le enfrentó mi amigo lobo.

— ¡Eso es una mentira! ¿Tienes pruebas?— Edward estaba fuera de sí, tomó a Jacob de las solapas de su camisa y lo empujó contra la pared.

— ¡No! ¡No!— grité tomando la libreta dónde decía lo del dinero. Se lo mostré a Edward agitándolo con mi mano. Él soltó a Jake.

— ¿Qué es eso?— preguntó tomándolo. Sus ojos leyeron rápidamente.

—Eso, es el diario de tu prima. Se lo robé ayer por eso quería ver a Bella, allí dice todo lo que ha hecho a ver si de una vez se te cae esa venda de los ojos. Tanya es un monstruo  yo sabía que no era buena pero ahora me doy cuenta de lo enferma que está— le gritó Jake.

Edward terminó de leer aquella página y pasaba hoja tras hoja. Su semblante fue cambiando, me relajé pero el dolor nuevamante me sorprendió  Quise tranquilizarme, pero me delató el pitillo de la máquina.

— ¿Otra vez?— preguntó Jake. Asentí.

—Debemos encontrar el vudú— dijo Jenks. Lo miré conteniendo el dolor ¿Qué vudú?

—Puede estar e cualquier parte— Jake parecía ofuscado.

— ¿Qué forma podría tener?— preguntó Edward por primera vez sin gritar, o molesto.

—Estoy seguro que es una muñeca— dijo Jenks, miré  a Jake.

—Claro, de esa muñeca escribió Tanya— mi amigo saltó por la libreta. Edward se la entregó. –Mi tía Sue conoce a los ancianos de la tribu, ellos deben saber como desactivar eso— Jake pasaba las páginas.

—Voy a buscar a Tanya ahora mismo— Edward salió como alma que lleva el diablo.

—Lo mas importante ahora es encontrar el vudú, no tenemos mucho tiempo— Jenks parecía otra vez trastornado.

—Pero ¿Dónde?— se pregutnaba Jake. Ya no pude contenerme más y grité. Sentía como si me fueran arrancar la cabeza del dolor.

— ¿Señorita Bella?— murmuró Jenks, Jake tomó una de mis manos antes que yo misma me arranque el tubo que tenía en la garganta.

— ¡Toque el timbre Jenks, rápido!— urgió mi amigo lobo.

Pero ya no soportaba el ardor, parecía que me hubiese comido brasas ardientes. Bajaban por mi garganta a mi estómago. Todo mi pecho estaba en llamas, me quemaba mucho.

Los médicos llegaron, Carlisle echó a Jenks y a Jake de la habitación. Yo rogaba porque hicieran algo para calmar este sufrimiento. En mi cabeza tenía la imagen fija de aquella mujer pelirroja, la misma que James había matado.

No quería morir así, no era justo, no lo era.

Mi cuerpo quedó atrás, dejé de luchar. No soportaba más el dolor, era mejor este lugar calmado y sin ruidos. Nadie me podía lastimar aquí, nadie podría hacerme más daño. Era un lugar bueno, creo.

Caminé un tramo, mis pies no sentían frío, el suelo estaba lleno de musgo y hojas suaves.

Seguí caminado, la hierba se hacía más alta. Aquel campo era el mismo que había soñado tantas veces de niña, el lugar que me imaginaba cuando me ponían las inyecciones en el hospital. Un lugar secreto y privado en donde me escondía para evitar que me dañen. Aquí he venido incluso en mis dolores de muelas, cuando me sacaron el apéndice, cuanto me corté el dedo preparando la comida. Era mejor que un analgésico, mejor incluso que la misma anestesia.

Pero estaba sola, si al menos Edward viniera conmigo. Él se quedó atrás, en el hospital donde sufría tanto.

¿Podré volver? ¿Podré regresar a él?

Quiero ver a Alice, ir de compras todo el día con ella. Ver otra vez la dulce sonrisa de Esme mientras revisa mi trabajo de diseños de la revista. Necesito volver y ver si Emmett y Rosalie ganan su reality viviendo en esa casa de cristal. Incluso quiero ver a Jacob y su risa desprocupada. No me puedo ir así, sin despedirme de nadie.

Pero si vuelvo seguirá doliendo. Me arrancarán la vida de la peor forma. Prefiero estar aquí, soy cobarde. Papá me diría que enfrente mis miedos, el abuelo Charlie me regañaría por tener poco valor. Y mamá… ¿Qué diría mi mamá? Apenas la conocí.

¿Así murió Mike? Pobre Mike, sólo quería que lo quisiera. Y yo lo quise mucho pero no de la misma forma que amo a Edward. Edward, mi Edward. Te necesito…

Un fuerte golpe en el pecho me hizo gritar pero mi voz no salía. Alguien me golpeaba, me dolía, no quería más dolor.

—La perdemos, más voltaje— escuché la voz de Carlisle.

Otro duro golpe en el pecho. ¡Ya no, ya no por favor duele!

—La tengo, ponle un dilatador, estabilízala, rápido a cuidados intensivos—  todo se movía, sentía la velocidad. Nuevamente el rostro de la mujer pelirroja me sorprendió.

“Tranquila nena” me dijo.

“Eres real” le pregunté, era la primera vez que una alucinación me hablaba.

“Ya estan cerca, ya casi la encuentran” me guiñó un ojo. ¿De que hablaba?

“No entiendo” debió parecerle ridículo mi rostro. Una carcajada que parecía el canto de una sirena salió de su boca. Era muy hermosa, parecía una ninfa.

“Te lo mostraré, sígueme” caminó por un sendero, en aquel hermoso prado. La seguí, no tenia otra cosa que hacer. Me llevó hasta el borde de un lago pequeño

“Míralo tú misma” dijo señalando la superficie del agua. Miré atentamente, no parecía cambiar en nada. De pronto, como si me mostrara una película antigua, las imágenes aparecieron.

Era Jake, corría junto a Edward. Unas luces rojas alumbraban cada pocos segundos. Casi era de noche pero todavía podía distinguir claramente la espalda de  mí amado Edward y del mejor amigo que he tenido. Algunos policías salieron a detenerlos, ellos los evadieron. Jake saltó más rápido y llegó primero. Era un pozo profundo, pero no lo miraron. Se agazaparon buscando algo entre los escombros y la hierba alrededor. Parecía recién removida. Ambos cavaban con las manos, quitaban la maleza y seguían buscando. El lodo pronto les ensució sus ropas pero eso no los detenía.

—Acá, encontré una cuerda— gritó Jake.

—No la sueltes— le respondió Edward. Se acercó a él y juntos tiraron lentamente. Pronto no pudieron seguir haciéndolo.

—Se trabó, hay que bajar— Jake miró el foso con miedo.

—Yo lo haré, tu pareces mas fuerte, podrás… sacarme si caigo— apenas sonrió. Lentamente Edward fue introduciéndose en esa hondonada. Quise gritar cuando lo vi desaparecer.

“Tranquila” me susurró Victoria, la pelirroja. Pero ella estaba muerta según Jenks.  Entonces… ¿yo también lo estaba?

“No estas muerta” me sonrió Victoria. ¿Acaso podía leer mi mente?

“James no debió usar la magia para matar, por eso te he protegido” me sonrió.

Sonaba interesante y aterrador pero mi mente estaba en Edward, prácticamente colgaba de uno de los bordes del foso. Sus dedos se resbalaban… iba a caer.

Las manos de Jacob los sujetaron fuertemente.

— ¡Te tengo!— gritó Jake. Lo subió. Juntos examinaron la tela negra que lograron sacar.

—Por el amor de todo lo sagrado ¿Qué es eso?— Edward se alejó un poco de aquella muñeca aterradora.

Estaba hecha con la tela de uno de mis vestidos, su cabello largo se parecía al mío. Llevaba una cinta negra atada al cuello. ¡Casi se le salía la cabeza!

—No la toques, no sabemos tratar esto— reclamó Jake al ver a Edwar acercarse a esa cosa.

—No lo creo… era cierto— murmuraba mi ex conserje.

—Lo llevaré a mi tía Sue, ella sabrá que hacer Jake envolvió nuevamente aquella muñeca es esa tela negra.

Caminaron juntos rumbo a la casa de los Cullen. Habia una ambulancia cerca. Al lado un cuerpo en una bolsa negra llamó mi atención. Debía ser Jessica.

¡Por dios cuántas muertes, cuanto daño!

“Ninguna accion queda impune, todo lo que hacemos nos es devuelto, a veces multiplicado”  otra vez Victoria se adelantaba a mis pensamientos.

La puerta de la casa Cullen se abrió, por ella salieron tres policías. Dos de ellos llevaban a Tanya esposada.

— ¡Edward! Diles que yo no fui, por favor. ¡Edward!— gritaba. Él sólo se limitó a verla duramente. No dijo nada, Jacob también guardó silencio.

Esme salió detrás llorando.

—Mi nena de cabellos de oro ¿Por qué?— abrazó a su hijo.

—Calma mamá. Si es culpable tendrá que pagar.

—Tengo que irme, disculpen— Jacob se excusó y corrió a su auto.

—Llámame cuando tengas alguna noticia, iré al hospital— Edward se despidió cómo si fueran buenos amigos.

La imagen se hizo borrosa. Quería seguir viendo a mi Edward.

“Es hora de volver” me llamó Victoria.

“Gracias” la seguí por el mismo sendero. No quería contradecirla.

“Regresa, yo debo continuar mi camino. Vuelve a abrir los ojos, vuelve a tu vida, vuelve Bella, vuelve…”

—Vuelve amor, vuelve Bella, te necesito— mi mano estaba tibia. Esa voz suave y aterciopelada. Tan llena de amor, tan cálida.

Moví mis dedos. Sus caricias se detuvieron. “Sigue hablándome por favor”

— ¿Bella? ¿Me oyes Bella? Bella por favor, regresa, regresa a mí— no podía desoír ese llamado. Era su voz, era él quien me llamaba. Vamos Bella, ten fuerzas, óyelo te está llamando.

Lo miré y me quedé sin aliento…

Ojos verdes, brillantes, color de la vida, de los campos, de la hierba. Esos ojos verdes hacen que me pierda en tu mirada, me deslumbran, me desarman.  Mírame de esa forma siempre mi amor, mírame como si me extrañaras cada vez que no me ves.

Le sonreí. ¿Qué más podí hacer sino abrazarlo con una sonrisa y amarlo con la mirada? Mi Edward, mío para siempre.

—Tuve tanto miedo Bella, tanto— me besó en la frente, con esa forma de besar que sólo él sabía.

—Edward— mi voz salió algo pastosa. Hasta ese momento ni me había dado cuenta que respiraba por mi misma y ya no había tubo en mi garganta.

Llevé una mano a mi cuello, a mi cara.

—Te quitaron el respirador ayer amor. Estas mejorando, esa infección desapareció— sonrió.

—Y la… ¿la muñeca?— pregunté recordando esa horrible figura hecha de un vestido mío.

—Todo está bien amor. Nada debe preocuparte.

— ¿Y Jake?— pregunté.

—Vendrá por la tarde, siempre viene apenas sale del trabajo— sonrió. Esta vez ya no parecía molesto por mi amistad con el lobito.

— ¿Siempre? Pero… pero, ¿Cuánto tiempo llevo dormida?— mire a mi alrededor.

—Cuatro terribles y angustiosos días. – volvió a besar mi mano.

— ¿Tanto? Oh vaya… ¿y Tanya?— me anime a preguntar.

—Está encerrada. Según la autopsia, aquella mujer, Jessica murió asfixiada, y parece que las pruebas indican que fue mi prima— bajó la mirada.

—Edward, mírame— pedí. No me niegues el brillo de tus ojos. Es mi cielo personal.

 Perdóname Bella. No te creí, pensé que estabas celosa, me advertiste de Tanya y yo apenas te escuché— sus ojos se llenaron de lágrimas. No por favor, no quiero ver mi cielo inundado.

—No es tu culpa ¡Edward! Fue ella la que los engañó a todos.

—Lo siento tanto. Mi madre me contó que trató de lastimarla a ella también. ¿Cómo pudimos creerle? ¿Cómo?— volvió a culparse.

—No te culpes mi amor. Es algo que pasa, es todo— traté de consolarlo.

—No Bella, me cegó el cariño fraternal, yo siempre protegí a Tanya como a una hermana, para mí era como Alice, alguien que necesitaba que la cuidara, que esté siempre allí para defenderla— se llevó una mano a su cabello. Pobre mi amor, él no tenía la culpa de causar ese tipo de bajas pasiones.

Ya me encargaría de quitarle esa culpa. Ahora lo importante era salir de este hospital, para ello empecé a comer, al principio me daba nauseas, pero pronto pude retener los alimentos, mis brazos recuperaron tono, mis mejillas volvieron a llenarse y mis piernas lucían bien. Bastante bien.