Mostrando entradas con la etiqueta Mi Dios Griego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi Dios Griego. Mostrar todas las entradas

14 febrero 2013

Cap 4 Metiches



CUARTO METICHE: MI PADRE

BELLA

— ¿Estás saliendo con ese mequetrefe?— preguntó Alice unas semana después.

Debía confesar que nuestra amistad estaba algo fría debido a las cosas que ella me había ocultado. Yo tampoco quería decirle nada.

—No sé a cual mequetrefe te refieres.

—Pues a míster Músculos, a quien va a ser.

—Ah, te refieres a Jake, no estamos saliendo, me invitó a ver a su academia de karate, fui un par de veces, es todo— no tenía que entrar en más detalles, no tenía derecho a exigir verdades cuando se callaba cosas importantes.

—No te hagas la loca conmigo Bells, el martes pasado Jasper y yo salíamos del cine cuando te vi en su auto— me estaba señalando, mala amiga.

—¿Y? Tuvo la delicadeza de venir a dejarme— la castigaría con el látigo de mi indiferencia.

— ¿Delicadeza? El burro Black con sus patazas no tiene un gramo de delicadeza— casi me gritó.

— ¿Por qué lo ofendes?— yo seguía imperturbable.

— ¿Ofender? Sólo es un cumplido para ese baboso. Es el tipo más asqueroso que existe. Uy sólo recordarlo me dan ganas de vomitar— se sacudió.

Ahora lo recordaba, Jake hace años trató de besar a Alice.

—Bueno, no estamos saliendo ¿Satisfecha?

—No. Si no hablas Bells voy a tener que obligarte ¿Vamos que te sucede? Ya deja esa pose de ofendida que no te cae.

— ¿Y por qué crees que yo estaría ofendida? ¿Tal vez porque paso tiempo con Jake que ya no se fija en ti? ¿O porque eres tan mala amiga que nunca me dijiste que tu hermano salía con Tanya? ¿O que me ocultas que Edward está en tratamiento porque tiene un tornillo flojo?— le grité.

Ella solo me miró e hizo varias muecas.

—A ver a ver, vamos por partes como Jack el destripador. Primero, para mí, lobito solitario Jake puede perderse en el espacio infinito, no estoy celosa porque salgas con él, estoy asqueada porque lo dejas estar cerca de ti. Eres mi mejor amiga, si lo besas tendré que fumigarte. Segundo ¿De dónde rayos sacas que mi hermano está o estuvo con Tanya?

—Me lo dijo Jake. ¿Y es el mejor amigo de Edward no? Debe estar más enterado que tú— le reclamé

— ¡No! Puede que hable con él cosas de chicos y puede que sean amigos porque nunca le conté que el idiota trato de besarme. Pero jamás sabrá más que yo de la vida de mi hermano. Por Dios, escucho sus conversaciones telefónicas, intercepto sus correos, leo su diario. Si hay alguien en el mundo que sabe más que Eddy de su vida soy yo— en ese momento se tapó la boca asustada.

— ¿Alice, lees su diario? Por Dios eres una psicópata— me espanté.

—Fue solo una vez y era para saber porque rayos estaba tan triste. Fue aquella ocasión en que viste esas revistas ¿Te acuerdas?— como olvidarlo, si pensé que Edward era un depravado.

— ¿Bueno, pero si no lo lees ahora entonces como sabes que no estuvo con Tanya?— pregunté.

—Porque estoy segura que está enamorado de ti— confirmo, me sonrojé un poco pero aun no están satisfecha con todo.

— ¿Y eso de la terapia?— pregunté.

—Eddy no está en ninguna terapia, porque no lo necesita. Aunque estos días ha estado un poco callado, ya no habla con Jake y no sé porque ¿Quieres que averigüe?— preguntó.

—No. Esto es muy extraño ¿Por qué Jake me diría esas cosas? Además cuando tu hermano me pidió que fuera su novia, gritó como loco.

— ¿Qué? Mala amiga, después de 10 años de amistad ¿Así me pagas? ¿Mi hermano te pidió que fueras su novia? No me habías dicho nada— me aventó un cojín.

—Estaba molesta contigo. Fue el día del aniversario de mis padres. Edward me dijo muy atropelladamente que si quería ser su novia pero luego gritó.

— ¿Gritó?

—Si, se sujetó la cabeza como si le doliera, me pareció de lo más raro, entonces mi papá llegó y se fue. Todo paso muy rápido y de modo extraño.

—Ay, eso debo averiguarlo. Edward no es un loco para andar gritando por allí, es el más cuerdo de los dos hermanos que tengo y eso que Emmett es un ya profesional. No, Edward es divertido, bromea mucho pero no es loco ni desquiciado. Sé que algo lo tiene así y creo que su amiguito tiene mucho que ver. Ahora mismo iré a investigar, vas a ver cómo me entero hasta el último secreto así tenga que torturar al apestoso de Black— amenazó.

Yo no estaba muy convencida, Jake no parecía mal sujeto, es cierto que era algo presumido.

Claro que al lado de Edward era una zapatilla vieja por muy buen cuerpo que tuviera.

Decidí esperar a que Alice investigara.

Al día siguiente en la escuela quise investigar si era cierto lo de Tanya. Así que le busqué conversación.

—Ey hola ¿Hiciste el resumen de Romeo y Julieta?— le pregunté.

— ¿Era para hoy? Rayos, tuve una audición el fin de semana y no me acorde.

—Bueno no hay problema, tengo aquí un borrador, no es mucho, si lo quieres— le ofrecí un papel que previamente había traído con esa finalidad, yo sabía que algunas rubias eran despistadas.

—Gracias Bella eres magnífica. Siéntate conmigo y me explicas un poco por si hacen preguntas.

—Claro, además no es complicado ¿Viste la película de Leo Di Caprio?— pregunté.

— ¿Titanic? Claro— si que algunas rubias era huecas.

—No, la de Romeo y Julieta. Te explico, es una historia de amor trágica…— fueron los cinco minutos más desperdiciados de mi vida, ella me miraba pero parecía estar pensando en otra cosa. — ¿Entendiste?— pregunté.

—Claro, es un cuento de hadas— sonrió.

—No. Es trágico, los cuentos de hadas tiene finales felices, — le sonreí.

—Oh bueno, entonces lo tengo, todo es triste.

—No, es un libro sobre el amor entre una par de chicos de familias enemigas, es prohibido pero para el amor no hay imposibles, aunque para hablar del amor solo tienes que recordar a tu novio ¿Tienes novio verdad?— pregunté.

—Claro, es guapísimo, tiene un cuerpo y una sonrisa que mata, no hay mujer en el mundo que se le resista— dijo muy presumida.

—Oh vaya ¿Quién es el afortunado?— pregunté con temor.

—Es Edward—sonrió.

— ¿Edward? Oh, que... bueno— sonreí. Aunque quería llorar.

—Sí, lo sé, es fabuloso, aunque él no quiere que se sepa aún. Promete que guardaras el secreto— me sonrió. Tristemente le dique que si...

La profesora entró ene se momento y casi no presté atención a la clase. Cuando el timbre tocó, Tanya se puso de pie.

—Gracias Bella, algún día te llevaré a alguna de las fiesta que mi Ed celebra— me sonrió.

Un momento ¿De cuándo acá Edward hacía fiestas?

—Alice me invitará seguro— dije recordando apenas las dos fiestas que habían celebrado en casa de los Cullen.

— ¿Alice? No la conozco ¿Es su representante?

—Su hermana— le dijo horrorizada.

—Su hermana se llama Molly— dijo como yo fuera retrasada.

—Tanya ¿De qué Edward me hablas?— pregunté.

—Del más guapo claro. Edward Northon— me sonrió de oreja a oreja.

Quise gritar de alegría.

— ¿No es muy mayor para ti?— pregunté algo confundida.

—Tú misma dijiste que para el amor no hay imposibles— sonrió y salió del salón de lo más fresca.

Me costó unos minutos recuperarme del impacto. ¿Ella salía con una estrella de Hollywood?

Bueno cada loco con su tema.

Esa tarde decidí ir a hablar con Jake y pedirle explicaciones. Fui al gimnasio pero esperé afuera a que saliera.

Me escondí en una tienda de videos que estaba al lado.

Después del entrenamiento lo vi salir, lo seguí pero caminaba muy rápido, entonces lo perdí de vista.

Corrí para buscarlo cuando me sorprendió escuchar gritos en un callejón.

— ¡Eres un traidor y mal amigo!— era la voz de Edward.

— ¿De qué hablas? Deja de ensuciar mi kimono soy cinturón negro y puedo romperte la cara Eddy— lo amenazó.

—Me dijiste aquel día que Bella estaba sola ¿Me animaste a pedirle que sea mi novia porque sabía que iba a fracasar verdad?— no podía creer lo que oía.

—No sé de que hablas— dijo Jake riéndose.

—Encontré esto en tu casillero— dijo Edward pero yo no podía ver nada.

—Eso no es mío, no tienes porque hurgar en mis cosas. Si Bella quiere salir conmigo es porque no siente nada por ti— le gritó.

¡Pendejo! Tenía unas ganas locas de patearle los herederos.

—Tu sabias que yo la quiero ¿Por qué con ella?— mi corazoncito se aceleró.

¡Ay mamita! Edward estaba aceptando que sí me quería.

—No le gustas, me lo ha dicho— uy era perro muerto.

—Me tendiste una trampa, usaste eso para malograr mi declaración— yo me moría por ver lo que sea que Edward le estuviera reclamando.

—Esa cerbatana no es mía. Además ella no te iba a aceptar. Lo siento Edward, ahora es mi novia, no tienes nada que hacer— estaba perpleja, como Jake podía ser tan idiota, Alice tenía razón. Iba a dejarlo sin descendencia.

— ¡Traidor!— escuché algo romperse.

¡Estaban peleando!

¿Qué podía hacer?

¡Ay Dios! Jake sabe karate. ¡Va a moler a golpes a Edward!

Tomé mi celular y llamé a la policía, después de 30 largos segundos de esperar les dije que vinieran a detener una pelea.

De inmediato entré en aquel callejón, debía detener esa pelea de algún modo. Digo, yo era la manzana de la discordia, algo podría hacer.

Pero me sorprendí al ver que Edward tenía Jake como costal de boxeo.

— ¡Alto! ¿Qué hacen?— grité.

Edward se detuvo en el acto y se levantó del suelo. No me miró.

—Bells – tosió Jake. –Hola linda—trató de levantarse.

Desgraciado, se merecía eso y más.

— ¿Edward?— pregunté, sin hacerle caso al karate kid de pacotilla.

—Es algo personal— dijo él avergonzado.

—No deben pelearse. Es cierto que Jake fue un imbécil por tratar de besar a Alice, pero eso pasó hace tiempo— dije para darle un motivo a Edward de no sentirse avergonzado.

— ¿Qué?— dijo él mirándome fijamente.

—Que este estúpido quiso besar a tu hermana ¿No es por eso que pelean?— me hice la inocente.

—No— dijo él confundido.

—Ah lo siento, creí que era por eso. Hasta yo lo molería a golpes si pudiera. Por cierto Jake no quiero entrar a tu academia de karate por mucho que insistas, no me caes bien— le dije mirándolo con desprecio.

— ¿Tu quisiste besar a mi hermana?— gritó Edward. —Te voy a… — se le fue encima, otra vez. Y míster Universo volvió al suelo.

No quería que siguieran así, me acerqué un poco.

—Edward, ya. Tranquilo, déjalo, no vale la pena— poco a poco se calmó, entonces Jake aprovechó y salió corriendo como el cobarde que era.

—Siento que hayas visto eso— volvió a avergonzarse.

—No te preocupes— me acerque un poco. –Entiendo ¿Ya estás mejor?— le sonreí, me miró de reojo y luego forzó una sonrisa.

—Si, gracias— respiró con dificultad, ahora que sabía todo, tenía unas ganas locas de darle un besote.

—Sabes, he estado pensando en lo que me propusiste el otro día— le sonreí.

— ¿En serio?— me dijo nervioso.

Me acerqué lo suficiente para ver sus hermosos ojos verdes, podía sentir su aliento.

Ya tenía una idea clara de cómo responderle sin palabras.

Estaba a un par de centímetros de sus labios, mi corazón bombeaba muy rápido.

— ¡Isabella Marie Swan!— oí gritar furioso a mi padre.

Me giré con horror para ver a mi enorme papito en su patrulla.

¡Ya se me había olvidado que llamé a la policía!

MI DIOS GRIEGO




RATED: T (más de 14 años)

GENERO:  Humor / romance

PAREJA: Bella / Edward




SUMARY:



Decepcionada por una traición y ebria Bella llega a una playa desierta. 
Quizás no tan desierta. 

Un misterioso y bello dios griego paseaba por allí. 

¿Sueño, alucinación... realidad?























Cap 21 Mi dios griego


CAPÍTULO 21

LOS DIOSES NO ESCUCHAN RAZONES


BELLA


Había sido un día maravilloso, jamás lo olvidaría. Pude ver tan de cerca a mi banda favorita, tantas veces deseé conocer a Bellamy, escucharlo en vivo. Pero debo reconocer que Edward era mejor. Mucho mejor que cualquier artista de cine o cantante. Y me amaba, eso era lo más extraordinario. Ese hermoso y perfecto dios griego había bajado del Olimpo para hacer feliz a ésta simple mortal.

Seguimos bailando unas horas más, disfrutaba de juntar mi cuerpo con el suyo, escuchar su respiración, saborear sus besos y perderme en el delicado aroma que emanaba. Tal vez suene pervertido pero cómo me gustaría quitarle esa toga que lleva puesta. Era un auténtico Adonis, que digo Adonis, era el mismísimo Apolo encarnado. 

Sonreí al recordar una leyenda algo sórdida de ese dios travieso. Se cuenta que Apolo era muy complaciente con las mujeres, una de esas pocas afortunadas que llegó a ser su amante le pidió que le concediera el deseo de llevar por siempre el fuego de la pasión en las venas. Apolo aceptó encantado. Luego, no conforme la mujer le pidió que le dé tantos años de vida como granos de arena pudiera sostener en una mano. El hermoso dios algo fastidiado también se lo concedió. La inconforme mujer iba a pedir algo más pero Apolo ya cansado de tanto interés la dejó. Se dice que esa mujer llegó vivir muchísimos años, siempre con el deseo de la pasión en el cuerpo, pero a la gente le repugnaba y muchas veces trataron de matarla. ¿La razón? El tercer deseo que su amante no concedió fue el de darle juventud y belleza, así tuvo que vagar vieja y fea con el deseo sexual perenne.

Creo que no era una buena idea pedirles deseos a los dioses. Una chica debe saberse afortunada cuando uno de ellos te mira de la forma en que esta noche fui observada. No quiero vida eterna, no quiero belleza ni oro o piedras preciosas. Lo único que necesitaba era el amor de este dios griego que me besaba de forma divina, encantadora, adictiva. 

Metros más allá Alice y Rose se estaban pasando de copas, sus risas llegaron a sacarme de la burbuja del amor. Miré cómo Emmett las retaba a terminar sus bebidas esa era la razón por la que Edward nos mantenía algo apartados. Y se lo agradecía, no necesitaba licor para sentirme mareada, respirar el perfume de la piel de mi dios griego era suficiente. Esa toga delgada que se había puesto me dejaba sentir sus fuertes músculos.

—Mi hermano es algo irresponsable, si deseas podemos acercarnos pero yo no beberé debo estar lúcido para conducir— me dijo al oído. Suavemente acarició el lóbulo de mi oreja con sus labios. Me estremecí entera. Era un dios griego muy sensual. 

—Estoy mejor aquí— dije colgándome de su cuello al son de una melodía romántica. Soñaba con estar así siempre, bailando una melodía tranquila, solo nosotros, danzando como si fuéramos dos cuerpos que gravitaban en la misma órbita.

Estaba tan sumergida en la música, la diversión y en los ojos de Edward que me asusté mucho al ver a los Volturi en el segundo nivel de la discoteca. Félix nos miraba mientras que Demetri y otros muchachos más discutían. 

Quise decirle a Edward pero me acobardé, con suerte no los veríamos al salir y podríamos marcharnos sin problemas.

Minutos después y con mi alegría menguada le pedí a mi novio que me llevara a casa. No me hacía feliz estar en el mismo lugar que esos tipos tan odiosos.

— ¿Te sientes mal?— preguntó.

—No, sólo que estoy muy cansada. ¿Les podemos decir a los chicos que ya nos vamos? Ni Emmett, ni Jasper van a poder manejar míralos— Alice estaba tan ebria que quería hacer volteretas en la pista de baile. 

—Se han pasado de tragos, no sé cómo entrarán todos en la parte trasera de mi auto— sonrió Edward.

—Mejor no preguntes— le sonreí pícaramente. Hace tiempo cuando viajábamos en los autos de nuestros amigos, yo solía ir en las piernas de Jake, Rose en las de Demetri, Alice en las de Jasper, pero era muy raro quedarnos sin auto ya que todo mundo tenía el suyo.

Hablé con las chicas y a regañadientes me escucharon.

—Bella, quiero ver el amanecer— se quejaba Alice.

—Anda Bella, porfas, un rato más— rogaba Rose.

—Vi a los Volturi rondando, vámonos por favor— les rogué. A Rose pareció que la borrachera se le pasó de golpe. Fue rápidamente a decirle a Emmett que quería irse.

— ¿En serio? Ay madre, debemos irnos, me hubieras dicho antes Bella— Alice pareció muy asustada, no sabía porque.

—Tú sabes algo— le exigí

—Bueno, cuando llegué me pasaron el dato pero no confirmé nada. Van a hacer las peleas callejeras hoy. Me avisó la capitana del equipo de lucha, dijo que vio cuando le pegué a María y me preguntó si quería entrar— mi cuerpo tembló. 

Esas peleas callejeras eran lo peor que había visto. No había límites, los Volturi se ensañaban con los demás participantes pero nadie los acusaba porque los amenazaban, todos teníamos miedo de decir algo por temor a que nos lleven detenidos.

Edward estaba hablando con Jasper, debíamos salir pronto, ¡Ay! Si Alice me hubiera dicho eso antes, ni siquiera me habría quedado al concierto. 

Emmett no quería irse, Rosalie parecía histérica gritándole. Entendía su preocupación, los Volturi tampoco le tenían aprecio al novio de mi amiga.

Pronto nos pusimos de acuerdo, a regañadientes Emmett aceptó que nos fuéramos en su camioneta pero que sea Edward quien condujera. Salimos al estacionamiento, había poca gente allí.

—Amor, voy a sacar mi chaqueta— me susurró Edward. Estaba segura que él no tenía frío sino que la traería para mí, yo si la necesitaba, fui con muy pocas prendas. 

—Ya quiero irme Bella, tengo miedo— Rosalie miraba en todas direcciones.

—Carambas, estoy borracho pero no ciego, están llantas están ponchadas— Emmett se agachó al lado de su camioneta.

—Las mías están igual— Jasper revisó su auto metros más allá. Edward no regresaba. Él y yo llegamos después que nuestros amigos al concierto y aparcamos casi al otro lado del estacionamiento. Mi corazón latió aprisa y me giré a ver si mi novio venía. Me tranquilicé al verlo llegar pero su semblante no era bueno.

—Mi auto no está— dijo secamente, todos lo miramos.

— ¿Qué?— grité

—Me dejaron esto— nos mostró un pedazo de cartón en el cual decía. “Si quieres tu auto gánatelo” y venía la dirección, no era muy lejos de aquí, de hecho apenas a dos calles. En el sótano del centro comercial antiguo. Yo sabía que ese lugar se usaba a veces para las peleas callejeras.

—Por favor no Edward, no. Vámonos, llamemos un taxi— pedí.

—Amor, ese auto me lo compraron mis padres, no voy a dejar que me lo quiten— dijo conteniendo su enojo mientras tensaba su mandíbula.

Tenía deseos de llorar, eso era lo que ellos querían, los Volturi necesitaban su revancha y justamente le habían dado en el punto a Edward. Él amaba su volvo.

—Vayamos a romper unas cuantas cabezas— sonrió Emmett.

—Si tú te atreves a entrar en ese lugar te olvidas de mí para siempre— lo amenazó Rose.

—Jasper di algo— exigió Alice a su novio.

—Creo que debemos denunciar esto, no es el modo Edward, lo que ellos quieren es pelear— le advirtió el rubio. Al menos él parecía el más cuerdo de los tres.

—Por experiencia propia sé que esto no se va a detener. No voy a poder vivir en paz sino los enfrento. En una competencia es lo correcto, así los humillaré en público. No voy a dejar que vuelvan a fastidiarme la vida— Edward me dio miedo. Nunca lo oí hablar así. 

Sin decir más se dirigió a la parte trasera del auto de Emmett, mis amigas y yo nos miramos sin saber qué hacer.

— ¡Eso es! Hoy va a correr sangre. Jasper llévate a las chicas— pidió Emmett.

—Yo no me voy a ningún lado sin ti idiota, te juro que si participas en esa pelea terminamos para siempre— volvió a amenazar Rose.

— ¡No! Edward no va ser parte de eso— grité.

—Es algo que debemos arreglar como hombres Bella, váyanse a su casa. Voy a pedir un taxi para ustedes— dijo Emmett que para nada se le notaba tomado.

— ¡Váyanse todos!— gritó Edward quien ahora estaba vestido con un pantalón negro de tela delgada y una camiseta sin mangas de color blanco. 

—No te voy a dejar solo— Emmett se acercó a él.

—Pues no me sirves para nada, vete, llévate a Bella por favor— sin querer yo estaba llorando. Parecía que todo fuera mentira, no podía haber cambiado tan de pronto mi suerte. Un minuto estaba feliz en mi burbuja de amor con Edward y al siguiente él quería matar a los Volturi. Pero eso era un riesgo muy grande. Esos malditos nunca peleaban limpio, siempre hacían trampa, por eso ganaban.

— ¡No me voy! ¡No puedes echarme!— le grité y le di un golpe por la espalda, luego otro y otro más. Mis puños salían uno tras otro y no podía detenerme, estaba histérica. Me aterraba la posibilidad que lo lastimen, que lo dejen lisiado o peor, que lo maten. No podía hacerme esto, no, yo no lo aceptaba. Ellos le estaban tendiendo una trampa y él caía como un estúpido, por su tonto orgullo. Si tanto amaba su auto, yo le compraba otro, tenía ahorros, podía vender mis joyas, mi propio auto o lo que sea. 

—Calma amiga, calma— Alice y Rose me tomaron una de cada brazo impidiendo que siga golpeando a mi novio.

—No me calmo, no quiero. Si tú, Edward Cullen, vas a pelear como cualquier vagabundo a ese lugar, te olvidas de mí, porque no querré verte nunca más— le grité muy agitada. Me miró con tristeza.

—Jasper, llévatela, Alice, Rose, cuídenla— miró a mis amigos. Me sentía tan impotente. ¿Por qué me hacía esto? Si todo era perfecto entre nosotros. No tenía que probar nada. No era necesaria una muestra de su fuerza, yo lo había visto derrotar a los dos Volturi él solo. –Emmett, llama a la policía y dales la dirección— retrocedió unos pasos lentamente. Me miró sin ninguna expresión en su rostro, luego me dio la espalda y echó a correr en la noche.

Grité, lo llamé, pataleé y lloré. Pero él no volvió. Y mis amigos no me dejaron seguirlo.

Cap 20 Mi dios griego


CAPÍTULO 20

DIVERSIÓN


EDWARD


—Anda déjame ver que traes debajo— por centésima vez tuve que poner cara de pocos amigos para ahuyentar a Emmett, mi traje parecía darle curiosidad. Y es que a mi madre no se le había ocurrido mejor forma de ayudarme en la fiesta que escogiendo mi disfraz. Y ya no tenía tiempo para cambiarlo por otro.

— ¡Si me vuelves a tocar la túnica voy a dejarte sin descendencia Emmett!— lo amenacé. Él se hizo el resentido y subió a cambiarse. 

No había forma de que éste traje me haga pasar desapercibido. ¿Cómo es que mamá con tan buen gusto, me compró algo como esto?

—Edward, que… elegante— mi padre me miró asombrado. Hasta él se daba cuenta que el disfraz era ridículo.

— ¿En verdad te parezco elegante Carlisle?— lo mire muy serio.

—No. Pero Esme cree que si y yo no puedo contradecirla. Digamos que al lado de Emmett vas a pasar desapercibido— me sonrió.

— ¿De qué es su disfraz?— pregunté intrigado.

—Espera a que baje. Tu madre le consiguió un bonito traje de centurión romano pero él ya tenía uno. Esme se va a morir cuando lo vea— Carlisle se rascó la cabeza. 

Me preguntaba qué cosa se le habría ocurrido al alocado de mi hermano. En fin. Ahora sólo debía asegurarme de llevar un antifaz y cuidar de no pisar los bordes de la túnica.

— ¡Edward! ¡Qué guapo estas!— mamá llegó de la calle muy apurada para vernos partir a la fiesta.

—Gracias mamá. Te agradezco tu preocupación— traté de sonreírle. No quería parecer ingrato diciéndole que no me gustaba el disfraz. Ella se preocupó en conseguírmelo y sólo por eso lo usaría. Me acerqué presuroso para ayudarla con la bolsa de compras que traía. 

—Deja eso en la cocina cielo. Y pon a helar la champaña, ya que ustedes de seguro no volverán hasta mañana tu padre y yo tendremos una velada— me sonrió. 


Traté de no dejar volar mi imaginación. Por mi salud mental. Ya era suficiente soportar las indirectas de Emmett como para imaginarme a mis padres… no, ya basta con las imágenes pervertidas. 

Tomé las bolsas y coloqué todo en su lugar. Así mamá no tendría que hacerlo más tarde. Miré mi reloj, ocho de la noche. Creo que ya era hora de pasar por mi novia para llevarla a la fiesta. No había querido decirme de que se disfrazaría. Era una sorpresa, aunque de seguro yo la sorprendería más con este ridículo disfraz. En fin, podría ser peor y estar medio desnudo.

— ¡Ya llegó el bomberito valiente!— escuché gritar a Emmett. 

— ¡Cómo vas a salir así!— chilló Esme. Algo me decía que el disfraz de mi hermano debía tener algo demás o mucho de menos. A él le encantaba lucir su musculatura.

Caminé hacia la sala para ver a ver lo que había causado tal revuelo. Carlisle trataba de conciliar a Esme y a Emmett.

—Pero este disfraz me gusta. Esta genial— Emmett traía un traje amarillo, un hacha en la mano y un sombrero rojo. Pero cuando lo vi de frente casi suelto una carcajada, si Esme no estuviera tan enfadada me reiría de buena gana. No sé como Emmett podía ser más ridículo que de costumbre. 

—Es terrible, obsceno… no me gusta— seguía mamá tratando de razonar con su hijo. Me pregunto si tal vez pudiera cambiar mi traje por el que Emmett no quiso.

— ¿No te gusta? Está cool— Emmett tomó su hacha ofendido y caminó hasta un espejo. –Tengo la manguera lista para cualquier incendio— dijo sonriente. Definitivamente Emmett no conocía la palabra vergüenza. De su traje de bombero salía una especie de falo enorme.


En algo Carlisle tenía razón. Nadie se fijaría en mi ridículo disfraz de dios griego con Emmett a mi lado. 

—Carlisle dile que se quite esa cosa— Esme recurrió al apoyo de papá. 

—Lo siento cariño, los chicos ya son grandes, déjalos que vistan como quieran— él tomó su mano para llevarla a otra estancia. 

— ¿Qué te pusiste debajo de la túnica?— Emmett seguía curioso.

—Mi traje de luchador y voy a hacer uso de él si sigues con eso— lo amenacé.

—Bueno me voy por mi Indiana Jones versión súper femenina… a ver si encuentro el templo de la perdición— soltó una carcajada. No entendí a que se refería pero agradecí que no me diga nada más. 

Me despedí de mis padres y salí detrás del auto de Emmett rumbo a la casa de ni novia.



Cuando vi a Bella bajar por aquellas escaleras me quedé sin aliento. El corto, casi trasparente y ceñido vestido que traía me hizo olvidarme de donde estábamos por un instante y tuve deseos de besarla con más fuerza que de costumbre. Estaba… tentadoramente hermosa.

—Ese disfraz es…— murmuro mirándome con los ojos muy abiertos. 

— ¿Ridículo?— sonreí.

—No, es perfecto— bajó de un salto los dos últimos escalones y cayó en mis brazos. De donde no saldría en toda la noche.

—Tu traje de…— casi cometo una indiscreción. Era la versión femenina y muy sexy del zorro pero no podía decirlo en voz alta. –De heroína te queda bien— pude terminar mi frase sin ofenderla.

—Anda dilo… es un traje de zorra. Me lo consiguió mi madre, preferiría un hábito de monja en lugar de esto. Pero mamá se pondría triste, se peleó con la madre de Jessica por este traje— me sonrió.

—Mi madre también es la razón por la que yo llevo esta ridiculez de disfraz— le contesté y bese sus labios de manera apremiante. Al parecer estábamos solos en su casa.

—Tu disfraz no es ridículo, es exacto para ti— me sonrió, atrayéndome nuevamente a la dulce miel de su boca. Acepté encantado pero no podía tomar su cintura sin sentir un escalofríos recorrerme. La tela de su disfraz era muy delgada.

—Bella, creo que debemos apurarnos o no lograremos buenas ubicaciones— suspiré tratando de sobreponerme al torrente de sensaciones que me envolvía.

—Sí, quiero estar adelante— me sonrió muy feliz.

Salimos de su casa con rapidez y tuvimos que batallar por abrirnos paso entre la multitud. Los pases de la zona VIP servían bien para que nos dejaran pasar antes que a los demás pero desde que llegamos a la fiesta estuve atento y alerta a todo lo que pasaba a nuestro alrededor, algo me hacía sentir intranquilo. 

— ¡Ey zorrita aquí!— escuché gritar a Alice a lo lejos. 

— ¡Bucanera!— gritó mi novia y me arrastró hasta alcanzar a Alice y a Jasper en la primera fila. Ambas se saludaron de forma extraña con un juego de manos muy de animadoras.

—Hay que guardarle espacio a la rubia, va a tardar, me llamó diciendo…— empezaron a parlotear, me acerqué a saludar a Jasper que traía un traje largo y negro de vampiro.

—Hola Jasper ¿Qué hay de nuevo?— nos dimos la mano. 

—Bien. Tu hermano y mi hermana que se tardan mucho— dijo con cara de pocos amigos. No debía ser agradable para él saber que Rosalie y Emmett hacían mucho más que conversar. 

—Allá están— dije cuando los vi entrar de la mano. Emmett seguía con ese ridículo traje de bombero y a su novia no parecía molestarle en absoluto. Ella iba vestida muy escasamente, destacaban su sombrero, un látigo y un puñal. Ahora entendía lo que Emmett dijo. Ella estaba disfrazada de buscadora de tesoros. Una mezcla de Lara Craft e Indiana Jones. 

De pronto miré hacia arriba porque me sentí vigilado.

— ¿Emmett te fijaste si había algún Volturi a la entrada?— me acerqué a preguntarle.

—No he mirado nada más que el escultural cuerpo de mi novia, lo siento Eddie— me sonrió mi hermano.

Más de una vez busque entre el público para cerciorarme que no eran mi imaginación pero no logré ver nada sospechoso.

—Estás paranoico Eddie— me susurró mi hermano. –Debiste disfrazarte de 007— sonrió.

A mi lado Bella, parecía tan feliz, que me hizo olvidar mis presentimientos.

—Relájate Dios griego. ¡Jasper súbeme a tus hombros no veo nada!— gritó Alice al lado nuestro. La banda estaba por salir y sentía que estábamos apretados, a pesar de estar en la zona VIP. Creo que habían vendido más entradas de las debidas. 

—Ay Dios es Christopher y Dominic— Rosalie empezó a dar saltos, a lo que mi hermano la tomó de la cintura y la subió en sus hombros.

—Edward— miré a Bella que hacía puchero. La besé tratando de no pensar mucho en lo que iba hacer. Subirla sobre mí con ese traje tan corto haría que la piel de sus muslos esté alrededor de mi cuello y hombros. Era tan tentadora.

— ¡Gracias! ¡Miren salió Bellamy!— Bella se retorcía y saltaba de emoción. Jasper, Emmett y yo nos miramos haciendo muecas. Tener en hombros a nuestras chicas para que ellas griten por otros chicos no era muy agradable que digamos. Pero si eso las hacia felices, lo haríamos gustosos.

Hora y media después, todavía tenía a Bella sobre mí. Mi túnica estaba completamente empapada, muchos otros chicos habían abierto sus cervezas previamente agitadas. Al parecer era una práctica común pero me pareció de mal gusto echar el licor sobre las demás personas cuando no las conoces.

— ¡Sujetadores fuera!— escuché gritar a Alice. Miré a Jasper preocupado, él sólo tenía una sonrisa resignada. 
—Suelen hacer eso— me gritó por encima de las voces. –Creo que a mi chiquita se le subió la adrenalina— volvió a sonreír mi amigo.

No sabía que pensar de aquello. Bella quitó sus manos de mi cabello, había estado revolviéndolo toda la noche. La sentí removerse un poco. ¿Iba a hacer eso? ¿Se quitaría su sujetador en pleno concierto?

Emmett gritaba y aullaba como loco, él estaba acostumbrado a la vida nocturna pero yo no. Pero mientras pueda seguir escuchando los gritos y las carcajadas de mi novia no había nada que me pareciera mal.

— ¡Yo voy primero!— gritó Rosalie y vi que lanzó su sujetador hacia el escenario mientras todos a mi lado saltaban. No me quedó más que imitarlos y dejarme llevar al compás de Knights Of Cydonia.

— ¡Ahora yo!— gritó Bella, me acerqué lo mas que pude al escenario para que pueda hacer aquello. – ¡Voy ganando! ¡Sí!— gritó eufórica mi amor. 

—Eso fue trampa— se quejó Emmett. Yo me limité a hacerle un gesto de burla.

— ¡Es mi turno!— Alice chilló, Jasper trató de avanzar pero su novia ya había arrojado su ropa interior. 

— ¡Yo gané!— Bella dio saltos sobre mi lo cual me causó tanta gracia que solté una carcajada.

—Ay por Dios, Eddie. Hasta parece que los disfrutas— se rió Emmett.

—Lo hago. ¡Estoy muy feliz!— grité.

La melodía se hizo más lenta. Bella retiró una de sus piernas de mi hombro y la ayudé a bajar. Quedamos muy cerca, tanto que podía sentir que no llevaba sujetador. Pero al ver sus ojos, el resto de su cuerpo perdió importancia. Me miraba como si recién hubiera abierto sus ojos al mundo. Y yo podía ver mi vida entera en esas preciosas orbes chocolates. Mi Bella, mi amor.

“Nuestros corazones se combinaron como un choque de estrellas…” Me acerqué hasta que nuestros frentes se tocaron y respiré de su aliento. 
“Nuestro amor será para siempre y si morimos, morimos juntos…” no pude evitar tomar sus labios para sellar esas palabras con un beso. 

—Mi amor por ti será para siempre Bella, nunca lo olvides— le dije al oído. Ella me abrazó y continuamos en nuestra burbuja por un rato más. 

Estábamos creando recuerdos eternos, momentos inmortales que sé que nunca podría olvidar. Como se construye un gran castillo, estábamos colocando los cimientos de nuestro futuro juntos. Y yo sabría esperar hasta el día en que seamos uno solo y no tenga que verla partir más. 

Cap 19 Mi dios griego


CAPÍTULO 19

PELEA HORMONAL

BELLA


Me sentía mareada con tanta felicidad que no me di cuenta cuando Rose y Alice me alcanzaron antes del almuerzo.

— ¿Y esa sonrisa?— preguntó la rubia.

—Bueno… es que yo…

— ¿Edward y tu se reconciliaron?—gritó Rose, Alice sin embargo no parecía oírnos, seguía tan callada como en la mañana.

—Sí. Le creo, no sé porqué y tampoco quiero razonarlo. Confío en él— entonces la pequeña se volvió hacia mí.

—Ya era hora— dijo con tristeza.

—Alice, yo sé que Jasper no tiene la culpa, en serio…— ella puso un dedo sobre mis labios para que me callara.

—Bella tiene razón, no sé porque me quedo contigo, mi hermano es el que está sufriendo más en todo esto— Rose se quejó.

—Yo sé que Jasper no es culpable— dijo Alice suavemente, Rose y yo no miramos asombradas, todo este tiempo pensamos que nuestra amiga de verdad creía que su novio la había engañado.

—Pero entonces…— empecé a hablar, pero ella me cortó otra vez.

—Fueron esas zorras y me siento derrotada. Me han dado donde más me duele, mi orgullo. Siempre hice alarde de mi perfecto noviazgo, de lo guapo y fiel que es Jasper. Estoy molesta ahora pero no con él, sino conmigo, no debí reaccionar así. Yo sé que él no me haría eso, pero de alguna forma esa perra de María logró embaucarlo y sacarle esa fotografía. Ahora todo mundo piensa que él me ha engañado, que soy una cornuda y eso sí que me molesta— Alice dio una patada al suelo furiosa.

— ¿Tanto drama por eso? ¿Por tu orgullo?— Rose parecía a punto de reventar.

—Lo siento, no soy perfecta señorita Hale— la pequeña tomó sus palabras de muy mala manera, ahora resulta que estábamos peleando entre nosotras.

—Ya basta, no van a pelearse, somos amigas, las mejores amigas. Alice, yo creí en tus palabras, me dijiste “confía”— le reproché.

—Lo sé Bella… y me siento fatal. Llevo horas tragándome la bilis, no sé con quién estoy más enfadada si con la zorra o conmigo— mi pequeña amiga se cubrió el rostro con las manos, parecía a punto de llorar.

—Creo que eso lo vas a averiguar muy pronto— Rose miraba hacia el patio. María y las Denali venían en nuestra dirección, riéndose a más no poder y bamboleando sus caderas.

—Alice, en la escuela no, por favor, por favor— le rogué, ya tenía suficiente con que los Volturi regresaran mañana de su suspensión para que nosotras empecemos la nuestra.

—Ok, en la escuela no ¿y en el estacionamiento?— la enana había recuperado su chispa.

—Técnicamente es un lugar público…— ni siquiera había terminado de hablar cuando empecé a oír sus voces.

—Si Tanya, ahora Hale y yo somos más amigos que nunca, ni te imaginas lo ardiente que es— todas rieron a coro.

—No creo que sea ni la mitad de caliente que Edward, no me voy a quitar estos pendientes nunca— Jessica se tocó el lóbulo de una oreja acariciando lascivamente la joya de seguro le había llevado Edward como obsequio de cumpleaños.

Yo no debía meterme en eso. ¡No! De ninguna forma y bajo ninguna circunstancia iba a dejar que esas huecas consiguieran inflamarme. Edward era mío, sólo mío.

Me sorprendí ajustando los puños y teniendo esos pensamientos posesivos por mí, recientemente recuperado, novio. Por Dios me estoy volviendo salvaje.

—Hola pitufina— María miró a Alice con desprecio.

—Hola puta fina— le respondió mi amiga más calmada.

— ¿Qué me dijiste?— gritó María. Rose se partía de risa a mi lado.

— ¿Yo?— Alice avanzó muy feliz por el pasillo hasta llegar al comedor.

Almorzamos entre risas, no vi a Edward por allí.

—Apenas terminen las clases me voy volando a ver a mi coronel, que rabia me da, esa maldita bruja logró que nos peleáramos.

—Oye mi hermanito pagó por este embrollo, mi madre jamás lo ha golpeado, si no fueras mi amiga haría que te comieras tus pompones— le respondió Rose, me alegraba que casi todo se hubiese resuelto, pero me seguía dando vueltas en la cabeza lo último que mi novio me dijo.

—Hablé con Edward y debo decírselo a ustedes también. Él escuchó que los Volturi están detrás de todo esto, ellos son los que querían que Edward y yo terminemos— las dos me miraron dudando.

—Bella ¿Por qué Félix o Demetri querrían que ustedes se separen? Lo más lógico sería que ocasionaran una ruptura entre Emmett y Rose— Alice tenía razón, eso sería lo lógico pero es bien sabido que los Volturi no piensan.

— ¡Ay no! Y regresan mañana— Rose se encogió.

—Edward y yo vamos a hacer como que seguimos separados, tal vez tú y Jasper…

—No, no y no. Estoy segura que esos mastodontes no les interesa si mi coronel y yo seguimos saliendo eso fue cosa de esa calavera rumbera, la tal María, ella siempre le tuvo ganas a mi Jasper, todavía ando pensando en lo que le haré a la salida.

— ¿Crees que también quieran atacarnos a Emmett y a mí?— Rose parecía asustada.

—Edward dijo que los Volturi habían conseguido reunir el dinero para inscribirse en las luchas, esos torneos callejeros que se hacen en el centro, recuerdan que les conté que hace tiempo pasé por allí con Jake— Alice miró con suspicacia detrás de mí.

—Hablando de pulgas y aparece el perro— hizo una mueca graciosa. Sentí las pisadas a mi espalda.

—Ey Bells ¿Cómo estás?— Jake llegó con su brillante sonrisa de ortodontista, sólo pensar que hace unos meses me derretía verlo, me hacía dudar de mis gustos.

Bueno a decir verdad feo no estaba, últimamente se le veía más risueño y con más musculatura, ahora que ya no salimos perece que el gimnasio es su nuevo pasatiempo.

—Bien Jake. Gracias— Quité mi sonrisa de “recién reconciliada” antes de saludarlo.

—Oye hay un baile de Halloween en Huntington el sábado ¿No quieres venir?— preguntó ignorando por completo a mis amigas.

—No lo creo Jake, no tengo ganas de salir— traté de poner cara de sufrimiento pero no lo conseguí porque estaba muy feliz.

— ¿Recuerdas la fiesta del año pasado o la de hace dos años? Las bandas estuvieron muy buenas…pero esta vez viene Muse— sentí un grito ahogado de Rose que amaba a esa banda sólo un poco menos de lo que quería a Emmett.

—Pues, yo no tengo deseos de ir, gracias por preguntar Jake— me excusé pero yo también quería gritar de gusto… Matt Bellamy en vivo… ahhh no puede ser.

—Te guardaré un pase por si cambias de parecer, yo sé cuánto te gustaban— sonrió y se despidió.

— ¿Ey, Black… a cuanto me consigues 2 entradas?— dijo Alice de mala gana.

—Para que veas que no guardo rencores, te dejo a 100 dólares dos pases rosas— Jake se veía tan contento que parecía haber olvidado el último bolso que mi amiga le rompió en la cabeza.

— ¿Pases rosas?— preguntó Rose.

—Para chicas, los amarillos son para chicos y están al doble… avísame porque casi se me agotan— Jake me dio una última sonrisa y se alejó.

— ¿Desde cuándo musculitos se dedica a revender entradas?— Alice lo miraba fastidiada.

—Yo voy, no me lo voy a perder, ahora mismo le digo Emmett que consiga entradas, por Dios ¡Muse!— Rose traía una cara de felicidad que me dio envidia. Yo también quería ir, pero en esa fiesta de seguro estarían los Volturi.

—Yo también debo conseguir entradas pero ni loca se las compro al baboso ese, apenas me reconcilie con mi coronel voy al centro. Bueno tal vez me tome más tiempo—solté una carcajada al ver la cara de lujuria que tenía mi amiga.

Rose tosió hacia un lado evidentemente asqueada.

.

Nuestras clases terminaron y apenas el timbre sonó volé al salón de la pequeña, ya me había arrepentido de decirle que busque pelea a María en el estacionamiento, técnicamente aún eran terrenos escolares, aunque sólo la mitad, usábamos gran parte del estacionamiento de un minimarket vecino. Rogaba porque Alice hubiese dejado su auto en ese lado.

Llegué a su aula pero ya no estaba, corrí como loca por los pasillos. En la puerta de la escuela casi me doy contra Rose que venía igual de preocupada que yo.

— ¿Y la leprechaun?— preguntó.

—Ya salió, no sé dónde se ha metido— corrimos hacia el estacionamiento, había curiosos alrededor, tuvimos que abrirnos paso a punta de empujones, teníamos que cuidarla porque las Denali solían pelear en grupo pero María no era de su familia por suerte.

— ¡Esto es entre tú y yo, así que aleja tu jauría!— Alice parecía un predador, bueno uno muy chiquito.

—No me voy a rebajar peleando contigo, él ya decidió, tú lo viste, nos pasamos el sábado juntos, nos entendemos, así que asúmelo como una mujer y deja de hacer berrinche. Yo gané— María trataba de parecer segura pero sus piernas temblaban.

Alice furiosa es algo que nadie quiere ver y menos sentir.

—Como mujeres vamos arreglarlo. A ver cuál de las dos es mejor— pidió mi amiga.

—No soy una callejera para pelearme— gritó María.

—Ay tienes miedo. Yo tengo seguro el amor de Jasper y no tengo miedo de batirme contigo para probarlo. Es más, incluso… lo podría poner como trofeo— la pequeña sonrió de oreja a oreja.

— ¿De trofeo?— María ahora si se veía interesada.

—Quien gana se queda con Jasper. Ya me cansé que andes intrigando y de metiche. Quiero ver si tienes el valor de pelear por lo que quieres, de mujer a mujer, la mejor hembra se queda con el macho. Así es en la naturaleza. Pero la que pierda no tendrá derecho ni a mirarlo.

— ¿Hablas en serio? Si pierdes… ¿lo dejarás? ¿Me lo dejarás a mí?— María parecía tan loca como Alice ahora.

¿Qué diablos era eso de la mejor hembra? ¿Desde cuándo Alice estaba demente? Bueno siempre fue medio loca pero esto era el colmo. No lo iba a permitir, di un paso pero Rose me contuvo.

—Déjalas. Creo que tiene razón, así se resuelven las cosas de raíz— ay no otra loca más ¿Qué toda la escuela había perdido la razón? Esto era un colegio no la jungla.

—Si me ganas, me retiro, te dejo a Jasper. Tómalo o déjalo María— mi amiga sonrió, parecía una especie de leona que quería marcar territorio… que asco.

—Acepto. Pero espero que mantengas tu palabra Brandon, hay muchos testigos aquí— María reía desquiciada mente.

¡Lo iban a hacer! Se iban a pelear por un hombre a vista y paciencia de todo el mundo y como un par de… mujeres en celo.

Esto es retrógrado.

Debería informar a las autoridades, eso debería hacer. Pero es mi amiga y María se merece una buena zurra.

No sé en qué momento María se lanzó sobre Alice y la derrumbó. No me esperaba eso, yo no me pelearía con la enana porque sabía que era peligrosa pero su rival tenía sangre latina, esto no iba a ser tan fácil para mi amiga.

Parecía que todo mundo había llegado, todos menos los profesores. Algunos se atrevieron a apostar.

—5 a 1 a Brandon ¿apuestas?— escuché a Seth, lo miré muy molesta. –Lo siento Bella pero necesito dinero para la fiesta del sábado— se excusó. Busqué entre mis bolsillos y saqué 20 dólares, se los alcancé sin decir ni pio.

Volví a mirar la pelea, María seguía todavía sobre Alice, al parecer no iba a dejar a Jasper sin luchar.

Mi amiga logró quitarse de encima a su oponente con una buena patada en el estómago, ella cayó de espaldas pero se levantó muy rápido.

Se miraban y se medían mutuamente, ninguna de las dos quería ser la primera en atacar, parecían buscar un punto débil al cual lanzarse. Fue Alice la que atacó primero, esto no era una pelea cualquiera de chicas, no iban a verse arañazos y jalones de cabello. Mi amiga le estampó una buena patada en el estómago pero su rival no cayó esta vez, rápidamente le devolvió el golpe e hizo retroceder a la pequeña.

Se empezaban a escuchar los primeros gritos, algunos coreaban el apellido de mi amiga, otros el de María. Ahora si íbamos a tener problemas en el equipo de animadoras, habíamos cruzado la raya de la indiferencia.

Siguieron dándose golpes unos minutos más, ninguna parecía cansada o visiblemente lastimada, pues las patadas eran a los costados y los puños de ambas iban al estómago de la contrincante.

Alice tumbó a María con una buena llave pero al caer la morena desgarró la blusa de mi amiga. Horror, si hay algo que Alice odie, es que su ropa se eche a perder, sobre todo cuando usa solo prendas de marca y muy costosas. María rodó y aprovechó que la enana inspeccionaba el daño hecho a su blusa para patearle la pierna. Alice cayó aparatosamente. Entonces María subió al auto más cercano y alardeó un poco.

—Date prisa, levántate de una vez que no veo la hora de comerme a ese pedazo de hombre, que tarde la que voy a pasar, se me hace agua la boca— sin decir nada y haciendo gala de su flexibilidad Alice se levantó de un salto, hizo una voltereta y cayó al lado de María en el capó del auto.

Yo creí que le había salido mal el último giro porque vi que aterrizó sentada pero no esperé que estirara de esa forma ambas piernas dándole de lleno a María en el estómago. La latina salió volando por los aires con mucha fuerza y fue a dar en el capó del auto de Emmet.
Sin darle tregua Alice la alcanzó y la bajó de un jalón, su oponente quiso defenderse pero era tarde, mi amiga la tomo de los cabellos y hundió su rostro en la tierra del jardín. Estaban ahora por suerte en el lado del minimarket. Escuché gritos. Alice se sentó encima de María, casi sobre su cuello.

—Jasper es mío. Grábate eso en tu dura cabeza— se levantó rápido, quise ir abrazarla y felicitarla pero escuché un sonido a lo lejos.

Era el timbre de la escuela y silbatos. Todo mundo salió corriendo rumbo a su auto. Emmett pasó a mi lado y tomó de la mano a Rose para alejarla de la escena de la pelea, Alice fue brincando hacia su coche.

—Muévete Bella, mañana te doy tu parte— Seth parecía apuradísimo.

Mi auto estaba cerca así que subí y como pude salí de la escuela. Seguí el auto amarillo de Alice, parecía que volaba, pero no giró en la desviación hacia su casa, se pasó de largo, iba a ver a Jasper. Tenía delante el auto de Rose y detrás de mí el de Emmett.

Todos estacionamos en casa de los Hale, me sentí sumamente feliz al ver a Alice y Jasper otra vez juntos. Edward estaba allí tenía ganas de… de besarlo y otras cosas más.

Luego de darme cuenta que lo último que iban a hacer mis amigas era conversar con sus parejas, cada una se llevó a su novio para estar a “solas”. Pero Edward no pareció entender la indirecta quizás porque no presenció la pelea sexual y creo que se asustó.

Le conté a mi novio todo lo que había pasado, reímos juntos, me pedía que le detallara cada golpe y caída, parecía que le divertía.

No había nadie en su casa, subimos a escuchar música y ya no pude más.

—El sábado viene Muse a Huntington, a la fiesta de disfraces de Halloween— le solté mientras me dejaba caer en el sofá negro de su habitación.

— ¿Quieres ir?— preguntó acercándose como fiera a punto de atacarme.

—Si— hice puchero.

—Pues vamos— ya lo tenía sobre mí, madre santa, después de semejante tarde hormonal si Edward seguía así su sofá iba a ser profanado.

— ¿En serio? Dijiste que debíamos parecer…

—Sé lo que dije, pero es una fiesta de disfraces amor. No podrán reconocernos— delicadamente dejó caer parte de su peso sobre mí.

"Edward Cullen si no te quitas voy a violarte" pensé.

Muchos pensamientos lujuriosos pasaban por mi mente. Anhelaba que me besara para demostrarle cuanto lo había extrañado, de todas las formas posibles.

Estaba a punto de lograrlo cuando escuché un sonido de la puerta, alguien estaba tocando. Él sólo me sonrió y se levantó elegantemente, se alisó la camisa y abrió la puerta.

—Hola cariño, disculpa. Hola Bella— Esme nos sonreía.

—Pasa mamá— Edward se hizo a un lado para cederle el paso a su madre, yo medio me acomodé como pude.

—Chicos, que alegría me da verlos juntos de nuevo— llegó hasta mí y me abrazó.

—Lo siento Esme, fue mi culpa— le confesé, había sido una tonta por dudar de Edward.

—Eso no es cierto, fueron terceras personas las que intervinieron— mi novio se acercó y depositó un cariñoso beso en mi frente.

—Venía a intentar alegrar a Edward pero ahora que no necesita incentivos sí va a aceptar mi regalo— la miramos con curiosidad. –Los ejecutivos del club me contrataron para re decorar el hotel hace unos días, parece que viene un grupo famoso y van a recibir a mucha gente, bueno, me dieron dos pases dobles para mis hijos, uno es para ti— se lo tendió a Edward pero él le hizo un gesto y ella puso dos entradas en mis manos, casi salto de alegría, tenía unas letras brillantes que decían VIP. Hice mi mayor esfuerzo por no gritar.

—Gracias Esme— le di un fuerte abrazo.

—Voy a preparar la cena ¿Sabes si tu hermano se va a tardar?— Edward y yo nos miramos con una sonrisa cómplice, sólo Dios sabía dónde estaría Emmett y Rosalie… y lo que estaban haciendo… bueno, yo podía hacerme una idea.

13 febrero 2013

Cap 18 Mi dios griego


CAPÍTULO 18

CONFIANZA


EDWARD


—Empiezo yo— le dije tratando de no parecer ansioso ante las palabras que estaba a punto pronunciar. ¿Cómo era posible que unas cuantas líneas pudieran expresar lo que sentía?

“Un vent d'amour m'a fait perdre la tête
Tout a commencé quand nos regards se sont croisés,
Le soir ou nos lèvres se sont touchées.

Mon bel amour mon cher amour

Ne cessez pas de l'aimer
Sans toi la solitude me fais mal

Et dans mon esprit il n`y a rien sauf toi
Si tu écoute quelle qu’on que t`appelle
Ne peu pas c`est mon voix que te cherche dans le loin

Mon bel amour mon cher amour"

Terminé de recitar el poema y miré a Bella a los ojos, parecía hipnotizada.

—Es tu turno— le dije muy suavemente para sacarla de sus pensamientos, tal vez ni siquiera tenían que ver conmigo.

—Ah sí, disculpa, me distraje— un hermoso rubor se asomó en sus mejillas, estaba avergonzada. Cerré los ojos para poder escucharla, quería oír su voz cuando pronunciaba la palabra « amour » e imaginarme que me lo decía a mí.

—Perfecto— dije abriendo mis ojos cuando terminó de leer.

—Bue… bueno creo que debemos ¿que debíamos hacer?— sonreí al saber que se había olvidado de la tarea.

—Debemos traducirlo y luego intercambiar para corroborar la traducción— tomé mi cuaderno y me dispuse a hacer la tarea, creí oír que suspiró y dijo “ah sí, claro”

Me llevó apenas un par de minutos terminar de acomodar las palabras para que tuvieran sentido, no debía hacerlo literal se supone que siendo un poema tiene rima y ritmo, al menos en su idioma original.

La miré de reojo y estaba borrando unas palabras, en segundos ya tenía también su traducción.

—Ahora yo voy primero— me dijo.

“Un viento de amor me hizo perder la cabeza
Todo empezó cuando nuestros ojos se encontraron,
Por la noche y nuestros labios se tocaron

Mi bello amor mi dulce amor

No dejes de amarme
Sin ti la soledad me hace daño

Y dentro de mi mente no hay nada más que tu
Si escuchas quien que te llama
No temas es mi voz que te busca en lo lejos.

Mi bello amor mi dulce amor"

Terminó de leer y volvió a suspirar, yo tuve que contenerme para no besarla allí mismo, si al menos supiera que ella no se iba a molestar no me hubiese importado lo que diga el maestro.

—Bien, está bien pero creo que tal vez podríamos arreglarlo un poco, para que parezca más… sutil— sugerí.

— ¿Sutil?

—Sí. Dulce, sutil, lírico, cómo quieras llamarlo. Escucha, la primera línea, en lugar de “un viento de amor” podría ser “El viento del amor” Te leeré el mío:

“El viento del amor me hizo enloquecer,
nuestras miradas se encontraron y allí empezó todo
aquella noche nuestros labios se fundieron.

Mi hermoso y dulce amor

No dejes de amarme
La soledad me lastima

Porque en mi mente estás sólo tu
si oyes que te llaman
es mi voz que te busca en la distancia

Mi hermoso y dulce amor”

La miré nuevamente, sus ojos estaban húmedos, su mirada ausente.

— ¿Te parece bien? ¿Podemos presentarlo así o deseas cambiarle algo más?— pregunté.

—Si, está bien, los detalles no importan— dijo, su voz se hizo dura nuevamente.

—Si importan, las traducciones no se hacen literalmente, debemos captar la esencia de lo que el poeta quiso escribir y hacer que suene lo mejor posible.

—Es sólo un poema— volvía a ser la Bella que me rehuía.

—Son los sentimientos de alguien que sufría, que amaba. Tal vez tú no puedas entender eso. ¿Sabes tú que es sufrir por amor?— ella no tenía idea que esas palabras escritas en nuestro trabajo definían exactamente lo que yo sentía.

— ¿Cómo puedes preguntarme algo así?— no quería incomodarla, las palabras sólo habían salido sin poder contenerlas, una lágrima cayó por su rostro y se la limpió rápidamente.

—Lo siento, era sólo una pregunta… no pretendí…

—Si sé lo que es sufrir por amor, lo sé muy bien, sé cómo duele. Querer gritar hasta quedarse sin voz, sentir que te aprietan el pecho hasta no tener aire con que respirar. Sé lo que se siente Edward, no tienes que explicármelo— dos lágrimas más mojaron sus mejillas. Bella se levantó inmediatamente terminó de hablar y salió del salón.

— ¿Le pasa algo a la señorita Swan?— preguntó el maestro que apenas alcanzó a verla salir.

—Sí, se siente mal. ¿Podría salir… para ayudarla?— pedí.

—Desde luego, ¿terminaron la tarea?— le alcancé la hoja y salí rápidamente. No sabía dónde estaba, ni qué dirección había tomado.

Caminé hasta el estacionamiento, pude verla a través del cristal de su auto. Debíamos arreglar esto pronto, por nuestro bien y el de sus amigos, debía intentarlo aunque no me creyera.

Subí muy rápido a su camioneta, tal vez si le pedía permiso me lo iba a negar.
Estaba llorando ni siquiera sintió cuando entré pero al cerrar la puerta se sobresaltó.

—Bella…—

— ¿Qué haces aquí? ¡Bájate de mi auto!— gritó.

—En cuanto hablemos, me iré.

—Yo no quiero hablar— se revolvió.

—Sólo quiero que me digas ¿porque me alejas de ti? ¿Por qué me tienes miedo? ¿Qué fue lo que viste en mi casillero?— sus ojos se abrieron e intentó salir pero la retuve.

—Suéltame—gritó.

—Respóndeme Bella, confía en mí por favor— me apegué lo más que pude a ella, mostrándole que no quería lastimarla, simplemente estar cerca, me hacía tanta falta. Su respiración se tranquilizó poco a poco, hasta serenarse. Lentamente la solté.

—Había… cosas extrañas, revistas… videos, látigos, esposas y… armas— temblaba al decir esto.

— ¿Me crees si te digo que eso no era mío?— tomé su rostro entre mis manos.

—Yo… si, te creo— la abracé su corazón latía muy rápido, correspondió a mis muestras de afecto, estuvimos abrazados varios minutos.

—Edward… lo siento mucho, es que… me asusté, me perdo…

—Shhh, no digas eso. No hay nada que perdonar, al menos no entre nosotros— le sonreí pero no parecía entenderme. –Tengo una idea acerca que quienes fueron los que planearon esto pero necesito comprobarlo— por mi mente pasaban más de dos implicados pero debía estar seguro.

— ¿Lo averiguaste en la fiesta de Jessica?— me preguntó.

—No completamente, me gustaría llegar al fondo de todo, si me ayudas— le sonreí.

—Sí, lo que quieras, pero primero debemos solucionar lo de Alice y Jasper— eso también era importante, había sido culpa mía.

—Creo que por ahora debemos parecer… distanciados. Los Volturi regresan mañana a la escuela y deben encontrar que sus planes van caminando bien y a lo mejor descubramos que quieren— no podía parar de besarle la mejilla, sus cabellos, sus manos.

— ¿Los Volturi están en esto?— la pequeña arruga en su frente era adorable… — ¿Edward?— me llamó sonriendo.

—Tanya los mencionó, ella le pagó a Jessica 100 dólares para poner algo en mi casillero. Pero hay alguien más en esto, los Volturi necesitaban dinero para apostar, no sé tenga que ver eso con nosotros— Bella pareció recordar algo.

— ¡Las peleas callejeras! Cada año en noviembre al lado del cine Huntington se realizan competencias de lucha callejera, es ilegal, todo mundo sabe eso. Los Volturi siempre ganan. Pero para inscribirse hay que pagar y es una cantidad considerable que no se reúne con propinas ni mesadas— eso era interesante. Luchas ilegales ¿Qué pensarían las autoridades de esto?

— ¿Quién les da en dinero a los Volturi? ¿Cómo logran reunirlo?—Bella encogió los brazos.

—No lo sé. No me gustaba hablar de eso, nunca me gustaron las peleas— me aproximé un poco, necesitaba darle un beso. Sus labios se sintieron tan bien, tuve que controlarme mucho para no intensificar el beso.

—Entonces debemos averiguar, pero si nos ven juntos no sabremos toda la verdad— quería seguir besándola pero ya debía ser cambio de hora y posiblemente algunos estudiantes vendrían a sus autos.

—Está bien… podríamos vernos después— me sonrió, sentí que toda la alegría perdida me era restaurada, cómo había extrañado esos hoyuelos.

—Pasaré a buscarte por la tarde, debemos ir a casa de Alice, haré lo que sea para que ella y Jasper regresen— le di un beso en la frente porque si se lo daba en los labios nada podría sacarme de allí.

Regresé a clases y se me hizo demasiado tiempo hasta la salida. Apenas terminaron las clases llamé a mi madre para decirle que no regresaría hasta la noche, Esme no preguntó por qué, sólo me aconsejó manejar con cuidado, ella confiaba tanto en mí, era una mujer adorable.

Manejé hasta la casa de Jasper, sólo para encontrarlo en el mismo lugar en el que lo dejé por la mañana, en su sofá, con la mirada perdida. Lo único que había cambiado era que a su alrededor habían varias latas de cerveza.

—Levántate que debemos ir a ver a Alice— lo sacudí.

— ¿Para qué? Si no te creyó en la mañana no va a creerte ahora— tenía un aliento a licor que mataba.

— ¿Te vas a rendir sin luchar?— pregunté tratando de mostrarme enojado pero estaba tan feliz que no pude hacerlo bien.

—No soy tan fuerte cómo tu, no puedo fingir que no me duele— gritó.

—Jasper, así no vas a recuperarla— lo tomé de un brazo y lo llevé a la ducha. –Date un baño que apestas— lo esperé, tuve que apurarlo varias veces.

Se veía mucho mejor cambiado, casi no se le notaba su estado.
Cuando íbamos saliendo de su casa vimos detenerse el auto amarillo de Alice, detrás de él llegaron tres autos más, el de Bella, el Jeep de Emmett y un BMV rojo que conducía Rosalie.

Alice bajó de un salto, me causó gracia verla despeinada y con la blusa rasgada.

—Jazz— gritó corriendo y saltando sobre mi amigo. Él la recibió con los brazos abiertos y una sonrisa deslumbrante. Empezaron a besarse y miré a Bella que sonreía desde lejos.

—Bravo, este arroz ya se coció, vámonos amorcito—le dijo mi hermano a Rosalie quien ya no subió a su auto sino que se marchó en el de Emmett. Ambos traían unas caras de felicidad, yo todavía no sabía lo que pasaba. Bella me hizo señas para acercarme a ella.

—Lo siento, lo siento— escuchaba apenas a Alice entre besos que le daba a mi amigo.

Llegué hasta Bella todavía con la cara de incredulidad.

— ¿Qué pasó?— pregunté.

—No vas a creerlo, fue… Me gustaría haberlo filmado para que lo vieras— no la dejé terminar y la besé, necesitaba sentir otra vez su embriagador aroma.

Segundos después nos separamos, Bella todavía sonreía.

—Debo ir por mi mochila— dije caminado otra vez hacia la casa de Jasper, había olvidado mis útiles escolares con tanto rollo amoroso.

—No creo que sea buena idea…— escuché a Bella tras de mí pero yo ya estaba en la antesala, no entendía por qué; mis amigos deberían estar aclarándolo todo, tal vez Alice le estaba contándole a Jasper cómo es que ahora le creía, a decir verdad yo también tenía mucha curiosidad.

Pero entonces me quedé estático en mi lugar, agaché la cabeza e instintivamente me gire y salí corriendo de esa casa.

¡Por Dios! Alice y Jasper estaban… en la alfombra de su sala… sin el menor remordimiento ¿Qué no sabrían lo que es recato?

—Te dije que era mala idea— Bella sonrió, mi expresión debía ser cómica.

—Mis cuadernos…—alcancé a balbucear.

—Les llamamos en la noche para que lo lleve Jasper mañana. Vámonos de aquí—Bella seguía riendo, yo estaba seguro que iba a necesitar un psicoanalista.

Manejamos hasta llegar a mi casa, no era bueno que nos vieran juntos por allí.

—Debiste ver lo que pasó— mi novia llegó hasta mí saltando de alegría, cuando llegamos.

— ¿Finalmente me creyó o fue a averiguarlo por sí misma?— pregunté.

—Alice tiene sus métodos, mañana deberé enfrentar una llamada de atención y tal vez a ella le envíen una amonestación a su casa pero valió la pena, hoy María aprendió a volar— sus carcajadas melodiosas me hicieron olvidar todo cuanto había pasado entre nosotros, ahora sólo quedaba averiguar quién o quienes estaban detrás de toda farsa bien montada.