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06 mayo 2013

Cap 6 Mis 2 maridos




CAPITULO 6

Los días pasaban y Ángela me reclamó que no estaba asistiendo a nuestras citas. Le había puesto muchos peros al asunto.

—Te pasa algo y no tienes la confianza de decírmelo— me dijo ofendida. –Además el pueblo es pequeño Bella, ya me enteré que sales con Edward Cullen— me sonrió bajando sus enormes gafas.

—Es que… no creo que necesite la terapia— dije mordiéndome los labios.

—Estoy de acuerdo contigo— me sonrió. –He tratado muy poco a Edward pero veo que es una persona emocionalmente estable, es lo que tú necesitas para mejorar— me quedé tonta escuchándola decirme eso. Yo creí que me retaría por no querer más terapia.

Pero en mi trabajo de la librería no me iba nada bien. Mi jefe se fue de vacaciones por un mes y lo reemplazó el estúpido de su sobrino, James. Solía decirme cosas obscenas, pero tan bajito que cuando me giraba a verlo estaba haciendo otra cosa y fingía que no había dicho nada. Y por las mañanas limpiar era un trabajo asqueroso.

James solía traer mujeres a la librería. Cada mañana encontraba preservativos en la alfombra de la sala de lectura. Se supone que era un lugar especial, donde los niños podían revisar los libros antes de comprarlos. ¡Qué asco!

Ganas no me faltaban de mandarlo a la porra cada vez que me llamaba “culito respingón” cuando pasaba a su lado. Sólo eran tres semanas más, sólo tres.

Una tarde salía del consultorio de Ángela cuando me encontré a James en una calle poco iluminada, parecía estar esperando a alguien.

—Culito respingón, ya me contaron que te gusta que te den por atrás— susurró porque no me detuve a saludarlo.

Una cosa era tener que soportarlo en la librería porque era mi superior y otra muy diferente aguantarlo en la calle. Tomé mi bolso, saqué mi celular y arremetí contra el maleducado. Grité a voz en cuello, mientras seguía aporreándolo con mi cartera de cuero. Esperaba que le diera con las argollas en la cabezota piojosa que tiene. Es un asco, parece un vagabundo y dudo que se duche a diario.

“Atrevido, sucio, vulgar, cochino. ¡Qué te pasa! ¡Qué crees que no sé defenderme!” empecé a vociferar. “Yo te voy a dar culito respingón en el hocico” pronto escuché la sirena de una patrulla.

— ¿Qué pasa? ¿Está bien señorita?— gritó uno de los policías bajando de la patrulla.

—No pasa nada jefe, esta nena no le agradó cuanto le ofrecí— sonrió James.

— ¡Maldito mentiroso! ¿Me estás llamado puta?— volví a aporrearlo.

— ¡Calma! ¡Calma!— dijo el policía asustado.

—Lo siento entonces, tal como va vestida la confundí con una mujerzuela— se defendió James.

— ¿Cómo estoy vestida? ¿Qué tiene mi ropa?— me vi de reojo. Bueno tal vez mi blusa sea ligera, pero estábamos en verano, no voy a salir con un abrigo.

—Ha sido una confusión señorita— dijo el policía tratando de calmarme.

— ¿Confusión? ¡No es la primera vez que me dice esas cosas!— grité.

—Entonces presente cargos por acoso, pero deje de hacer escándalo en la vía pública— me sugirió el oficial. A mi alrededor habían varios curiosos. Una mujer de larga cabellera roja se adelantó.

— ¿Qué te pasa con mi marido zorra?— me empujó.

— ¿Tu marido? Date una vuelta por la librería en las noches para que veas lo que hace tu marido— le respondí y me giré para irme.

— ¿Contigo? ¿Lo hace contigo?— me gritó la pelirroja. Me tomó del cabello y me jaló con fuerza.

— ¡Victoria!— llamó James.

— ¿Te acuestas con esta perra?— le gritó ella enfurecida. ¿En qué momento me vine a meter con esta loca?

— ¡Amor! No… ¡Victoria! ¡Es sólo una puta!— James parecía estar recibiendo tamaña paliza. Traté de escabullirme sin causar más escándalos. No quería más atención, estoy segura que luego las viejas chismosas dirán que nos peleábamos por James.

Pero cuando iba esquivando personas para largarme vine a dar frente con la pelirroja. Y volvió a agarrarme de los cabellos y me lanzó contra el suelo. Parecía luchadora de la WWF.

—Vas a pagar caro por esto— amenazó.

La loca se me tiró encima, traté de evadir sus uñas pero inmovilizó mis manos, parecía que quería morderme. Grité por ayuda y dos policías vinieron a separarnos.

Otra patrulla llegó y con ellos el Jefe Crowley. Uno de los que más le recomendaron a mi padre que me interne en un reformatorio, hace años.

— ¡Arréstenlos a todos!— ordenó. – ¡Estoy harto de este tipo de escándalos en la vía pública!

Y nos llevaron detenidos a los tres. Victoria gritó y pataleó todo el camino a la delegación. Yo quería que la tierra me tragara. El jefe Crowley iba echándome sermones acerca de mi conducta. ¡Esta vez yo no había hecho nada malo! Sólo me defendí. Pero claro, mi historial no iba a ser de gran ayuda.

Me pusieron en una celda, lejos de Victoria que quiso agredirme una vez más.

—Bella ¿Otra vez?— vino a hablarme el jefe de policía.

—Señor, le juro que no tengo que ver. En serio— pedí.

—Eso decías siempre Bella, lamentablemente acá tengo tus antecedentes. Desde riñas domésticas hasta consumo de marihuana en la vía pública, pasando por alterar el orden mientras corrías desnuda en el pueblo— me recordó mirando mi voluminosa ficha de arrestos.

—Pero no le miento. Ya no frecuento a los amigos de Jake, ni siquiera vivo en La Push— quise llorar de impotencia.

—La señora va a presentar cargos contra ti por prostitución. Dime hija ¿qué hacías en esa calle vestida así?— lo que me faltaba. Esa bruja me estaba acusando, la muy tonta. Su marido le pone tremenda cornamenta cada noche pero yo soy la villana.

—Salía de trabajar. Le puedo probar que yo limpio en el consultorio de la psicóloga Weber. Mi ropa no es provocativa, es la que uso a diario pero ese tipo, el esposo de la señora, es el sobrino de mi jefe de la librería donde limpio en las mañanas. Y es muy faltoso, siempre me molesta pero en la librería no le puedo contestar porque me echaría. Pero no soporté que me diga lo mismo en la calle— lloriqueé.

—Él también apoya la acusación de su mujer. Bella, vas a quedar arrestada— se lamentó.

—Pero… pero no es justo, yo no tuve la culpa— unas gruesas lágrimas afloraron.

—A menos que pagues tu fianza te quedarás un par de días aquí. ¿Tienes a quien llamar?— preguntó.

—No— dije sin dudar. Jamás llamaría a Edward para que me saque de esto. Es demasiado horrible lo que me pasa, demasiado asqueroso. Ni siquiera me creían porque tengo antecedentes. Si no hubiera sido tan estúpida en seguir a Jake y a la pandilla de La Push en sus correrías mi reputación no estaría así de manchada.

— ¿Tienes con qué pagar la fianza? ¿Quieres que le dé una llamada a Charlie?— preguntó el jefe.

— ¡No le llame por favor!— rogué.

— ¿Tienes el dinero?

—No. Tengo algunos ahorros pero es muy poco. ¿Cuánto es la fianza?— pregunté.

—Mil dólares.

—No. Apenas tengo doscientos dólares ahorrados par alguna emergencia.

—Bueno, no puedo hacer más Bella. Pediré que te traigan de comer.

Se fue y me quedé sentada en aquella tarima dónde pensé que jamás volvería a dormir. He pasado exactamente 4 noches en esta misma celda. Todavía está la inscripción que hicimos con Jake en una de las paredes. Un símbolo de amor y paz. Ese día nos excedimos con los porros.

Una hora pasó y empecé a temblar de frío, no me habían traído comida ni nada. Edward debe haber cerrado ya la farmacia y me estará echando de menos. ¿Qué pasará mañana cuando se entere? ¿Se avergonzará de mí? Si me deja tendrá razón, yo no soy buena para nadie. Además soy un imán para los problemas. En un pueblo tan tranquilo, tenía que venir a toparme con la mujer más loca que hay.

Un oficial llegó a abrirme la reja.

—Puede retirarse señorita— dijo sin dar más explicaciones. Estaba tan asustada que no me detuve a pedirle que me explique nada. Me devolvieron mi bolso y salí buscando al jefe Crowley para preguntarle qué pasaba. Si habían retirado los cargos o tal vez James y su mujer querían llegar a un acuerdo.

Grande fue mi sorpresa al ver a Edward conversando con el jefe de policía. Apenas me vio, se levantó de su asiento y corrió hacia mí con un abrigo, el cual colocó suavemente sobre mis hombros.

— ¿Estás bien amor?— preguntó.

—Si… ¿qué haces aquí?— pregunté abochornada. No quería que él me viera así, ni se entere del problema.

—Una amable señora me avisó del incidente— dijo acariciando mi rostro. ¿Incidente? Querrá decir del escándalo. –Vine de inmediato por ti— me sonrió. – ¿No te agrada?— preguntó al ver que yo no decía nada.

—No es eso… es que… ¿Pagaste mi fianza?— pregunté al borde de las lágrimas. No quiero causarle problemas de ningún tipo, me siento fatal.

—No fue necesario, retiraron los cargos— dijo.

— ¿en serio? ¿Cómo?

—Te lo explicaré luego— me abrazó y me llevó cerca del jefe de la policía.

—Gracias por su ayuda señor— fue todo lo que dijo. El jefe Crowley parecía complacido, me despidió con una sonrisa.

No dije ni pio en el camino a casa. Estaba tan avergonzada. ¡Arrestada por prostitución! Ni en mis años más locos al lado de Jake me acusaron de semejante cosa. Maldito James y maldita su mujer desquiciada. Ah pero cuando los vea, los voy a…

— ¿Qué te sucede?— preguntó deteniendo el auto muy cerca de casa.

—Nada… es que… no tenías porque…

— ¿No debía preocuparme por ti?

—No es eso…

— ¿Entonces? ¿Te molesta que me inmiscuya en tus problemas? ¿No deseas que te proteja?

— ¡No! ¡No es eso! Es que todo esto es tan… tan feo. Yo… yo sólo pasaba y el estúpido ese me dijo cosas, reaccioné sin pensarlo y lo agarré a golpes y luego esa bruja apareció y dijo que yo era una zorra… y luego los policías…— no soporté más y me eché a llorar.

Edward me atrajo hacia su pecho, mientras frotaba mi espalda.

—Tranquila, yo lo sé. Te creo Bella— me miró a los ojos con tanta ternura.

—Es que…— hipé. –Que allá nadie me cree. El jefe de la policía piensa que soy una loca, porque… porque antes yo… yo no medía las consecuencias y siempre…— no pude continuar. Empecé a llorar más fuerte.

—Cálmate amor. Todo está bien, estamos juntos. No tienes nada de qué avergonzarte, todos cometemos errores alguna vez…— él intentaba consolarme pero yo me eché a llorar aún más. Soy bastante emocional y no sé cómo reaccionar ante tanto cariño. No sé porque lloro más, si por lo que me pasó o por lo especial que Edward me hace sentir.

— ¡Gracias! ¡Gracias!— me aferré a su cuello y lo abracé con todas mis fuerzas. Él se estaba convirtiendo en mi todo y me daba miedo.

¿Qué pasará cuando él se vaya? No siempre va a vivir aquí, no va a estar para mí eternamente. Todos se van, los padres, los amigos, los amores. La vida suele darte en donde más te duele, dicen que para probarte, yo creo que es para exprimirte. Cuando Jake se me fue, a menudo me sumergía en pensamientos destructivos, quería acabar con mi vida.

No podré soportar el dolor si Edward se va y no sé cómo atarlo a mí. Tengo miedo.

—Por favor, no te vayas, no me dejes— dije entre lágrimas.

—No iré a ninguna parte— susurró mientras seguía acariciando mi espalda.

Esa noche hicimos el amor hasta el amanecer. Yo no tenía suficiente y Edward parecía incansable. Llegábamos al clímax y volvíamos a empezar. No podíamos detenernos yo necesitaba más de él a cada segundo que pasaba.

Sé que el amor no se reduce al sexo, eso lo estoy aprendiendo con este maravilloso hombre. Pero quisiera poder despertar todas las mañanas en sus brazos. Edward me hace mejor persona, me hace feliz. ¿Cómo le digo que se quede conmigo para siempre? ¿Cómo le propongo que vivamos juntos? ¿Será muy pronto para eso?

Cap 5 Mis 2 maridos




CAPÍTULO 5

Todo fue muy diferente de lo que estaba acostumbrada. Edward iba lento, como si tuviésemos una eternidad por delante. 

Me desvistió sin prisas, mientras iba dejando suaves besos en mi cuello. Y sus manos ¡Eran tan suaves!

Yo por supuesto, luego de más de un año sin sexo, estaba más encendida que una fogata. Quería arrancarle la ropa y hacerle mil cosas atrevidas, una más sucia que la otra.

Pero esperé… con toda la fuerza de voluntad que pude reunir, recordando lo tierno y dulce que es Edward.

Quería que me muestre otros matices del amor y del sexo. Necesitaba sentirme amada y no una muñeca inflable.

Besó cada centímetro de mi piel, dejó un camino de besos desde mi boca hasta mi sexo. Y me hizo suya. De una forma diferente, única.

El sexo ya no sólo era placer para mí. Era entrega, deseo, éxtasis. Una danza de dos, que tenía ritmo, tenía arte.

Me miraba a los ojos, podía sentirme deseada, amada, incluso venerada. Éramos uno, no era sólo orgasmo tras orgasmo. Él y yo nos estábamos fundiendo.

El calor de su cuerpo, su olor, sus gemidos suaves me llevaron al cielo, una y otra vez.

Cuando logró adentrarse en mí, quedamos unidos no sólo por la carne… había una mágica conexión. Suspiros, gemidos, promesas silenciosas.

Me decía “te amo” en cada caricia, susurraba “te quiero” en cada beso. Edward detuvo el tiempo mientras me llenaba de su esencia.

“Hazme tuya Edward, te entrego mis miedos, mis dudas, mis penas. Hazme tuya, tuya por completo. El mundo es nuestro y somos uno”.

..

Desperté cómoda, sobre un cuerpo tibio, el olor era agradable. “Quisiera seguir así por mucho tiempo, vivir en tus brazos fuertes”

—Hola—dije mirándolo a los ojos. Sabía que me estaba observando.

—Hola bonita— besó la punta de mi nariz. Sonreí. — ¿Tienes hambre?— preguntó. Estuve a punto de contestarle “de ti” pero me contuve.

—Tengo sed— repasé mentalmente el contenido de mi heladera. Había un litro de jugo de peras que podrían saciarme. — ¿Quieres que vaya por algo de comer?— pregunté. Casi al instante mi cuerpo se levantó.

Cuando Jake tenía hambre, había que correr a la cocina y darle cualquier cosa que encontrara o podía morderme. Algunos hombres se trasforman en trogloditas cuando el estómago les ruge.

—No te vayas— volvió a tomarme Edward. Me besó tiernamente. –Déjame preparar el desayuno— murmuró.

¿Preparar el desayuno? ¿En mi cocina revuelta?

Llevo años preparando los alimentos, incluso antes de casarme. Charlie y Renée son un par de inútiles cuando se trata de artes culinarias. Mi madre no sabe freír un huevo y a papá se le quema el agua. Y Jake… él era de los que piensan que a los hombres que cocinan, se les cae las manos.

— ¿En serio? Este… no tienes porque… yo hago unos deliciosos huevos revueltos— me excusé.

—Me apetece crepas dulces, jugo de frutas y un café. Déjame hacerlo, quédate en la cama. Te traeré algo delicioso— besó mi oreja.

Me quedé hecha una estúpida, con una sonrisa en la cara y baba en la boca. ¿La razón? No era el beso o el hecho que quisiera alimentarme… o que la noche anterior me hiciera ver las estrellas. Edward se levantó, se colocó su bóxer y tuve un primer plano de sus exquisitas nalgas. Redonditas y blancas. Yo sé que no es bueno comparar pero a veces no puedo evitarlo. Jake tenía pelos en el culo y eso nunca me pareció sexy. Pero ver ese culito Cullen me hizo el día. Era como si quisiera pellizcarlo. ¡Estoy demente!

Durante cinco minutos imaginé las formas de volver a meter a Edward en mi cama, necesitaba otra ronda de Cullengasmos urgentemente, sólo recordar la noche anterior hizo que me humedeciera. Pero chillé como gata al escuchar romperse algo en la cocina.

¡Lo olvidé! Ayer no lavé un puto traste “¡Bella esa boca… esos pensamientos!” Ayer no lavé nada, el lavabo debe estar lleno de grasa, restos de comida y cáscaras de fruta.

¡Qué vergüenza! Trabajo limpiando y ni siquiera tengo en orden mi casita. Me vestí rápidamente y corrí a ver qué pasaba.

Edward estaba recogiendo un plato del suelo. Ese era del viernes pasado. ¡Debía apestar!

“Bella porque no aprendiste a ser más ordenada, con razón la vieja bruja de tu suegra, vivía diciendo que eras holgazana” me pateé mentalmente.

Pero en realidad no era que fuese holgazana… es que soy muy dispersa. O tal vez esa sea mi disculpa para no hacer las cosas. ¡Qué sé yo!

—Lo siento. Te dije que yo debía preparar algo— ayudé a recoger el tiradero.

—Yo lo siento— se disculpó Edward. –Traté de juntar todo pero se cayó— me sonrió.

Este hombre debía amarme para soportar el mal olor, una casa desordenada y a una persona descuidada.

Pero eso va a cambiar. Como que me llamo Bella que pondré más atención en mantener el lugar impecable.

— ¿Te parece si desayunamos fuera?— le sugerí.

Aceptó de inmediato, no sé si se dio cuenta que tendríamos algo de desayunar para la hora del almuerzo o quizás por el hedor que despedía el lavabo.

En fin. Anotado como trabajo. Además de ponerme guapa, debo ordenar y limpiar mí casa para llevar con gusto a mi novio.

Me pregunto porque él nunca me ha llevado a la suya. ¿Ocultará algo?

Tengo instintos de sabueso lo confieso. 5 años casada con Jake me habían vuelto experta en el arte de hurgar. Dicen que una mujer celosa, investiga mejor que el FBI y la CIA juntas. Y es cierto. Lo malo no es buscar pista tras pista, alguna señal de otra mujer. Lo malo es encontrarla. Descubrí una docena de veces que Jake se revolcaba con otras.

Al principio me lo negaba. Pero era bastante tonto para ocultarlo. Los perfumes baratos se impregnan en la ropa. Los labiales manchan. Y los mensajes de texto se quedan grabados en los celulares.

— ¿En qué piensas?— preguntó Edward.

—En zorras—respondí. – En que algunas especies de zorros están en vías de extinción. Lo vi ayer en un programa— me apuré a corregirme. Sudé frío y traté de mostrar una cara de inocencia.

— ¿Miras Animal planet?— preguntó terminando de meter la bolsa con vidrios rotos en el tacho de basura que desbordaba.

—Todo el tiempo. ¿Qué te parece si vamos a desayunar al McDonald?— pregunté.

—Demasiado azúcar y harinas, quisiera algo más natural— sonrió. ¿Natural? “Podríamos ir a cosechar fresas en La Push” pensé.

Terminamos tomando jugos sin azúcar en una cafetería hindú. Al menos no debo temer a la diabetes con Edward a mi lado… aunque la comida no tenga sabor. La hamburguesa de soya me sabe a cartón con tomate y cebolla.

Recuerdo la comida que preparaba antes. Jake siempre decía “Échale más, de todo” y eso incluía, sal, pimienta, ají y demás especies que hacían que me duela la lengua.

— ¿Puedes acompañarme a la farmacia antes de ir a tu trabajo?— preguntó y olvidé lo que andaba pensando.

—Claro. ¿Necesitas ayuda?

—No. Hicimos el amor si protección Bella. ¿No te parece que debemos hacer algo al respecto?

Qué bonito sonaba “hicimos el amor”

¡Por Dios era cierto! Hace más de año y medio que no me pongo la inyección anticonceptiva. ¿Edward me la pondrá? No creo… sería de mal gusto.

— ¿Exactamente qué?— pregunté con temor.

Sonrió de lado y me explicó con paciencia sobre la pastilla del día después. La verdad yo ni enterada, sólo cumplía con ir cada 6 meses al hospital público y colocarme la inyección para no reproducirme. Eso me lo había dicho tantas veces mi madre que inconscientemente le obedecía. Una tarde se había tomado el trabajo de explicarme las consecuencias de no hacerle caso. Cómo empeoraría mi vida y las cosas mortales que esto acarrearía. Además me advirtió de todas las maneras posibles que ella no me ayudaría a criar ningún cachorro de Jake. Esto último lo había resaltado mucho.

No fue tan difícil hablar de ello con Edward, se sorprendió saber la composición de las inyecciones que me inoculaban. Me dijo que esas vacunas no eran buenas para mí. Propuso que él podría cuidarse con preservativos. Pero recordé que hace años me causó irritación así que al final Edward me dio unos parches muy bonitos y seguros.

Resuelto ese pequeño problema. Además eso dejaba entrever que vendrían muchas noches como la de hoy. Y eso, sonaba muy prometedor.

Cap 4 Mis 2 maridos




CAPÍTULO 4

En unos días se cumpliría 1 año de la muerte de Jake. Y yo ya tenía novio nuevo. Tal vez la noticia ya llegó a oídos de la señora Rebeca, mi ex suegra. Sólo esperaba que no me hiciera ningún escándalo cuando fuera a dejar flores a la tumba de Jake.

Me apuré a decirle a Edward que no podría estar con él, la tarde del martes.

—La semana que viene, se cumple un año de la muerte de mi marido— le dije temerosa.

En realidad apenas habíamos tocado el punto. No es que estuviera prohibido, Edward jamás me prohibía nada. Es sólo que nunca encontré la fuerza para hablarle de mi relación anterior.

— ¿Vas a hacer algo especial?— preguntó.

—Iré al cementerio en La Push. Fui hace 6 meses y tuve un encuentro desagradable con mi suegra. Espero no verla esta vez— dije fastidiada al recordar a esa vieja bruja.

— ¿Quieres que te lleve o que te recoja de allí?— se ofreció.

La verdad sería de gran ayuda. Mi viejo monovolumen estaba fallando y en cualquier momento me dejaría tirada en medio de la carretera.

—No, está bien. Puedo ir sola— sonreí.

Prefiero regresar caminado de La Push a exponer a Edward a toda la gente de la reserva. Sobre todo a mis suegros. Billy es tratable pero su mujer es una histérica.

Pedí en la florería que me prepararan una corona floral. Ese fin de semana me la pasé recordando muchas cosas que viví con Jake. Los recuerdos ya no dolían tanto.

Rememoré nuestros inicios, la forma tan apasionada en que nos hicimos amantes. Cómo mis padres se unieron para separarnos…

Nuestro primer beso fue en realidad nuestra primera vez en todo, al menos para mí. Vine a vivir con papá a los 16 años porque mamá se volvió a casar y a pesar que yo hice todo lo que pude por ayudarla, su relación no andaba bien. Ella es muy celosa y quería ir con Phil a todas partes. Y yo sobraba.

Mis primeros amigos en Forks fueron los chicos de La Push porque Charlie tenía la costumbre de llevarme cuando iba a pescar. Le compró mi camioneta a Billy y así conocí a Jake. Quedé fascinada con su sonrisa, su carisma. Todo en él me atrajo.

Un día mi automóvil falló y Jake lo llevó a reparar a su casa. Papá se fue a Port ángeles ese fin de semana y cuando Jake trajo mi auto listo lo invité a comer.

Ya habíamos cruzado palabras, él solía adularme diciéndome que yo era muy bonita. Pero aquella tarde, en la sala de mi casa, me besó. Y el beso fue tan intenso que me dejé llevar. Dejé que él tomara las riendas de la situación y me abandoné a las sensaciones que tanto pedía mi cuerpo.

Y no se detuvo. Jacob Black jamás pensaba las cosas.

Esa semana gastamos una caja completa de preservativos. Pero Charlie lo supo. La mamá de Jake le llamó para contarle y a la semana siguiente me enviaron con Renée.

Mi madre hecha una fiera me llevó al médico, me practicaron exámenes y sin consultarme siquiera ordenó que me aplicaran una inyección anticonceptiva de seis meses. Luego me regresó a Forks donde papá apenas tocaba el tema pero me dijo que estaba castigada de por vida.

Fue Billy, el padre de Jake el que intercedió para que nos dejen salir, como novios. Pero yo ya estaba trastornada por Jake. Me escapaba de casa todas las veces que podía. Incluso por las noches. Fue así que apenas terminé la escuela, Jake me propuso irnos a vivir juntos y acepté de inmediato.

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El martes amaneció nublado, iba a llover. Me llevé un sobretodo de plástico para no mojarme. Y me calcé unas botas gruesas. Recogí la corona de flores y enrumbé hacia La Push. Hacía meses que no ponía un pie allí.

Miles de recuerdos me llegaron de pronto. El río en el que tantas veces nos bañamos. El puente donde escribimos nuestros nombres. Todo estaba igual. Los mismos árboles, las mismas casas. La misma gente… eso sí era una lástima.

Aparqué en el viejo cementerio sólo para encontrarme cara a cara con Rachel. De toda la familia, tenía que encontrarme con la víbora más grande. Esa mujer me odió desde que vine a vivir aquí. No había reunión ni fiesta familiar dónde no me lanzara uno de sus comentarios malintencionados.

Respiré hondo y descendí del auto. Dispuesta a no bajar la cabeza ante nadie. Si alguna vez me humillé por seguir con Jake, no más. Ellos ya no tenían ningún poder sobre mí.

—Hola Rachel—saludé sin ninguna emoción. Es más, ni siquiera la miré ni me detuve a ver si me devolvía el saludo.

— ¡Bella! Quien diría, tú por aquí. Creí que estabas la mar de bien en Forks— escuché su risita estúpida.

—Pues sí, me va muy bien la verdad— seguí caminando y la dejé atrás.

Ese sendero me entristecía. Recuerdo el año anterior. Por aquí caminé, ayudada por Leah, la única que se portó bien conmigo cuando Jake murió. Lloré tanto al saberme sola. Días enteros sólo me dediqué a lamentarme. Me sentía perdida.

El accidente fue brutal. Jake se estampó contra un camión que transportaba madera, un domingo por la mañana. No había ingerido alcohol y tampoco llevaba el casco puesto. Yo lo esperaba en casa muy molesta. Se había largado desde el viernes en la noche a Makah a embriagarse con sus primos de ese pueblo. Odiaba cuando eso pasaba porque a veces tardaba días. Y acababa con todo el dinero que habíamos juntado.

Cuando Leah llegó con la noticia del accidente, me desmayé. Sólo recuerdo vagamente que alguien me dio a tomar pastillas que me ayudaron mucho a sobrellevar ese momento. Durante un par de días sentí que miraba todo desde fuera, como si lo que me ocurría le pasara a otra persona. Pero cuando el efecto del narcótico pasó, volví a mi realidad…

— ¡A qué vienes!— un grito histérico me sacó de mis recuerdos tristes. Era Rebeca, mi suegra… o ex suegra.

—Becka tranquila— la llamó Billy. Pobre hombre, siempre sentí pena por él. Casado con una loca histérica que lo conservaba a su lado por puro chantaje. Ella lo amenazaba constantemente, diciéndole que si la dejaba, lo demandaría por pedofilia, pornografía y demás cosas. Por eso él no se iba de su lado.

—Vine a dejar flores a la tumba de mi esposo— dije tranquilamente.

Eso ni siquiera ella lo podría negar porque así no lo aceptara, Jake y yo nos casamos. En secreto, sólo en compañía de un grupito de amigos. Pero legalizamos nuestra unión y eso es lo que más le molestó a mi ex suegra. Jake era su único hijo varón y ni siquiera les avisamos.

—Mi hijo se murió por tu culpa, ahora ya tienes otro marido ¡lárgate!— gritó. No le hice caso, dejé mi corona floral al lado de la lápida.

—Fue un accidente ¿Qué no se acuerda?— le reproché. Podría acusarme de todo menos de tener la culpa en el accidente de Jake. –Yo no tengo otro marido— dije furiosa.

— ¿Qué no te revuelcas con el boticario? Todo mundos sabe que te vendes con él— sonrió víbora de cascabel.

—Es mi novio. No me vendo— le aclaré.

— ¿Novio? Jajaja ¿quién te querría para algo serio? Una inútil, fea como tú. No sirves para nada— soltó una carcajada grosera.

Quisiera decir que sus palabras no me afectan pero mentiría. Dolía, aún ahora, después de 1 año, cada insulto me seguía doliendo. ¿Qué le había hecho para que me odie tanto? ¿Acaso casarme con su hijo hizo que cayera una maldición sobre mí?

—De todas formas, no es su problema— dije agachándome a tocar el mármol de la lápida.

“Jake, espero que estés bien. No te guardo rencor, todo lo que vivimos fue loco, inconsciente y atrevido pero yo participé tanto como tú. Incluso en las orgias, yo no me negué porque te amaba. Pero ahora… ahora es diferente… he conocido a alguien. Y quiero ser feliz, gracias por todo Jake. Esto es un adiós” murmuré muy bajito.

Estaba decidida a no regresar más a La Push o estar cerca de estas personas que de una u otra forma me lastimaron.

No más insultos ni humillaciones ¡Basta por una puta vez!

—Gracias por todo señora— empecé. –Gracias por hacer miserable mi vida. Por denunciarme, por hacer que su hijo me golpeara, por enviar a sus dos hijas a echarme de mí casa. Por tantos y tantos insultos. Estoy segura que todo el mal que me hizo le será devuelto. Adiós.

Caminé de vuelta a mi auto pero Rebeka y Rachel me cerraron el paso.

— ¿Crees que te vas a ir sin recibir tu merecido zorra?— como quisiera tener la fuerza necesaria golpearlas a ambas. Pero soy una simple mujer que ni siquiera sabe defenderse.

—No creí merecer todo lo que me hicieron pero lo resistí. Ya tengo suficiente de ustedes. Espero no volver a verlas nunca más— quise abrirme paso entre ellas pero no me dejaron.

Rachel, la más obesa me empujó y caí de culo contra un charco de lodo que se había formado con la lluvia.

Hace casi tres años, Jake se fue a Seattle a recoger un motor que le vendieron por ebay. Cómo no teníamos mucho dinero, me dijo que para comprar víveres le pidiera dinero a Rachel que le debía 100 dólares. Pero la desgraciada de mi cuñada me salió con el cuento que no tenía un centavo. Ella es madre soltera y trabaja en la escuela de la reservación.

Jake dijo que demoraría dos días, pero en realidad demoró cinco. Y los últimos días no comí. Yo estaba peleada con mi suegra y no fui a su casa. Emily me invitó algunos panes. Tampoco tenía mucho.

Tuve que cocinar como la gente antigua de la tribu. Asar algunas patatas quemando troncos secos, pues nos cortaron el servicio eléctrico ni bien Jake se fue, por falta de pago. Y eso fue culpa de Rachel, yo nunca había pasado hambre y frío con mi familia. Mis padres muchas veces me dejaron de lado o no me prestaron mucha atención pero jamás me hicieron pasar necesidades.

Me levanté furiosa.

—Sabes Rachel… nunca sabré cuál es tu problema. Si son los 100 kilos demás que llevas encima o la mala suerte que tienes con los hombres. Pero yo no tengo la culpa de tus miserias nena, si tanto me envidias… ¡cósete la boca y deja de tragar como puerco!— le grité.

Metros más allá Leah soltó una carcajada espantosa. Rachel ahogó un grito lastimero. En realidad no quería ofenderla por su figura, es más, siempre creí que las gorditas eran buena onda… hasta que la conocí a ella. 110 kilos de pura maldad.

—Cuando acabe contigo huesuda, vas a desear no haber puesto tus ojos en mi hermano— Rebeka, su gemela se acercó con el propósito de lastimarme. Pero yo no se lo iba a permitir. Demasiado tiempo soporté sus humillaciones mientras Jake vivió. Sobre todo porque él nunca decía o hacía nada por defenderme.

—Tal vez yo nunca les agradé pero al menos no tengo el alma podrida. Par de víboras, se nota de quien son hijas— grité con todas mis fuerzas.

Corrí hacia mi camioneta, feliz de haber sacado lo que por años callé por temor de herir a Jake. Subí y arranqué lo más rápido que pude con una enorme sonrisa en la cara.

Ellas se lo habían buscado… eran malas. No les iba a dar el gusto de verme llorar. ¡No más!

Ahora soy una mujer fuerte, que sabe lo que merece, tengo confianza en mí misma. Y quiero una vida tranquila, quiero rehacer mi vida, una familia, un hombre que me ame… eso ya lo tengo.

Voy a luchar por todo lo que merezco, voy a ser fuerte y a salir adelante porque… ¡Por qué ahora! Un ruido horrible me hizo volver al presente, a mi realidad.

¿Por qué mi viejo monovolumen viene a fallarme justo ahora? Parece que el cielo se está cayendo a pedazos de tanto llover y yo aquí en medio de la carretera. Es mi karma, no debí llamarle gorda a Rachel.

¿Qué voy a hacer? De aquí a Forks son al menos 10 kilómetros.

Me revolví en mi asiento, quise llorar de cólera. Mi viejo auto jamás me había fallado, a lo mejor es su protesta por haber ofendido a la familia de su antiguo dueño.

No pude más, soy una llorona empedernida. ¡Retengo líquidos si no lloro!

Me apoyé en el volante y derramé unas cuantas lágrimas. Primero de rabia por haberme quedado a medio camino y luego de alegría por haber tenido el coraje de decirle a ese trio de brujas que eran unas víboras. Las caras de Rachel y las dos Rebeka fueron mi paga.

¡Cuántas veces tuve que tragarme sus desplantes e indirectas! Incluso sus maldades Y el tonto de Jake, bien gracias. Siempre me decía “no me quiero meter en líos de mujeres”.

Escuché un fuerte claxon y me sobresalté. ¡Estaba en medio de la carretera! ¡Cualquier camión podría embestirme!

Miré hacia adelante y vi un auto. Alguien bajó corriendo, debajo de un paraguas negro. Lo vi llegar hasta mi ventana y golpear.

¡¡Era Edward!!

Oh, mi príncipe que viene a rescatarme… bueno mi príncipe farmacéutico. Le abrí la puerta.

— ¿Estás bien? ¿Qué haces en medio de la carretera? ¿Estuviste llorando?— no lo dejé continuar y lo besé.

Él no sabía lo que esto significaba para mí. Hasta mis padres se olvidaban de ir a la escuela por mí, Jake jamás fue a buscarme a ninguna parte a menos que se lo exigiera o estuviera seguro que íbamos a tener sexo.

Pero aquí estaba Edward, sin que le pidiera nada. Vino por mí… ¡me ama!

—Bella— dijo entre besos.

—Gracias por venir— lo abracé. –Mi auto se descompuso— hundí mi cabeza en su cuello.

—Amor, vamos. Ven conmigo.

Me dio el paraguas y rápidamente me tomó en brazos y cerró mi vieja camioneta de una patada. Me llevó hasta el asiento del copiloto de su volvo.

—Creí que tal vez… me necesitarías — sonrió.

—Gracias, no te imaginas cuánto— dije con lágrimas en los ojos.

Esa tarde ni siquiera fui a limpiar el consultorio de Ángela y la farmacia del pueblo estuvo cerrada. Edward y yo no salimos de casa hasta la mañana siguiente.

Cap 3 Mis 2 maridos




CAPÍTULO 3

Y así Edward y yo iniciamos una amistad-romance muy excitante. Se podría decir que éramos amigos, aunque él me trataba como si yo fuese algo más para él. Y no eran ideas mías. 

En nuestra primera salida, pedí un capuccino y él limpió la comisura de mis labios con una servilleta. Me había manchado con la crema.

Ok, tal vez eso no sea tan excitante pero el último año de mi vida me la pasé en un sofá lamentando mi mala suerte. Y esto era un cambio radical.

Fuera de la farmacia no era tan formal. Igualmente era educado pero sonreía. Y eso era algo tan adictivo.

Sus gestos, su voz, sus miradas divertidas, era todo lo que necesitaba para sentirme en el cielo.

Conversamos de muchas cosas, de trabajo, estudios, aunque no fueron mis temas favoritos. Yo apenas terminé la escuela. Y él tenía un doctorado en bioquímica. Mis primeros trabajos fueron limpiando y trapeando. Él había trabajado para el gobierno.

Tenía 35 años. Soltero. Hijo único, sus padres vivían en Chicago. Había decidido abrir su farmacia porque quería hacer algo por sí mismo. Su padre era un médico muy influyente y le había conseguido sus anteriores empleos.

Lo extraño es que no mencionó para nada el incidente con Mike. Simplemente llegamos como dos buenos amigos y seguimos la conversación. Nadie pensaría que unas horas antes éramos un par de extraños.

Los días pasaron, al terminar de limpiar en el consultorio de Ángela, me iba directo a la farmacia. Edward cerraba el negocio y me llevaba al mismo café.

A la semana siguiente, cambiamos de lugar y me llevó a un restaurante italiano. Me gustó su idea, porque un plato de ravioles demoraba más que una taza de café.

Y acepté que me lleve a casa porque terminamos de cenar y conversar, pasadas las 10 de la noche. Usualmente llevaba mi vieja camioneta pero hoy estaba haciendo ruidos extraños.

—Gracias por una noche deliciosa— me dijo.

¡Delicioso él! Y eso que no lo he probado.

Ay Bella, siempre tan pervertidita. Todavía te quedan rezagos de tu vida pasada. De hecho sabía muchas cosas del sexo pero en estos últimos días pareciera ser que mis órganos sexuales cobraron vida nuevamente. Me daba comezón cada que me acordaba de Edward.

No quería ir así de rápido. No con Edward. Me gustaría que esto fuese más duradero. No fantaseo con que me pida matrimonio. Por favor. Soy una viuda, esas cosas para mí ya no importan. Pero al menos una relación, donde podamos conocernos, compartir algo especial.

— ¿Quieres pasar?— lo tenté.

—Bella… yo… — esto no pintaba bien. No le estaba proponiendo sexo salvaje, sólo que entre en mi mundo. Y conocer mi casa era parte de eso.

—No te pido que pases la noche conmigo. Es que no quiero que te vayas— confesé.

—Ni yo quiero irme— me besó suavemente. Sus labios se movían con un ritmo pausado. Eran dulces como su aliento fresco. Ni se notaba que acababa de cenar.

Era un romance extraño. Extraño para mí.

Debido a mi poco conocimiento de los hombres y sus reacciones. Jake me habría tomado en el auto sin necesidad de cafés o ravioles. A ese tipo de trato estaba acostumbrada y no sabía que esperar de Edward.

Quería que entre en mi casa, me haga el amor salvajemente y no saliera de allí hasta la mañana. Mi pervertida mente me jugó una mala pasada. Ya había repasado muchas de las cosas que le haría.

Pero Edward no entró. Sutilmente se excusó y se fue. Lo mismo pasó las siguientes noches.

Cuatro días después me habló más formalmente.

—Bella, hemos estado saliendo hace varios días y no quisiera que te formes una mala impresión de mí— empezó su discurso.

Juro que creí que me diría que no le gustaba tanto y que se lo pensó mejor. Acepto que mi baja autoestima salió a flote nuevamente.

Me crié en un hogar roto. Anduve de un padre a otro, incluso viví con mis abuelos por temporadas. Cuando algo no iba bien en sus vidas, me echaban. Crecí creyendo que valía poco, quizás por eso me aferré tanto a Jake. Él me quería. De un modo egoísta pero me quería.

Después de quedar viuda, tuve una discusión con Claire, la esposa de Quil. Ella me dijo que yo era “material de segunda” que nadie se fijaría en mí porque ya estaba usada. Creo que por eso me echaron de La Push.

Y eso caló hondo en mí. Al punto de temer que Edward me despreciara.

— ¿Una mala impresión?— traté de sonríe. Lo veía venir… “no eres buena para mí” Me preparé para lo peor.

—Quiero hacer las cosas bien. Si vamos a salir juntos y a tener un trato de pareja... me gustaría que aceptes ser mi novia— dejé de respirar. Esperaba un golpe bajo, no algo tan hermoso.

— ¿Yo? Bueno… es que…

—Lo siento, si no lo deseas está bien. Yo comprendo— su radiante sonrisa desapareció. Por todos los cielos, Bella no seas idiota, vamos, respira y date valor.

—Acepto— me apuré a decir, antes que lo pierda por tonta.

— ¿En serio?— sonrió.

—Sí. Es que me tomaste desprevenida, es todo— intenté limpiarme una lágrima, que se asomó, con la manga de mi sueter. Pero él se me adelantó, con un pañuelito me las secó. Fue algo que nunca nadie había hecho. Jake solía dejarme llorar cada vez que nos peleábamos. Decía que era alérgico al llanto de las mujeres porque todas somos lloronas por naturaleza.

—Espero que sean de emoción, no quisiera causarte ningún dolor. Jamás— su ternura me abrumaba.

—No, es que… yo hace tanto que no sentía…

—Quisiera que confíes en mí. Poco a poco. Apenas nos conocemos pero siento que tenemos mucha afinidad. Contigo es distinto, todo— sus palabras me parecían irreales. Como sus preciosos ojos verdes, tan llenos de vida y dulzura.

Era irreal… ¡Edward Cullen no era de este mundo!

—No sé si sepas que yo… bueno yo estuve casada…

—Lo sé. Seré sincero contigo. Me gustaste desde la primera vez que te vi, detrás de los cristales de la librería. Estabas leyendo un libro mientras limpiabas— sonrió.

— ¿En serio? Siempre me gustó leer pero nunca pude comprarme libros tan buenos— sonreí. Si mi jefe supiera que leo mientras limpio, seguro me echa del trabajo.

—Y luego viniste a comprar a la farmacia— sonrió.

Recordé el primer día que lo vi. Me quedé como idiota observándolo. Incluso Jessica, la esposa de Mike que estaba allí lo notó.

—Ah sí, las pastillas para dormir— sonreí.

—Ese día supe mucho de ti. Sin pedirlo claro. La señora Newton, quien suele venir seguido a la farmacia, fue muy indiscreta— su tierna mirada cambió. Se hizo dura y eso me dio a entender que Jessica había dicho algo que a Edward no le gustó.

¡No! ¿Le habrá hablado acerca de lo que pasó en su casa hace dos años? Moriría de vergüenza si Edward se entera.

Mis mejillas se calentaron, debía estar muy sonrosada. Me daba tanta pena esta situación.

—Jessica, bueno… ella es bastante mal intencionada. Pero seguro que aquello que te dijo es cierto— agaché mi cabeza. Algún día tendría que contarle, tarde o temprano Edward sabría de las orgias, borracheras y esas cosas.

—No me importa— dijo. –No debes avergonzarte de tu pasado, de nuestros errores aprendemos a ser mejores. Si no nos equivocamos… ¿Cómo podemos mejorar?— tomó mi mano y la besó.

Quise volver a llorar de emoción. Sería tan fácil acostumbrarse con Edward.

—Algún día de contaré todo lo que he pasado. Hay muchas cosas oscuras que preferiría olvidar, no me siento a gusto con mis recuerdos— dije intentando borrar los pensamientos que se arremolinaban en mi cabecita loca.

Sí… había tantos recuerdos desagradables. Las peleas con Jake, las humillaciones de sus amigos, las indirectas de sus hermanas, los insultos de su madre. Las fiestas, el alcohol, las drogas. ¡Los arrestos! Ay eso dolía más. Sobre todo porque mi padre era el jefe de la policía de Forks. Le di tan mala fama mi pobre viejo.

—No tienes por qué decirme nada Bella. Nuestra relación empieza ahora. El futuro es nuestro, el pasado ya no importa— sus dedos acariciaban el dorsos de mi mano y se sentía tan bien.

Cuando esté sola en casa, volveré a repasar cada palabra suya, cada gesto, cada silencio. Creo que me estoy obsesionando nuevamente. ¿Será malo eso?

Ángela dijo que lo mío con Jake no fue amor, fue obsesión. Yo me había aferrado tanto a Jake que fui capaz de dejar atrás mis miedos y hacer un lado mis valores. Era una relación enfermiza. Quizás deba compartir esta nueva relación con mi psicóloga, hablarle de Edward. Pero tengo miedo que me diga que no está bien y me pida que lo deje. Además ella se ha referido a Edward como “el farmacéutico lindo”. Y eso ahora me molesta.

Dejamos el restaurante como una pareja, me hacía tan feliz que él estuviera enamorado de mí… un momento, Edward aún no ha dicho eso. Sólo me ha pedido que seamos novios. Está implícito que le gusto, que se siente atraído por mí. Pero no que me ame.

Tengo que asegurarme que me ame. Debo ser tierna, servicia, sumisa y complacerlo en todo.

Un momento… ese fue mi error con Jake. No debo volver a cagar mi relación. Y debo moderar mi vocabulario. Eso me aconsejó Ángela. Quizás sea que se me pegaron lo mal hablados que son los quileutes . Todo el día se gritan groserías unos a otros.

Ya en casa, Edward aceptó entrar por primera vez. Yo esperaba que quisiera quedarse la noche entera. Ya éramos novios, podíamos “hacerlo” sin más.

Después de un café se revolvió en su asiento. Y miró su reloj.

—Es hora de irme— se levantó.

—Tan pronto— dije acercándome a él. Lo abracé y lentamente elevé mis brazos hasta rodear su cuello.

—Mañana tengo que trabajar— sonrió.

—Bueno. Te extrañaré— inicié un beso lento que poco a se volvió frenético.

—Bella…— intentaba des hacerse de mi abrazo.

—Mmmmm— dije entre respiraciones agitadas. –Quédate otro rato, te prometo que no te arrepentirás— fui empujando hasta que lo tuve en el sofá.

No sé si las demás mujeres estén de acuerdo conmigo pero este hombre es tan violable. Con gusto lo ataría a mi cama para hacerle de todo. Y vaya que sé hacer de todo. Pero tal vez Edward no sea esa clase de personas. ¿Cómo saberlo? No se cómo actuar con él. ¿Qué clase de mujer le gustará? ¿Qué clase de sexo practicaría antes?

Me sentía tan perdida. Edward era diferente, no era como Jake, eso tenía que grabármelo. No podía echar a perder esta relación.

Me detuve lentamente hasta que nuestras frentes quedaron juntas.

—En verdad te voy a echar de menos. Gracias por esta noche— le sonreí.

Me dio un beso en la frente y se fue luego de prometerme que el día siguiente me llevaría a otro lugar.

Nuestras salidas se hicieron más frecuentes, poco a poco la gente se dio cuenta que algo pasaba entre nosotros. Paseamos por todos los restaurantes y cafeterías de Forks. Bueno tampoco es que existan muchos lugares para comer en este pueblo.

Las mujeres me miraban ofendidas y los hombres, bueno, ellos solo miraban mi trasero. A veces parece que el cerebro de un hombre está entre sus piernas y no dentro de su cráneo.

Mi jefe en la librería, el señor Jenks, me preguntó una mañana.

—Isabella ¿estas saliendo con el farmacéutico?— me encantaría responderle “a usted que le importa” pero necesitaba el trabajo. El dinero que me dio Charlie se había terminado y apenas me alcanzaba con los dos trabajos para mantenerme y pagar los servicios. Es que el último mes contraté televisión de paga. Y me compré un celular bonito.

—Sí señor. Es mi novio— le dije muy formalita. Últimamente estaba aprendiendo a cerrar mi boca y a escuchar. Antes andaba a la defensiva todo el tiempo.

—Qué bueno, qué bueno. Ese joven si es decente— fue todo lo que dijo.

¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso insinuaba que mi difunto marido no fue decente? Bueno, tal vez tenía algo de razón, Jake solía ser bastante inmaduro y loco. Pero todos lo querían.

Cap 2 Mis 2 maridos




CAPÍTULO 2

Me cuesta mucho dar el primer paso con el farmacéutico, en realidad desde que me quedé viuda yo no he coqueteado con nadie, me encerré y quise olvidarme del mundo. Es el primer hombre que me gusta después de Jake.

Y son tan opuestos. Blanco y negro, día y noche… fuego y hielo.

Edward se ve tan formal, educado, pulcro. Y no sonríe. Bueno la última vez que me atendió y se equivocó en darme el vuelto esbozó una ligera sonrisa. O tal vez fue mi imaginación.

Y yo de acosadora, voy a comprar una pastilla a diario. O algodón, o gasas… incluso he ido sólo a comprar venditas.

Siempre trato de hacerle conversación. Pero él sólo habla lo justo.

— ¿Qué es bueno para el dolor de cabeza?— pregunté un día.

—Los analgésicos pueden hacerle daño, sería mejor que se realice un chequeo con su médico para descartar cualquier problema— fue lo más largo que me ha dicho en todo el tiempo que llevo visitando su farmacia.

La librería no queda muy lejos de la farmacia. Y toda la mañana me la paso pegada al vidrio para verlo pasar.

Sé que tiene un automóvil plateado. Llega y se estaciona de forma impecable delante de su negocio.

Baja, saca su portafolio, un maletín de primeros auxilitos y acomoda el tapasol. Cierra la puerta, le pone seguro al coche y sube a la vereda. Camina pausadamente pero con una elegancia que nunca vi en un hombre.

Cuando abre la farmacia ya trae su mandil blanco. Y también sus gafas con medida. Pero no suele usarlas cuando llega ¿Será que quiere verse más intelectual?

El otro día me fijé en sus tics nerviosos. Cuando está cuadrando la caja por las noches (sí, también lo he espiado algunas noches) se toca el puente de la nariz o se pasa las manos por el cabello. Yo supongo que es porque las cuentas no le cuadran. Yo nunca he hecho eso, debe ser complicado.

Hoy iba decidida a logar una sonrisa o un rechazo. Había ensayado varios minutos frente al espejo esta mañana.

“¿Le gustaría tomar un café conmigo?” le preguntaría. Frente al espejo se veía bien. Espero que no se me note lo nerviosa.

Conté los minutos en el consultorio de Ángela, ella era una gran persona. Nos habíamos hecho amigas y me pidió tutearla. Me cambié la ropa de limpieza por un vestido ligero, no era llamativo pero resaltaba mi figura. Espero no parecerle muy delgada. Peso 48 kilos, nunca bajé de 52 mientras estuve casada, incluso antes. Pero con la depre, había llegado a unos peligrosos 45 kilos. Y me ha costado subir de peso.

Hoy pediría una botella de alcohol. Había notado que no tenía en casa. Hice una gran lista de cosas que le faltaban al botiquín. Sólo para tener excusas de pasar por la farmacia.

Esperé a que el ultimo cliente se marchara y me acerqué a hacer mi pedido.

—Una botella de alcohol por favor— pedí.

— ¿De 70, 90 o 100 grados?— preguntó.

—No sé. Es para uso doméstico— sonreí aturdida por tanta información.

—La de 70 entonces. ¿De cuántos mililitros?— preguntó. No sabía que contestarle.

—Tamaño pequeño, vivo sola— me ruboricé al confesar eso. Pero él no dijo nada, fue a sacar la botella de la vitrina, la colocó en una bolsa y regresó.

—Es un dólar con 25 centavos— dijo suavemente.

—Gracias, aquí tiene— dije extendiéndole un billete de 10 dólares.

Fue por mi cambio y mi estómago parecía una feria, en la parte más alta de la montaña rusa.

Tomé aire… vamos Bella ¿Qué tal difícil puede ser invitarlo a tomar un café?

Estaba por abrir la boca para decir algo del clima e iniciar la conversación cuando sentí una mano en mi nalga derecha. Pegué un grito.

—Hola Bella ¿Qué haces por aquí?— Era Mike Newton tratando de ser sensual. Quizás hace mucho, mucho tiempo Mike pudo ser guapo. En la época de la escuela.

Pero ahora, con 20 kilos demás se parecía mucho a un bad piggie de angry birds.

—Hola Mike— dije conteniendo mis ganas de meterle tremenda cachetada.

—Tu cambio— Edward me tendió el alcohol, el cambio y el recibo. Su rostro estaba más serio que de costumbre. ¿Era mi imaginación o Edward había dicho “tu cambio”?

Nunca me había tuteado. Siempre se dirigió a mí como “usted” ¿ Qué extraño no?.

—Oye Bella, Jessica y yo tenemos una fiesta el sábado ¿no quieres venir?— Mike arqueó las cejas varias veces como si intentara tentarme.

—Bella no estará disponible el sábado— dijo Edward. Mi corazón casi se detiene.

¿Estaba insinuando que entre nosotros había algo? ¿Lo hacía por defenderme? ¿O realmente insinuaba que no estaría disponible este sábado?

Ay Dios, ay Dios. Mis piernas no lo resistían.

— ¿Ah sí? ¿Y por qué no estará disponible?— preguntó fastidiado Mike. Yo también quería saber la respuesta. Miré a Edward con curiosidad.

Ambos esperábamos una respuesta, Mike y yo mirábamos a Edward fijamente.

—Porque estará ocupada ¿Verdad amor?— me miró.

¿Me dijo amor? ¿A mí?

Con su permiso, yo quisiera desmayarme, este hombre me llamó “amor”.

—Cla… claro— dije tartamudeando. –Estaremos muy ocupados— traté de seguirle la corriente.

—Oh bueno. Igual Bella, ya sabes, que las puertas de mi casa siempre están abiertas para ti… y tu pareja también— dijo Mike sonriendo. Aj, eso sonó repugnante. –Necesito esto— le dijo a Edward tendiéndole una receta.

—Bella ¿te parece si esperas aquí dentro?— Edward me abrió la pequeña puerta lateral para entrar dentro de la farmacia, detrás de los mostradores.

—Gracias— dije obedeciéndole. No sabía porque le seguía la corriente, era más fuerte que yo. Él me ofreció una silla y me senté.

Con las manos sudorosas y el corazón acelerado esperé a que atendiera el pedido de Mike. Edward surtió su receta con tranquilidad, nadie podría decir que minutos antes había mentido descaradamente.

¿Será que se le da muy bien engañar?

Cuando te han mentido, engañado, coaccionado y chantajeado anteriormente, una siempre tiene dudas. Pero Edward se ve tan formal, tan decente.

—Que tenga buena noche— escuché que el farmacéutico despedía a Mike.

—Gracias. Adiós Bella— dijo el bad piggie antes de salir de la farmacia.

Apenas sonreí. Esperé sentada como buena niña a que Edward pusiera en orden todo, anotara lo vendido y viniera a mí.

Casi grito de alegría cuando llegó y me miró con ese par de ojos brillantes.

— ¿Quieres salir a tomar un café?— propuso.

Sonreí pero no pude decir nada. Me había quedado sin habla. Efectos secundarios de un deslumbramiento, seguramente.

—Tomaré eso como un sí. Déjame cerrar y nos vamos— me regaló la más hermosa y radiante sonrisa. Quise caer desmayada pero el piso se veía muy duro.

21 febrero 2013

Cap 1 Mis 2 maridos




CAPÍTULO 1

HABÍA UNA VEZ…

Toda gran historia empieza así. Y yo les vengo a contar la mía, así que…

Había una vez, una adolescente con las hormonas alborotadas que se enamoró locamente de un muchacho moreno, musculoso, que solía andar sin camisa. Manejaba una moto y lucía sus hermosos y blancos dientes a donde quiera que vaya. Nadie sonreía como él, nadie bailaba como él… nadie podía igualar al gran Jacob Black.

Esa adolescente soy yo… o mejor dicho, lo fui. Ahora tengo 25, en un par de meses cumpliré 26…  y un año de ser viuda.

Cuando mi esposo Jacob murió en un accidente de tránsito, en la autopista hacia La Push, quedé devastada. Y digo devastada, no sólo por la muerte de Jake sino por todo lo que vino con ello.

Me case hace 5 años, muy enamorada. Tan enamorada que no me importó dejar la casa de mi padre, tan enamorada que ni siquiera quise estudiar una profesión. Yo vivía, miraba y respiraba por Jake.

Todo lo que él decía yo lo hacía o lo aceptaba. Incluso cosas que ahora me avergüenzan. ¿Por qué me idioticé tanto con él?

Creo que nunca lo sabré.

Por mucho tiempo yo fui su marioneta. Y fui feliz así. No me daba cuenta que hacía el papel de idiota. Alice me lo había advertido. Rose dejó de hablarme y a mí no me importó.

Cuando Jake murió sentí que despertaba de un sueño, para darme de narices con la realidad.  Sin estudios, sin oficio, sin casa.

La pequeña cabaña en la que vivíamos en La Push era de su primo Quil,  Jake se la rentaba y como no tuvimos hijos y me quedé sola, me echaron. Y claro,  debíamos varios meses de renta por eso se quedaron con todas nuestras cosas. Sólo salí de allí con la ropa que tenía puesta.

Y qué decir del trato… luego que me quedé viuda, la gente no me respetó más. Jared y Quil siempre me gritaban cosas obscenas desde sus motocicletas. Y Leah solía atacarme con indirectas. Bueno ella tenía razón, muchas veces me advirtió y yo no la quise escuchar.

A Jacob le gustaba… me da pena decirlo… A él le gustaba hacer intercambio de parejas. Y yo de tonta que lo aceptaba. Terminé acostándome con muchos de sus amigos y parientes. Con Sam, Embry, Call, Jared… incluso con Mike Newton, una vez que vinimos a una fiesta en Forks.

Para esto, Jake me convenció de inyectarme unas hormonas. Él decía que yo era algo frígida y que esas sustancias harían que me resulte más placentero el sexo. Y terminaron por hacerme sexo—adicta.

Teníamos nuestros encuentros como conejos, en toda la casa, el patio, el jardín… a decir verdad en todo La Push. Lo mínimo eran 6 veces al día… dos en la mañana, 2 al medio día y 2 por la noche. Y los fines de semana eran continuos. Empezábamos el viernes por la noche y no parábamos hasta los domingos a medio día. Organizábamos fiestas o asistíamos a alguna donde habían muchas parejas.

Solía despertarme debajo de alguien diferente cada vez. Eso era humillante. Tener que buscar a Jake y llevármelo a casa para alimentarnos.

Pero eso comenzó alrededor del tercer año de nuestro matrimonio, es decir los últimos años que Jake estuvo vivo.

Al quedarme viuda regresé a casa. Papá ya no vivía aquí. Se casó y se fue a Seattle. Y mamá, ella ya ni me llama. La última vez que la vi, se marchó hecha una fiera. Le vació en la cabeza, un bol lleno de fideos con salsa a Jake. Él le dijo vieja metiche… y yo no la defendí.

Hablé con ella luego del funeral. Ni siquiera quiso venir. Quizás por eso no le escribo ni le llamo. Papá si vino a darme sus condolencias y las llaves de la casa. Creo que para él fue un alivio. También me dejó una tarjeta del banco. Había un par de miles de dólares, según él, es lo que había ahorrado para mi universidad.
No se la habría aceptado de no ser porque no tenía absolutamente nada de dinero.

Y con ello pude comer el tiempo que me encerré a querer morirme.

Pero como el ser humano tiene instintos de supervivencias, un día me levanté, me duché, fui a la peluquería, compré algo de ropa y salí a buscar un empleo. Fue difícil, mucho. Nadie quería contratarme porque no tenía experiencia en nada.

Sólo la librería me dio trabajo medio tiempo. Y no para atender al público, sino para limpieza. Y la semana pasada encontré trabajo el medio día libre que me quedaba, también limpiando un consultorio psicológico. Y para buena suerte, la psicóloga, la doctora Ángela me está ayudando. Ella misma me ofreció una terapia.

Me recetó unas pastillas para dormir, pues a veces tenía pesadillas espantosas.

Y fue así como conocí… al farmacéutico.

Al hermoso, serio y  siempre bien educado Edward Cullen.

Aquí comienza la historia en realidad, lo anterior fue sólo para mostrarles que a veces la vida te trata como a hijastro. Te golpea, te humilla, te deja con hambre y te vuelve a pegar.

Pero a veces, también te da oportunidades nuevas. En realidad lo que me pasó antes fue por ser muy tonta, crédula y enceguecerme por un hombre que no valía la pena.

......................

Mi nueva locura amigas, actualizaré un capítulo por semana porque ando atrasada en mis otros fics.

Gracias por leer.

PATITO

MIS 2 MARIDOS




RATED: M (+18 años)

GENERO: HUMOR / ROMANCE

PAREJAS: EDWARD / BELLA

TODOS HUMANOS - UNIVERSO ALTERNO


MIS DOS MARIDOS
(Inspirado en el libro y obra teatral Doña Flor y sus dos maridos)



SUMARY:

Bella Swan perdió a su esposo Jacob, hace un año. “Jake parrandero” como era conocido, fue un sujeto muy fiestero, alocado y vital. Arrastraba a la pobre Bella de juerga en juerga, desde que eran novios. Se casaron jóvenes, por ello Jake no la dejó estudiar y Bella se conformó con ayudarle en su taller mecánico.

Las fiestas en casa de los Black-Swan eran conocidas por terminar siempre en peleas, líos y arrestos. Los amigos de Jake, la pandilla de los lobos, eran todos iguales a él. Arrastraron al límite a la pobre Bella pues muchos tenían sus parejas estables y les gustaba hacer tríos o intercambios de parejas. 

Para Bella la muerte de su esposo fue triste pero a la vez puso fin a 5 años de dolores de cabeza. Dejó aquella casa en La Push, mejor sería decir que la obligaron a dejarla, y regresó a la casa que fue de sus padres alguna vez.

Resignada y decidida a seguir con su vida, Bella encuentra la oportunidad que esperaba en el guapo farmacéutico que llega a Forks. Pero Edward es diametralmente opuesto a su anterior marido, él es un caballero a toda regla.

Y aunque no quiera, Bella siempre termina comparándolos.

Mil y un enredos de una viuda que se vuelve a casar pero que no encuentra la paz que buscaba porque el fantasma de su marido muerto la persigue…

Jake regresará del “purgatorio de la rumba” para hacer vivir a Bella las más alocadas situaciones ya que sólo ella puede verlo.

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

13 febrero 2013

Cap 4 Bellicienta 2

CAPÍTULO 4

LA SOCIEDAD 

Mi abuela se sintió indispuesta el viernes pero nos pidió que Alice y a mí que fuéramos al coctel porque ya había aceptado la invitación.

—Bienvenidas Isabella, Alice— nos recibió María haciendo una reverencia tal como indicaban las reglas. Pero apenas llegamos a un salón donde estaban las demás muchachas de la academia su porte elegante se fue al agua.

— ¿Ya llegó?— gritó Tanya.

—No, todavía, me muero de ganas de ver esa carita tan seria— decía María eufórica.

—No te preguntaba por tu flacucho novio… ah lo siento, hola Bella— dijo Tanya arrugando su nariz. Detrás de ella habían otras muchachas más hablando entre ellas.

De pronto todas se callaron y miraron a su derecha, en el umbral de la puerta apareció Rosalie, con un hermoso vestido lila, era la imagen de la perfección, parecía una de mis muñecas de porcelana. Vi en los ojos de todas la envidia que las carcomía.

—Buenas noches— saludó muy formal.

—Rose, que emoción, bienvenida hermanita— María se acercó, Rosalie forzó una sonrisa. Se dio cuenta de nuestra presencia y se acercó a nosotras.

—Hola Bella, Alice, que gusto me da verlas— nos abrazó. –Creí que iba a morir de aburrimiento como en los otros cocteles— nos susurró al oído.

—Rose, ¿Vendrá tu amigo?— preguntó una de ellas, creo que se llamaba Lauren.

—Espero que sí. Debe llegar con los Masen— contestó Rosalie algo sonrojada.

— ¿Nos lo podrías presentar?— pidió otra de ellas. Rose las miró molesta.

—No creo que sea posible— dijo y se dirigió a nosotras ignorándolas.

— ¿Podemos salir de aquí?— nos preguntó desesperada.

—Si claro— sonrió Alice. Caminamos por un pasillo largo.

—Me enferman esa bandada de cuervos— se quejaba Rosalie molesta.

—Son muy extrañas— dije las dos me miraron y suspiraron.

—Alice, tienes que saber que…

—Si vas a decirme una sola palabra de… lo que creo que piensas decirme… mejor no sigas…

—Quizás no sepas de verdad… lo que pienso decirte, necesitas saber… no es lo que crees…— le dijo la rubia a Alice, miraba una a la otra, parecían estar hablando de Jasper pero no podría asegurarlo.

—Buenas noches Bella— escuché decir detrás de mí. Era Jasper, me giré y le di una gran sonrisa.

—Jasper, que bueno verte— dije dándole un gran abrazo que me correspondió.

—Lo siento tanto— me susurró al oído.

—Creí que me habías dicho que se conocían muy poco— escuché María a detrás de nosotras.

— Fue poco tiempo— dije tratando de excusarme. A mi lado Jasper había adoptado una posición rígida y una mirada fría. –Hola Jasie ¿Cómo has estado?— preguntó María acercándose a saludarlo. Él apenas la miró.

—Muy bien gracias— hizo una reverencia y se alejó.

—Tan distante como siempre, me gustan los retos—María sonreía. –Por favor pasen al salón, van a empezar con la reunión— sonrió. –Por cierto vamos a brindar sólo con jugo de frutas pero si quieren agregarle algo más interesante a su bebida, en mi habitación tengo unas botellas… Vicky ya fue por ellas— no dijo disimuladamente. Y se fue sonriendo.

—Borracha, estúpida— se quejó Alice molesta. –Lo siento, disculpen— se excusó agachando la cabeza.

—Pierde cuidado, opino lo mismo solo que mentalmente— sonrió Rosalie. –Si mi madre supiera la clase de muchacha que es seguro que se opone a los deseos de mi padre.

Yo me limitaba a observar todo lo que ocurría, apenas entendía lo que hablaban, me sentía fuera de lugar. Entonces al otro lado del salón vi a la única persona que hacía latir frenéticamente mi corazón. Estaba tan apuesto que quitaba el aliento. A su lado Emmett buscaba con la mirada.

—Rosalie, llegaron Edward y Emmett. ¿Vamos a recibirlos?— les pedí.

—Trata de no parecer tan ansiosa Bella, no se ve bien en una señorita, todas las viejas estarán mirando— dijo Rose, acomodándose el cabello y mirando con devoción a Emmett. Caminamos lentamente hasta ubicarnos cerca de ellos.

— ¿Por qué no puedo correr a saludarlo?— pregunté a Alice.

—Porque son los caballeros los que se acercan a las damas. Además no tienes ni que hacerlo, Edward viene para acá tan rápido que parece que vuela— dijo disimuladamente mirando a una esquina dónde Jasper estaba sentado al lado de María que parecía que hablaba y se respondía sola.

— ¡Princesa!— dijo tomando mi mano y besándola. Me ruboricé un poco. –Que bueno verte. ¿Me permites escoltarte?— me ofreció su brazo, lo tomé sin pensar siquiera. Caminamos hasta llegar al lugar donde se encontraban sus padres.

—Isabella— dijo su padre sonriéndome.

—Que gusto verte Bella— su madre se acercó y me dio un beso. –Permíteme presentarte a los padres de Jasper y Rosalie, los señores Hale— a su lado una pareja rubia y de facciones perfectas me miraban. Me saludaron muy formalmente.

—Isabella Swan Cullen es mi ahijada y nieta de la señora Marie Cullen— dijo Elizabeth presumiendo de mi apellido, sabía que era un pequeño desquite con su esposo que antes había estado en tratos con el señor Hale para unir a Edward y Rosalie en un matrimonio por conveniencia.

—Un placer, tengo el gusto de conocer a tu abuela— me dijo el señor Hale.

—Encantada— apenas hable y opté por parecer inexpresiva, uno de los consejos que me dio mi profesora en mi última clase cuando se dio cuenta que no sabía nada de protocolo.

—Ya llegaron los invitados de honor— me dijo Edward ofreciéndome su brazo nuevamente.

— ¿Invitados de honor?— pregunté, tal vez eran más importantes que nosotros, gente que ha hecho muchas cosas honorables.

—Es costumbre invitar a personajes ilustres para tener un motivo de reunirse y poder cotillear acerca de las últimas noticias. Es su forma de ponerse al día— Edward sonrió apenas.

— ¿Entonces toda esta reunión es para chismear?— pregunté sorprendida.

—Si princesa y déjame decirte que muchas personas te están mirando. Seguramente se preguntan de dónde salió una criatura tan angelical como tú— dijo acercándose y depositando un suave beso en mi frente. Así que en lugar de relajarme me puse más nerviosa. Ahora me fijaría más en mis pasos y lo que diría.

Pero me distraje al instante al ver que entraban al salón unas personas muy bien vestidas y de aspecto arrogante, conversaron con otros también estirados y brindaron entre ellos.

—Ahora la conversación girará en torno a las inversiones y el dinero en el caso de los caballeros y de las nuevas parejas, fugas y demás chismes en el caso de las damas. Nosotros, los menores de edad debemos retirarnos a algún salón contiguo con los de nuestra edad. ¿Vamos?— me explicaba Edward de modo muy paciente.

Era mi primera reunión en sociedad y me aturdía la cantidad de normas y frivolidades. Seguí caminando del brazo de mi novio, en cuanto llegamos al otro salón busqué a mis amigas. Alice estaba con Rosalie y Emmett conversando muy a gusto.

—Hola Edward, ¿recuerdas a mis amigas?— preguntó Tanya apareciendo de pronto con las chicas con las que andaba.

—Sí, tengo el placer de conocer a la mayoría. Mucho gusto— casi se me escapa un suspiro al verlo tan educado y correcto, es que Edward era todo perfección.

—Hola primo— escuché a un lado una voz varonil. Era Tyler aquel muchacho que una vez engañé en la fiesta de cumpleaños de Edward. –Hola Bella, que placer tenerte aquí ¿No quieres ir por unos canapés?— me invitó.

—Hola Tyler, gracias, no tengo hambre— dije, a lo que una de las chicas que estaba al lado de Tanya soltó una risita.

—No debería acaparar a las chicas guapas Edward. Además creo que tu mejor amiga necesita conocer gente— sonrió Tyler, sentí levemente un poco más de presión en mi brazo.

—Bella es mi novia y no pienso dejarla mientras ella me quiera a su lado— dijo él cortésmente pero molesto.

—Vamos juguemos a algo divertido— escuché el grito de María, las demás chicas saltaron de alegría. – ¿Qué les parece si jugamos al boogie-woogie?— se veía entusiasmada.

—Vámonos de aquí— pidió Edward.

—Pero no conozco ese juego— dije interesada. Nunca había oído hablar siquiera del Boogi… lo que sea

—Es un juego de bailes en parejas— dijo caminando.

—Pero nos sale bien el baile a nosotros— lo animé.

—Ellas van a escoger las parejas y no creo que conozcas la música que bailan— explicó de prisa. Me dio miedo, sólo bailaba con Edward y nada más aprendimos valses. —Princesa si quieres podemos ver el juego desde el segundo piso— me dijo señalándome un lugar donde podría ver bien.

—Si, por favor, es que nunca he visto algo parecido— el rogué, él entendió y subimos.

—Pareces entretenida— me sonrió en cuanto nos sentamos, yo no dejaba de mirar, no quería perderme detalle.

—Todo esto es nuevo y algo confuso, a veces no entiendo ni la mitad de lo que hablan o de lo que ocultan— dije suspirando.

—Creo que es mejor así. Mantienes tu inocencia y eso es algo que ellas nunca conocieron, al ser criadas en sociedad eliminaron todo rastro de naturalidad. El objetivo de cada señorita una es conseguir un marido y una posición mejor que en la que nacieron. Y harán lo que sea por lograrlo, si tienen que hacer caer a una amiga lo harán. Sólo observa— dijo pensativo.

—Tanya tu reparte a los chicos— dijo María que traía tarjetas rosas. Cuando todos recibieron su tarjeta se dirigieron hacia las cajas de disfraces y empezaron a buscar. Me parecía divertido y no le veía nada malo al juego.

Cuando todos se pusieron sus trajes o aditamentos María iba emparejándolos pero de pronto su rostro cambió. Se dirigió a Tanya y podría asegurar que intercambiaron palabras no muy gratas. Me di cuenta entonces la razón de su molestia.

Había parejas disfrazadas de bailarines, soldados, policías, gente de la mafia, comerciantes, vendedores y muchos más. Pero lo que me llamó la atención es que Jasper y Alice estaban parados el uno junto al otro, él con un disfraz de tendero y ella con un mandil. Parecían incómodos y no se miraban. Emmett estaba al lado de la chica albina vestido con un traje brillante y ella llevaba un vestido de lentejuelas. Rosalie, tenía en sus manos un largo tubo muy fino y Tyler a su lado tenía un sombrero ridículo y una pistola.

—Ahora que se han formado las parejas, empezará la parodia— dijo Edward. –Te habrás dado cuenta que no ha salido como ellas planeaban— sonrió. –Parece que las tarjetas se mezclaron y María ni Tanya tiene la pareja que deseaban— casi soltó una carcajada.

—Bueno entonces, cada pareja debe representar su papel, tienen 5 minutos para ponerse de acuerdo— dijo María aún molesta y se fue a reunir con un muchacho vestido de marinero.

— ¿Y ahora que harán?— pregunté intrigadísima por lo que veía.

—La pareja que mejor represente el oficio y sea más "amorosa" gana— me dijo fastidiado.

— ¿Has jugado este juego antes?— le pregunté.

—Una vez me obligaron, en las últimas vacaciones. No pude zafarme porque me tomaron de sorpresa— me explicó.

— ¿Y con quien te tocó?—

— ¿Con quién crees?— dijo aún molesto.

—Supongo que con Tanya. ¿Tan malo fue?— no imaginaba que podrían haber hecho.

—Para mí sí— quise preguntarle más pero ene se momento escuché a María diciendo algo.

—Primero la pareja de baile— gritó la anfitriona. A su lado Tanya encendía una máquina extraña, era igual al fonógrafo pero no había que darle vueltas a la manija.

—Es un tocadiscos, funciona a corriente— Edward sonrió al ver mi curiosidad. La corriente era una de las cosas que me tenía más intrigada, en el pueblo por las noches sólo se usaban velas o lámparas, aquí sin embargo las cosas no se detenían por las noches, pues una luz artificial muy potente iluminaba todo. Y no sólo servía la corriente para iluminar sino para muchas otras cosas.

Una música de extraños instrumentos empezó a sonar, nunca había escuchado nada parecido. La chica albina tomó a Emmett y empezó a moverse, mi amigo se veía claramente perdido mientras alrededor de él ella bailaba muy extraño. Edward a mi lado empezó a reír.

—Es un estilo muy de moda se llama Jazz, los instrumentos que usan son trompeta y saxofón. Me imagino que Emmett en su vida a oído algo así— dijo calmándose un poco.

—Pues yo tampoco, los discos que papá tenía eran todos de música muy suave, además me cansaba pronto en hacer que funcionar el fonógrafo— me quejé. Todos reían por la falta de conocimientos de Emmett, al final aplaudieron y lo dejaron en paz.

—Ahora tendrán que hacer lo mismo la pareja de proletarios— sonrió María. Miré a Edward buscando respuesta.
—Se les llama así a las clases más bajas, los obreros o marginados, en este caso al parecer es una parodia a una pareja de color— escuché una música no tan movida como la anterior. –Sí, es un blues, la música proviene de un lugar muy lejano de donde traían a los esclavos— recordé las clases de historia, la época más triste para mí, nunca pude entender porque se trataba así a otras personas. Aunque conocía muy poca gente de color.

Jasper y Alice estaban parados uno frente al otro, de improviso, ella le sonrió y empezó a bailar, él la tomó de la cintura y se movieron muy acompasados, él la hizo girar un par de veces y se separaron, ella empezó a mover sus pies de forma extraña. Para mi total asombro y el de María, Jasper también hizo lo mismo que Alice, se turnaban, luego volvieron a juntarse y bailaron muy pegados. Al final él la levantó del suelo y terminaron de bailar con ella en sus brazos. Muchos aplaudieron yo no podía apartar mi vista de los dos. Se miraban de forma tan tierna, se notaba que había una conexión especial

—¡La siguiente pareja!— gritó María furiosa.

—Nos sabía que Jazz dominara ese ritmo, usualmente los sureños no bailan esa música— comentó Edward. Yo estaba feliz por ellos.

Empezó otro ritmo pero ya no me interesé en el juego, trataba de ver si Alice y Jasper conversaban, los busqué con la mirada pero habían desaparecido.

— ¿Quieres que te lleve a casa?— me preguntó Edward un rato después.

—Sí, estoy cansada pero no puedo volver sin Alice— le dije buscando a mi prima.

—No puedes irte Bella, todavía no hemos visto la película— dijo María cuando nos vio bajar.

— ¿Película?— dije sorprendida.

—Sí, tenemos una sala de proyección, quédate. Mi papá ha conseguido una película alemana: Metrópolis— dijo muy contenta.

— ¿Podemos?— le dije a Edward que parecía dudar.

—Está bien princesa, sólo que esa película es muy rara— dijo.

— ¿Las has visto?— pregunté emocionada porque hasta ahora no había visto ninguna proyección.

—Sólo he leído opiniones pero el argumento no es bueno— dijo él.

Pasamos a un gran salón dónde había muchos cojines esparcidos y una mesa llena de bocaditos. Cada cual tomaba algo y se sentaba. Edward y yo nos acomodamos, él detrás de mí. A lo lejos vi a Rosalie y Emmett sentados muy cerca. María había obligado a Jasper a permanecer a su lado, él volvía a tener esa expresión triste. Alice no estaba por ningún lado. Me preocupé.

— ¿Puedo estorbarlos un poco?— escuché a mi prima.

—Claro, puedes estorbar cuanto quieras enana— le sonrió Edward.

—Eres un presumido Romeo de segunda— le dijo ella muy contenta arrojándonos un cojín. La película empezó y con cada nueva escena entendía menos. Había una enorme ciudad con mucha gente. Debajo de aquella ciudad vivían trabajadores. Poco a poco me fui quedando dormida y tuve muchos sueños extraños, crímenes, persecuciones y sangre. Desperté asustada.

—Tranquila princesa, estoy aquí— escuché su voz mientras me atraía a su pecho y masajeaba mi espalda.

—Es la cosa más espantosa que he visto. Me da asco— que quejaba Alice, vi hacia la pantalla, sólo habían letras en alemán. Las luces se encendieron.

— ¿Les gustó?— preguntó María muy emocionada. Algunas dijeron que sí.

— ¿Tiene moraleja?— preguntó Edward.

—No es un cuento de hadas ni una historia religiosa. Las películas de ahora no necesitan moraleja, las imágenes impactantes no las necesitan— dijo ella muy segura.

—Pues no entiendo porque perder más de una hora de nuestra vida en algo que no nos ayuda en nada. No vi ningún mensaje, nada que nos pueda ser de utilidad— dijo mi novio muy seguro.

—Yo creo que el planteamiento de las clases sociales es bueno— dijo Tyler.

— ¿Entonces crees que esté bien distribuidas las clases sociales? ¿Los ricos viviendo en la superficie mientras que los pobres y trabajadores están en unos sótanos y sólo deben trabajar?— casi gritó Alice.

—Yo no hice la sociedad, siempre ha sido así. No veo la necesidad de cambiar nada— dijo él encogiéndose de hombros.

—Debe ser porque sólo tienes que abrir la boca para recibir lo que quieres, si tuvieras que ganártelo con esfuerzo y se aprovecharan de ti, sí que reclamarías— le dijo Emmett.


—A mi me gustó mucho la heroína de la película se llamaba María igual que tu— dijo la chica albina mirando a la novia de Jasper.

—Sí, mi papito me compró esa película porque la heroína y yo compartimos el mismo nombre— dijo nuestra anfitriona muy feliz.

—No creo que ella haya hecho mucho, solo instaba a los trabajadores a resignarse. ¿Crees que con amor se llena la barriga?— le dijo Alice mordaz.

—Pues creo que el amor puede más que la fuerza— sonrió la aludida. –Y no hay nada que haga más feliz a la gente que el amor. ¿Verdad Jasie?— dijo mirando a Jasper.

—No me gustó la película— dijo él secamente, el rostro de María decayó.

—Rosalie, Jasper, sus padres están a punto de irse. Isabella, tu chofer ya está aquí— la madre de María entró de pronto y todos dimos por concluida la reunión.

—Quería llevarte a casa— dijo Edward sin soltar mi mano.

—Mañana podremos vernos, además creo que en tu coche van tus padres y Emmett— le dije sonriendo.

—Está bien princesa, iré a buscarte mañana. Te quiero— me dijo ayudándome a subir al auto. Había sido un día tan extraño, todo era nuevo, no me casaba de mirar y aprender aunque había ciertas cosas que no me agradaban, la sociedad es muy extraña y está regida por reglas tontas.

EL CONSERJE



RATED: M (+18 años)

GENERO: Romance/drama

PAREJAS: Edward / Bella

Universo Alterno - Todos humanos



SUMARY:

Bela es una señora joven y frustrada sexualmente, casada con Mike Newton, un vendedor de seguros, muy bueno pero muy impotente.

¿Qué pasará cuando se mude a un condominio y conozca al guapo conserje?